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Leer Calle Mink 13 (Novela) Capítulo 7 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
Karon extendió la mano y encontró el interruptor, encendiéndolo. Un chasquido agudo cortó el aire y la luz cobró vida. Siguió bajando, dirigiéndose al sótano. El temor, como sabemos, rara vez crece a partir de lo que vemos ante nosotros, sino de lo que nuestra mente crea en la oscuridad. La familia Immers nunca sería tan ingenua como para organizar su sótano con un aspecto opresivo, pero esos esfuerzos apenas hicieron ninguna excepción. Por la noche, aunque las paredes brillaran de un rosa alegre, el mero conocimiento de que dos cuerpos ocupaban la habitación borraría cualquier consuelo que uno pudiera esperar. El llanto continuó. Venía del taller de la tía Mary. Karon se acercó a la puerta, que estaba sin cerrar con llave. Nadie pensó en asegurarlo. Se detuvo antes de alcanzar el pomo y se giró para mirar atrás. Aunque el pasillo no estaba completamente oscuro, la suave pendiente hacia la primera planta hacía que su visión se desvaneciera en una penumbra que las luces no lograban alcanzar. Cerró los ojos y respiró hondo, esperando el dulce aroma de la leche tibia, aunque sabía que no tenía olfato para esas cosas. Recordando al perro, bajó la mirada. El golden retriever, tan ansioso antes, no le había seguido al sótano. No era precisamente un compañero digno de ser amado. Alcanzó el mango y lo rodeó con los dedos. Por un momento, sintió como si un canal en su mente cambiara. Fue una sensación breve y desorientadora, clara, aunque no abrumadora. El llanto en el taller cesó de inmediato. Karon volvió a girarse una vez más. La bombilla del pasillo seguía encendida, estable y con aspecto normal. Un leve crujido rompió el silencio. Giró el pomo y empujó la puerta. Moviéndose rápido, encendió el interruptor de la luz junto a la puerta, inundando la habitación con una luz intensa. Una luz generosa puede aportar un consuelo poco común a la mente. En camillas gemelas del estudio yacían Jeff y el señor Mossan. La cara de Jeff estaba pintada con un maquillaje intenso, dando un falso resplandor a su piel. Demasiado polvo se le pegaba a él, y su cabello, partido y peinado, le daba más espíritu del que había poseído en vida. En contraste, el señor Mossan parecía mucho más natural. Apenas llevaba maquillaje y ciertos pequeños detalles habían sido cuidados. Parecía que solo se estaba quedando dormido profundamente y en paz. La preferencia de la tía Mary era evidente: los casos de caridad y los clientes que pagaban se mantenían separados incluso después de la muerte. Si hubiera sabido que los hijos del señor Mossan le enviaban al crematorio, era posible que el hombre hubiera recibido una transformación similar a la del joven Jeff a su lado. Karon pasó junto a Jeff. El llanto que había oído antes sonaba como si perteneciera a una voz antigua, nada que un joven pudiera reunir. La eliminación dejó solo al señor Mossan. Pero de pie sobre el señor Mossan, no había nada fuera de lo normal. El hombre yacía en silencio. Karon arrastró un taburete redondo cerca de la camilla, se sentó y apoyó los pies en las barandillas metálicas que había debajo. Inclinó la cabeza para observar de cerca al señor Mossan. Por el rabillo del ojo, vigilaba la puerta abierta de la oficina, especialmente la rampa al fondo del pasillo. Pasó un cuarto de hora. Todos permanecieron quietos. ¿Humano o fantasma, no te mostrarás? Dame algo. Karon suspiró. Quizá, dada la hora, su cama cálida era la opción más inteligente. Se levantó. Al pasar junto al señor Mossan, Karon notó que el botón en la garganta del hombre se había soltado. Sin pensarlo, se acercó para abrocharlo. Sus dedos rozaron la piel fría del cuello del señor Mossan. En ese mismo momento, una oleada de mareo le recorrió, como una nube de humo enredando sus pensamientos. Se apoyó en la pared. Se oyó de nuevo un sollozo ahogado y sordo. La cabeza de Karon se levantó de golpe. El señor Mossan seguía en el mismo sitio, intacto, y sin embargo, en la esquina, había aparecido otra figura. Era una figura encorvada, con los brazos rodeando las rodillas mientras lloraba. Karon no gritó. Hacía tiempo que se había preparado para tales vistas. Para él, la presencia de un fantasma era preferible al vacío. Si no se enfrentaba a nada, se vería obligado a cuestionar su propia mente. En lugar de dudar de sí mismo, Karon prefería sospechar que el mundo se había vuelto loco. Llamó suavemente a la figura en la esquina sombreada. "¿Señor Mossan?" La figura no dio señales de oírle. No hubo respuesta, solo más llanto. La figura parecía atrapada en sí misma. Karon dio un paso hacia él. "¿Señor Mossan?" Al moverse, algo se abrió entre la vista y la presencia. Por mucho que caminara, la distancia se negaba a reducirse, sino que permanecía constante. Incluso cuando la cara de Karon casi tocó la pared opuesta, "el señor Mossan" permaneció acurrucado en la esquina lejana. Incluso en ese momento, la escena fantasmal no logró asustar a Karon. En cambio, la distancia antinatural solo agudizó su curiosidad. "¿Así que lo que veo no es real?" murmuró. Mordiéndose el labio inferior, se reprendió a sí mismo. Eso fue algo inútil de decir. Abrió las manos y ajustó su posición, cambiando de ángulo lenta y cuidadosamente. De repente, la visión acurrucada empezó a moverse también. No caminaba, sino que se deslizaba, como si se proyectara por la habitación. La imagen se deslizó con la línea de visión de Karon. ¿Es esto... un alma? No podía estar seguro de qué estaba hecho aquello que veía, sobre todo teniendo en cuenta que no podía acortar la distancia necesaria para tocarlo. Entonces, le surgió una idea. Karon seguía moviéndose, alineando su imagen del lloroso "señor Mossan" con el cuerpo que yacía en la camilla. Avanzando y retrocediendo, vigilaba cuidadosamente mientras intentaba alinear ambas cosas con la mayor precisión posible. No entendía muy bien por qué lo hacía, solo que le parecía correcto. Por supuesto que un fantasma debería volver a su propio cuerpo, o al menos debería intentar que eso suceda. Cuando las figuras finalmente se superpusieron, la imagen acurrucada del "señor Mossan" dejó de llorar y se levantó, con aspecto perdido. Bajo la mirada de Karon, se tumbó y luego se filtró en el cuerpo del señor Mossan. El proceso fue rápido y sin fisuras. En el momento en que la alineación se completó, Karon sintió como si una mano agarrara algo muy profundo en su mente. Estaba húmedo y asfixiante, y tiraba con fuerza, como si fuera a arrancar esa cosa. Dejó escapar un gemido ahogado mientras el dolor le atravesaba. Cayó de rodillas, apoyando las manos en el frío suelo de baldosas, apenas lo suficiente para mantenerse en pie, a diferencia de lo que había pasado con el señor Hoffen más temprano ese día. Aun así, Karon observó cómo aparecían flores rojas en las baldosas azul y blanca bajo él. Sangre, otra vez por la nariz. Se tapó la nariz con una mano mientras se obligaba a incorporarse temblorosamente. Al levantarse, el señor Mossan, recién hecho entero, también empezó a sentarse sobre la camilla. Sus movimientos se reflejaban, silenciosos y casi perfectamente sincronizados. Karon soltó un suspiro lento. Entendía que todo era resultado de su propia interferencia temeraria, pero aun así, ver un cadáver sentarse frente a él le provocó un sobresalto en el espíritu: caos, curiosidad, asombro y, sobre todo, euforia. El señor Mossan pasó de sentarse en la camilla a una postura arrodillada, haciendo una reverencia profunda. Sus ojos estaban abiertos, pero completamente deslucidos. Se habían vuelto de un tono gris blanco y aplanado. "Te lo ruego... Por favor, no me quemes... No me quemes... Cremación de la carne... no puede ser perdonado... Cremación de la carne... no puede ser perdonado..." Karon tragó saliva al ver al señor Mossan suplicar en un rito ansioso. La tía Mary había mencionado que la fe del señor Mossan prohibía la cremación, y que para un creyente devoto, solo había dos momentos que realmente importaban: nacer en la iglesia y morir dentro de ella. El final dio paso al renacimiento del pacto. El llanto que Karon había escuchado antes no era más que el dolor y el resentimiento que el señor Mossan había dejado atrás. "¿Señor Mossan? ¿Señor Mossan?" Karon llamó suavemente. "Por favor... No me quemes... Por favor... no me quemes..." La súplica desesperada continuó, sin romperse. Era todo lo que quedaba. No podía haber conversación, ni intercambio igualitario. Solo había instinto, o, como el propio señor Mossan podría haberlo llamado en vida, obsesión. ¿Pero cómo había empezado? La tía Mary, el tío Mason, Mina, ninguno de ellos había mencionado nunca cadáveres moviéndose de forma antinatural. Para la mayoría, el mundo seguía como debía ser, sin nada fuera de lugar. Sin embargo, primero estuvo Jeff y luego el señor Mossan. Dos veces Karon había visto perturbaciones extrañas, cada una originada en los muertos. No podía evitar sospechar, ya casi convencido, que la causa residía en él mismo. ¿Era algo que quedó del Karon original? ¿O podría ser la razón por la que había despertado aquí en primer lugar? "Por favor... No me quemes... No me quemes... ¡No me quemes! ¡No me quemes! ¡No me quemes!" Karon notó que el señor Mossan había empezado a hablar más rápido. Sus hombros temblaban, y el gris apagado de sus ojos se había surcado con venas escarlata. El aire mismo se volvió denso, empapado de una nueva y peligrosa tensión. Con cautela, Karon intentó de nuevo mientras retrocedía poco a poco, "¿Señor Mossan?" Las cosas empezaron de forma extraña, pero lo que vino después se desarrolló con una inevitabilidad sombría, casi lógica. Después de todo, ¿Cómo se comportaría algo recién arrancado de la muerte? Justo cuando Karon empezó a pasar junto al señor Mossan, la cabeza del hombre se levantó de golpe. "¡De verdad me quemaras!" Los ojos del señor Mossan se sonrojaron por completo mientras su cuerpo se incorporaba de golpe. El movimiento no fue más que violencia incómoda. No quedaba rastro de coordinación de una criatura viva, solo el salvaje movimiento de un pez arrojado a la orilla. Un golpe repentino golpeó la espalda de Karon. Se desplomó hacia adelante, pero se sostuvo con las manos y giró de nuevo. El señor Mossan se lanzó sobre él, las manos arañando la garganta de Karon. Karon le clavó una rodilla al señor Mossan, pero nunca había sido fuerte. El señor Mossan, poseyendo el peso antinatural de los muertos, no pudo ser desplazado. En cambio, la fuerza hizo que la rodilla de Karon se doblara. "¡Te atreves... a quemarme!" La boca del señor Mossan se abrió de par en par y luego apretó con fuerza el pecho de Karon. Karon se preparó para que le desgarraran la carne, pero en cambio solo sintió un dolor sordo y desgarrador. Era como si una piedra presionara contra sus costillas. El señor Mossan había perdido la mayoría de sus dientes en vida y dependía de dentaduras postizas. Su mordida no era una amenaza real. Aun así, los dedos del señor Mossan se aferraban firmemente al cuello de Karon mientras sus piernas se enroscaban alrededor del torso de Karon. El joven estaba sujeto con un agarre ineludible, sujeto de una manera similar a como un pulpo podría retener a una presa. Karon arañó la mano del anciano, luchando por liberarse, pero todos los esfuerzos resultaron inútiles. Clavado en el frío suelo de baldosas, y al borde de la asfixia, Karon giró la cabeza para mirar por la puerta. "¡Cómo te atreves a quemarme!" La voz del señor Mossan era salvaje, casi rabiosa de furia. Se oyó un chasquido metálico y seco. Era el sonido de un filamento rompiéndose, una bombilla estallando, o tal vez solo un dedo chasqueando. Karon no lo sabía. Lo único que percibía era una chispa de esperanza en su interior. Podría significar su rescate. En cambio, la locura del señor Mossan solo creció. Gritó: "¡Quémame! ¡Quémame! ¡Quémame!" Sus manos se apretaron sin piedad alrededor del cuello de Karon, como si retorcieran una salchicha. La presión aumentó como si algo estuviera a punto de reventar. La sensación de estallido se extendió por todas partes; se le hincharon las orejas, los ojos y la nariz. "¿Cómo te atreves... ¡Quémame! "¿Cómo te atreves… "Atreves... "Quemarme..." Entonces, el cuerpo del señor Mossan se atascó y se desplomó. Liberado, Karon jadeó por aire. El sótano olía igual que antes, pero incluso ese hedor parecía dulce. Su vía aérea estaba desgarrada hasta quedar en carne viva, y la sangre burbujeaba de su nariz a la boca. Apartó el peso del señor Mossan, se incorporó y luego retrocedió poco a poco hasta que su columna chocó contra la pared. Su mirada se dirigió hacia la puerta. El pasillo era de un amarillo artificial cerca del umbral, pero más allá había una oscuridad densa e impenetrable. Una mano manchada de sangre se presionó contra su rostro. Se tocó la frente varias veces, y una risa ronca y entrecortada escapó de él. Tras reír, respiró hondo con dificultad. En un idioma que nadie en este mundo podía entender, escupió una serie de maldiciones, "Hijo de puta. ¿Qué clase de mundo jodido es este?" … En la ladera que subía desde el sótano, Tiz esperaba de pie. En el rellano a su lado, el gato negro, Poelle, estaba agachado. Tiz se giró y miró hacia abajo a la criatura. "Esa última parte que dijo, ¿Fue un discurso demonkin?" El gato negro ladeó la cabeza para que unos ojos dorados miraran a Tiz. Con voz femenina, el gato respondió: "He vivido doscientos años, y nunca he oído que un demonkin invente su propio idioma." Tras una breve pausa, añadió: "Y mucho menos una... que claramente no pertenece a este mundo"
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Estás leyendo el capítulo 7 de Calle Mink 13 (Novela), un novela. En una ciudad donde la fe define la ley y las iglesias moldean la estructura de la sociedad, todo tiene su lugar. Los rituales están documentados. La creencia está regulada. La autoridad responde a la doctrina. Cuando… Este capítulo tiene publicado el 3 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Segador. Calle Mink 13 (Novela) tiene 11 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.