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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 321 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Entonces Azriel se movió, desapareciendo y dejando tras de sí una estela ondulante de niebla negra que floreció en rosas de sombra. En un instante, se encontró frente al demonio. Sus rasgos simiescos se contorsionaron en un bufido burlón, como diciendo: No te molestes. El garrote descendió como un relámpago, tan rápido que estaba a punto de estrellarse contra el rostro ensangrentado de Azriel. En el último instante, se agachó, con el arma silbando sobre su cabeza. El demonio gruñó, cambiando de agarre con una velocidad imposible, y abatió el garrote en un arco vertical que fundiría a Azriel con el asfalto en una sola mancha. Nunca se conectó. Azriel se deslizó entre sus piernas con un giro bajo, girándose sobre sus talones para encarar su enorme espalda. El Devorador del Vacío atacó en línea vertical. Brotó sangre negra. De la herida brotaron oscuros zarcillos que se adentraron en la criatura, drenando su fuerza. El rugido del demonio hizo temblar el aire, solo para que el abisal se abalanzara, con su afilada hoja apuntando a las costillas de Azriel. Pero Azriel explotó en una nube de pétalos negros. La hoja atravesó el aire vacío. El viento arrancó los pétalos, sin dejar rastro. Ambas criaturas del vacío se volvieron al unísono, solo para encontrarlo de pie en lo alto de un tejado, mirándolos con frialdad. Un relámpago rojo crepitaba a su alrededor, y una niebla negra se enroscaba como una serpiente a sus pies. 'Muy bien... veamos cómo funciona este.' Azriel cambió de postura” pie izquierdo adelante, derecho atrás” sujetando a Devorador del Vacío con ambas manos, alzadas sobre su cabeza. Sus ojos no se apartaron de ellas. La niebla negra se desvaneció. '[Venas florecientes]' Dio un golpe. Un único arco negro, afilado como una navaja, surgió de la hoja del Devorador del Vacío. Atravesó el aire con una velocidad letal, dirigiéndose hacia las dos criaturas. Se apartaron a la vez. El arco eléctrico impactó contra el suelo... y explotó. Cuando se disipó el polvo, la escena les dejó sin aliento. De la grieta en la tierra brotaron rosas. No negras, sino de un rojo intenso, como la sangre; floreciendo en la herida como la belleza que se nutre de la violencia. “...Vaya, caramba.” Un destello de emoción brilló en los ojos de Azriel. Volvió a blandir el arma: otro arco negro se dirigió hacia el demonio. Pero antes de que siquiera tocara el suelo, se movió más rápido, sus brazos se volvieron borrosos. Horizontales. Verticales. Diagonales. Una tormenta de arcos negros cayó sobre él. El demonio rugió, sin esquivar. Su maza se movía con furiosos barridos, destrozando arco tras arco en una niebla que se disolvía. Pero cada vez que lo hacía, brotaban rosas de la superficie del arma, floreciendo desafiantes. Azriel entrecerró los ojos. 'Ese garrote... un arma del alma, ¿eh?' Entonces el demonio lo arrojó. Los instintos de Azriel se agudizaron; sus ojos se abrieron desmesuradamente. Giró a la derecha y aterrizó en el borde del tejado. “justo cuando el abismo apareció a su lado, con la hoja apuntando a su corazón. Un muro de hielo surgió de la nada, y la espada lo atravesó y lo hizo añicos. Pero para entonces, Azriel ya no estaba; el rastro de niebla negra delataba su nueva posición. El abisal giró justo a tiempo para ver al Devorador del Vacío abalanzarse sobre él. “y el molesto golpe de pluma por la espalda. Atrapado entre las dos armas, el abisal parecía no tener más remedio que aceptar la muerte. Solo que... se derritió. Su cuerpo se disolvió, fluyendo como piedra fundida hacia un charco a los pies de Azriel. La pluma se quedó congelada en el aire, su punta moviéndose de izquierda a derecha confusa. Una advertencia resonó en la cabeza de Azriel. Se giró justo a tiempo para ver el garrote que había esquivado antes volar de nuevo por los aires. '¿Qué demonios...?' Saltó desde el tejado, aterrizando en la tierra mientras el garrote destrozaba la casa a sus espaldas, y luego fue azotado de nuevo hacia la mano del demonio. Frente a él, un charco fundido temblaba, elevándose, retorciéndose, transformándose una vez más en la deformada forma femenina del abismo. Los pesados pasos del demonio hicieron temblar el suelo mientras se acercaba a ella, sus oscuras siluetas proyectándose juntas. Antes de que los tres pudieran reanudar su enfrentamiento, un sonido resonó en todo el mundo. Un grito horrible, penetrante, impío” inhumano en su tono” desgarró el aire. Todos y cada uno de ellos se volvieron, con la mirada fija en el lugar lejano donde había comenzado su batalla. Las nubes comenzaron a acumularse, engullendo las estrellas. Se arremolinaban y gemían como un dios furioso que respiraba, y el trueno retumbaba, resonando en la noche. Una gota de agua golpeó el puente de la nariz de Azriel. Frunció el ceño y miró hacia arriba. Siguió una lluvia torrencial e implacable, que caía a cántaros tan espesos que parecía que el mundo entero se ahogaba. La sangre le corría del rostro en riachuelos carmesí. Pero la cosa no terminó ahí. Otro trueno retumbó, esta vez tan profundo que le hizo vibrar el pecho. El cielo se abrió” literalmente”, las nubes se partieron por la mitad y dejaron al descubierto un camino recto y estrellado entre ellas. La grieta se extendía sin fin, un corte limpio en el firmamento. 'Es como si el cielo mismo se hubiera partido... ¿qué demonios está pasando ahí?' ¿Hasta qué punto podría ser absurda una lucha entre maestros? ¿Contra un monarca? Azriel quería verlo... Pero no tenía tiempo. Las dos criaturas del vacío ya lo estaban enfrentando de nuevo. Exhaló lentamente, adoptando una postura penetrante: el Devorador del Vacío se inclinó hacia adelante, con la empuñadura cerca del objetivo. Ambos ecos del alma lo sintieron: un cambio en el ambiente. Para las criaturas nacidas para cazar humanos, su instinto primigenio siempre era el mismo. Matar. Ahora, ese instinto susurraba algo más. Correr. '[Gracia marchita]' El aguacero perdió todo sentido. El frío y la humedad de la lluvia desaparecieron por completo. Parecía que el mundo se había detenido. Una niebla negra se extendía desde Azriel en todas direcciones, fina como hilos de seda, entrelazándose con las criaturas del vacío. Cada hilo se conectaba a ellas como líneas en un mapa. Los ojos de Azriel se abrieron de par en par. '...De ninguna manera.' Echó un vistazo a Devorador del Vacío. Cada hilo comenzaba aquí: fluía de la hoja y se ramificaba hacia afuera como venas. 'Estos... son caminos.' Métodos para garantizar un acierto. 'Ellos... ellos no pueden verlos, ¿verdad? Solo yo puedo...' Su cuerpo se movió por instinto. El Devorador del Vacío se deslizó por un hilo, y el resto se disolvió en la nada. Le asaltaron visiones, nítidas como la luz del día. Él mismo. El eco del alma. Movimientos que aún tenían que realizar. Él vio cómo se desarrollaría la pelea antes de que ocurriera. Cuando las visiones se desvanecieron, se le cortó la respiración. “...¡Joder!” Un temblor cruzó sus labios. Luego una sonrisa. Después una risa” baja, creciente” hasta que se convirtió en algo salvaje, casi desquiciado. El demonio se abalanzó. Dejó de llover. Los ojos de Azriel ardían con una diversión maníaca. El garrote venía de la izquierda. Se deslizó hacia la derecha. Volvió a blandirlo; se agachó, con el arma silbando sobre su cabeza. Rugiendo, el demonio comenzó a golpear el aire con una velocidad inhumana, cada golpe destinado a reducirlo a pulpa. Azriel los esquivó a todos. Riendo. ¡Puedo verlo! ¡Puedo verlo! ¡Puedo ver cada movimiento! ¡Es como si conociera el futuro! Un hilo cortado le había abierto el camino para dañar a su objetivo. Sabía dónde impactaría cada golpe antes de que comenzara. La tierra se partió bajo sus pies, el polvo se levantó y las casas se derrumbaron en los márgenes del campo de batalla. Entonces el abismo se movió. Azriel captó la mirada que compartió con el demonio” una comunicación silenciosa” justo antes de que apareciera a su lado, con su espada apuntando hacia él. Se inclinó hacia atrás en un arco antinatural, con ambos pies aún plantados en el suelo, y la hoja pasó a centímetros. El abismo retrocedió de un salto. “y el demonio, ahora envuelto en llamas, se abalanzó sobre él. Los instintos de Azriel gritaban. Él los ignoró. Sonrió. No se movió. El garrote le golpeó la cabeza” lo atravesó” y el demonio se disolvió en una voluta de fuego que giraba inofensivamente a su alrededor. Desapareció. El verdadero vino por detrás. Se abalanzó a una velocidad vertiginosa, con el fuego enroscándose en odio alrededor de su cuerpo, su intención clara: cortarle la cabeza de un solo golpe. Un destello blanco brilló en la noche. El demonio se quedó paralizado, con el instinto gritándole que esquivara. Se giró, blandiendo su garrote, demasiado lento. La pluma atravesó el arma, haciéndola añicos, y luego se clavó en ambas manos. Un chorro de sangre negra brotó, formando un charco en el suelo. Azriel rió con más fuerza, con una mirada burlona. ¡Nunca tuve que silbar para que se moviera! ¡Simplemente lo hacía porque se veía genial! La molesta pluma no cedió, lanzándose de nuevo hacia el demonio. Azriel se movió con él. Enfurecido, el fuego del demonio arreció con más intensidad, enormes orbes de llamas girando en lo alto antes de lanzarse hacia ellos. La pluma las atravesó sin esfuerzo; cada explosión dejaba un cráter humeante. Azriel superó en velocidad a las bolas de fuego, acortando la distancia hasta quedar a tan solo un brazo de distancia. El puño del demonio, en llamas, se abalanzó sobre él” "Nunca fuiste mi objetivo." “y Azriel giró sobre sí mismo y salió disparado. No por la pelea. Hacia el abismo. "Lo eras." No esperaba que la atacara. Había estado atacando a Azriel, pero ahora se encontraban cara a cara. Azriel, sonriendo, envuelto en relámpagos rojos, lanzó a Devorador del Vacío” “solo para que el abismo se derritiera en un charco fundido, hundiéndose en la tierra. 'Te tengo.' Mientras la molesta pluma mantenía ocupado al demonio, Azriel se agachó y apoyó ambas manos en el suelo. Un vapor blanco brotó de sus labios. El mundo se congeló. El hielo se extendió como una ola gigante: por el campo de batalla, sobre casas, casas destrozadas, trepando por la piedra chamuscada. El aire se espesó con la niebla; la escarcha le rozó el pelo, volviendo blancas las puntas. Parches de hielo se entrelazaron sobre su piel pálida mientras su respiración se volvía agitada y pesada. El fuego que rodeaba al demonio se extinguió. Entonces se oyó un grito horrible. El abisal surgió de la tierra, destrozando el suelo helado, recuperando su forma íntegra. Aterrizó sobre sus dos pies, sin levitar ya, y la sangre brotaba de las grietas donde deberían estar sus ojos, de la hendidura donde no había boca. Azriel ya se estaba moviendo. El Devorador del Vacío atravesó el aire. Un arco negro rugió hacia adelante, abriéndose en diagonal hacia el abismo. La criatura, presintiendo la muerte, alzó la vista justo a tiempo para verla a centímetros de su rostro. Lo esquivó en el último segundo posible. El arco falló el tiro mortal, pero no del todo: le arrancó el antebrazo derecho. La extremidad golpeó el hielo con un ruido sordo, y la sangre negra brotó a borbotones. El abismo volvió a gritar, su voz haciendo temblar los huesos de los muertos. La molesta pluma finalmente abandonó su acoso al demonio, desplazándose hacia Azriel y dando vueltas perezosamente alrededor de su cabeza. 'Esta vez no hay rosas, ¿eh...?' Azriel ni siquiera le dedicó una mirada. Sus ojos permanecieron fijos en el abismo. "Te he descubierto." Apuntó Devorador del Vacío hacia la criatura. "En el momento en que te disuelvas en ese estanque, podrás atravesar cualquier cosa... cualquier cosa que no requiera maná, eso es." El abisal se movió, inclinándose para recoger su antebrazo cercenado. En el instante en que lo tocó, la extremidad se desintegró en polvo. La sonrisa de Azriel se ensanchó. “Mi hielo se extendió por la tierra misma. Lo congeló todo. Y mi hielo…” inclinó la cabeza, con voz burlona” está hecho de maná. Estabas atravesando el maná. Cosa que no puedes hacer. Así que ahora, cada vez que intentes deslizarte bajo tierra, contra una pared, contra lo que sea…” su voz bajó a un susurro desafiante”, lo congelaré. O lo electrocutaré. Inténtalo. Apuesto a que no esperabas que lo dedujera tan rápido, ¿verdad? Su risa resonó en el aire helado antes de que se volviera hacia el demonio. “¿Y tú? ¿Creías que no me daría cuenta de tu truquito? ¿Que podías crear un cuerpo falso con fuego y engañarme? ¡Qué lástima! Tu estúpido cerebro de mono realmente pensó que podría sorprenderme.” Su sonrisa era afilada como una puñalada. "No pienses demasiado la próxima vez. Podrías perder más que tu arma cuando te vuelva a ganar en astucia." El demonio mostró los dientes, con los ojos llameantes. De repente, la sangre le corrió por la nariz a Azriel. Tosió carmesí sobre el hielo, tambaleándose un instante. El aura que lo rodeaba se quebró al perder la concentración. 'Maldición...' Parece que... resultó herido. Aun así, mantuvo la mirada fija en ellos, calculando, esperando el próximo movimiento. 'Las tres primeras formas de la Danza de la Muerte nunca me hicieron daño. Pero cuanto más avanzada es la forma, más... demencial se vuelve. Y más se necesita.' La cuarta y la quinta forma le habían permitido destrozar el arma del alma del demonio, atravesar sus manos y cercenar el brazo del abisal, todo ello sin apenas sufrir un rasguño. Pero el precio era muy alto. La cuarta forma podía agotar sus reservas de maná en un instante si no tenía cuidado. La quinta, con tan solo cortar un hilo, había drenado una cuarta parte de su maná. 'No es una muerte garantizada... cortar el hilo solo muestra el camino. Seguirlo no significa que la muerte sea segura.' De su aliento emanaba una niebla blanca. La pluma se había posado en su cabello como un pájaro en su nido. 'Esto es malo. Muy malo. He gastado demasiado maná, me he lastimado y aún no he matado a ninguno de ellos. Y ni siquiera han usado todo su poder todavía.' Ambos se abalanzaron. Las manos del demonio ardían como hornos. El abisal, con un solo brazo, apretaba con fuerza su espada de piedra. Azriel los enfrentó de frente: paradas, desvíos, un juego de pies ágil y preciso. El hielo que los sostenía se hizo añicos bajo su ataque combinado. Ahora iban con todo. Él lo presentía. Y sabía que aún les quedaban cartas. Demasiadas. No lo hizo. 'No puedo volver a usar la quinta forma. No con ambos vivos. Ni siquiera es seguro que los mate.' La tierra tembló, no por su pelea, sino por Ranni y Mirius, que luchaban en algún lugar más profundo del Bosque de la Eternidad. 'No puedo permitir que esta pelea se extienda más. Los túneles probablemente estén más adelante, mi hielo aún no ha llegado hasta ellos. Tengo que terminar aquí.' La hoja abisal le cortó un mechón de pelo. El puño del demonio se estrelló contra el suelo, y una llamarada surgió en una línea llameante. Azriel golpeó el suelo con el pie; el hielo surgió de repente, sofocando las llamas y congelando la tierra de nuevo. Pero el abisal ya estaba detrás de él. Sus espadas chocaron; la fuerza del abisal se impuso, apartando a Devorador del Vacío. La espada se dirigió a su cabeza, pero la molesta pluma se interpuso entre ellas, desviando el golpe. Retrocedieron justo a tiempo para que el golpe del demonio abriera un cráter en el hielo donde había estado Azriel. La mirada del abisal lo encontró de nuevo. Y entonces... un resplandor azul emanó de su espada. La expresión de Azriel se ensombreció. 'Mierda.' El primer golpe desató un arco azul llameante, rápido. Demasiado rápido. Apenas lo esquivó; el tajo atravesó hielo, tierra y piedra por igual. Luego se desató una tormenta de arcos, que se abalanzaron sobre él en oleadas implacables. Se abrió paso entre ellos, obligado a un baile que no disfrutaba. El demonio apareció de repente a su lado, con un puñetazo llameante ya en marcha. Azriel esquivó el último golpe, pero demasiado tarde para evitar el puño. Tomó una decisión rápida: lanzó a Devorador del Vacío hacia el abisal. La molesta pluma lo persiguió a toda velocidad. El abisal desvió la hoja de un manotazo y se enzarzó en combate con la pluma. Azriel desinvocó a Devorador del Vacío en pleno vuelo, se preparó y cruzó los brazos cuando el puñetazo del demonio impactó. El calor se intensificó. El impacto lo lanzó a través del campo de batalla, atravesando una casa cubierta de hielo, luego otra, y otra más, hasta que derrapó y se detuvo en la calle congelada. Se puso de pie de un salto, invocando de nuevo al Devorador del Vacío, solo para descubrir que el demonio estaba detrás de él. Sus ojos se abrieron de par en par. ¡Cada golpe que da, va más rápido! El abisal también estaba allí, abandonando la pluma para abalanzarse sobre él. El demonio frente a él. El abisal a su espalda. Y la molesta pluma detrás del abisal. Todos se movieron al mismo tiempo. El brazo libre de Azriel apuntaba hacia el abismo, y relámpagos chispeaban en arcos rojos. Su espada apuntaba hacia el demonio. Estaba a punto de usar la Danza de la Muerte de nuevo. El mundo se ralentizó. Pulgadas. Más cerca. Estaban a punto de atacar... y se quedaron paralizados. No Azriel. Ellos. '¿Eh?' La espada del abisal se le escapó de las manos, y la molesta pluma se le clavó profundamente en el hombro. El puño del demonio quedó suspendido inmóvil en el aire, con el fuego congelado en el aire. Azriel dio un salto hacia atrás, cayendo sobre una rodilla, con los ojos entrecerrados. Algo centelleaba. Finos hilos brillantes se entrecruzaban en el aire, captando la luz. '...¿Instrumentos de cuerda?' Entonces una voz” ligera, familiar, casi melodiosa” llegó desde arriba. "¡Amo~ ¡Por fin te he encontrado~!" Azriel levantó la cabeza bruscamente hacia un tejado. Cabello plateado. Ese rostro. Se quedó boquiabierto. "¿N–Nol...?"
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Estás leyendo el capítulo 321 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.