arrow_back

Leer Calle Mink 13 (Novela) Capítulo 3 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
Esto no es real... Después de despertarse hace medio mes, Karon había pasado casi una semana luchando con la verdad, reconstruyendo la certeza de que había cruzado a otro "mundo real", no simplemente caído en un sueño o alucinación. Pero lo que tenía ante él ahora estaba completamente separado de la realidad. Debería estarlo, no, seguía en el sótano de la casa de los Immers. Todo había empezado a desmoronarse en el instante en que intentó girar la cabeza de Jeff. Los enormes tacones rojos que tenía delante, el rostro inexpresivo de la mujer, todo tan ilógico y tan ajeno a la lógica y la verdad que la respuesta era obvia. Estaba hipnotizado. La hipnosis podía significar muchas cosas, pero en ese momento era inconfundible: su cuerpo abandonado, su espíritu atrapado, a la deriva sin ataduras. En pocas palabras, estaba soñando. La estática de la radio seguía chisporroteando. Sobre él, la boca de la mujer empezó a abrirse lentamente. Cuando sus labios llegaron al límite, siguieron desgarrándose, abriéndose más, el ruido quebradizo y chirriante, como las fibras de una cremallera forzada. Su rostro se partió de lado a lado, y los dientes desaparecieron en un hueco. Desde dentro, su lengua se desenrolló, enorme y sorprendentemente ágil, deslizándose hacia abajo con la rápida precisión de un gecko a punto de engullir a una presa indefensa. El mundo zumbaba mientras se cerraba con un calor húmedo y asfixiante; entonces, de repente, su cuerpo se levantó de un tirón. Hay una extraña sensación cuando te lanzan al aire, como una atracción de feria que te lanza al espacio, o un péndulo oscilante que cobra velocidad. Una euforia que se agudiza y, cuando se empuja demasiado, empieza a desorientar, a asfixiar. Uno podría perderse fácilmente a uno mismo, o perder el conocimiento por completo. Esto es un sueño. Esto es solo un sueño. Karon repitió, una y otra vez. Sabía que tenía que despertarse, y rápido. No sabía qué había provocado todo eso. Aun así, se aferraba a lo poco que entendía, luchaba con lo desconocido para convertirlo en algo que podría controlar. Era como resolver un rompecabezas con herramientas desparejadas. Jugaba las reglas que conocía, esperando poner el caos en orden. La mente, cuando se presionaba, era un mundo completamente propio. Normalmente, la intensidad de un sueño era suficiente para despertar a uno. Sin embargo, ocasionalmente, uno se daba cuenta de que estaba soñando, pero permanecía atrapado de manera imposible, un estado conocido como parálisis del sueño. Algunos círculos lo llamaban sueño lúcido. Con práctica y autohipnosis, las probabilidades de entrar en ese estado podrían aumentar. La mayoría de los que perseguían estas experiencias por curiosidad las rechazaban rápidamente; el acto de despertarse, forzado y antinatural, se sentía como ahogarse. Era el tipo de pánico que puede deshacer a una persona, una imagen residual de temor que persiste mucho después. Aquellos con mentes rápidas e inquietas a veces, sin saberlo, tejían trampas de sueños creadas por sí mismos, madrigueras tan profundas que la mente no siempre podía salir. Peor aún, el sueño podía ir multiplicándose, cada falso despertar creado por el subconsciente para alimentar la ilusión y minar la voluntad de resistir. Ese era el engaño más puro. Si la parálisis del sueño ordinaria era como un buceador que subía a la superficie y se rompía en el aire, entonces esto era un buceador que rompía solo para encontrar hielo invernal inflexible encima, una trampa congelada sellada. ¿Qué les sucedió a quienes nunca despertaron? No existía una definición para ello. Ningún certificado de defunción había ofrecido jamás una casilla para "Murió en un sueño". Y aquellos que emergieron de un largo sueño regresaron con sus cuerpos ilesos, la experiencia desvaneciéndose tras ellos como una sombra que se desvanece. El viento le gritaba en los oídos mientras la lengua lo arrastraba hacia arriba y lo arrastraba hacia la boca abierta. En su oscuridad, era golpeado por los sonidos de masticar, tragar, implacables y golpes. Era un ruido que no paraba. Lo estaban devorando. Lo estaban desgarrando. Lo estaban tragando entero. Sentía que moría, moría, moría. Y entonces, en un instante de terrible claridad, supo que ya estaba muerto. Karon entendía que si no despertaba ahora, las consecuencias serían graves. Era alguien que ya había muerto una vez; quienes cruzaron ese umbral rara vez trataban la vida o la muerte a la ligera. Se aferraban al acto de vivir con una fiereza que otros apenas podían imaginar. Karon era una de ellas. El impulso de sobrevivir ardía dentro de él incluso ahora. En un lugar como este, necesitaría cada pizca de fe y valor para atravesar la superficie del sueño y encontrar el camino de vuelta a su cuerpo, al mundo despierto. No era un territorio desconocido, aunque fuera más extraño y oscuro que cualquier cosa que hubiera enfrentado antes. Tanto su trabajo como su propia curiosidad inquieta le habían puesto en situaciones que recordaban a esta, aunque quizás nunca tan siniestras. Había sobrevivido a esos tiempos confiando en creencias forjadas en la dificultad. La ilusión solo podía disiparse con la verdad. La debilidad debía ser remodelada al estilo de los ideales. El mal también debía ser roto por la verdad. Cuando la propia fuerza flaquea, debe buscar algo más allá de sí mismo. Así que Karon comenzó a cantar. Su voz resonó, cada palabra un llamado desesperado, llenando el sueño: "Levántense, esclavos hambrientos y fríos; levántense, pueblos de todo el mundo que sufren. Nuestros corazones palpitan, rebosantes de calor. Luchamos por la verdad…" En momentos como este, la convicción debía alimentar su voluntad, ardiendo lo suficiente como para sacarle de este lodazal del espíritu. Además, en su vida anterior, Karon siempre había sido un materialista terco. Mientras cantaba, la sensación de su cuerpo siendo mordido se fue desvaneciendo poco a poco. Karon sintió cómo se elevaba. Siguió cantando mientras asentía hacia abajo, y vio primero los dientes de la mujer, luego su lengua, su boca, todo su rostro y, finalmente, entre sus piernas, otro rostro. Se fusionó con su cuerpo, emergiendo de ella, una visión tan impactante que por un momento, el propio aire le pareció extraño. Entonces el siseo de la estática se desvaneció. La voz del hombre volvió, ahora cargada de confusión. "Eh... ¿Quién eres?" Una pausa. "¿Dónde... está este lugar?" Karon arrastró hasta el último vestigio de conciencia hacia arriba, arañando la superficie. ¡Abre los ojos! ¡Abre los ojos! ¡Abre los ojos! Él deseó que sus ojos se abrieran, forzando la orden a través de la oscuridad asfixiante. Un zumbido áspero le devolvió de golpe. Karon abrió los ojos y vio a la tía Mary agachada frente a él, con el rostro marcado por la preocupación. Jadeó aliviada, desplomándose en el suelo y presionando una mano temblorosa contra su pecho. "Me asustaste hasta morir, Karon. ¿Sabes lo aterrador que fue verte desplomarte y desmayarte así?" No hacía mucho había estado gravemente enfermo, casi perdido. Si algo pasaba ahora, la tía Mary no podía imaginar qué le diría a su suegro. El recuerdo de haber sacado el último cuerpo de la casa permanecía entre ellos. Karon respiró hondo para calmarse, estiró la boca en una sonrisa temblorosa. "Está bien, tía. Quizá aún no me he recuperado del todo, eso es todo" Miró y vio la cabeza de Jeff. El cadáver en la camilla estaba de nuevo en su lugar correcto. Un gato maulló fuera de la puerta del estudio. El gato negro, Poelle, asomó la cabeza, lanzando una mirada cautelosa al interior. Karon se apoyó en las manos, preparándose para levantarse, pero un dolor punzante le recorrió la cara. Comenzó a gotear sangre caliente de su nariz. "Yo... Te di una bofetada para despertarte", dijo la tía Mary. Así que eso lo explicaba. Bueno, apenas importaba. "Gracias, tía", respondió Karon. "Sube y descansa. Haz que Mina te ayude a limpiarte. No te necesitan aquí" El tono de la tía Mary no dejaba lugar a discusión. No arriesgaría que le pasara nada más a su sobrino mayor. Karon asintió y se levantó despacio, mirando hacia atrás a Jeff en la camilla. Un temblor instintivo le decía que la pesadilla estaba ligada, de alguna manera, a ese cuerpo. Si dejaba a su tía sola allí, ¿Estaría ella también en peligro? En ese momento, su primo Lent llamó desde las escaleras: "Mamá, el abuelo ha vuelto" El abuelo era el cabeza inflexible de la familia Immers. Cada vez que llegaba a casa, se esperaba que todos le saludaran, sin importar lo que hicieran. Lent se apresuró a ver la camilla y el cadáver que estaba encima. Pero no parecía asustado. Cuando el horror vive contigo el tiempo suficiente, se convierte en otro mueble. Mary, aún ansiosa, temía haberle roto la nariz a Karon con su bofetada. Si la hemorragia no paraba, podría seguir y continuar. "Lleva a Karon con tu hermana para el botiquín", le dijo a Lent, con la preocupación aún grabada en lo más profundo. "Si la sangre no para, podría ponerse serio" "Ah, claro. ¡Vamos, Karon!" Karon se dejó llevar, dejando atrás el sótano. Karon echó la cabeza hacia atrás, con una mano apretada contra la nariz, mientras Lent lo conducía hacia la fría luz. En lo alto de la escalera, alguien esperaba. La figura no era ni alta ni corpulenta, pero su sola presencia transmitía una profunda e inquebrantable serenidad, como si nada en el mundo pudiera perturbarlo. Karon sintió cómo sus nervios se calmaban de golpe. "Abuelo", llamó Lend. "Abuelo", repitió Karon, con la voz algo amortiguada. En memoria de Karon, su abuelo, Tiz Immers, siempre había sido un hombre severo. Pero cuando se trataba de su nieto mayor, una suavidad brillaba entre la severidad. Tiz asintió una vez y comenzó a descender. Ignoró la nariz sangrante de Karon y dejó que el silencio llenara las escaleras. Lent, incómodo en presencia de su abuelo, atrajo a Karon apresuradamente. Juntos se dirigieron hacia su hermana, dejando a Tiz en la entrada del sótano. La luz allí colgaba amarilla y tenue. Cuando Tiz bajó, vio al gato negro Poelle deslizándose elegantemente y en silencio. Tiz se detuvo; y el gato también. "¿Tienes mucho tiempo libre hoy?" preguntó Tiz. Poelle solo movió la cola y ladeó la cabeza, ya fuera desconcertado o indiferente. Tiz agitó la mano, ya aburrido del encuentro, y continuó hacia el estudio de su nuera Mary. Mary estaba dentro, sentada y encendiéndose un cigarrillo. Los acontecimientos con su sobrino la habían sacudido, y no esperaba que su suegro apareciera tan pronto. Apagó el cigarrillo de golpe; el humo permaneció brevemente, pero lo contuvo con un suspiro ahogado. Tosió, con los ojos llorosos. Tiz no le prestó atención. En cambio, su mirada se posó en Jeff y, con un desapego ensayado, abrió los párpados de Jeff y le presionó una mano contra el pecho. La expresión de Tiz se agudizó. Retrocedió un paso, como si observara el aire mismo del estudio. Incluso lo olfateó, lento y cauteloso. Mary, nerviosa, soltó: "Nunca volveré a fumar en el estudio. Lo digo en serio, nunca más" Pero su miedo a su suegro iba más allá de la etiqueta. Incluso antes de mudarse bajo su techo, había encontrado algo extrañamente perturbador en él, a pesar de su reputación como el amable sacerdote de la Iglesia de Calle Mink. Tiz dejó el asunto a un lado. "¿Qué ha pasado hace un momento?" "Yo, Karon se desmayó y traté de despertarlo, le rompí la nariz, yo..." Sus palabras vacilaron. "¿Karon se desmayó?" Mary asintió, dos veces para enfatizar. "Sí. Sí" "Y entonces apareció Poelle, ¿Es eso?" Por un momento, Mary se confundió, antes de recordar que Poelle era el gato negro. Nunca entendió por qué el anciano había elegido un nombre tan incómodo. "Creo que, yo... Karon se despertó solo. Poelle no entró" No recordaba si el gato estaba cerca de la puerta, pero estaba segura de que no había metido una pata dentro. "¿No?" reflexionó Tiz sobre esto. "Así que se despertó solo" "Sí, padre" "¿Dónde murió?" "Es una autorización de asistencia social, padre. Murió de frío junto a la carretera anoche" "¿Autorización de asistencia social? Llama a tu marido a casa" "Mason está en el Sanatorio de Bloomwater..." "Llámale de vuelta" "Sí, padre. Lo entiendo" Incluso después de tantos años bajo este techo, Mary sentía el peso de la presencia de Tiz. Otras mujeres podrían usar el nombre de su suegro. Ella nunca lo había hecho; el título de "Padre" ahora parecía llevar la carga de algo parecido a la oración. Después de que Mary se fue, Tiz cerró la puerta del estudio tras de sí. Cruzó la habitación, se sentó en la silla que ella había abandonado y observó el cuerpo de Jeff en la camilla. El estudio estaba en silencio, el único sonido era el leve tartamudeo de la bombilla en su casquillo. Extendiendo la mano, cerró los dedos sobre algo invisible en el aire. Bajo él, cintas de sombra se desenroellaron, extendiéndose como enredaderas salvajes por el suelo, trepando por las paredes, hasta que toda la luz fue engullida y toda la habitación quedó envuelta en oscuridad. Tiz habló en el silencio: "Dime, ¿Cómo moriste?" El acto en sí era absurdo, un intento sin sentido de hablar con un cadáver. Lo que siguió fue aún más extraño. Jeff, muerto hace mucho tiempo en la camilla, se incorporó lentamente.
Calle Mink 13 (Novela)

Continúa leyendo

Calle Mink 13 (Novela)

Capítulo 4

Siguiente Capítulo ›

Calle Mink 13 (Novela) Capítulo 3

Estás leyendo el capítulo 3 de Calle Mink 13 (Novela), un novela. En una ciudad donde la fe define la ley y las iglesias moldean la estructura de la sociedad, todo tiene su lugar. Los rituales están documentados. La creencia está regulada. La autoridad responde a la doctrina. Cuando… Este capítulo tiene publicado el 24 de abril de 2026, Traducido por el grupo Segador. Calle Mink 13 (Novela) tiene 11 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.