Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 295 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
“¿Lyk…os?”
La voz de Mio se quebró, temblando de desesperación mientras contemplaba su figura inmóvil. Lentamente, casi deliberadamente, el llamado Lykos” el hombre al que la figura enmascarada había bautizado cruelmente como Cambiaformas” se puso de pie. Con una calma inquietante, se giró para mirarla, esbozando una sonrisa vacía.
“¿Sí, mi señora?”
¿Por qué su voz hizo que le corriera más sangre por los oídos?
¿Por qué aquella dulce sonrisa resultaba tan terriblemente extraña? Hueca, vacía, como una frágil máscara de porcelana que ocultaba un abismo profundo e infinito. Y esos ojos… seguían siendo tan hermosos como siempre, hipnotizantes con su cálido dorado, pero algo bajo ellos se sentía turbio y frío, algo profundamente antinatural.
A Mio se le atragantó la voz al intentar pronunciar las palabras. Se le atascaron dolorosamente en la garganta.
'Es mentira…'
Tenía que ser así.
'Desde la ceremonia de debutantes hasta ahora, ¡estuve con Lykos! ¡No… no con un Cambiaformas!'
Con el rostro surcado de lágrimas y contorsionado por la angustia y la furia, Mio se giró para fulminar con la mirada al lobo enmascarado. Aunque no podía ver tras aquella fría máscara, estaba segura” absolutamente segura” de que él sonreía, burlándose de ella, saboreando cada segundo de su tormento como si todo aquello fuera un simple juego divertido.
La sola visión de Lykos le revolvía el estómago con una violenta repugnancia. Su cuerpo se estremeció instintivamente, y la náusea le invadió cada nervio. Le gritaba, le suplicaba que se alejara, que no volviera a mirarlo jamás.
'No…!'
Antes de que Mio pudiera reunir el valor para hablar, aquella voz grotesca volvió a salir de los labios de Lykos.
“Sangre Estelar.”
La atención del lobo enmascarado finalmente se centró en él, inclinando ligeramente la cabeza con divertida curiosidad.
“¿Ah? ¿Me reconoces?”
"Sí."
“Entonces debes ser muy viejo. ¿Y solo nivel seis? Qué patéticamente débil.
Lykos alzó un dedo, señalando burlonamente a la figura enmascarada. Su sonrisa se agudizó, distorsionándose grotescamente hasta alcanzar una amplitud imposible, retorcida más allá de toda expresión humana.
“Los locos nacidos de las estrellas.”
De repente, Lykos comenzó a reír.
Un sonido grotesco y enloquecedor: una risa sibilante y gutural que llenó los oídos de Mio con una agonía insoportable. Sintió como si la cabeza le fuera a estallar; se desplomó, agarrándose el cráneo y gritando de dolor. Oleadas de repulsión la inundaron como agua helada. Tenía los nervios a flor de piel, los músculos temblaban mientras un sudor frío empapaba su cuerpo tembloroso.
En ese momento, se oyeron pasos pesados y atronadores fuera de la puerta.
¡He oído ruidos aquí! ¡Rápido!
Las puertas se abrieron de golpe violentamente, y caballeros ataviados con brillantes armaduras doradas irrumpieron en la cámara, con las espadas desenvainadas y los ojos desorbitados por la sorpresa.
“¡Señora Mio!”
Un caballero la reconoció al instante, lo que provocó que los demás centraran su atención en su figura frágil y temblorosa.
¡Maldita sea! ¿Ese monstruo la tuvo cautiva todo este tiempo?
“No me digas que… ¿le hizo algo?”
"¡Apartarse!"
Una voz profunda y autoritaria resonó. Los caballeros se apartaron rápidamente, dejando paso a otra figura que avanzó con paso firme y seguro.
El príncipe Casper Aureliath entró en la cámara con su larga cabellera castaña recogida en una coleta, sus penetrantes ojos azules, su porte alto y sereno. Su elegante uniforme militar blanco estaba manchado de carmesí; la sangre manaba sin cesar de una profunda herida en su frente, deslizándose por su rostro severo y noble.
Se parecía muchísimo a Lykos; era un parecido doloroso.
Sin embargo, su expresión era gélida mientras clavaba la mirada en la figura grotescamente sonriente que llevaba el rostro de su hermano. Luego, volviéndose suavemente hacia Mio, se mordió el labio, vacilando un instante, antes de extenderle la mano.
Los ojos de Mio se movían con ansiedad entre la mano extendida de Casper y la sonrisa torcida del rostro de Lykos. Miró frenéticamente a su alrededor y, de repente, con un presentimiento de pavor, se dio cuenta de que el lobo enmascarado había desaparecido tan silenciosamente como había aparecido.
“Mi señora” insistió Casper con voz suave pero firme, logrando que volviera a prestarle atención.
“Toma mi mano. Rápido.”
Tras una breve y temerosa vacilación, Mio extendió la mano y apretó con fuerza la de Casper. Él la levantó con delicadeza, atrayéndola rápidamente hacia sí con un abrazo protector mientras los caballeros formaban un escudo a su alrededor.
“P-Príncipe Casper…” tartamudeó Mio débilmente, estremeciéndose.
“¿Qué… qué está pasando? No… no entiendo nada de esto.”
Casper miró fijamente al ser monstruoso que seguía sonriendo burlonamente ante ellos.
“Mi hermano ha muerto”, dijo.
“Esa… criatura no es mi hermano. Es un cambiaformas. Y…”
Casper titubeó; las palabras le costaban visiblemente articular. A pesar de su expresión severa, una profunda angustia brilló fugazmente en sus ojos azules. Tras un instante, volvió a hablar, con voz suave y hueca:
“El rey, la reina, todos los que permanecieron en el palacio real desde que regresó esa cosa… Todos están muertos. Aparte de nosotros… no queda nadie.”
En ese momento, los ojos de Mio estaban muy abiertos y temblaban, pero las palabras se negaban a salir de sus labios.
¿Todos están… muertos?
“Alteza, usted es el último miembro de sangre real que queda. Por favor, llévese a la dama y escape de inmediato. Yo me encargaré del Cambiaformas.”
Un caballero dio un paso al frente, hablando con urgente respeto. Casper negó con la cabeza suavemente, con resolución.
“Me temo que no puedo, capitán Morik. Aunque mi mayor anhelo siempre ha sido superar a mi hermano y reclamar el trono, jamás lo imaginé ni lo deseé de esta manera. Al menos, para honrar la memoria de mi familia, debo acabar con ese demonio yo mismo.” Casper desvió la mirada, con una solemne dulzura fugaz reflejada en sus ojos azules. “Además, su hijo... ¿Óscar, verdad? Ya está en su segundo año en la academia de caballeros. ¿Cómo podría soportar la culpa si descubriera que permití morir a su padre, el Héroe de Ismyr?
Antes de que Morik pudiera protestar, Casper se volvió hacia otro caballero que estaba cerca.
“Lleven a Lady Mio a un lugar seguro.”
El caballero asintió, sujetando con firmeza y rapidez el brazo de Mio con una suave urgencia. Mio vaciló, mirando a Lykos por última vez con angustia antes de apartar la mirada y dejarse conducir fuera de la habitación.
Morik se quitó el casco con un suspiro cansado, dejando al descubierto su atractivo rostro enmarcado por cabello naranja y penetrantes ojos color ámbar.
“¿Ahora decides actuar con nobleza y valentía? Tu hermano quizá tuviera una lengua viperina, pero la respaldaba con fuerza, astucia e innumerables victorias contra Nymira. ¿Y tú... crees que puedes matar a la criatura que lo asesinó, cuando tu propio hermano cayó en la flor de la vida?”
Casper se limitó a sonreír con amargura, volviéndose hacia el monstruo que llevaba el rostro de su hermano.
“Bueno… siempre he odiado a mi hermano. Quizás matar algo que se parezca a él finalmente me brinde algo de satisfacción.”
* * *
“Por favor, date prisa, mi señora. El palacio” no, toda la capital” está en peligro.
Mio avanzó a trompicones, con la mirada perdida y desenfocada, mientras el caballero la guiaba a toda prisa por pasillos vacíos y salones desiertos. Finalmente, susurró una pregunta, temerosa de la respuesta pero incapaz de soportar la incertidumbre.
“Señor, uno de sus compañeros caballeros… llamado Iskiel… ¿es él…?
El caballero se detuvo bruscamente y se volvió para mirarla con ojos silenciosos y tristes.
“Tu amigo de la infancia y caballero… él también está muerto.”
"Eh…?"
La confusión la invadió. ¿Sería por su extraña y compasiva forma de hablar? ¿Por el terror abrumador en su mirada? ¿O por la repentina y brutal revelación de que otra persona preciosa le había sido arrebatada?
Pero nada de eso importaba ahora, porque el caballero soltó su brazo y se quitó lentamente el yelmo, provocando que su realidad se fracturara.
“¡…!”
Mio retrocedió tambaleándose, con el rostro pálido como la muerte, mientras caía de rodillas, indefensa.
“¡Tú…!”
Allí estaban, ataviados con armadura dorada pero con la misma inquietante máscara de lobo, aquellos ojos familiares” oscuros abismos rodeados de delicados anillos de plata” que la miraban con una perturbadora diversión.
“¡¿Cómo…?!” exclamó Mio con voz apenas un susurro desesperado.
Él rió suavemente, como si su terror le resultara deliciosamente entretenido. Con calma, la figura enmascarada avanzó, agachándose con gracia ante su cuerpo tembloroso. Mio parpadeó, y de repente la armadura dorada había desaparecido, reemplazada por túnicas fluidas de un blanco inmaculado.
Extendió su mano suavemente hacia ella.
“Si lo deseas, pequeña flor, puedo salvar a todos los que aún viven en esta capital, incluidos aquellos que luchan desesperadamente contra el Cambiaformas en este mismo momento. Tus plegarias a tus supuestos dioses no los salvarán. Solo yo puedo.”
En ese preciso instante, una explosión ensordecedora rompió el silencio. El palacio se estremeció violentamente, y trozos de mármol cayeron del cielo, estrellándose contra el suelo con estrépito. Mio se estremeció, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.
“Si… si de verdad tienes semejante poder, ¿entonces por qué? ¿Por qué mi [Habilidad Única] importa tanto? ¿Acaso no eres más que otro monstruo? ¿Otro cambiaformas? Por favor… ¡Ya no entiendo nada!”
Suspiró profundamente, y su voz resonó suavemente tras la máscara blanca.
“Porque tu [Habilidad Única] es exactamente lo que necesito para recuperarme.”
“¿Recuperarme?” repitió Mio débilmente.
Alzó la vista hacia la pálida y lejana luna, y su voz quedó cargada de una tristeza distante.
Como ya dije… esos dioses falsos aniquilaron a mi pueblo, pero no lograron aniquilarme a mí. Los herí profundamente, pero ellos me hirieron a mi vez. Para cumplir cierto propósito, debo recuperar mi fuerza perdida.
Los ojos nublados de Mio se enfocaron ligeramente.
“…Si te doy mi [Habilidad Única], ¿entonces qué? ¿Te recuperarás y finalmente te irás?”
La figura enmascarada la miró en silencio. Otro temblor sacudió el suelo, acompañado del estruendo de botas y el tintineo de armaduras. Los caballeros pasaron corriendo junto a ellos, completamente ajenos a las dos figuras, como si Mio y el enmascarado no fueran más que fantasmas.
Volvió a hablar, con voz suave pero clara.
“[El Bosque de la Eternidad]. Con un artefacto del Vacío, puedo asegurar que todas las futuras Grietas del Vacío aparezcan allí, y no en otro lugar. Esas criaturas” y cualquier humano que se atreva a entrar” acabarán fundiéndose con tu bosque. Una parte de su maná me la entregarás, permitiéndome recuperarme. Quebraré sus espíritus por ti, pequeña flor. Mientras duermes en paz, protegeré tu bosque hasta que llegue el fin de este mundo.”
Se quedó mirando, visiblemente confundida, perdida, insegura.
“Yo… yo no entiendo…”
De repente, el tono del hombre enmascarado se hizo más grave, tornándose sumamente serio, absolutamente convincente.
“Te prometo esto, pequeña flor. Algún día, puede que te canses y busques poner fin a este sueño eterno. Cuando llegue ese día, te juro que permaneceré a tu lado hasta que decidas marchitarte en paz.”
¿Por qué le corrían las lágrimas por la cara?
¿Por qué ofrecía esto?
¿Con qué propósito?
“Te protegeré de la crueldad de la humanidad.”
Detenerse…
“Te protegeré tanto de los demonios como de la oscuridad.”
No…
“Yo te protegeré de las falsas promesas de dioses y hombres.”
Por favor…
“Te protegeré, pequeña flor, hasta que te desvanezcas en silencio en el olvido, libre de las expectativas de nadie.”
“Ah…”
“Toma mi mano y, finalmente… sé libre.”
Sin darse cuenta, sus dedos temblorosos ya habían aferrado su mano fría. Su visión se nubló de nuevo, la realidad se distorsionó, y de repente se encontró arrodillada sobre un suelo frío y polvoriento bajo un cielo infinito y desolado.
Mio miró hacia arriba, aturdida y perdida.
"Cómo…?"
¿Era él realmente… un dios?
“¿Mi señora?”
“¡…!”
Al oír esa voz, se le heló el corazón. Se giró bruscamente y palideció de absoluto terror.
“¡L-Lykos…!”
Ante ella se encontraba el mismo Lykos ileso, o mejor dicho, la criatura que portaba su rostro. El cambiaformas sonrió con expresión vacía, su mirada ausente fija en ella con ternura mientras se disponía a abrazarla.
“Muere” ordenó fríamente el lobo enmascarado.
Al instante, llamas plateadas surgieron alrededor de Lykos, devorando su cuerpo por completo. Mio observó aturdida cómo la figura que una vez se asemejaba a su mejor amigo se desvanecía en la nada, sin dejar rastro alguno, como si jamás hubiera existido.
Vacío, hueco, susurró Mio débilmente:
“¿Cómo… erradicarás la corrupción del mundo?”
“Poseo otro artefacto del Vacío.”
¿Era esta realmente la solución a todos los problemas?
“La solución a la corrupción es simple”, continuó con calma.
“Eliminar la capacidad de la humanidad para controlar el maná.”
"…¿Qué?"
En su mano apareció un extraño aparato circular, con intrincadas ruedas girando silenciosamente en su interior.
“Con este artefacto del Vacío de grado tres, extraeré el maná del aire de este mundo mientras corroo de forma segura los núcleos de maná de la humanidad. En dos o tres generaciones, la capacidad de manejar el maná estará prácticamente extinta.”
Mio rió suavemente, con amargura, sin humor.
Nada de esto tenía sentido.
Ya ni le importaba.
Activó [El Bosque de la Eternidad] sin dudarlo.
Mientras se sumía en el sueño eterno, ramas y árboles se desplegaron alrededor del páramo y su cuerpo inerte: una cuna de sacrificio, donde incontables vidas se tomarían para salvar a incontables más. Y antes de que el silencio la envolviera, susurró una última pregunta, su aliento apenas una brisa:
"¿Cómo te llamas?"
El lobo enmascarado hizo una pausa. Luego, con una voz impregnada de orgullo, diversión y una extraña y punzante calidez, respondió:
“Pollux. Para ti, pequeña flor… simplemente Pollux.”
* * *
Pólux la observó en silencio mientras las ramas se enroscaban a su alrededor, lentas y suaves, formando un árbol donde nunca antes había crecido nada. Sus hojas eran finas como un suspiro, casi invisibles, temblando en la quietud. La sostenía como si la hubiera estado esperando. Y cuando sus ojos parpadearon” una vez, y luego nunca más” él no la miró. Miró más allá de ella. Más allá del árbol. Más allá de la luz. Y con una voz casi inaudible, dijo:
“Si ella me dijo la verdad… entonces ahora mismo me estás viendo, ¿verdad?, tú, su única y más amada descendencia.”

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Camino del Extra (Novela)
Capítulo 296
Camino del Extra (Novela) Capítulo 295
Estás leyendo el capítulo 295 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.