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Leer Calle Mink 13 (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
El señor Hoffen yacía tendido en el suelo. Karon estaba de pie sobre él, silencioso e inmóvil. Ahora mismo, a Karon le resultaría fácil despedir al señor Hoffen un poco antes de tiempo. Las palabras y la mirada gélida del anciano momentos antes le habían resultado devastadoras, pesadas como una piedra. Desde el momento en que despertó en este mundo, la seguridad había sido una idea justo fuera de su alcance. Hasta ahora solo había sobrevivido aferrándose a la cobertura de su nueva identidad, llevándola como una segunda piel. Era lo único que le impedía lanzarse, sin previo aviso, a lo que fuera que había más allá. Las amenazas no eran solo la vida diaria aquí; había corrientes subterráneas que se movían mucho más profundas que cualquier cosa que hubiera conocido antes. Esto no era un simple drama sobre huir de casa. Eso no le habría dejado tan ahogado. El miedo aquí era que no lo expulsaran sin más. No le esperaba nada tan sencillo como ser "enviado lejos". Eso no podía ser todo lo que habría detrás. Ahora conocía la ansiedad particular, el temor enfermizo, de una bruja medieval frente a una hoguera. Karon dio un paso adelante y se agachó. Si extendía la mano, si solo dejaba que sus dedos se cerraran alrededor del cuello del señor Hoffen, o levantaba la cabeza con el pretexto de ayudar solo para dejar que golpeara el baldosa de nuevo, con un solo giro podría acabar con el asunto. El tirón peligroso que le arrastraba hacia abajo se disiparía. Sin consecuencias, solo quietud. ¿Lo haría? Esos pensamientos venían de algún lugar profundo y frío. Incluso las almas más amables a veces se sobresaltan por una rabia fugaz, una sombra que atraviesa la mente como si fuera solo otro pensamiento. Pero al final, Karon no hizo nada. Permaneció paralizado donde estaba. Esperó, quedándose allí hasta que Mina bajó del segundo piso. Ella llamó hasta que la tía Mary salió del sótano y Paul se apresuró a acercarse, agachándose para levantar al señor Hoffen del suelo. Solo cuando la tía Mary gritó su nombre, Karon despertó de verdad. Finalmente se adelantó para ayudar a subir al señor Hoffen al coche fúnebre familiar de los Immers. Paul arrancó el motor y Karon se quedó atrás, en silencio junto al anciano inconsciente. Su coche era un sedán modificado y había perdido el asiento delantero del copiloto años atrás. La cabina estaba estirada, así que había espacio de sobra para un ataúd. Más que suficiente para un solo cuerpo frágil. El señor Hoffen no se movió. Tenía suerte, en cierto sentido. Las ambulancias no eran comunes aquí, así que con el coche fúnebre, al menos llegaría vivo al hospital más cercano, aunque por poco. Aún más suerte, si los médicos fallaban, tendría un último viaje fácil de vuelta desde el hospital. El vehículo era perfecto para la ocasión. Dada su amistad con Tiz, probablemente incluso habría un descuento en el funeral, aunque la tía Mary tendría que pagar la cuenta. Una risa seca escapó de Karon. Se frotó la cara. El golden retriever, tras haber seguido a su amo dentro del coche, se acercó y empujó suavemente los dedos flojos del señor Hoffen, lamiéndolos suavemente. Luego, con la nariz moviéndose, se dirigió hacia Karon. Extendió la mano. El perro se inclinó hacia adelante sin dudarlo, dejando que Karon le acariciara la cabeza. Se apoyó pesadamente contra su pierna, su pelaje cálido y suave. Cuando se detuvo, volvió a pincharle la mano con la nariz, suave pero insistente. Karon suspiró, mirando la figura inmóvil del señor Hoffen. Se recostó contra el lateral del coche, hundiendo la mano en el pelaje del perro mientras murmuraba, "Lo que sea" \*\*\* El coche fúnebre llegó al hospital. El señor Hoffen fue llevado directamente a urgencias. Paul corría por los pasillos con papeleo. Karon esperaba en un banco junto a unos parterres, con la correa dorada enrollada alrededor de su mano. Media hora después, Paul llegó corriendo, sonriendo. "Joven maestro Karon, el doctor dice que el señor Hoffen sigue inconsciente, pero fuera de peligro" Karon soltó un largo suspiro. Un alivio, apenas matizado por una emoción que no podía nombrar, le recorrió. "La factura está a la cuenta familiar", añadió Paul. La familia Immers gestionaba la funeraria. Tenían buena relación con el hospital. La tía Winnie, que se encargaba de los libros, incluso llevaba listas de pacientes terminales de las distintas plantas. A veces, mientras una persona aún estaba siendo reanimada dentro, el tío Mason estaba fuera, en el aparcamiento del hospital, fumando en silencio y ya esperando. Donde hay beneficio, hay empates. Con tales conexiones, el papeleo se terminaba rápido. "Podemos contratar a un cuidador", mencionó Paul. Karon simplemente asintió. "Entonces hazlo. Por cierto, Paul, ¿Tienes cigarrillos?" Paul sacó un paquete medio vacío y un mechero. "¿Quieres uno, joven maestro?" "Sí" Se los entregó. "Gracias" "De nada. Iré a buscar al cuidador" "Vale" Karon sacó un cigarrillo del paquete y se lo puso entre los dientes. Las normas sobre fumar apenas importaban. Incluso en el patio del hospital había muchos pacientes y visitantes de pie en grupos dispersos con cigarrillos colgando flojamente de sus bocas. Las enfermeras pasaban sin mostrar importancia. Encendió el cigarrillo y aspiró profundamente una bocanada de humo. Casi de inmediato, su cuerpo se encogió. Una nueva advertencia se encendió en su mente ante la intrusión de veneno. Las náuseas le subieron desde lo más profundo, haciendo que su estómago se encogiera, listo para rebelarse. Lo ignoró todo. Lo que le impactó al exhalar fue lo absurdo de todo aquello: el simple acto de fumar, así como la obstinación necesaria para mantenerlo. Pensó que él mismo era igual de estúpido. Los fumadores experimentados se obligaban a resistir, día tras día, reprimiendo las protestas de su cuerpo hasta que el hábito los consumía poco a poco. Y allí estaba él, tras haber llevado al señor Hoffen al médico, sintiéndose cada vez más hundido en un abismo desconocido. Se entretuvo, aunque la fuerza de sus pensamientos no llegó del todo. Hubo destellos de arrepentimiento, pero permanecieron suaves, sin querer arder. Lo único que se sentía claro y cortaba la neblina era la vergüenza. Se sentía extremadamente tonto. Soltó un suspiro seco. Con el cigarrillo ardiendo entre dos dedos, Karon se recostó y se dejó hundir en el banco. Una sombra pasó sobre él. Alzó la vista, sobresaltado, justo cuando le arrebataron el cigarrillo de la mano. "¿Tú, abuelo?" Tiz estaba delante de él. El anciano seguía llevando la misma ropa que por la mañana. Karon notó las manchas que se pegaban a los puños de los pantalones del anciano y las manchas de suciedad en la mano que sostenía el cigarrillo robado. Quizá era barro. Tiz dejó caer el cigarrillo al suelo y miró al chico. "¿Cuándo lo tomaste?" "Yo..." Karon se detuvo. Por un instante fugaz, casi le dijo la verdad a Tiz. Era instinto, prácticamente automatización, entrelazado a partir de un sueño medio recordado, compartir el interrogatorio salvaje del señor Hoffen y todas las pequeñas rarezas. Algo inusual le oprimía a su alrededor. Tiz y el señor Hoffen eran viejos amigos. Karon no temía lo que el señor Hoffen pudiera decir si despertaba. A pesar de todos los misterios del señor Hoffen, seguía siendo un profesor recién jubilado con gusto por la adivinación. Tiz, un hombre que dirigía una funeraria y cumplía doble función como sacerdote, parecía aún más reservado. ¿Podría Tiz saber realmente menos que Hoffen? ¿Mentir traería castigo y perdón honesto? Pero cuando encontró la mirada de Tiz, la verdad se le quedó atragantada en la garganta antes de retirarse. "Me enseñó el tío Mason" El ceño de Tiz, que se frunció ligeramente. "El señor Hoffen está dentro. Los médicos dicen que está estable", informó Karon. Tiz asintió. "Mary me contó lo que pasó. ¿Te asustaste?" Mientras Karon respondía, no estaba seguro de de quién sentía más incomodidad: la suya propia, o la de otra persona. "Iré a verle. Espera aquí" "Muy bien, abuelo" Tiz se alejó. Al volver, se dirigió a Paul: "¿Cuándo aprendiste a conducir?" "No hace mucho. Presté atención y lo tome" Paul sonaba tímido. "¿Tienes licencia?" "Sí, señor" "A partir del mes que viene, tu sueldo subirá mil rupias" "Gracias, señor Tiz. Gracias" Paul y Ron no podían ser menos parecidos. A Ron le gustaba irse temprano para beber y apostar. Probablemente ya estaba en un bar. Paul se había quedado atrás y se había ocupado puliendo el coche. "Vamos a casa" Tiz miró de nuevo a Karon. "A casa" Paul volvió al volante. Karon y Tiz se sentaron atrás sobre cojines desnudos demasiado delgados para llamar asiento, uno frente al otro. "¿Deberíamos avisar a la familia del señor Hoffen, abuelo?" "No. Sus hijos cortaron la relación con él hace tiempo y no viven en la ciudad de Roja. Vuelve en unos días para ver cómo está" "Muy bien, abuelo" Su conversación se alargó y se instaló el silencio. Karon observó cómo Tiz se remangaba lentamente la manga. Lo que se reveló le dejó atónito. Un tercio del antebrazo izquierdo de Tiz parecía chamuscado, ennegrecido, como si lo hubieran sostenido directamente en una llama abierta. "Pinzas", dijo Tiz. "¿Hm?" Karon tardó en reaccionar, pero luego se inclinó para abrir el maletín negro que Tiz guardaba. Dentro, encontró un juego de instrumental quirúrgico, además de otros objetos que no tenían cabida en el maletín de ningún médico. Había pequeños frascos, cada uno con líquidos de colores extraños. Cuentas translúcidas, placas de hierro dobladas en formas raras, algo parecido a un látigo que Karon no pudo identificar y, lo más llamativo, la empuñadura de una espada hueca por dentro. La empuñadura era un enigma. A un lado, había una calavera retorcida. Al otro, el rostro sereno de un santo. No había hoja, pero Karon seguía siendo cuidadoso. Evitaba la empuñadura como si pudiera cortarle. Eligió las pinzas y se las entregó a Tiz. El anciano las tomó, sujetó una esquina de su piel ennegrecida entre sus mandíbulas y tiró. Incluso con el coche en marcha, Karon podía oírlo: inconfundible y débil, era el frágil y desgarrador sonido de piel tan fina como papel siendo arrancada. El golden retriever les había seguido de vuelta. Se agachó en la esquina, con los ojos muy abiertos y tembloroso. Tiz retiró con calma dos tiras de la piel quemada antes de hablar, "Pinzas" "Ah, cierto" Karon se las entregó, pero Tiz no las tomó. Movió el brazo delante de Karon y le devolvió la pinza a la mano. Según los recuerdos de la Karon original, nada parecido había ocurrido antes. Aun así, tras un momento de duda, Karon hizo lo que acababan de mostrarle. Tomó las pinzas con la mano derecha, las pinzas con la izquierda, y procedió a usar las pinzas para levantar un borde de la piel chamuscada. Con las pinzas, la sacó entera. Bajo la capa arruinada, sangre fresca de carmesí brotaba. Tiz soportó en silencio. Su rostro no delataba nada. Cuando desapareció el último resto de piel quemada, el antebrazo izquierdo quedó desnudo y rojo, como carne que acaba de tocar agua hirviendo. "Eso es todo", dijo Karon. "Mm" Tiz cogió un frasco de líquido morado, apartó el tapón y vertió su contenido sobre su brazo. Un siseo escapó de la boca de Karon mientras vapor blanco se elevaba del brazo de Tiz, acompañado del crujido agudo del aceite caliente salpicando en una sartén. Tras una larga pausa, Tiz exhaló. Se bajó la manga para cubrir la herida. "¿No deberías vendarlo?" preguntó Karon, incapaz de contenerse. Tiz negó con la cabeza. Karon dejó el tema y se enderezó de nuevo. Pronto, el coche se detuvo. Estaban en casa. Karon guió al golden retriever del señor Hoffen desde el asiento trasero mientras Paul bajaba en la acera frente a la puerta. "Señor Tiz, joven maestro Karon, me voy a casa ahora. Volveré temprano mañana para preparar el salón de luto" "Bien" Tiz asintió. Animado por su reciente aumento, Paul se alejó trotando, tarareando para sí mismo. Karon se quedó en la puerta, esperando. Tiz aún no se había movido. Dos personas y un perro estaban frente a la puerta. Sobre ellos, en un alféizar de la tercera planta, Pu'er estaba de pie, mirando hacia abajo. Los ojos del gato permanecían fijos e inmóviles. De repente, la atmósfera cambió. La banda sonora del mundo cambió al instante. El sobresalto fue inconfundible. La respiración de Karon se cortó, sus labios empezaron a temblar. El golden retriever le miró, inseguro. Su correa tembló. La mano de Karon temblaba. La gente tiene un sexto sentido. A veces viene con el viento, a veces con un rayo de sol, a veces del silencio de los arbustos tras una valla de jardín. Karon se preguntaba si morir y volver había afinado ese sentido para él. No quedaba espacio para esas preguntas en su mente. Se sentía como un huevo recién robado, lanzado de mano en mano por algún embaucador invisible. ¿Huir? Giró la cabeza todo lo que pudo para mirar el camino más allá de la puerta. Era un camino abierto, una vía de escape. Luego se giró para mirar hacia otro lado, pero se detuvo a mitad de camino y perdió la mirada. Vio la pierna de un pantalón, luego el antebrazo izquierdo descubierto de Tiz, y en su mano, la empuñadura de la espada que Karon recordaba haber guardado. En ese momento, estaba apretada con fuerza. De repente, las lágrimas le picaron los ojos y la nariz le ardió con ganas de llorar. Su rostro se contrajo. Estaba a punto de desplomarse. Era como si la casa familiar la Calle Mink 13 se desvaneciera y fuera reemplazada por terrazas descendentes bajo él. Estaba solo en un escenario alto, con la horca esperándole a su lado. "Karon" La voz de Tiz, retumbó en sus oídos como un trueno. "Abu... Abuelo..." Los dientes de Karon castañeteaban con cada palabra. Sin embargo, a pesar del temblar, una extraña quietud lo invadía. Era una división entre carne y espíritu. "Karon, ¿Dónde estamos ahora mismo?" Los labios de Karon se entreabrieron. Por el rabillo del ojo, vio el brazo izquierdo de Tiz, moviéndose detrás de su espalda. En una fracción de segundo, Karon se enderezó. Con voz áspera y gutural, respondió: "Casa"
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Calle Mink 13 (Novela) Capítulo 5

Estás leyendo el capítulo 5 de Calle Mink 13 (Novela), un novela. En una ciudad donde la fe define la ley y las iglesias moldean la estructura de la sociedad, todo tiene su lugar. Los rituales están documentados. La creencia está regulada. La autoridad responde a la doctrina. Cuando… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Segador. Calle Mink 13 (Novela) tiene 11 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.