Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 259 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Un sudor frío le corría por la frente.
Liliane no podía hablar.
Su voz la había abandonado, estrangulada por algo desconocido; tal vez la presión abrumadora... o tal vez la presencia del joven que estaba de pie junto a ella.
Le puso una mano suave en el hombro, su toque ligero, su mirada firme, aunque delataba un destello de preocupación.
"Santa, ¿te encuentras bien? Quizás deberías sentarte un momento."
"¿Eh?"
Su voz era cálida, pero su aliento la rozaba como hielo. El contraste la dejó atónita.
Mareado.
Antes incluso de darse cuenta, el mundo se inclinó, y lo siguiente que supo fue que estaba sentada en lo alto de un trono.
Un trono de hielo cristalino, esculpido con un detalle imposible. No estaba allí hace un segundo.
Ella parpadeó.
El chico de ojos carmesí seguía mirándola, con el ceño ligeramente fruncido por la preocupación.
¿Qué es esto...? ¿Por qué...? ¿Por qué tengo tanto miedo?
¿Le apetece una copa, quizá?
"E-eh..."
Antes de que pudiera articular una respuesta coherente, él se giró y se dirigió al mostrador. Sirvió algo” zumo de manzana, se dio cuenta ella” y regresó sin más, ofreciéndoselo con una mano.
Lo aceptó antes incluso de pensarlo, rozando sus dedos con los de él.
Sonrió levemente. Solo un poco.
Pero fue suficiente para que se le ardiera la cara.
Desvió la mirada, presa del pánico interior.
¡¿Qué demonios?! ¡¿Qué me pasa?! ¡Soy la Santa, por el amor de los dioses!
Y sin embargo, sin pensarlo, se bebió todo el vaso de un trago y exhaló temblorosamente.
Bajando la mirada, Liliane susurró, con voz apenas audible:
"Yo... pido disculpas por tan desagradable comportamiento. No sé qué me pasó."
Pero el chico simplemente negó con la cabeza.
"No tienes nada de qué disculparte."
Entonces, desde un lado de ellos, el hombre que había estado observando en silencio” con los ojos llenos de diversión” finalmente habló.
"Aquellos que han vivido con miedo toda su vida... sus instintos se descontrolan ante lo desconocido. Su instinto de lucha les grita."
El chico de ojos rojos suspiró, pasándose una mano por el pelo y lanzándole al hombre una mirada irritada.
"Deja de intentar aterrorizarla. Si sigues así, no avanzaremos nada."
El hombre se limitó a encogerse de hombros.
"Como quieras."
Se puso de pie.
Bueno, me retiro. ¡Procura no matarte!
Entonces-
Liliane parpadeó.
El hombre se había ido.
Lo mismo ocurrió con el vaso que había estado sosteniendo.
"¿…?"
¿Adónde fue...?
Su cuerpo se estremeció.
Fue entonces”
Liliane se dio cuenta.
Ese hombre...
¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe! ¡Mal golpe!
Le recordaba al Papa.
¡No... no puede ser! ¡Debo estar perdiendo la cabeza!
De repente, el chico que estaba a su lado habló.
Su voz era suave, casi indefinible, como un susurro sostenido por el aliento, que apenas rozaba sus oídos.
"Sí... tú también, amigo mío."
Sus ojos se dirigieron hacia él.
Se quedó mirando fijamente el lugar donde el hombre había estado hacía apenas unos instantes.
¿Amigo...?
Con timidez, gritó.
"Disculpe, ¿eh?"
Él se volvió hacia ella. Sus miradas se cruzaron.
Ojos carmesí.
"¿Hm?"
"Ese hombre... es tu amigo, ¿verdad?"
Hizo una pausa, reflexionando.
"Es complicado. Pero supongo que se podría decir que sí, que nos llamaron así."
“…Él también es el Invitado Número 001, ¿no?”
"Eso es correcto."
"Veo..."
Liliane se tocó la barbilla, con expresión pensativa y la mirada baja.
'Pero ya se ha ido... Ni siquiera tuve la oportunidad de decir nada. El Papa... estará furioso porque he fracasado en mi misión.'
Sus ojos volvieron a elevarse.
El chico la observaba en silencio, con la cabeza ligeramente ladeada, como desconcertado por su silencio.
¿Lo sabe? ¿Lo de que las alas eran falsas? Si son amigos, quizá sea tan valioso como ese hombre...
Decidida, Liliane se puso de pie.
El niño dio un paso atrás, con un destello de curiosidad en su rostro.
Su expresión se suavizó. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios mientras se inclinaba levemente en una respetuosa reverencia.
"Permítanme presentarme como corresponde. Disculpen la tardanza... y mi anterior descortesía."
Se llevó una mano al pecho.
Como ya habrás adivinado, soy la Santa de las Diez Iglesias Celestiales: Liliane. Que las Diez te guíen a ti y a tu alma bondadosa. ¿Puedo saber tu nombre, señor...?
El niño respondió con una sonrisa suave y enigmática e inclinó la cabeza levemente.
"Es un honor conocer a la Santa de las Diez Iglesias Celestiales. Soy Azriel, Príncipe del Clan Crimson."
Liliane parpadeó.
"..."
"..."
"..."
"..."
¡¿ÉL ES ESE INFAME PRÍNCIPE...?!
Los ojos de Liliane se abrieron de par en par.
Su expresión cambió a una de asombro y sorpresa.
¡No! ¡Imposible… eso no puede ser cierto! ¡No se parece en nada a lo que imaginaba!
A partir de los rumores dispersos y los pocos fragmentos de información que había logrado reunir, nunca esperó que se tratara del príncipe Azriel Crimson.
Se había imaginado a alguien con sobrepeso. O quizá grotesco, lleno de cicatrices, incluso brutal; un hombre moldeado por dos años de supervivencia en el Reino del Vacío. Alguien endurecido, desfigurado, aterrador.
Pero...
Ante ella se encontraba un joven delicado, de aspecto casi frágil.
¡No parecía alguien que alguna vez hubiera empuñado una espada!
Azriel soltó una risita suave, sacándola de sus pensamientos.
"Imagino que debe ser una sorpresa verme aquí", dijo con voz ligera.
"Aunque... eso significa que no estabas aquí para mí, ¿verdad?"
Liliane negó levemente con la cabeza.
"No... tenía algo que decirle a ese hombre, pero..."
Su mirada volvió al lugar donde la misteriosa figura había estado solo unos instantes antes.
¿Utilizó magia espacial? ¿O algo similar...?
Aquel hombre era mucho más enigmático de lo que ella había supuesto en un principio.
Sin embargo, curiosamente, Liliane descubrió que el miedo que había sentido antes se había atenuado. Incluso había desaparecido. Ya no sentía la opresión del pánico en el pecho.
“Sí, es difícil de atrapar” dijo Azriel, como si le leyera el pensamiento.
Siempre está ocupado, es difícil localizarlo. Lo siento. Si hubiera sabido que estabas aquí por él, no te habría dejado perder el tiempo.
Liliane negó rápidamente con la cabeza.
"Esto no fue en absoluto una pérdida de tiempo; nada de esto es culpa tuya. Si acaso, la culpa es mía. Pero... príncipe Azriel, ¿puedo preguntar...?"
Su voz bajó ligeramente, con cuidado.
¿Sabes su nombre? Quizás... haya alguna manera de que pueda contactar con él.
Ahora lo observaba con atención. Cada expresión, cada destello en sus ojos, su postura. Seguía sonriendo cortésmente, pero tras esa sonrisa se escondía algo indescifrable.
Ya no sentía miedo, no. Pero su cautela no había desaparecido; simplemente había evolucionado.
Liliane solo había conocido en persona a otros dos hijos ilustres de los Grandes Clanes: Jazmín Crimson y Lioren Dusk, durante su visita a su continente. Ahora que lo observaba con atención, Azriel sí poseía la refinada elegancia del Clan Crimson.
Sin embargo, ante su pregunta, el príncipe negó levemente con la cabeza.
Su sonrisa se desvaneció ligeramente, dando paso a una mirada más de disculpa.
Lamentablemente, no puedo compartir ninguna información sobre él, ni su nombre ni ningún otro dato. Espero que lo entiendan; quiero respetar su privacidad.
La decepción cruzó fugazmente su rostro.
"Ya veo... es comprensible."
Aquel hombre era claramente poderoso; Liliane lo supo en cuanto lo vio. Tendría que transmitirle al Papa todo lo que había averiguado. Con suerte, bastaría para aplacar su ira.
Pero...
El que está ahora frente a ella... podría ser igual de misterioso.
No... quizás incluso más.
Su rostro palideció ligeramente cuando algo hizo clic en su percepción.
'Él... él es de tercer grado avanzado.'
Ella misma era solo una alumna de primer grado de nivel intermedio. E incluso eso se consideraba una bendición divina, una de las más fuertes entre su grupo de edad bajo el dominio de las Diez Iglesias Celestiales que gobernaban toda América.
Un solo pensamiento cruzó su mente:
'El Torneo de los Grandes... realmente no será fácil.'
No era simplemente misterioso como aquel hombre.
El príncipe Azriel... era peligroso.
Liliane entrecerró ligeramente los ojos, procurando que él no lo notara.
Para alguien que había sobrevivido dos años en el Reino del Vacío, para alguien rodeado de rumores” tanto impresionantes como condenatorios” definitivamente no era una persona ordinaria.
¿Quién sabe lo que él pueda saber?
Luego surgió otro rumor.
'El joven héroe de CASC.'
Si los rumores eran ciertos... si realmente había derrotado a un Heptarca de Neo Génesis, entonces tampoco era estúpido.
Cuando abrió los labios para continuar aquella conversación incómoda y tensa, su mirada captó algo: apenas una pequeña franja blanca bajo su manga.
Una venda. Suelta, sobresaliendo ligeramente por debajo de su ropa.
Azriel siguió su mirada, luego bajó la vista y dejó escapar un suave suspiro.
"No lo envolví bien, ¿eh?"
Liliane parpadeó. Se le presentaba una oportunidad.
"Si estás herido... Príncipe Azriel, puedo curarte... si no te importa. Utilizo magia de luz."
Le pareció extraño: ¿un príncipe caminando herido sin usar una poción curativa?
Seguramente tenía que haber una razón. Quizás no la tenía.
O tal vez... la afinidad con la luz pueda captar su interés.
"...!"
Pero, contrariamente a lo que ella esperaba, Azriel negó con la cabeza y se remangó ligeramente.
Mostró todo su brazo, completamente envuelto en vendajes.
Ajustó la parte suelta, sujetándola firmemente con un movimiento experto.
Luego habló con calma, como si la lesión no significara nada.
"Desafortunadamente, esta es la clase de herida que ninguna afinidad ni poción puede curar. La sufrí durante mi estancia en el Reino del Vacío."
"Oh... lo siento. Fue una imprudencia por mi parte."
Azriel simplemente soltó una risita, negando con la cabeza mientras volvía a esconder las vendas bajo la manga.
"Te disculpas demasiado, Santa. Por favor, no te rebajes por algo tan trivial."
Liliane lo miró y luego asintió lentamente.
"Sí... le agradezco su consejo, Príncipe."
Pero en su interior, no podía evitarlo.
Estaba nerviosa. Incómoda. Y cautelosa.
Habían ocurrido demasiadas cosas en tan poco tiempo.
“...Me pregunto qué pudo haber causado una herida que ninguna magia puede curar.”
Fuera lo que fuese, tenía que ser algo terrible.
Una abominación inimaginable; algo de lo que había sobrevivido.
Justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, sucedió algo inesperado.
El sonido de cristales rotos resonó en la habitación. Liliane giró la cabeza bruscamente hacia el príncipe y luego hacia el mostrador. Pero, para su total desconcierto, no había fragmentos. Nada roto. Ni un solo pedazo.
'¿Eh?'
El sonido no cesó. Se retorció y se estiró, ya no como cristales que se rompen, sino como si se desgarraran. Como si algo invisible se estuviera desintegrando lentamente.
"¡—!"
Liliane se quedó paralizada.
El sonido no provenía del interior de la habitación.
Vino de arriba.
Como una trompeta que resuena desde los cielos… vino del firmamento.
Sus miradas se cruzaron” la de ella desorbitada por el pánico, la de él indescifrable” e inmediatamente ambos corrieron hacia la salida.
El príncipe fue más rápido. Naturalmente, llegó a la puerta antes que ella.
¡¿Qué... qué está pasando?!
El sonido se hizo más fuerte. Penetrante. Le taladraba los oídos, le hacía palpitar el cráneo con cada latido. Sus piernas se movieron por puro instinto, persiguiendo a la figura que tenía delante mientras doblaba por el pasillo.
Estaban en los pisos superiores.
“Síganme” dijo con calma.
No preguntó nada. No podía. Simplemente corrió.
Llegaron a un balcón. Juntos, corrieron hacia el borde.
Y entonces... alzaron la vista.
Como un látigo azotando los cielos, el firmamento se resquebrajó.
Líneas de fractura se extendieron por ella como porcelana hecha añicos. El desgarro se ensanchó.
¡WW-Qué... qué está pasando...!
Liliane se quedó sin aliento.
Una expresión de puro horror se dibujó en su rostro. Se volvió hacia Azriel, desesperada por obtener respuestas.
Pero no se movió.
Simplemente observó, con la mirada fija en el cielo. Tranquilo. Sereno. Impasible.
Y luego-
Llegó.
Un sonido tan fuerte, tan de otro mundo, que parecía que el mundo entero lo hubiera oído. Cada alma en cada rincón del planeta.
Un grito que no pertenecía a ninguna criatura; ni a ninguna bestia, ni a ningún dios.
Fue un alarido del cosmos desmoronándose, un grito de tensión que se rompió tras haber sido tensada durante eones.
Desde el cielo agrietado, surgieron hacia afuera vetas de luz irregulares.
Y por un instante, el mundo se detuvo.
Todo congelado.
Suspendido.
Espera.
Entonces-
Un cegador rayo de luz brotó de la herida en el cielo.
Blanco.
Colosal.
Implacable.
Se desplomó como el juicio divino.
"Ah…"
Liliane solo podía susurrar.
Su corazón gritaba lo que sus labios no podían:
'Los dioses… están aquí. Nos están juzgando.'
El rayo atravesó las nubes, vibrando con una energía que se sentía ajena, como si las mismas leyes de la realidad se resquebrajaran bajo su peso.
Y a pesar de todo… el sonido perduró.
Una nota aguda y temblorosa. Como el grito de una estrella moribunda. Infinita. Eterna.
Y cuando la luz descendió…
Mientras el mundo era consumido por su brillo, engullendo todo en blanco”
Oyó su voz a su lado.
Suave. Tranquilo. Inquebrantable.
El susurro del príncipe Azriel Crimson.
"Y así comienza."

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Camino del Extra (Novela)
Capítulo 260
Camino del Extra (Novela) Capítulo 259
Estás leyendo el capítulo 259 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.