Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 296 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Dentro de la tienda de campaña de guerra, sentado tras un escritorio cubierto de mapas, el príncipe heredero Dorian Aureliath exhaló profundamente, con el rostro ensombrecido por el cansancio y una furia contenida.
Frente a él se encontraba el duque Ronan Halvar, con la misma expresión. Ambos hombres contemplaban la carta abierta que yacía entre ellos; su contenido era tan denso como el silencio que reinaba en la habitación.
El capitán Oscar de los Caballeros Reales había muerto.
La causa: asesinato.
Los presuntos autores: El Credo Inverso.
Ese fue el nombre acuñado por las altas esferas de los tres reinos principales para describir a una facción rebelde de humanos misteriosos. Individuos que aparecieron de la nada, alterando el delicado equilibrio entre las naciones. De estos poderosos desconocidos, se creía que el conocido como el Fantasma de Ojos Rojos era un miembro confirmado. Aunque no existían pruebas concretas que respaldaran la existencia del Credo, suficientes figuras poderosas” incluido Dorian” creían en su realidad.
Hasta el momento, solo se han identificado vagamente ocho rostros, todos vinculados a sucesos devastadores como la masacre de la aldea de Keft. Sin patrones. Sin objetivos claros. Solo matanza y desaparición.
Ahora el capitán Oscar, un Maestro de Grado 1” uno de los pilares del reino” había desaparecido.
Los dedos de Dorian se aferraron con fuerza al borde del escritorio.
¿Por qué ahora otra vez? ¿Qué quieren? ¿Y cómo podría contactarlos, si es que alguna vez lo hacía?
Pero había una verdad que permanecía en su corazón como una pesada carga:
Solo comenzaron a moverse después de que el Fantasma de Ojos Rojos desapareciera.
¿Era el Fantasma de Ojos Rojos su soldado raso?
Si es así... a Dorian le aterraba imaginar cómo serían los miembros de mayor rango de esa organización.
¡Maldita sea! Ronan golpeó la mesa con el puño, las venas de su frente palpitando de rabia.
"Justo cuando el Reino del Conocimiento comenzaba a tomar la delantera, ¿esta maldita organización decide salir de las sombras?"
Se puso de pie, caminando de un lado a otro furiosamente.
“¡Que el sol siga brillando sobre mí! ¡Pero ¿cómo es posible?! ¡El capitán Oscar era un Maestro de Grado 1! ¡Un Maestro! ¡Que caiga así...!”
“Cálmate” dijo Dorian con voz baja pero firme, con el suficiente peso como para que Ronan se mordiera el labio y volviera a sentarse.
"Ya no hay vuelta atrás. Sir Eryk asumirá el mando de los Caballeros Reales. En cuanto a nosotros... debemos idear una forma de hacer retroceder al Ejército Revolucionario."
Dorian no lo expresó en voz alta, pero la idea aún lo heló:
'El hijo de Oscar... ¿Qué hará cuando sepa que su padre ha muerto?'
La expresión de Ronan se ensombreció aún más.
"Las probabilidades están en nuestra contra, Alteza. Los revolucionarios no se andan con rodeos. Puede que contemos conmigo, mi mano derecha, Sir Eryk... y usted. Pero han enviado a cinco altos mandos a este campo de batalla. Y, francamente, es un riesgo demasiado grande que usted participe personalmente."
Entonces, casi en un susurro, Ronan murmuró con amargura:
"...Si tan solo el rey estuviera aquí."
La mirada de Dorian fue penetrante e inmediata, pero el duque fingió no darse cuenta.
“Cuando termine esta guerra... lo mataré”, pensó Dorian con frialdad.
'Y a su intrigante esposa. Los reemplazaré a ambos con alguien útil.'
De repente, una campana sonó con ráfagas agudas: una señal de emergencia.
Fuera de la tienda, los soldados gritaban, corrían, con las armas desenvainadas en medio del caos. La tierra misma temblaba bajo sus pies.
Dorian se puso de pie, con expresión sombría.
"Parece que ha comenzado el siguiente asalto."
“Necesitamos una estrategia adecuada” murmuró Ronan.
"Si esto continúa, no tardarán en llegar a las puertas."
Las puertas de Deepwell. Una ciudad fortificada dentro del territorio del duque Halvar, ahora convertida en campo de batalla. Su campamento de guerra era una de las muchas tiendas de campaña que bordeaban los caminos que conducían a la finca del duque; el mismo camino que el Ejército Revolucionario había elegido como punto de avance.
Y con la forma en que iban las cosas...
'No pasaría mucho tiempo antes de que Deepwell cayera.'
Luego, el resto de las tierras de Halvar seguirían.
Pero lo que más inquietaba a Dorian no era la magnitud de las fuerzas enemigas, sino el hecho de que él...
aún no había aparecido.
“El Parche Inmortal... aún no se ha mostrado” murmuró Dorian, entrecerrando los ojos.
¿Por qué? En una batalla tan crucial, ¿dónde estaba la carta más impredecible de la revolución?
Ni él ni el otro monstruo habían aparecido. Todavía no.
Eso, más que nada, le ponía los nervios de punta a Dorian.
“La duquesa permanece en la capital y puede contactarme en cuanto ocurra algo. Los demás territorios nobiliarios están igualmente preparados... ¿A qué esperan?”
“Debo prepararme para ayudar a Sir Eryk... al Capitán Eryk” dijo Ronan con un fuerte suspiro, poniéndose de pie.
Dorian permaneció sentado, observando al hombre con una expresión indescifrable.
Pero antes de que pudiera ponerse de pie, la tierra volvió a temblar, esta vez con más fuerza. Los muebles se estremecieron violentamente. Un profundo retumbo rasgó el aire.
“¿Un terremoto?” Dorian frunció el ceño y salió justo cuando se desató el caos.
Los caballeros estaban presas del pánico, gritando. Las tiendas se derrumbaron. Las espadas resonaron al caer al suelo.
De repente, el terremoto cesó como si nunca hubiera ocurrido.
De repente, un portal se abrió” un óvalo azul de luz arremolinada” a escasos metros de ellos. El ruido cesó mientras los soldados se quedaban paralizados, mirando fijamente.
Desde el portal salió un caballero vestido con una brillante armadura dorada, que se arrodilló respetuosamente ante el príncipe.
"Saludo al futuro Sol de Ismyr, Su Alteza, el Príncipe Heredero Dorian Aureliath."
Dorian entrecerró los ojos.
"¿Qué deseas?"
"Su Majestad el Rey ordena su inmediata presencia en sus aposentos."
El rostro de Dorian se volvió frío, oscuro como las nubes de tormenta que se arremolinan sobre las montañas.
A su alrededor, entre los caballeros se alzaron murmullos.
"¿El rey? ¿Su Majestad finalmente interviene?"
¡Gracias a los dioses! Empezaba a pensar que moriríamos aquí. Llevamos tres semanas luchando sin parar...
¡Al fin! ¡Con el regreso de nuestro héroe, la revolución no tendrá ninguna oportunidad!
Dorian apretó los dientes, ignorando los susurros. Su voz, cuando hablaba, era fría y cortante como el hielo.
"Entonces, no malgastemos el precioso tiempo de Su Majestad."
Dorian entró en el portal.
El caballero los siguió, y la puerta se cerró tras ellos.
De pronto, el príncipe se encontró ante un par de altas puertas de madera. Tras él se extendía un largo pasillo envuelto en silencio; una alfombra roja bajo sus pies, flanqueada por estatuas de reyes y bestias olvidados.
Delante de él...
La Cámara del Rey.
Antes de que Dorian pudiera extender la mano o siquiera ordenar sus pensamientos, una voz profunda resonó desde el interior de la cámara.
"Ingresar."
Abrió la puerta.
El caballero permaneció afuera.
Dorian entró en la habitación. Tapices suntuosos y cortinas de seda adornaban las paredes; al menos, así había sido antes. Ahora, la habitación era un desastre. Libros yacían esparcidos por el suelo, una silla volcada dejaba astillas sobre la alfombra y la porcelana rota de los jarrones brillaba como estrellas fugaces.
Lo pasó por encima todo sin detenerse.
Sus ojos no se apartaron de la cama donde colgaba un velo transparente que ocultaba todo salvo la silueta sombría del hombre que yacía allí.
Dorian cayó de rodillas.
"Saludo al Sol de Ismyr. Que tu luz siga iluminando nuestro camino."
Por un instante, solo hubo silencio.
Entonces el rey habló, fríamente.
"Arréglala."
Por un instante, solo un silencio frío, incómodo y sofocante llenó la cámara del rey. No había viento, ni aliento; nada más que quietud.
Finalmente, Dorian se mordió el labio hasta que le brotó sangre. El sabor a hierro le rozó la lengua mientras le escurría por la barbilla.
"...Como desées."
Se levantó y se acercó al lado de la cama donde estaba corrido el velo.
No miró al rey.
Sus ojos se posaron únicamente en ella.
Yacía allí, vestida con un camisón blanco, arrugado y desgarrado como seda marchita en una tormenta. Su piel era un lienzo de moretones y sangre seca. Débiles huellas de manos se aferraban a sus extremidades, fantasmas de donde la habían sujetado con demasiada fuerza. Su cabello, negro como la noche de invierno, caía en mechones enmarañados sobre su rostro. Y sus ojos... miraban fijamente, vacíos de luz.
No tenían nada.
No es ira.
No es dolor.
Ni siquiera la vida.
Su piel era pálida, demasiado pálida. Tanto que Dorian se sorprendió pensando:
'Parece un maniquí.'
Casi sonrió.
Y luego-
Un puño.
Demasiado rápido para verlo.
Se estrelló contra su cara.
Dorian salió disparado por la sala como un muñeco de trapo, estrellándose contra la pared del fondo. La piedra se agrietó y se astilló. La sangre brotó de su boca y de su cabeza.
Se desplomó en el suelo, convulsionando.
Tos. Sibilancias.
Luego, lentamente, mecánicamente, volvió a ponerse de pie.
Sus ojos estaban vacíos de sentimiento.
“¡Date prisa!” dijo el rey.
"...Como desées."
Dorian arrastraba los pies, cojeando hacia la cama como si nada estuviera mal, como si nada hubiera pasado.
La giró de lado, dejando al descubierto su espalda desnuda. Allí, incrustado en su carne, había un pequeño dispositivo circular formado por ruedas entrelazadas.
Presionó la mano contra ella, canalizó su maná y activó su [Habilidad Única]. Giró las ruedas.
El cuerpo de la mujer se convulsionó violentamente. Se sacudió, tuvo espasmos…
Y entonces se quedó en silencio.
Dorian retrocedió.
Pasaron los minutos.
Sus dedos se crisparon. Luego movió los brazos. Después se incorporó, lentamente” mecánicamente” como una marioneta que cobra vida.
Ella no miró a Dorian.
No pudo.
Sus ojos solo podían verle a él: al rey.
“Ah…” murmuró el rey, con la voz cargada de algo que casi podría ser alegría.
"Has vuelto."
Ella no respondió.
No pudo.
No había labios.
Sin dientes.
Sin lengua.
No tenía voz en su cuerpo.
Un simple recipiente hueco.
El velo se cerró de nuevo, ocultándolos a ambos.
Dorian contempló las sombras tras la cortina mientras la silueta del rey se inclinaba sobre la suya.
“No puedes dejarme” susurró.
"Eres mía. Todo lo que una vez fue suyo... ahora me pertenece."
Su voz temblaba.
"Lo siento. No quise ser brusco. No... yo solo..."
"Lo único que quise fue el trono... por ti. Hice todo” todo” para que te odiaran, para que te sintieras sola. Para ser la única a la que pudieras recurrir. Para tenerte."
La cama crujió.
La sombra del rey se movió, y sus manos la agarraron por la garganta.
Pero ella no se resistió.
Ella no entendía lo que era resistirse.
Ella no sabía lo que era el dolor.
La sangre de la cabeza de Dorian le goteaba por el cuello.
Aun así, permaneció en silencio.
La voz del rey se quebró.
"¿Entonces por qué... por qué me dejaste? ¿Porque él regresó? ¿O por ese demonio que se hizo pasar por él? ¿O por esa criatura lobuna que te llevó al bosque? ¿Es eso?"
El maná fluyó en el aire.
La habitación vibraba con energía.
Dorian se desplomó de rodillas, jadeando; sus pulmones estaban estrangulados por la presión.
El hombre que lo asfixiaba con magia...
Era su abuelo.
Rey Casper Aureliath.
Y él gritaba:
¿Por qué le tomaste la mano? ¿Por qué me dejaste?
El rey enmudeció de repente, su voz baja y cansada, como la de un hombre derrotado.
Él se recostó sobre ella, su largo cabello cayendo sobre su hombro, un suave sollozo temblando en su pecho.
“¿Has perdido la cabeza?” susurró. “¿Por qué sigues haciéndome esto?
"Sé que estás cansado... Yo también."
"Ahora me llaman héroe. El Matadiablos. El hombre que mató al Cambiaformas. Lo hice todo por ti. Entonces, ¿por qué? ¿Por qué sigue siendo tan difícil?"
"Me presento. Me aferro. Intento mantenernos juntos. Pero tú... te escapas de mis manos una y otra vez. Sigo esperando” como un tonto” con la esperanza de que algún día me mires. No a mi hermano. No a ese demonio. Solo... a mí."
"...Yo también me estoy rompiendo."
La mujer”su figura, su presencia, su rostro”
El maniquí que se parecía a Mio Rossweth... no respondió.
Porque no podía.
“¿Sigues aquí?” preguntó el rey en voz baja.
"¿Acaso no te despedí?"
“No lo hiciste, Majestad” dijo Dorian, con la cabeza gacha.
"...Así que te quedaste porque escuchaste."
"Sí, Majestad."
“...Al menos no heredaste la rebeldía de tus padres. Si tan solo me hubieran escuchado. No habría tenido que matarlos.”
El rey soltó una leve risita. Luego, con solemnidad:
"Eres inteligente, Dorian. El Dios del Sol seguramente te bendecirá. Acabarás con ese demonio. Liberarás a tu reina de ese bosque maldito."
El velo se movió. La sombra del rey se giró para mirarlo.
"Tú serás el próximo rey."
"Haré todo lo posible, Majestad."
"Sí... lo mejor que puedes hacer. Vete ya."
Dorian se puso de pie.
Caminó entre los escombros de la habitación hacia las puertas dobles. Justo antes de abrirlas, murmuró:
"¡Salve al Sol!"
Detrás de él, no hubo respuesta.
Solo se oye algo húmedo... y una respiración entrecortada.
Salió y cerró las puertas silenciosamente tras de sí.
El caballero seguía esperando. Al verlo, hizo una profunda reverencia sin levantar la cabeza.
Fue uno de los pocos caballeros dotados de afinidad con el espacio.
“Llévame de vuelta al campamento” ordenó Dorian.
"Como usted desee, Alteza."
El caballero hizo una reverencia una vez más y abrió un portal.
Dorian la miró fijamente, con la mirada apagada.
“Quizás debería unirme a la batalla de hoy después de todo”.

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Camino del Extra (Novela) Capítulo 296
Estás leyendo el capítulo 296 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.