Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 294 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Los dioses a los que adoraban... no eran dioses en absoluto.
¿Quién se atrevería a creer semejante blasfemia, especialmente viniendo de un ser que había invadido su palacio, un ser que claramente no era humano?
Sin embargo, había algo innegablemente cautivador en esas palabras, algo que le provocó escalofríos a Mio.
“¿Qué razón podría tener yo para creer las mentiras de una criatura del vacío?” preguntó Lykos bruscamente, con la voz cargada de ira.
La figura enmascarada con máscara de lobo se giró lentamente hacia él, dejando escapar una risita baja llena de desprecio. "¿Criatura del vacío? En verdad, criaturas como tú nunca dejan de divertirme."
La expresión de Lykos se endureció en una gélida máscara de determinación mientras daba un paso hacia el intruso, con la espada lista para atacar.
“¡No! ¡No lo hagas, Lykos!” El corazón de Mio latía con fuerza en su pecho, con los ojos desorbitados por el pánico. “¿Qué estaba pensando? ¿Qué posibilidades tenían ante algo así?
“¿Qué es lo que quieres?” preguntó Lykos, con voz más fría y controlada.
El ser enmascarado con máscara de lobo inclinó levemente la cabeza, volviendo su mirada hacia Mio y sumiéndola en un terror paralizante. Su voz era grave, melódica, inexplicablemente suave pero terriblemente inquietante.
"Simplemente estoy aquí... para confirmar algo."
Lentamente, comenzó a acercarse a ella, y cada paso deliberado hacía que sus piernas temblaran incontrolablemente.
“¡Alto!” gritó Lykos, lanzando una estocada con su espada. Pero justo cuando la espada estuvo a un brazo de la figura enmascarada, se detuvo en seco, como si chocara contra un muro invisible: impenetrable, irrompible.
El ser enmascarado giró levemente la cabeza hacia Lykos, con irritación evidente en su tono tranquilo y desdeñoso. "De verdad que eres molesto."
Al instante, la espada de Lykos cayó al suelo con un estrépito. Se tambaleó, agarrándose desesperadamente el estómago, con el rostro pálido como la muerte. Cayó de rodillas y se tapó la boca, luchando contra las náuseas y la desorientación.
“¡Lykos!” gritó Mio, recuperando por fin la voz a pesar del miedo. Sin embargo, seguía paralizada; su cuerpo se negaba a obedecer sus órdenes.
¿Dónde están los guardias del palacio...? ¡¿Por qué no viene nadie?!
El ser enmascarado pasó junto al incapacitado Lykos con una facilidad pasmosa, deteniéndose a escasos centímetros de Mio. Ella tragó saliva con dificultad, con la garganta terriblemente seca. Cada respiración era superficial, cada músculo le temblaba; su sola presencia la paralizaba por completo.
Sus ojos, enmarcados por anillos plateados, parecían escudriñar lo más profundo de su alma, provocando que su propia noción de gravedad se desvaneciera.
“Pequeña flor” susurró suavemente”, si así lo deseas... puedo librar a este mundo de su corrupción.
Sus ojos se abrieron lentamente, asimilando las palabras con una claridad espeluznante.
“¿Qué...?” logró articular, con la voz apenas audible y temblando incontrolablemente.
Extendió la mano con suavidad, rozando con sus dedos blancos como la porcelana su mejilla. Mio se estremeció al contacto, pero fue incapaz de apartarse. Extrañamente, el roce no tenía nada de malo; al contrario, era tierno, casi reconfortante. Lykos permaneció arrodillado, sumido en un trance, perdido entre la consciencia y el olvido.
“Vuestro mundo…” dijo la figura enmascarada en voz baja, casi con tristeza”, su orden se ha pervertido irreversiblemente. Los dioses lo han decretado inadecuado para su raza.
“¿Dios mío...?” repitió Mio con voz aturdida.
"Los seres a los que vosotros, los humanos, adoráis... pertenecen a la misma raza, o como ellos se llaman arrogantemente, la Raza Divina. Sin embargo, pequeña flor, no son más que dioses falsos."
“No…” susurró con voz débil, temblorosa como la de una niña asustada.
"Eso no puede ser cierto..."
Quería gritar, enfurecerse contra aquella mentira imposible. Sin embargo, lo único que logró fue una silenciosa negación, presa de un miedo desesperado e impotente.
“Entiendo lo difícil que puede ser aceptarlo” dijo con dulzura, acariciándole suavemente el cabello y consolándola como a una niña. De repente, su voz se convirtió en un susurro triste que la heló la sangre.
“Mi propio pueblo también luchó por comprender esa amarga verdad. Cuando finalmente comenzaron a ver con claridad, los dioses decidieron que ya era suficiente. Aunque yo vi la verdad desde el principio, solo pude observar impotente cómo el Destino se desarrollaba y borraba a toda mi raza.”
Mio abrió la boca para hablar, pero la cerró de nuevo, incapaz de encontrar las palabras. Miró con desesperación a Lykos, que seguía paralizado e incapacitado.
En ese preciso instante, Mio percibió otra presencia: sutil, omnipresente, como la mirada de incontables ojos invisibles que la observaban. Sintió como si el mundo entero vigilara cada uno de sus movimientos.
'Necesito ganar tiempo... ¡hasta que Lykos se libere o hasta que llegue la ayuda...!'
Tragó saliva con dificultad y reunió el valor que le quedaba.
"...Así que sabías que tu gente iba a morir... ¿y no hiciste nada?"
Su voz contenía un leve dejo de reproche.
La figura enmascarada retiró lentamente la mano, dirigiendo la mirada hacia el cielo iluminado por la luna.
“Pequeña flor” murmuró crípticamente, “lo que es mentira es la verdad, y lo que es verdad es mentira.”
Mio lo miró confundida, incapaz de comprender el significado de sus palabras. Antes de que pudiera preguntar nada más, él se volvió hacia ella con voz tranquila pero firme.
"Debido a un Axioma quebrado en este mundo, a la lamentablemente debilitada Providencia Mundial de este planeta, a una concentración antinatural de maná y al hambre creciente del Reino del Vacío... la humanidad se ha vuelto devastadoramente vulnerable a la corrupción. En pocas palabras, la calidad del maná en este mundo supera lo que vuestra especie puede soportar."
Ella vaciló, su voz débil e insegura al preguntar,
"¿Puedes... de verdad puedes ayudarnos? ¿Puedes limpiar este mundo de la corrupción?"
Su suave risa llenó el aire, resonando profundamente. Respondió con absoluta certeza en cada sílaba.
“Por supuesto... sin embargo…” hizo una pausa deliberada, bajando la voz lo suficiente como para que un escalofrío le recorriera la espalda.
"Habrá un precio."
Mio sintió que el terror se le apoderaba del corazón. Su voz tembló mientras susurraba:
"¿Q-qué precio?"
Las palabras que pronunció a continuación hicieron añicos toda razón, toda expectativa, dejándola atónita, atrapada sin remedio en su mirada:
"Tu [Habilidad Única]."
Comprendiendo lentamente el significado de sus palabras, Mio logró articular una sola palabra con labios temblorosos.
"¿Qué?"
La figura enmascarada rió suavemente.
"Es exactamente como te he dicho, pequeña flor. Tu [Habilidad Única] es el precio. A cambio, purificaré este mundo de la corrupción, lo protegeré de la mirada indiscreta de la Raza Divina y disminuiré la frecuencia con la que se manifiestan las Grietas del Vacío en esta tierra."
Sus ojos se abrieron desmesuradamente hasta el límite, la incredulidad grabada con nitidez en sus delicados rasgos.
Todo esto... todo dependía de su elección.
Un suspiro tembloroso escapó de Mio. ¿Cuántas vidas podrían salvarse si aceptaba?
Pero un momento… ¿en qué estaba pensando? ¿Acaso no se había propuesto hacía apenas unos instantes ser egoísta por una vez en su vida?
¿No le había llegado finalmente el turno de vivir, de disfrutar de la felicidad después de años de tormento silencioso?
¿Por qué tenía que salvar un mundo que no le había mostrado más que crueldad?
Sin embargo, como si presintiera su vacilación, el hombre enmascarado volvió a hablar, y sus palabras la hirieron en el corazón como una hoja de hielo:
"Si rechazas mi oferta... todo este reino caerá."
"...!"
¿Ismyr? ¿Caer?
Con el pánico reflejado en su rostro, preguntó con voz tensa por el terror:
"¿C-cómo?"
La figura enmascarada se volvió en silencio hacia el balcón, señalando hacia la lejanía, hacia la oscuridad del sur. Su voz se tornó sombría, cargada de horrores no expresados.
"El páramo infinito al sur... Al amanecer, se abrirá una Grieta del Vacío de Fase 5. De ella surgirán enjambres de criaturas del Vacío: oleadas y oleadas de criaturas del Vacío de rango Monarca, Abisales, Demonios, Monstruos, Bestias... y por encima de todas ellas, una única criatura del Vacío de rango Titán. Otro Cambiaformas pisará este mundo."
Volviéndose para encarar a Mio, le asestó el golpe final con una claridad escalofriante:
"Y lo peor de todo... una legión de Gusanos del Vacío."
"Ah..."
Sus rodillas cedieron ante su poder mientras el terror la consumía. Se desplomó, indefensa, temblando sobre el frío suelo. Él la miró impasible.
“¡No... No! ¡Estás mintiendo!” gritó desesperada, con la voz aguda y quebrada.
¿Cómo podrías saber tal cosa? ¡No eres más que otra criatura del Vacío que intenta engañarme!
“¿Engañar?” Su voz resonó extrañamente, teñida de burla. De repente, su atención se dirigió hacia el cuerpo inmóvil de Lykos.
"Observa con atención al ser al que casi vendiste tu alma. Qué lamentable. De no ser por mi intervención, habrías entregado tu vida voluntariamente a un cambiaformas."
"..."
Un silencio sofocante inundó la habitación, más profundo que nunca. Lykos permaneció arrodillado, completamente inmóvil; su lucha anterior se había desvanecido como si jamás hubiera existido.
v-volcado, v-volcado, v-volcado, v-volcado.
En el silencio, el corazón de Mio latía con furia, cada latido resonando con fuerza en sus oídos, ensordeciendo sus sentidos.
“Puede que Lykos Aureliath haya sido bendecido por aquel niño insensato... pero eso fue hace mucho tiempo. Dudo que el niño al que veneras siquiera sepa que su apóstol hace tiempo que dejó este mundo. ¡Qué patético...!”
Su mirada implacable atravesó su cuerpo tembloroso, sus palabras penetrando más profundamente en su frágil corazón:
"Tu querido amigo de la infancia ha estado muerto todo este tiempo."
"No..."
Lentamente, desesperadamente, Mio volvió sus ojos hacia Lykos, suplicándole en silencio con cada fibra de su ser.
'Lykos...'
'Lykos, por favor...'
Simplemente mira hacia arriba.
Giro de vuelta.
Demuéstrale que se equivoca.
Pero...
¿Por qué no se movía?
¿Y por qué... por qué aquella horrible voz ajena, que chirriaba como cristales rotos contra carne viva, provenía de repente de la dirección de Lykos?
¿Por qué empezó a brotar dolorosamente sangre de los oídos de Mio?
“Ah” la voz susurró grotescamente a través de los labios entreabiertos de Lykos.
"Parece que me han descubierto."

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Camino del Extra (Novela) Capítulo 294
Estás leyendo el capítulo 294 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.