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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 271 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"Mi señor, ¿está seguro de que se encuentra bien así?" "Soy." Azriel respondió secamente. Mio lo miró con preocupación. Vestido con las cálidas ropas militares del Clan Crimson, con un abrigo de piel negra sobre los hombros, Azriel sintió un poco más de calor, solo un poco. Curiosamente, su cuerpo se enfriaba cada vez más, mientras que el calor en su núcleo de maná seguía aumentando. Se apoyó en un bastón de madera, uno que pertenecía a Mio. Ella ya no lo usaba; al parecer, solo lo llevaba consigo porque le gustaba cómo se sentía. Azriel lo había aceptado sin quejarse. Con un ojo menos, su cuerpo aún no se había adaptado del todo. Tenía problemas de equilibrio y todavía sentía las piernas algo entumecidas. Mio le dirigió una última mirada preocupada” una que solo lo hizo sentir más incómodo que reconfortado” antes de darse la vuelta y salir de la cabaña. Azriel la siguió. En cuanto cruzó el umbral, se detuvo en seco. Una repentina oleada de repugnancia lo invadió por razones que no podía explicar. Pasó en un instante. Alzó la vista y observó en silencio el bosque que se extendía ante él: un mar infinito de árboles verdes y arbustos frondosos. A pesar de que Mio insistía en que podía pasear tranquilamente por el Bosque de la Eternidad, esta era una de las pocas veces que salía desde su llegada. Dio unos pasos hacia adelante, siguiendo de cerca a la mujer envuelta en túnicas negras. Entonces, sorprendentemente, Azriel habló. "¿Acaso la gente no me reconocerá?" No había muchos ”si es que había alguno” con ojos rojos. Y con el aspecto que tenía ahora, no pasaba precisamente desapercibido. No era difícil reconocer al que tenía precio de captura. Aun así, quizá todos los aldeanos conocían a Mio. Vivía allí, pero no tenía problema en salir del bosque para visitar el poblado más cercano. Al parecer, iba a menudo: a comprar, a comerciar. De ahí debía venir el pan. Y las comidas que preparaba, una mezcla de carne de caza e ingredientes comprados. La única razón por la que Azriel accedió a acompañarla fue la curiosidad. Curiosidad por ese supuesto pueblo del que hablaba. Necesitaba respuestas. ¿Sabían los aldeanos que ella vivía en el bosque? Y si lo sabían, ¿les parecía bien? ¿A qué distancia estaba la aldea? Tenía que estar cerca de la frontera del Círculo Negro... "¿Eh?" De repente, Mio se puso rígida. Se detuvo en seco. Azriel también se detuvo, parpadeando con el único ojo que le quedaba. El otro seguía envuelto bajo una tela negra que ocultaba los vendajes. “¿Ocurre algo?” preguntó en voz baja. Se giró para mirarlo, lo miró fijamente un segundo de más y luego negó rápidamente con la cabeza. "...No, mi señor. S-simplemente me tomó por sorpresa, eso es todo." "¿?" Se llevó el puño a la boca, tosiendo suavemente antes de continuar su camino, sin interrumpir su marcha mientras se adentraba en el bosque. "No tiene de qué preocuparse, mi señor. El pueblo al que nos dirigimos es... único. Se enorgullecen de mantenerse al margen del conflicto entre los nobles y el Ejército Revolucionario. Mientras su pacífica forma de vida permanezca intacta, les importan poco la política o los linajes." "...Veo." Una suave risita escapó de sus labios mientras continuaban caminando. Mio se movía como si paseara por el lugar más seguro del mundo. “Mi señor” dijo ella”, incluso con el peso del mundo sobre sus hombros, debería encontrar momentos para descansar. Imagino que ser Hijo de la Muerte no es una carga fácil de llevar… pero en algún momento, su mente podría colapsar por el agotamiento extremo. Azriel no respondió. "¿Mmm?" Se giró, desconcertada, al darse cuenta de que él se había detenido por completo. Azriel la miró fijamente. Su expresión era indescifrable: silenciosa, oscura. "...No recuerdo haberte dicho nunca que era Hijo de la Muerte." "Ah”" "...!" Sin dudarlo. Nada de bromas. Ni un solo intercambio ingenioso. Ni siquiera una maldición o un insulto. Solo silencio. En un instante, Azriel estaba donde se había detenido. Al siguiente, mientras Mio parpadeaba, estaba justo frente a ella, con el Devorador del Vacío desenvainado, firmemente sujeto en su mano derecha. La izquierda permanecía metida en el bolsillo de su abrigo. Y sin mediar palabra, le clavó la hoja. Los ojos de Mio se abrieron de par en par. La hoja estaba a punto de atravesar el espacio entre ellos, justo entre sus ojos. Pero cuando Devorador del Vacío se acercaba a su objetivo, una fuerza misteriosa se abalanzó sobre Azriel. Fue como si un humano dormido se hubiera topado con un muro de acero divino. El impacto lo lanzó hacia atrás como un muñeco de trapo, haciéndolo estrellarse contra árbol tras árbol. Los troncos se partieron. Las ramas se hicieron añicos. El bosque gimió bajo la violencia. Azriel finalmente aterrizó en una ensordecedora explosión de polvo y tierra. Yacía inmóvil, cubierto de tierra. Luego, lentamente, se incorporó. Su largo cabello negro cayó en cortinas sobre su rostro manchado de tierra. "Ugh…" “…Tengo el pelo largo.” El pensamiento se coló en su mente con una extraña calma, a pesar del dolor que le recorría los huesos. Parpadeó. Su visión parpadeaba. …Se sentía agotado. …Exhausto. Gota a gota… Azriel se puso de pie de nuevo, balanceándose ligeramente mientras miraba hacia atrás, al rastro de destrucción que había dejado. Su único ojo abierto miraba fijamente. Y luego… Una ola de repugnancia lo invadió. Lo mismo que cuando salió de la cabaña por primera vez. Lo invadió, repentina y vil. Luego desapareció. Luego regresó. De nuevo. Y otra vez. La sensación se le metió bajo la piel, se le incrustó en la columna. Azriel apretó los dientes. Su cuerpo se estremeció. La repugnante sensación se negaba a abandonarlo; lo invadió como una maldición, como la putrefacción que se introduce en la médula. El calor en su núcleo de maná se intensificó. Y, sin embargo, su cuerpo se enfrió aún más. Hacía tanto frío… que temblaba. Su rostro se contrajo. Gota a gota… '…¿Por qué?' ¿Por qué alguien como yo... tiene frío? ¿De verdad la sangre de un basilisco oscuro podría hacer algo así? Escaneó su entorno, pero Mio había desaparecido. Desapareció. Su cuerpo volvió a estremecerse por el terror helado que lo atenazaba. 'Esto no tiene sentido.' 'Nada de esto tiene sentido.' Aun así, no había rastro de ella. El bosque estaba en un silencio sepulcral. Un silencio inquietante se cernía entre los árboles. Gota a gota… '…Lo sabía.' Desde el momento en que la conoció” a pesar de toda su amabilidad” Azriel no había podido confiar en ella. Algo en su interior la rechazaba por completo. Una inquietud persistente. Un miedo silencioso. Pero más que Mio… Azriel tenía miedo de sí mismo. Por la forma en que se había estado comportando. El estado de su cuerpo. El caos en su mente. Todo parecía… incorrecto. Gota a gota… Dio un paso adelante. Algo crujió bajo su bota. Algo blando. Algo que se movía. Confundido, Azriel retiró el pie para ver qué había pisado. Gota a gota… Fue entonces cuando se dio cuenta. Las gotas de líquido rojo caían como una cascada silenciosa. Empapando la tierra. Manchándose los pantalones. Empapando sus botas. Bajó la mirada. Su ropa carmesí estaba empapada. Al tocar la humedad, sus dedos quedaron cubiertos de una sangre espesa y repugnante. "-¿Eh?" Se giró. Allí, detrás de él… Un charco de sangre. Gota a gota… Y entonces su mirada se desvió ”lentamente” hacia su lado izquierdo. …Donde solía estar su mano. Desde la muñeca hacia abajo, su brazo terminaba en un amasijo irregular y expuesto. Su mano izquierda había desaparecido. "¿Eh?" La sangre brotó a borbotones del muñón desgarrado, fluyendo en oleadas. Arterias, palpitantes y de un rojo negruzco, se retorcían como gusanos moribundos. Hilos blancos ”músculo, tendón, nervio” colgaban como seda deshilachada de un grotesco ramo de ruina. Durante dos segundos enteros, su mente se negó a registrar lo que estaba viendo. Entonces la realidad se abrió de golpe, como un martillo golpeando un cristal. "¡¿Gh-a-!? ¡¡¡A-AA-GAAAAAA-!!!" Azriel cayó de rodillas. El mundo se volvió blanco. Sus pensamientos, fragmentados y deshilachados, no lograban comprender el pensamiento en sí, solo el eco, la mancha difusa. ¿Qué pensamiento había originado este pensamiento? ¿Acaso era suyo? ¿Por qué pensar? ¿Por qué ahora? Pensamiento, pensamiento, pensamiento… Le arañaba el cráneo, ansiosa por ser reconocida, pero cada vez que intentaba alcanzarla, se le escapaba, se rompía, se multiplicaba. Un pensamiento engendraba otro, y ninguno tenía sentido. Solo pensamiento, pensamiento interminable, girando en espiral dentro de otro pensamiento tras otro. Con un dolor insoportable, apretó el muñón sangrante contra la tierra. Sus dientes se hundieron en la tierra sin darse cuenta. Hojas, empapadas con su propia sangre, se le pegaron a los labios. Masticó tierra sin sentido, con la vista nublada mientras el bosque daba vueltas. Y entonces… lo vio. Su mano izquierda. Tumbado frente a él. Distante. Pálida. Inmóvil. Azriel se quedó mirando. Ya no estaba sobre su cuerpo. Estaba en la tierra. Él lo entendió. Una comprensión a la que nunca quiso llegar. Un dolor que nunca quiso conocer. ...Otra vez no.
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Camino del Extra (Novela) Capítulo 271

Estás leyendo el capítulo 271 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.