Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 284 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Todo el cuerpo de Azriel gritaba, suplicándole que se arrodillara.
Cada músculo, cada nervio, cada hueso gritaba de agonía, desesperado por rendirse. De no ser por la aplastante parálisis inducida por el aura de Pólux, ya se habría derrumbado; se habría sometido por completo, dispuesto a obedecer la abrumadora presencia del emperador estelar.
Pólux…
Azriel ni siquiera pudo encontrar una palabra coherente para describir el huracán de emociones que rugía en su interior.
Era sencillamente demasiado, demasiado terriblemente vasto para que su mente exhausta lo soportara.
De repente, Pollux dirigió su mirada hacia Azriel. Al instante, el cuerpo de Azriel se estremeció incontrolablemente; cada célula de su ser respondía al peso insoportable de aquellos ojos.
"Tu yo actual, por desgracia, es demasiado débil para ser tomado en serio, Hijo de la Muerte."
Los ojos de Azriel se abrieron desmesuradamente, el pánico lo invadió mientras se agarraba la cabeza.
¡¿Eso…?! ¡¿Su voz… dentro de mi cabeza?!
Los labios de Pollux no se habían movido, pero su voz resonó implacablemente, directamente en la mente de Azriel.
"Incluso después de morir tres veces de formas tan dolorosas y espantosas, sigues negándote a quebrarte... al menos por ahora."
Azriel rechinó los dientes furiosamente; aquella voz arrogante le taladraba la mente con crueldad implacable.
En ese mismo instante, grotescos tentáculos negros surgieron de la tierra: la inconfundible presencia de los Gusanos del Vacío. Hambrientos, irracionales y voraces, se abalanzaron sobre Pollux, el Cambiaformas, llegando incluso a trepar hasta la rama del árbol donde se encontraba Azriel. Sin embargo, cada gusano que osó emerger fue engullido al instante por silenciosas llamas plateadas, reducido a cenizas antes incluso de que pudieran emitir sus gritos de agonía.
No era difícil entender por qué:
Pólux.
Los quemaba sin esfuerzo, cada Gusano del Vacío consumido por la llama plateada tan rápido como aparecía. Sin embargo, justo cuando Azriel pensaba que la destrucción no podía ser mayor, otro fenómeno horripilante se desató:
A su alrededor, los árboles, los arbustos, la hierba-todo ser viviente comenzó a marchitarse rápidamente, envejeciendo, volviéndose pálido y quebradizo a medida que la vida se extinguía violentamente.
El Cambiaformas.
Su mera presencia estaba deteriorando todo a su alrededor, arrastrando al bosque a una ruina sin vida.
Azriel exhaló lenta y temblorosamente. Necesitaba encontrar a Lady Mio, pero ¿cómo?
¿Cómo podría escapar de la mirada de Pollux? ¿Cómo podría eludir las monstruosas garras del Cambiaformas? Y abajo, los Gusanos del Vacío seguían esperando hambrientos, desesperados por devorarlo una vez más.
Apretó los dientes con más fuerza hasta que se le desgarraron las encías y la sangre le inundó la boca. Azriel sabía que no tenía otra opción.
Tendría que arder para siempre, sufrir sin cesar”
Hasta que finalmente encontró un camino a través de las llamas.
La expresión de Azriel se ensombreció; su único ojo se volvió afilado como el acero, y el último vestigio de duda y vacilación se consumió bajo su gélida resolución.
El rostro de Pollux se tornó peligrosamente frío al notar el repentino cambio de Azriel. Una intención escalofriante y asesina emanó del joven, violenta y sofocante, tan densa que incluso el aire opresivo se volvió increíblemente pesado.
"¿Así que esta... esta es la forma que toma tu sed de sangre y tu intención asesina, Hijo de la Muerte?"
La voz de Pollux resonó burlonamente en la mente de Azriel una vez más.
Por un breve instante, Pollux y el Cambiaformas volvieron sus rostros inexpresivos y arrogantes hacia Azriel. Lo sintieron: docenas, no, cientos de manos fantasmales que surgían de la tierra, arañando desesperadamente sus cuerpos, luchando inútilmente por arrastrarlos a la oscuridad eterna.
Sin embargo, claro está, aquello no tuvo ningún efecto real en ninguno de los dos. La sed de sangre de Azriel, por feroz que fuera, era insignificante comparada con la de esos dos monstruos. Pero a Azriel ya no le importaba.
La sangre goteaba sin cesar entre los labios apretados de Azriel mientras se agachaba ligeramente, con las rodillas flexionadas en un gesto desafiante. Su cuerpo temblaba violentamente, sus músculos resistiéndose a la temeraria orden que ahora les daba, pero Azriel se obligó a sí mismo de todos modos.
Un relámpago blanco surgió de repente, crepitando furiosamente a su alrededor y congelando las ramas del árbol mientras el hielo estallaba con cada golpe. Fragmentos de hielo se dispersaron violentamente, cortando el aire como cuchillas de cristal.
Entonces, como si surgiera de su propia ira, una siniestra niebla negra como la boca del lobo brotó de la boca de Azriel, deslizándose por su cuerpo tembloroso como una serpiente, serpenteando silenciosamente alrededor de Devorador del Vacío y Atropos' Elegy.
El único ojo de Azriel brillaba sin piedad: frío, asesino, lleno de una resolución desesperada. Forzó sus labios a curvarse en una sonrisa desafiante y temblorosa, un desafío que emanaba de cada célula de su cuerpo.
Pollux se limitó a observar con retorcida diversión; el Cambiaformas permanecía indescifrable, un enigma eterno envuelto en un silencio de pesadilla.
Sin embargo, al contemplar el único ojo que le quedaba a Azriel, ambos pudieron verlo claramente:
Lo consumía un deseo temerario e insaciable de destruirlos, de aniquilarlos por completo. Su furia, su odio, su desesperación, todo ardía con intensidad, envuelto en una sed de sangre implacable y una voluntad inquebrantable.
Y finalmente, en un momento temerario y desesperado”
El Hijo de la Muerte saltó de su percha y se precipitó de cabeza al caos que se extendía abajo.
Se adentró en las llamas, sacrificándose voluntariamente en la pira de la guerra, dispuesto a arder una y otra vez…
Hasta que llegó al sol mismo.
* * *
El Hijo de la Muerte, el Gran Emperador Espíritu Estelar Divino y el Cambiaformas de Grado 1 estaban atrapados en un ciclo marcado por un derramamiento de sangre sin fin.
Su violencia tiñó el Bosque de la Eternidad con infinitos tonos carmesí y ébano, un lienzo sombrío de sangre derramada y vísceras esparcidas. El tiempo hacía tiempo que había perdido su significado; cada muerte era solo una pincelada más en un tapiz infinito de sufrimiento.
Azriel era el más débil de todos, y por eso casi siempre era su sangre la que empapaba la tierra, su cuerpo desgarrado junto a los Gusanos del Vacío que se retorcían. Sin embargo, ocasionalmente” rara vez, pero innegablemente” el icor negro del Cambiaformas también teñía la tierra, arrancado de su cuerpo por las implacables llamas plateadas de Pólux.
Cada vez que uno caía” ya fuera Azriel o el Cambiaformas” el tiempo se estremecía violentamente. La realidad se convulsionaba, retrocediendo instantes antes de la muerte, reiniciando el ciclo una vez más.
Nada escapó a este bucle sin fin. Ni siquiera el propio dolor.
La agonía permaneció grabada a fuego en sus recuerdos.
Sin embargo, por mucho que Azriel luchara, por muy precisas que se volvieran sus artes de espada divinas, por mucho que agotara su maná, por muy poderosos que fueran sus hechizos o por muy intensa que fuera su aura, la amarga verdad nunca cambió.
Apenas pudo arañar al Cambiaformas.
Jamás tocó a Pólux.
Nunca tuvo ninguna oportunidad.
Azriel siempre lo recordó.
Recordaba el crujido nauseabundo de los colmillos de Pollux quebrándole la columna, recordaba la agonía de las garras del Cambiaformas desgarrándole los pulmones. Recordaba la repugnante sensación de los Gusanos del Vacío irrumpiendo a través de su carne, sus mandíbulas implacables ansiosas por devorarlo desde dentro, cada horrible emergencia terminada abruptamente por las silenciosas llamas plateadas de Pollux.
Sin embargo, a veces, esos viles gusanos encontraban su objetivo, deslizándose dentro de las heridas de Azriel antes de que pudiera sellarlas con su afinidad al hielo. Azriel nunca supo si Pollux lo permitía o si los gusanos simplemente eludían las llamas plateadas; pero cada vez, se veía obligado a arrancarse su propia carne para detener su avance enloquecedor.
Azriel recordaba haber muerto.
Otra vez. Otra vez. Otra vez.
Sin embargo, cada vez regresaba.
Todos lo hicieron.
Ardió, se hizo añicos, derramó ríos de sangre y gritó hasta quedarse sin voz, para luego alzarse de nuevo instantes antes de morir. Perseguido eternamente, atrapado para siempre.
¿Qué importaba cuántas veces cayera, cuán terrible se volviera la tortura del siguiente bucle?
Dentro de ese maldito bosque, Azriel era inmortal, al igual que Pólux, al igual que el Cambiaformas, al igual que los propios dioses.
Cada muerte trajo consigo un renacimiento.
Y cada renacimiento presentaba una oportunidad. Cada ciclo era otra oportunidad para aprender, otro paso hacia la comprensión de las retorcidas reglas de esta prisión eterna.
Azriel se estaba adaptando, evolucionando. La muerte misma se había convertido en su maestra; cada dolorosa desaparición, en una lección grabada a fuego en sus huesos. Lentamente, una extraña y oscura emoción se filtraba en su alma, una euforia singular nacida de cada regreso.
Y cada vez que se levantaba de nuevo, Pólux se quedaba más callado.
El Gran Emperador Espíritu Estelar Divino, Pólux, antaño tan arrogante y orgulloso, había enmudecido. Cada renacimiento lo volvía más taciturno, más frío, más frustrado. Observaba a Azriel alzarse una y otra vez, desafiando al destino mismo, desafiando lo imposible, incapaz de doblegar su espíritu indomable.
Ya no era una batalla de carne y hueso, sino de fuerza de voluntad y alma. Sus silenciosos ataques mutuos se convirtieron en rituales: abrazar la muerte, con desesperación y a la vez con voluntad, cada repetición acercándolos más a la locura.
A Azriel ya no le importaba cuántas veces muriera ni cuán terribles fueran los horrores que le infligían. Ya ni siquiera sabía si podía considerarse humano, pero ¿qué importaba? Lo único que deseaba ahora era ver resquebrajarse la máscara de arrogancia de Pollux, observar cómo la frustración deformaba su orgulloso rostro al fracasar repetidamente en su intento de lograr su objetivo.
Quebrando el alma de Azriel.
Cada vez que Azriel caía, caía brutalmente; sus huesos recordaban cada golpe, su corazón rememoraba cada instante de terror paralizante. Pero de cada caída aprendía.
Cada reinicio lo hacía más agudo, más rápido, más letal.
Y gradualmente, las reglas de este lugar” las leyes de esta eterna pesadilla” comenzaron a ceder ante su implacable determinación.
Azriel comenzó a luchar como un hombre que lo había perdido todo, porque, en verdad, así era. Innumerables veces. Luchó con uñas y dientes contra los reinicios, ignorando el dolor y la asfixia; sus gritos se convirtieron en un alarido contra el destino mismo, resonando entre los árboles y la tierra destrozada.
El Cambiaformas una vez lució su rostro.
Esa muerte fue la peor de todas.
Y así representaron sus interminables papeles: depredador y presa, lobo, hombre y una pesadilla informe. Gusanos que nunca aprenden, llamas que nunca se extinguen, un emperador inmortal desesperado por cumplir una promesa condenada al fracaso.
Hasta que, finalmente, incluso el bosque comenzó a debilitarse.
Los reinicios comenzaron a fallar; el tiempo mismo tartamudeaba, desviándose de su ritmo implacable. Los Gusanos del Vacío emergían antes en cada bucle, más frenéticos, más desesperados. El Cambiaformas chilló con una furia horripilante y antinatural, un sonido que ninguna criatura viviente debería emitir jamás. Pollux alzó la vista hacia el pálido cielo, como si presintiera que algo se desmoronaba.
Azriel sonrió a pesar de tener los dientes rotos.
Por fin algo se rompía.
Y tal vez, solo tal vez…
Esta vez no sería él.

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Camino del Extra (Novela) Capítulo 284
Estás leyendo el capítulo 284 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.