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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 345 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Se escuchó un golpe en la puerta. Luego otro. Luego otro. Alguien seguía tocando. Los sonidos no llegaron bien a los oídos de Azriel: apagados, distantes, como envueltos en lana. A través del cristal de la puerta del jardín, pudo ver la noche que se cernía sobre la ciudad y, curiosamente, las estrellas aún perforaban la luz de la ciudad como agujas a través de la tela. Se sentó en el sofá y escuchó los golpes constantes. No paraban. -¿No vas a abrirlo? "..." "Quizás mires por la mirilla, al menos." "..." Un suspiro se escapó de los labios de Leo mientras se sentaba a su lado, con los ojos cerrados. "¿Por qué estoy aquí de nuevo?" —Azriel preguntó sin mirarlo. Una pequeña sonrisa se dibujó en la boca de Leo. "Porque necesitabas esto." "¿Por qué necesitaría esto?" "¿No deberías saberlo?" "No sé." "Bueno, has llegado a una etapa peligrosa con tu salud mental, así que esto es lo que tu mente decidió usar como mecanismo de afrontamiento". "¿Un mecanismo de afrontamiento?" ¿A qué había que enfrentarse exactamente? "¿Qué es lo que no hay que afrontar?" Azriel se quedó callado. Cierto. Había... problemas. Quizás más de unos pocos. Los golpes continuaron. Quiso taparse los oídos con las manos hasta quedarse en blanco, pero no se movió. Permaneció completamente inmóvil. "En algún momento tendrás que abrir la puerta." "¿Por qué? ¿De qué serviría? No hay razón para abrirlo." "Eres un cobarde." "¿Porque no me molestan unos golpes persistentes?" "Porque tienes miedo del dolor que te espera al otro lado". "No lo soy." "Ahora estás mintiendo." "No lo soy." "Estás mintiendo otra vez." Azriel apretó los labios. "No importa la cara que pongas, sigues siendo un cobarde que huye del dolor". Azriel dejó escapar una risa seca y burlona. "No deberías decir eso cuando acabo de mutilar mi propio cuerpo". "El dolor físico es más fácil." "..." Azriel volvió a mirar la puerta. "No soy un cobarde." "Sí es usted." "...¿Cómo lo sabrías?" "Porque tengo miedo." "..." "Tengo dolor." "..." "No quiero abrir esa puerta." "..." "Ya sea que yo sea tú o que tú seas yo, la idea de hablar realmente con nuestros padres, en cualquiera de los dos mundos, me aterroriza". Una conversación donde desnudaron lo que realmente sentían. Leo abrió los ojos y miró a Azriel; apenas había una sonrisa melancólica en su rostro. "Y al final...yo soy tú." Los puños en el regazo de Azriel se apretaron con fuerza. "...No es por eso que soy un cobarde." -Entonces ¿sabes por qué? "..." "Si no quieres hablar de esto, podemos hablar de otra cosa." "¿Acerca de?" Leo tarareó como si pensara. ¿Cuántas veces pasaría esto ahora, cada vez que dormía? Azriel recordaba haberse quedado dormido después de que una criada lo despertara con una simple sopa. Había comido y luego se había vuelto a dormir. '¿ Es esto algún tipo de terapia del sueño que mi mente seguirá imponiéndome?' "Por ejemplo", dijo Leo, "¿qué tal si hablamos de cómo te sientes por perder contra Corven?" "¿Cómo me siento? No hay nada que sentir. Perdí. No fui lo suficientemente fuerte." Simplemente debería haber conocido sus límites. —Eso no es cierto. —Leo negó con la cabeza y volvió a cerrar los ojos. "Estás frustrado por no haber ganado. Enojado, frustrado y triste. Tal vez un poco desquiciado". "..." Cualquiera lo estaría. ¿A quién no le frustra perder? Pero ganar significa algo diferente para ti que para la mayoría de la gente... ¿no? Azriel lo miró con una expresión sombría. Leo lo notó, pero no le importó. —Los humanos son criaturas contradictorias, ¿no? —Leo soltó una risita seca. Pensamos una cosa y hacemos otra. Hay quienes pueden evitar la contradicción. Otros no. Tampoco hace falta ser humano para ser contradictorio. "¿De qué estás hablando?" "...La culpa debe estar consumiéndote vivo, ¿no?" "...!" Te convenciste de que sería más fácil si seguías ganando. Pero va a peor. Sigues elevando el techo, y la culpa se hunde cada vez más. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que no puedas soportarla más? Eres el más contradictorio de todos los humanos. Quizás por eso también eres el más humano. Los golpes aún no habían cesado. "Tal vez debería simplemente decírtelo claramente", continuó Leo, "¿como si fueras un niño pequeño que no entiende su propia mente?" Ante eso, Azriel se mordió el labio con tanta fuerza que se rompió la piel. La sangre brotó. "No te metas conmigo." "¿Jugando? No soy un desastre..." "Eres." Azriel lo interrumpió, mirándolo fijamente. "No eres yo." "Soy creado por—" "No." "..." "No fuiste creado por mí. Fuiste creado por la diosa de la muerte." "..." En cuanto lo dijo, los golpes cesaron. La voz de Azriel bajó aún más. "Más precisamente... eres [Crisol del Alma]". Este sueño. Y el anterior. Eran diferentes a los demás. Algo no encajaba. ...No eran él. Había sido [Crisol del Alma] todo el tiempo. Leo sonrió, amplia y brillante. "Mira eso. Eres lo suficientemente inteligente como para entender algunas cosas." "Basta—" —Bueno, si vas a insultarme, debes saber esto: nada de esto tenía por qué pasar si alguna vez te hubieras molestado en hablar con alguien. Ni siquiera con un terapeuta. "...Hablar con alguien no ayudará." "Dices que ya no quieres mentir más, pero no puedes evitarlo, ¿verdad?" "Tú-" Antes de que Azriel pudiera terminar, sus ojos se abrieron de par en par. El rostro de Leo se congeló, y una nueva voz —familiar, profunda, arrogante, casi majestuosa en su orgullo— surgió tras ellos. Actúa. Miente. Contradice. Ponte la máscara que mejor se adapte al momento. El Hijo de la Muerte es muy capaz de eso. "¡¿Qué—!?" Azriel se puso de pie de un salto, con el rostro desencajado. Leo se giró para mirar por encima del respaldo del sofá, y tampoco parecía contento. Azriel apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula; su mirada se agudizó y su voz se volvió baja y temblorosa. "Pólux...!" Sí. Ese vil, putrefacto, innoble y maléfico emperador espiritual divino. La raíz de la podredumbre de este mundo. La causa de su sufrimiento. La causa del sufrimiento de Azriel. Azriel giró la cabeza hacia Leo. "¿Crees que mostrarme esta... esta basura me hará mejor?" Su voz se alzó sin poder contenerse. Pocas veces había sentido un odio tan puro. Si alguien lo merecía, ese era Pollux. La expresión de Leo se oscureció. "Él... no fue creado por ti ni por mí." Azriel se congeló. "Qué...?" ¿Qué acababa de decir? "...Él es real." Los ojos de Azriel se abrieron aún más. '¡ ¿Entró en mi mente otra vez...!?' Pensé que después de esa patética muestra de súplica por mi presencia, por fin me dejaría ver. Ni siquiera aguantarías una semana, ¿verdad, Hijo de la Muerte? Azriel sintió que el calor de la ira se convertía en una llama ardiente, su corazón golpeaba contra sus costillas y sus pulmones aspiraban aire. "Mierda", espetó Azriel, frunciendo el ceño. "¿Mentira?" Pollux ladeó la cabeza, como si sintiera genuina curiosidad, repitiendo la palabra como si la saboreara. ' Cálmate...' —Sí, mierda. No apareces por lástima, y menos después de que intenté contactarte. Pólux guardó silencio. Esos ojos profundos e ilegibles —una profundidad sin fondo— se clavaron en Azriel y no parpadearon. "...Quieres que esto termine, ¿verdad? ¿Quieres saber por qué hago esto?" "..." Pólux giró la cabeza hacia Leo. —No eres un mártir. —Luego volvió a mirar a Azriel. "Simplemente quiero la llave." "¿Qué llave?" "Sabes cuál es la clave." '¿ De qué está hablando?' ¿No hemos jugado ya suficiente, Hijo de la Muerte? Todo esto se acaba si me dices la clave. "Una vez más: no sé de qué estás hablando." La irritación recorrió la piel de Azriel y, extrañamente, se reflejó en Pollux. No pararé hasta que me digas dónde está. Soy paciente. Si quieres perder mil años hasta que uno de nosotros ceda, que así sea. Pero quizá me canse de esperar. Quizás necesites... motivación extra, si no consigo la llave pronto. "...¿De qué estás hablando?" "...Él cree que tienes algo que él quiere", dijo Leo en voz baja. "Lo ha creído siempre. El tiempo transcurre de forma distinta para él que para nosotros. Los 'meses' que nos mató en el Bosque de la Eternidad... para él son apenas segundos. A menos que le demos la llave, seguirá presionando y sufriremos más." El labio de Azriel se crispó. Leo permaneció allí sentado como un hombre viendo llover. "Y quizá ambos me han entendido mal", dijo Azriel, ahora con voz firme. "Déjame explicártelo claramente: no sé de qué tecla estás hablando". "Sí, lo haces", respondió Pólux. "No. No lo hago." Pólux rechazó la negativa. "No me interesan tus pequeños trucos. Mentir no te llevará a nada." Lentamente, la boca de Azriel se curvó. Sus manos se cerraron en puños. En las paredes, el suelo, los brazos tapizados del sofá, el hielo empezó a florecer: pétalos de escarcha que se desplegaban como rosas pálidas, la habitación helada como una perla en respuesta a la tormenta que lo atormentaba en su interior. "...¿Cómo puedes estar tan seguro de que estoy mintiendo?" preguntó suavemente. "Porque ella me lo dijo." "¿Ella?" La habitación ya estaba helada, pero la temperatura parecía descender desde algo más frío que el hielo de Azriel, desde un lugar al que incluso el invierno temía. "La diosa de la muerte." '¿ La diosa de la muerte...?' El corazón de Azriel empezó a latir con fuerza, por una razón distinta. La habitación se enfriaba cada vez más; el aire se espesaba. Afuera, las estrellas brillaban con un brillo anormal, mientras la oscuridad entre ellas se intensificaba. Un escalofrío se deslizaba en la más leve brisa, colándose a pesar de las puertas y ventanas cerradas. ¿Qué era esa sensación, esa sensación creciente y ominosa de maldad? Los dientes de Azriel rechinaron. "...Es difícil recordarlo. Si me contaras lo que hablaron, podría ayudarte." Pólux meneó la cabeza. "Lo que hemos hablado no tiene importancia para ti." "¿¡Cómo puede ser!?" La falta de respeto hizo hervir la sangre de Azriel. Tienes la llave. Actúas como un débil, patético, un inútil; luego imploras clemencia. Divertido... por un tiempo. Pero se me acabó la paciencia. No caeré en tu trampa, Hijo de la Muerte. No me engañarás. '¿ Una actuación?' Los pensamientos de Azriel tropezaron. —Qué ridículo. ¿Cómo pudo decidir de repente que he estado fingiendo todo este tiempo...? No pudo encontrar palabras. Incluso Leo abrió mucho los ojos al oír eso. "La Cuarta Autoridad no sabrá que he roto mi promesa", continuó Pollux. "Nadie sabe que estoy dentro de tu mente. Nadie te creerá." "...!" A pesar de toda tu fuerza, eres imprudente al dejarme entrar tan fácilmente. Por otro lado, los sellos que has colocado en otro lugar son tan fuertes que ni siquiera yo puedo romperlos. —Es hora de que te vayas —dijo Leo bruscamente, levantándose y agitando una mano—. "¡Eh...!" Un instante después, se desplomó sobre sus rodillas, agarrándose la muñeca derecha y con la mano doblada en sentido contrario. Azriel tragó saliva con fuerza, mirando a Leo y luego a Pollux, quien ni siquiera se había movido. "Estás malinterpretando—" —No lo soy. Ya me engañaste una vez, dejándome ver solo el pasado de Leo Karumi y Azriel Crimson en este bucle. Sellaste a los demás a propósito, así que no sé nada. No hay suficientes estrellas en todo el cielo para que confíe en ti. ¿ Qué clase de locura es esta? ¿Siempre ha pensado en esto? El pulso de Azriel latía con fuerza. Pólux siempre lo había tratado como a un juguete; la impotencia lo desgarraba. "Los únicos caminos que quedan son que me des la llave... o mueras. En tu muerte, habrá una ventana para escudriñar tus recuerdos... todos tus bucles... y encontrar dónde lo escondiste." Un sudor frío se deslizó por el rostro de Azriel. " Él habla en serio..." "Aunque tenga que enfrentar la ira de la diosa de la muerte por matarte, valdrá la pena." —Estás... estás realmente loco. —Azriel no pudo evitar el temblor en su voz. Pólux rió entre dientes, altivo y bajo. Debió haber un bucle donde nos encontramos cara a cara, donde nos conocimos de verdad. Uno donde tú y yo peleamos. Puedo sentirlo. Tengo muchas cicatrices en el alma, pero una de ellas arde al verte. Me pregunto qué pasó allí. A Azriel se le puso la piel de gallina. —Entonces, ¿qué será, Hijo de la Muerte? La boca de Azriel se sentía seca como la tiza. ¿ Qué se supone que debo hacer? ¿Darle una llave que ni siquiera sé que existe o morir y dejar que se lo lleve todo? ¿Por eso quería que me suicidara con el artefacto del vacío, para ver después los recuerdos de todos mis bucles? En ese caso... Azriel apretó los labios. ' Qué demonios...' —Lo tomaré como una negativa —suspiró Pollux detrás de su máscara. "Predecible. Decepcionante." "¡Cuidado!" gritó Leo en pánico. Pólux desapareció. El tiempo pareció detenerse; cuando se liberó, ya estaba junto a Azriel, tan rápido que el instante apenas tuvo límites. Azriel se giró, pálido, encontrándose con el ángulo de la máscara de Pólux a centímetros de su rostro. El mal presentimiento detonó. Un instante después, la agonía floreció en el pecho derecho de Azriel. Se aferró a él, gimiendo con los dientes apretados. "Te daré una última oportunidad", dijo Pollux. No había sangre. "Tienes un mes para darme la llave." No había ninguna herida. "Si para entonces no lo has hecho, te mataré." Azriel lo miró fijamente. "¿Crees que una amenaza me hará entregarlo?" "Vas a." Por un instante, Pólux pareció titánico: algo que miraba hacia abajo, a una brizna de hierba. No me importa cómo se desarrolle esta situación. No me importa a quién deba herir. No me importa qué dioses desciendan, si los verdaderos o sus imitaciones. Quiero la llave. Si te niegas, te mataré. Pero antes, mataré a casi todos los participantes. Mataré a tu hermana. Luego te mataré a ti. Entonces tomaré la llave de todos modos, antes de que ella venga por mí. "Tú-!" "Si quieres que alguien a quien amas sobreviva a esto, decídete y entrégale lo que más deseo". "..." "Adiós, Hijo de la Muerte." Azriel parpadeó y Pólux desapareció. Su cuerpo temblaba; el dolor aún le quemaba en el pecho. Leo se arrodilló, jadeando, con el sudor corriéndole por el pelo y acumulándose en el suelo. Las encías de Azriel tenían sabor a hierro mientras su mandíbula se apretaba con más fuerza. Maldita sea, ¿qué llave? ¿Qué llave? ¡No sé nada! Todo debido a un malentendido perturbador y enconado, uno que ni siquiera él sabía que existía. Si algo sucediera ahora, si Pollux pudiera engañar a la Cuarta Autoridad, no sería culpado. Acababa de demostrarlo. No dudaría en faltar a su palabra. Grietas surcaron el aire, como cristales al romperse, aunque era la propia habitación la que se partía por fisuras invisibles. Azriel apenas registró el sonido. Solo supo del error cuando fue demasiado tarde: docenas de manos blancas surgieron de las fracturas y lo agarraron, y el mundo se oscureció. —Y Azriel se despertó.
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Camino del Extra (Novela) Capítulo 345

Estás leyendo el capítulo 345 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 22 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.