Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 337 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La instructora Ranni parecía haberse quedado sin palabras. Azriel la observaba con calma, pero por dentro...
Todo era un desastre. Su visión se nubló. Las lágrimas se agolpaban en sus ojos sin permiso. La garganta le ardía y le picaba. Sentía todo el cuerpo como si se derritiera en llamas, y sin embargo, estaba entumecido, y no entumecido en absoluto.
Azriel estaba sufriendo.
Sentía dolor, lo cual estaba mal. Desde que escapó del Bosque de la Eternidad, su sensibilidad al dolor había sido casi nula. Por eso la mayoría de las heridas que recibió luchando contra Corven y los ecos de su alma no lo habían frenado. Pero ahora... el veneno había retorcido algo. Había multiplicado su dolor por cien. Si apenas soportaba el contacto con el aire, ¿cómo sobreviviría una persona normal? Se suicidarían solo para detener el dolor de respirar, porque respirar para Azriel se había convertido en una tarea ardua. Sentía los pulmones como carbón.
—Yo… —empezó Ranni de repente, captando su atención a través del leve zumbido en sus oídos.
"No creo que este sea el momento adecuado para discutir lo que tengo en mente".
"Créeme, Instructor", dijo con voz áspera. "No hay mejor momento que ahora. No tendrás muchas oportunidades... después de esto".
Ella lo miró confundida, luego se mordió el labio, dudando.
"Yo... insisto", dijo.
"Hablar."
Con ese permiso, ella asintió con fuerza, levantó la cabeza y sostuvo su mirada, firme y seria.
"No poder derrotar al Maestro Corven, ¿eso te ha decepcionado y frustrado tanto conmigo?"
Azriel parpadeó, intentando recuperar la claridad en su vista mientras sus palabras se calmaban.
"¿Es por eso que me dijiste todas esas cosas antes?"
"¿Qué quieres decir?" Contuvo la tos.
"Fuiste cruel", dijo ella. Antes de que él pudiera protestar, añadió: "No instructivo, sino cruel. No eras así antes de que entráramos en este bosque. Desde mi punto de vista, es porque, ante tus ojos, fracasamos. No querías dejarlo ir. Soy instructora; he tenido innumerables alumnos que me han atacado a mí y a mis colegas. Y la mayoría de las veces, no lo hacen por nosotros. Es por algo más".
"..."
"¿Estoy en lo cierto, Su Alteza?"
Azriel suspiró.
"Dije hechos. Nada más."
Ranni apretó los labios.
"...¿De verdad vas a intentar matar a la niña?"
Mantuvo sus ojos fijos en ella, esforzándose por estabilizar su respiración.
"¿Crees que no lo haré?"
Ella negó con la cabeza.
—No. Sé que lo harás. Y sé que sabes que es un error, algo de lo que te arrepentirás, y aun así lo harás. Te dirás a ti mismo, y a todos los demás, que fue pura lógica. Que tenía que hacerse.
"¿Crees que... no?"
"¿Es el Parche del Ojo Inmortal realmente una amenaza tan grande?" preguntó.
Sé que es peligroso. Su Alteza, la Princesa Jazmín, lo ha perseguido durante un tiempo. Pero no veo por qué matarlo requiere esto. Creo que se puede contener sin matar a un niño.
"¿Estás tan en contra de matar, Instructor?"
Ella volvió a negar con la cabeza.
No. He matado a muchos y haré lo que sea necesario aquí. Pero matar no debería ser la primera opción, sobre todo cuando se trata de una niña pequeña por un villano. Si matas a una niña solo para acabar con el Parche Inmortal, harás más daño que bien. No valdrá la pena.
Azriel tosió en su puño, la sangre brillaba contra sus nudillos, luego apretó la mandíbula.
¿Más daño? ¿No vale la pena? Lo he investigado, no solo porque mi... hermana lo persigue. Sé qué clase de hombre es ese demonio del parche. Hombres como él se convierten en... el peor problema. Ahora mismo puede parecer manejable, pero creo que es la mayor amenaza para cualquiera de nosotros que salga vivo de esta situación. Así que simplemente...
"Causar una tragedia menor para evitar una mayor", concluyó Ranni.
Se quedó en silencio y asintió levemente.
"¿Es eso realmente?" preguntó ella.
"...¿Qué quieres decir?"
"¿De verdad es pura lógica? ¿Nada más?"
"¿De qué estás hablando?" dijo y no se molestó en ocultar su disgusto.
"No lo sé", admitió. "Quizás sea una sensación estúpida. Pero por un momento, pensando en ti y en ellos, me pregunté si querías que muriera uno de ellos, o quizás los dos, por alguna otra razón". Hizo una mueca.
Sé que no tiene sentido. Ignórame. Ni siquiera los conoces lo suficiente como para guardarles rencor.
Azriel apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula.
"...No lo hagas."
De repente Ranni lo miró con una mirada suplicante.
—No siga con esto, Su Alteza, por favor... Solo tome las pociones de salud. Encontraremos otra solución para la Cadete Yelena, y me aseguraré de que los demás sean extremadamente cautelosos... No tiene que seguir con esto.
"...No. Podemos correr ese riesgo. No sabes lo que podría pasar."
"Pero-"
"Deberías irte. Te encontraré con los demás."
Sus ojos se abrieron de par en par.
"¿Qué? ¡No! Debería quedarme y ayudar..."
"No. No necesito ayuda. Puedo hacerlo solo."
"Realmente creo que deberías re-"
—No. Nos vemos luego. Pierden el tiempo discutiendo. O muero porque el veneno se infiltra demasiado, o porque el cuerpo del Marqués infecta el bosque.
Ranni lo miró fijamente, impotente y frustrada. Entonces, al ver que no se movía, apretó los labios, se levantó y se dirigió a la puerta.
Azriel la observó a través del sueño que se le escapaba por el rabillo del ojo. Llegó al marco, se detuvo y se giró con una expresión que indicaba que finalmente había tomado una decisión.
"Aún no te entiendo lo suficientemente bien, Su Alteza, pero..."
Hizo una pausa y luego lo intentó de nuevo.
"Cadete Azriel, no me rendiré con ella. Y no me rendiré contigo. No me rendiré con ninguno de los dos."
Él frunció el ceño.
"Quiero comprender mejor a mi alumno más fuerte", dijo.
"Así que, por favor, no te rindas ni contigo mismo ni con nadie más".
Antes de que él pudiera responder, ella abrió la puerta y salió.
"...."
Y entonces, por fin, Azriel estaba solo en la cabaña.
Una vez más, el Hijo de la Muerte se sentó solo en una cabaña dentro del Bosque de la Eternidad.
Después de unos momentos más, hasta que ya no pudo sentir su presencia en absoluto,
"¡Jajajajajaja!"
Azriel no pudo contener la risa. ¿Quién lo hubiera pensado...?
Estaría allí otra vez, de nuevo en una habitación, obligado a sufrir.
¡Bam!
Cogió una taza de madera del suelo y la arrojó contra la puerta. Se hizo añicos. La risa se apagó. Miró fijamente el marco.
"¡Khh...!" Hizo una mueca cuando el movimiento envió agujas de agonía a través de su brazo, encendiendo cada nervio.
Apretó los dientes y se dejó llevar por la ola hasta que pasó.
"¿No te rindas...? ¿Cuándo dije que me rendiría?"
Él gruñó. ¿Cómo se atrevía a decirle eso? Si acaso, debería habérselo dicho a ella.
Chasqueando la lengua, invocó el Frasco Loco, lo abrió de golpe y bebió. El licor le quemó la garganta, abriéndole una nueva herida de tormento en el pecho. Se atragantó y tosió, derramando el resto al caer al suelo.
Respiró hondo hasta que recuperó el aire. Entonces, de repente, su maná lo recorrió de nuevo, inundando las venas de su alma. Fue imprudente drenarse y reabastecerse de una sola vez, pero no tenía otra opción.
Cuando la fiebre se calmó, se puso de pie, apretando con más fuerza el frasco. El dolor le respondió al instante.
"Hoo..."
' Respira... sólo respira...'
Levantó la petaca por encima de su cabeza, la inclinó y dejó que el alcohol cayera en cascada. Le golpeó el cuero cabelludo y corrió como una cascada sobre una piedra, deslizándose por su piel quemada.
"...!"
Sus ojos se abrieron de par en par y las lágrimas lo empañaron todo.
"Kgah... ¡agh...!"
Su cuerpo temblaba. Se sentía como un enjambre de hormigas mordiendo y apuñalando, cada gota un aguijón.
"...¡Mierda!"
Dejó caer el frasco. Este dio un golpe sordo y rodó, dejando un rastro brillante. Se tambaleó y se quedó sentado.
"Ja... ja... ja...!"
Respiraba con dificultad. Tenía que entumecerse, aunque fuera un poco. El veneno probablemente se uniría más rápido donde la sangre era más espesa, endureciéndola. Lavarse podría eliminar la suciedad suelta y dejar solo las manchas coaguladas que necesitaba cortar.
Ahora estaba sufriendo y apestando a licor.
"Joder. Joder..."
Se mordió el labio y formó una pequeña daga de hielo. El frasco seguía goteando sobre las tablas. El corazón le latía con fuerza contra las costillas.
"Ahh... joder..." Le temblaban las manos. El alcohol le corría por la piel. La espada temblaba en su mano.
Lo dejó caer, agarró un paño de su anillo de almacenamiento dentro de sus pantalones rotos, lo enrolló, metió la mitad entre sus dientes y lo mordió con fuerza.
Un espejo de cuerpo entero estaba apoyado contra la pared. Se vio fugazmente: pálido como la harina, con los ojos vidriosos por la fiebre.
Colocó la daga justo debajo de sus costillas izquierdas, donde la sangre se había endurecido. Cerró los ojos con fuerza.
Luego, lentamente, clavó la hoja en su piel.
¡Mnghf! El fuego lo atravesó, chocando con el frío de la hoja. Siguió adelante, con la mandíbula aplastando la tela y el cuerpo temblando. Retiró la tira, lentamente, con un paso miserable, como si estuviera pelando una fruta.
A mitad de camino, la daga se le escapó de los dedos. Cayó hacia atrás; la tela se le resbaló de los dientes.
"¡Argh! Khah—gahh! ¡Joder! ¡Ahhh—maldita sea—joder...!"
Se convulsionó, jadeando. En el espejo, su piel colgaba flácida, un pálido colgajo como una cáscara de patata; la sangre manaba caliente y líquida. Con los ojos inyectados en sangre, agarró la daga y, en un solo movimiento, cortó limpiamente.
Por un instante no sintió nada: vio cómo el parche caía al suelo.
Entonces-
"¡Arghhhhh!"
Se enroscó y rodó, ahogándose en fuego. Todo le dolía. Gritar le dolía. Respirar le dolía. Moverse le dolía. Estar despierto le dolía. Estar vivo le dolía.
Le tomó un minuto entero recuperar la calma. Obligó a su mirada a la herida: ni vetas moradas ni supuraciones. La limpió de todos modos; el escozor era muy profundo. Volteó el paño y volvió a morder.
Y luego hizo lo que no tenía intención de hacer.
Se apuñaló a sí mismo.
"¡Hnggg!"
Hundió la punta en la carne y mantuvo el cuerpo tan quieto como pudo mientras las lágrimas se desprendían y corrían calientes y frías por su rostro.
Con las manos temblorosas, sacó su anillo de almacenamiento y lo dejó caer. De él sacó un pequeño cofre, más pequeño que la palma de un niño. Lo apretó con fuerza y lo abrió con cuidado.
Dentro yacía una lágrima de cristal azul, reluciente como una respiración contenida. La levantó con cuidado, esforzándose por mantener los dedos firmes. Del anillo extrajo una hermosa pluma. Encontró otro anillo de almacenamiento vacío dentro de su anillo de almacenamiento.
Deslizó ambos recuerdos en el anillo vacío.
Despacio-
Lo guió hacia la herida abierta.
El frío metal lo besó por dentro. Gritó y lo enterró allí.
Luego selló el corte con hielo.
Presionando su mano temblorosa sobre la herida, Azriel se tumbó de espaldas y aspiró aire tras aire hacia sus pulmones.
Necesitaba tiempo. Necesitaba estar solo para hacer esto.
Cuando se dio cuenta de que la sangre del Marqués podía ser venenosa, aprovechó la oportunidad para ocultar la lágrima y la pluma del fénix, pues sabía que no tendría muchas oportunidades más seguras que esta. Era la única manera de ganar tiempo y hacerlo.
Su mirada encontró el anillo de almacenamiento en el suelo.
'¿ Debería... tomar las pociones de salud?'
Era demasiado. El dolor era demasiado. Su sensibilidad se había disparado tanto que todo era demasiado. Azriel se cubrió los ojos con el antebrazo; su rostro se contrajo.
"Maldita sea..." Su voz se quebró.
Su otra mano golpeó débilmente las tablas.
"¿Por qué yo...?"
...
"¿Por qué tengo que sufrir tanto...?"
...
¿Por qué soy el Hijo de la Muerte?
...
¿Por qué me amas tanto?
...
"¿Por qué sigues jugando conmigo?"
...
"¿Por qué alguien tan insignificante como yo?"
...
"¿Por qué ninguno de ustedes me deja en paz?"
...
"¿Por qué nadie me dice nada?"
...
"¿Por qué... me está pasando todo esto?"
...
...
...
...
Nadie respondió.
Y aun así sintió sus ojos. No debería haberlo hecho, pero estaban allí, como una mirada febril sobre su piel. Tal vez solo era su mente jugándole una mala pasada.
"Pólux... estás escuchando, ¿verdad?"
...
-Hiciste un trato con ella, ¿no?
Con la diosa de la muerte.
...
"¿Qué trato hiciste?"
...
¿Y qué tiene que ver conmigo?
...
"¿Qué... podría ofrecerle a alguien como tú—"
Alguien que dejó que su mundo fuera destruido.
...
"¿Qué estás planeando?"
...
"Por favor... solo dime algo. Lo que sea."
...
"No los maten...por favor."
...
Pólux no respondió.
Nadie lo hizo.
Los sollozos sacudieron al niño en el suelo de la cabina.
"Aunque... aunque me hagas todo esto... no me rendiré. No puedo. Solo... por favor... no me los quites..."
...
"Por favor..."
Por favor responda.
...Alguien.
Con el tiempo, las lágrimas se agotaron. Llorar dolía, y no quedaba nada que derramar. Se vio obligado a recurrir de nuevo a la daga, a rasurar el veneno de su piel; parte solo se había formado en la superficie, parte se había incrustado más profundamente, por lo que tuvo que cortar más profundamente.
Gritó. Si alguien lo oyó, nadie respondió. Dolor—
Eso era todo lo que este maldito bosque compartiría.
Fue el último en estar en el Bosque de la Eternidad, y su última hora dentro de él...
—Me pareció una eternidad.

Continúa leyendo
Camino del Extra (Novela)
Capítulo 338
Camino del Extra (Novela) Capítulo 337
Estás leyendo el capítulo 337 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 22 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.