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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 258 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En este mundo, solo se conocían tres humanos con afinidad a la luz. Una era Celestina, princesa del Clan de la Escarcha. Los otros dos pertenecían a las Diez Iglesias Celestiales. Uno de ellos era el Papa, secretamente uno de los soberanos del mundo. La otra... era la santa Liliane. Ella también era la última integrante del harén de Lumine; al menos, hasta el momento en que Azriel leyó el libro. La historia entre las dos usuarias de luz siempre había intrigado a Azriel. Las Diez Iglesias Celestiales creían que el cabello plateado era un símbolo de pureza. Quienes nacían con él eran considerados elegidos, más cercanos a los Diez Dioses y al maná mismo. Las Diez Iglesias Celestiales constituían una sola religión unificada que honraba a Diez Dioses divinos. Cada “iglesia” era una rama dedicada a una deidad, pero todas estaban unidas bajo un mismo cuerpo sagrado. Así pues, cuando se supo que Celestina Frost había nacido con cabello plateado, las Diez Iglesias Celestiales insistieron en acogerla, afirmando que la criarían para convertirla en la próxima santa. Naturalmente, el clan Frost se negó. No aprobaban ni toleraban tal intromisión. Pero las Diez Iglesias Celestiales eran implacables... y obstinadas. Aun así, el Papa no se involucró. No podía permitírselo. De haberlo hecho, habría tenido que soportar la ira de Catherina Frost, la soberana del Clan Frost. Y no solo la suya. Si el Papa hubiera puesto un pie en Asia, Elizabeth Crimson, Solarin Nebula y Valerion Dusk habrían unido fuerzas para acabar con él. Por no hablar de los Cuatro Grandes Reyes. Aunque quizá fueran más débiles que los soberanos, nunca debían ser subestimados. Especialmente el Rey Crimsón... y el Rey Dusk. Esos dos estaban simplemente locos. Impredecibles. Peligrosos. Sin embargo, curiosamente, la amenaza de los Cuatro Grandes Reyes no pareció inquietar a las Diez Iglesias Celestiales. Con tan solo cinco años, Celestina Frost se sometió a su primera evaluación de talento con el Orbe de Maná, un artefacto de maná utilizado para medir cuánto maná podía absorber una persona del aire y hasta dónde podía crecer su núcleo. Cuanto más brillaba el orbe, mayor era el rango potencial del núcleo de maná. Cuando Celestina puso su mano sobre el orbe… El resplandor era cegador. Tal como lo había evaluado Jazmín Crimson, el orbe brillaba con tanta intensidad que se decía que superaba incluso el rango de Santo. Esa fue la gota que colmó el vaso. Las Diez Iglesias Celestiales intentaron secuestrar a Celestina Frost. Fracasaron. Atrapados nada menos que por el antiguo Rey y Reina del Hielo. Y fue ese día... cuando el mundo presenció una verdad: el Clan de la Escarcha” la supuesta familia tranquila, noble y digna de los Cuatro Grandes Clanes” era todo menos dócil. Cuando Ragnar Frost, el actual rey del hielo, se enteró del intento de secuestro… Perdió toda razón. Marchó solo sobre las Diez Iglesias Celestiales. Y lo que siguió fue una masacre. Un desastre tan horripilante que aún atormenta los sueños de aquellos estadounidenses que tuvieron la mala suerte de presenciarlo. Hasta el día de hoy, muchos recuerdan la masacre que dejó a su paso. Una tormenta de destrucción. Una marea de sangre. Sin otra opción, las Diez Iglesias Celestiales se vieron obligadas a inclinar la cabeza, aunque ello significara arrastrar su reputación por el fango ante las Capitales Sagradas y más allá, por toda Asia. Sin embargo, lo que dolió aún más” lo que realmente se sintió como una bofetada” fue la revelación de que Celestina Frost poseía la Afinidad con la Luz. Justo cuando parecía que iban a ahogarse, cuando toda esperanza estaba perdida, se creyó que fue la misericordia de los Diez Dioses la que trajo a Liliane a sus vidas: una niña nacida con la misma afinidad. La acogieron. La criaron. La moldearon hasta convertirla en la próxima santa. Liliane cumplió su papel con disciplina y gracia, ganándose finalmente el reconocimiento de las masas. Se convirtió en su santa, de nombre y en virtud. Pero ni siquiera entonces… fue suficiente. Los creyentes murmuraban. Susurraban tanto a puerta cerrada como en los recintos sagrados: "Ojalá tuviéramos a Celestina Frost como la próxima santa." "Tenía el pelo plateado; sin duda, habría sido la mejor opción." "¡El Clan de la Escarcha ni siquiera entiende bien la Afinidad con la Luz!" Celestina esto, Celestina aquello. Incluso Liliane, que conocía a los Soberanos, se sentía eclipsada. Celestina desconocía por completo esa realidad. No había compartido mesa con el Papa. No había cenado con él como Liliane. Y, sin embargo, siempre la comparaban con Liliane, una princesa lejana de otro continente. Así que, naturalmente... ella también empezó a compararse consigo misma. Cuando se le presentó la oportunidad de visitar el CASC, Liliane no lo dudó. Las Diez Iglesias Celestiales querían apoderarse de lo que fuera que buscaran los Cuatro Grandes Reyes. Esa era la misión que le habían encomendado. Pero para Liliane, no se trataba solo de obtener un tesoro. Quería verla con sus propios ojos. A la chica que había proyectado una sombra tan larga y fría sobre su vida. Celestina Frost. Circulaban historias, tanto halagadoras como condenatorias, sobre la Princesa de Hielo. Pero los rumores no eran más que rumores. Liliane necesitaba confirmarlos por sí misma. Sin embargo, el destino tenía otros planes. Cuando se presentaron las Alas Divinas, recibió una llamada... del mismísimo Papa. Le dio una orden directa: Consigue las alas. A cualquier precio. Ella fracasó. ¿Cómo demonios esperaban que ganara una guerra de ofertas contra los Cuatro Grandes Clanes? Su riqueza era obscena. E incluso ella había subestimado la magnitud de sus fortunas. La oferta ganadora fue de 545 mil millones de Velts. Una cifra tan ridícula que casi se echó a reír. Ella informó con sinceridad sobre su fracaso. Sin embargo, de alguna manera, a través de la vasta red de las Diez Iglesias Celestiales, el Papa se enteró de la verdad: la historia de las alas era una invención. El verdadero enigma era la persona que los había donado. Invitado 001. Un hombre que apostó por sus propias alas. Liliane también lo había encontrado extraño. Ahora, tenía órdenes de investigarlo. Reclutarlo si era posible. Si sabía algo sobre los Diez Dioses, debían incorporarlo a su causa. Ella no quería. Claro que no. Pero el Papa era el Papa. Por encima de él solo estaban los Diez Dioses. E incluso Liliane, con toda su reverencia y estatus, seguía estando por debajo de él, y por debajo de los Diez Arcedianos. Su rango se situaba justo por encima del Gran Inquisidor, el Canciller Seráfico, el Alto Escriba y el Alto Mariscal de la Fe. Pero ella no tenía ningún poder real. Lo sabía perfectamente. Así pues, con la reticencia pesando sobre sus pasos y su estado de ánimo ya irremediablemente agrio, Liliane se encontró de pie frente a la habitación 001. La fiesta posterior ya había comenzado. Pero el hombre de dentro no se había marchado. Ella llamó a la puerta. Sin respuesta. Así que abrió la puerta. Lo que ella conoció… Fue algo totalmente distinto a lo que jamás podría haber imaginado. Por un instante, una ola de escalofríos le recorrió la piel. La sangre que corría por sus venas se heló, más que un lago en calma bajo la luz de la luna invernal. Entonces- Oscuridad. Todo se volvió negro. Y en ese vacío, emergieron dos pares de ojos colosales. "...!" Un par de ojos tan profundos y oscuros como el ónix pulido, como si el abismo mismo hubiera cobrado forma y la estuviera mirando fijamente a través de ella. El otro, un carmesí inquietante, frágil como rubíes a punto de romperse, pero ardiendo con una intensidad que amenazaba con consumirla por completo. "Ah..." Se le hizo un nudo en la garganta. Su voz se apagó antes de poder escapar completamente de sus labios. El mundo se inclinó. Perdió el equilibrio. Entonces- Calor. Un brazo firme y seguro la atrapó antes de que pudiera caer, rodeándola por la cintura con cuidadosa precisión. “Tranquila” susurró una voz suave en su oído. Suave. Amable. Lo suficientemente cerca como para provocarle un escalofrío de cosquillas que le recorría la columna vertebral. Sus orejas se pusieron rojas al instante. Nerviosa, Liliane se enderezó con su ayuda, apartándose rápidamente en cuanto recuperó el equilibrio. Sus manos se alisaron el vestido, sus ojos se dirigieron fugazmente hacia arriba… Y lo que vio la dejó sin aliento. 'Hermoso.' Esa fue la única palabra que me vino a la mente. Era joven, quizá de su edad, tal vez un poco mayor. Pero sus rasgos parecían irreales. Delicados, refinados... Un rostro esculpido no por el tiempo, sino por algo casi divino. Volvió a parpadear, como intentando convencerse a sí misma de que él era real. Y entonces, de repente, hizo una reverencia. “G-Gracias” tartamudeó, su voz saliendo de un solo suspiro. "Y pido disculpas. Yo... no sé qué me pasó hace un momento." Una risita baja provino de algún lugar detrás de ella. "Su instinto para la batalla es agudo." Liliane se giró, sobresaltada. Otro hombre estaba sentado en la barra, relajado, mientras tomaba un sorbo de su bebida. Sus ojos” fríos, indescifrables” la observaban con abierta diversión. ¿Sentido de batalla? Frunció el ceño. Le llevó unos instantes, unos pensamientos acelerados, antes de que su mente se sincronizara con su cuerpo, y entonces sus ojos se dirigieron rápidamente entre los dos. Y de nuevo” Esa sensación. Piel de gallina. La sangre en sus venas se heló. Sus instintos le gritaban. Un único suspiro escapó de sus labios. "Ah..." Liliane no sabía quiénes eran. Pero todo en su interior daba la voz de alarma. De ellos.
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Estás leyendo el capítulo 258 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.