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Leer Calle Mink 13 (Novela) Capítulo 10 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
En el viaje de ida, había dos invitados de honor en el coche. De camino de vuelta, solo había dos urnas. Los funerales habían sido modestos, casi apresurados. Sin embargo, al regresar del crematorio, el cielo se abrió y llovió. Fue un gesto que le dio al momento un peso sombrío. Fue una despedida final y adecuada para Jeff y el señor Mossan al dejar el mundo. Karon miró las urnas que tenía delante y pensó, como él casi esperaba, que las urnas del sótano nunca se usarían para encurtir verduras. Las cenizas recién salidas del crematorio seguían calientes. Por prisas, hubo ocasiones en que las familias cogían una urna del sótano para la primera transferencia, con la intención de trasladar los restos a una urna oficial más adelante. Las cenizas de Jeff aún necesitaban pasar por un procedimiento final antes de ser enterradas en la sección de bienestar del cementerio. Los hijos del Sr. Mossan no querían conservar a su padre y tampoco querían una parcela formal. Los entierros eran caros, incluso para las cenizas. En su lugar, habían optado por pagarle a la familia Immers un poco más en secreto, permitiendo que su padre pudiera seguir viviendo en la zona de beneficencia. Por eso Jeff había tomado prestado el espacio para el funeral del señor Mossan para un breve interludio. A cambio, el señor Mossan compartiría el lugar de Jeff en el registro de asistencia social. Si todo procedía como se esperaba, sus urnas serían entregadas juntas al cementerio de bienestar social y luego colocadas en nichos vecinos. No está tan mal, pensó Karon. Si alguno de los dos se siente solo, siempre pueden golpear la mampara con el cráneo. Seguía desconcertado por los comentarios del viejo Darcy sobre el coste de las urnas cuando la creciente curiosidad le impulsó. Se giró hacia Mason, que iba delante, conduciendo. "Tío, ¿Cuánto beneficio sacamos de nuestros ataúdes?" "Con los ataúdes más baratos, duplicamos nuestro dinero. Los especiales, los trabajos personalizados, tienen un precio de dos o tres veces. Las personas con estatus, como las que tienen formación gubernamental, prefieren algo sencillo y digno. Si les sobra un título nobiliario y algo de dinero, pueden encargar un ataúd más elegante, algo tallado a medida con el escudo familiar o cualquier tradición que prefieran. Los nuevos ricos tienden a mantener las cosas simples; Solo algo llamativo y cubierto de oro. Tenemos un catálogo en casa con más de doscientas modelos. Puedes hojearlo más tarde, si quieres. Los precios del catálogo suelen ser cinco veces nuestros costos, pero, por supuesto, siempre ofrecemos un 'descuento' cuando hablamos con los clientes" Karon hizo los cálculos. Un margen de beneficio varias veces superior a su propio coste no era descabellado, y sin duda era mucho menor que el que cobraba el crematorio Hughes, que vendía mil dólares por una urna que a ellos les costaba no más de cincuenta. Eso suponía un margen de beneficio de casi veinte veces. Mason parecía tener ganas de hablar y continuó con ese mismo ejemplo: "Claro, nuestras márgenes no coinciden con las de las urnas de los Hughes, pero mira la escala. Una urna con reprecio no es nada comparada incluso con nuestro ataúd más básico, que se vende por diez mil rupias. Además, atendemos a diferentes clientes. En cuanto a nuestros clientes que son llevados al crematorio, bueno... Digamos que no son nuestros mejores clientes. Pero son el pan de cada día de Hughes. Allí queman cadáveres día tras día, pero vender solo tres de nuestros ataúdes equivale a un mes entero de beneficios. Por supuesto, el señor Mossan no es un caso habitual" "Tío, ¿Alguna vez has pensado en expandirte?" preguntó Karon. Mason negó con la cabeza. "Lo intenté y fracasé. Usé palanca ¿Sabes qué es palanca?" "Sí" "Bien, entonces no lo explicaré claramente. La cuestión es que, pobre sobrino, el dinero de tu abuelo, que quizá algún día heredas, se ha reducido bastante, y todo gracias a tu tío desesperado" Se detuvo brevemente. "No me lo reproches" En Swillen, la tradición dictaba que el hijo mayor heredara el negocio familiar, mientras que los hijos menores debían labrarse su propio camino. Como nieto mayor de la línea directa, Karon algún día dirigiría la funeraria. Mason, como mucho, recibiría una pequeña participación, pero nunca autoridad alguna. "No te culpo, tío" Entre los fragmentos que quedaban de la antigua Karon, seguía existiendo un cariño silencioso por Mason. Después de pasar medio mes juntos, Karon había aprendido lo suficiente para entender claramente a Mason. El hombre era un poco vago, hablaba rápido y estaba más interesado en el dinero que la mayoría, pero sus defectos no eran diferentes de los de los demás. Lo que importaba era su actitud hacia la vida, la familia y el dinero: firme, seria y correcta. De todos en la familia, Mason era quien más quería recuperar lo que había perdido. En su día trabajó en finanzas e inversiones en una ciudad mucho más grande que Roja. Ahora, pasaba sus días conduciendo un coche fúnebre, trasladando clientes para el negocio familiar. Nadie podría encontrar placer en una caída así. Sin embargo, cuando Karon le preguntó si debía añadir una tarifa de consulta de casi veinte mil rupias a los libros familiares, Mason declinó sin dudarlo. Había dejado claro que no era el tipo de hombre que aceptaría dinero de su propio sobrino. Los pocos miembros de la familia que realmente recibieron tanto salario como dividendos de los beneficios fueron Mason, la tía Mary, Tiz, y la tía Winnie. Después de que el dinero entrara en las cuentas de la empresa, él y Mary se repartirían la mitad al mes siguiente. Lo que Karon había recibido era un beneficio fácil. Si no hubiera compensado al viejo Darcy con mil rupias, el único precio real habrían sido unas pocas palabras. "Karon, la próxima vez que haya negocios, deberías hablar tú mismo con los clientes. Si lo gestionas bien, te incorporarás adecuadamente a la empresa familiar y recibirás una parte de los dividendos" "Muy bien, tío" Trabajar para Immers, No, trabajar para Tiz, es un honor. "En cuanto a expandir el negocio, no veo sentido. Aunque consiguiéramos un préstamo bancario, no hay forma de competir en escala con las grandes cadenas. Prefiero que nos centremos en mejorar nuestro servicio y busquemos nuevas formas de aumentar los beneficios. Gente como tú, por ejemplo" Karon dudó. "¿No podría el abuelo ocupar ese papel?" Tiz era sacerdote. Mason se encogió de hombros. "Vamos, ¿Quién le dice la verdad a Dios?" En ese instante, el coche cayó en un bache y se hundió violentamente, sacudiendo a los ocupantes. El coche estaba intacto, pero las urnas en la parte trasera chocaron entre sí con estrépito. Mason miró por encima del hombro y dijo: "Cuando muera, no quiero un funeral. Ni siquiera un ataúd. Prefiero que Mina y Lent no se molesten ni siquiera en una urna" "¿Eh? ¿De verdad eres tan abierto con las cosas, tío?" "Algunas cosas, después de haberlas visto suficiente, pierden todo significado. Cuando sea mayor, siempre que Mina y Lent me traten con amabilidad, y cuando me haya ido, podrán simplemente recoger mis cenizas en una bolsa de plástico negra del mercado de pescado, por lo que me da igual" "¿Y qué quieres que hagan con las cenizas?" preguntó Karon. "Sencillo. Ponlos en una maceta grande, añade un poco de tierra, planta algo que crezca rápido encima y ponlo en el jardín. Cuando estés en casa, puedes regarme. Cuando no estés, vigilaré la casa" Ron, medio dormido en el asiento trasero, se despertó sobresaltado por el golpe repentino. Ya había captado la conversación y preguntó, medio curioso: "Señor Mason, joven maestro Karon, ¿De verdad están hablando de eso?" "¿Y tú, Ron? ¿Alguna vez has pensado en tu propio funeral?" Mason mantuvo una mano en el volante mientras encendía un cigarrillo. "Je. Creo que gastaré mi última rupia antes de morir" "¿Y tu familia?" preguntó Karon. "Mañana después del trabajo veré si esa señora de la residencia quiere salir. Si no, supongo que no habrá familia. Sin niños" "¿Y tus restos?" "¿Mis restos?" Ron le dio una palmada en la barriga. "Eso es fácil. He oído que la Facultad de Medicina Roja acepta donaciones de cuerpos. Incluso otorgan a los donantes un estatus respetuoso" Karon asintió mientras Ron se reía. "Je. Por eso, antes de morir, firmaré los papeles y me donaré yo mismo. Mejor que pudrirse hasta desaparecer" Mason sacudió la ceniza de su cigarrillo y se rió. "No esperaba eso de ti, Ron. Has subido un nivel a mis ojos" Ron se rascó la cabeza, un poco avergonzado. "Nunca se me dio bien estudiar. Todos los listos entran en Roja. No paro de pensar... un día, este inútil que abandonó la universidad, tirado ahí, y todos esos estudiantes brillantes a mi alrededor, con la cabeza gacha, tratándome con respeto" Mason estalló en carcajadas, y Karon también sonrió, aunque añadió: "Entonces deberías perder algo de peso" Ron parpadeó. "¿Perder peso? ¿Qué tiene que ver eso?" "No es nada oficial", respondió Karon con calma. "Pero toda esa grasa se acumula, y cuando abran tu abdomen y los estudiantes estén husmeando, intentarán no atragantarse y murmurar por lo bajo sobre su mala suerte" Ron se enderezó de inmediato. "¿Tan mal?" Se quedó en silencio, sus pensamientos vagando incómodamente hacia lo que le ocurriría a su cuerpo tras su muerte. Mason miró curioso. "¿Cómo sabes todo eso, Karon?" "La tía Mary me lo contó. Hay veces que se pone en un estado terrible y no puede evitar quejarse de ellos en la mesa" Mason asintió con énfasis. "Su temperamento solo ha empeorado últimamente" ... Más tarde, Mason suspiró, sacudió la ceniza del cigarrillo y murmuró: "Todo es culpa mía" \*\*\* Cuando llegaron a casa, ya casi eran las nueve. Las urnas bajaron al sótano, terminando el trabajo del día. La cena estaba en la mesa. Había puré de patatas, carne ahumada y ensalada. Karon se lavó y miró la comida, la decepción apoderándose de él. Después de un día tan largo y de volver con tanta hambre, había esperado algo más rico, algo que pudiera anclarle y darle un poco más de consuelo. Quizá la próxima vez, solo cocinaría para sí mismo. "Cariño, te he abierto una lata de arenque" Al mencionar el arenque, el tío Mason estiró los brazos y besó a la tía Mary varias veces a la vista de Karon. "¡Esto es felicidad! Mi amor, mi comida favorita, y tú, que me la preparas" El otro día, mientras iba en el coche, el tío Mason le había dicho a la tía Mary que las tartas que ella misma hacía con sus propias manos eran una de las dos únicas comidas que realmente le encantaban. En cuanto al otro, era algo que amaba, por muy vil que fuera. Era tan malo que tuvo que comerlo en el baño: arenque enlatado. Karon parpadeó al sentir una repentina sensación de inquietud. Mason cerró la pestaña de la lata. Se oyó un chasquido sordo y una ráfaga de aire viciado. Al instante, la cocina se llenó de un hedor a podredumbre tan fuerte que Karon casi se atragantó en el acto. Sin darse cuenta, Mason sirvió un trozo de arenque y lo comió con casi reverencia. Sin siquiera preguntar, dejó caer un segundo trozo sobre el puré de patatas de Karon. "¡Come! Aquí, tú y yo somos los devotos más fieles del arenque. ¡No solo fans, sino creyentes!" Cogió otro trozo y gritó: "¡Ven! Vivamos nuestra fe" Luego se lo metió en la boca y masticó satisfecho. Karon dudó, acorralado por la expectativa y la costumbre. Al parecer, el viejo Karon adoraba la comida. ¿Quizás, al igual que el tofu apestoso, era mejor de lo que olía? Quizá... Se preparó, levantó el tenedor y se metió el arenque en la boca. Un momento después, se le llenaron los ojos de lágrimas. No podía tragar. Cogió su servilleta y escupió todo. Luego huyó al baño, su cuerpo convulsionando por el arcadas. Mason y Mary, uno sentado en la mesa y el otro junto a ella, quedaron boquiabiertos, sorprendidos por la reacción. "¿Qué le pasa?" preguntó Mary. Mason supuso, "¿Quizá cogió un resfriado de camino de vuelta? De la lluvia y el viento" "Le traeré algo de medicina", dijo Mary. \*\*\* En el baño, Karon se aferraba al lavabo, intentando recuperarse de su respiración temblorosa. Cuando se giró, vio a Pu'er sentado junto a la puerta, observando. La boca del gato se inclinó con la cabeza. Era casi una sonrisa, prácticamente una burla. "¿Te estás riendo de mí?" La única respuesta de Pu'er fue un lento movimiento de la cola. Justo entonces, Mary llamó desde fuera de la puerta: "Karon, ¿Has cogido un resfriado? Te he traído medicina" "Gracias, tía. Lo tomaré en un minuto" "Y tu cena..." No. No podía sentarse en esa mesa. Ni siquiera quería volver a bajar las escaleras. Para entonces, todo el segundo piso debía de estar apestando a arenque. "Lent guarda algunos aperitivos en su habitación. Yo solo tomaré un poco de esos. Como tengo el estómago revuelto, no debería comer mucho" "Muy bien, entonces. Cuídate. Si sigues enfermo por la mañana, te llevaré a la clínica" "Gracias, tía" Mary se alejó. A través de la puerta, Karon apenas pudo distinguir que estaba regañando a Lent. "¿Lent, todos tus dientes se están pudriendo y sigues escondiendo aperitivos? ¡Como no quieres tus dientes, quizá debería arrancártelos de la boca!" De pie en el baño, Karon sintió un pinchazo de culpa por delatar a su primo, quizá incluso un poco de arrepentimiento. Se dio una larga ducha para calmarse. Después de secarse el pelo, se dirigió a su habitación. En su escritorio encontró leche, pan, un vaso de agua y la medicina. Lent estaba sentado en el suelo, rebuscando en una caja que había sacado de debajo de la cama. Cuando Karon entró, Lent levantó la vista, con aspecto herido. "Hermano mayor, mamá encontró todos mis dulces y chocolates escondidos. Ella se los llevó" Era más resignación que rabia lo que teñía el rostro de Lent. No había culpa. "Si lo hubiera sabido, me los habría comido todos de una vez, en vez de guardarlos y tomar uno cada noche" "Je" Karon sonrió y sacó mil rupias de su bolsillo. Luego dudó. Darle tanto a un niño no le sentaba bien. En cambio, simplemente entregó tres billetes. "Ve a comprarte unos caramelos. Dime cuando necesites más" Lent negó con la cabeza, negándose a aceptar el dinero. "No puedo usar tu dinero" "¿No es normal ayudar a tu hermano pequeño?" "No. Mamá dice que deberíamos cuidarte porque no tienes—" Lent se detuvo. "De todos modos, todavía tengo mi dinero de bolsillo" Incluido Karon, había cuatro niños en la casa. Oficialmente, cada uno recibía una asignación igual, asignada al presupuesto familiar. Sin embargo, sus primos, que aún tenían a sus padres, encontraron su dinero de bolsillo "guardado a salvo" por sus tías, y lo que realmente recibieron fue una cantidad insignificante. Solo Karon, que no tenía padres que reclamaran su parte, veía la cantidad completa de cada mes. Esto explicaba cómo había conseguido ahorrar seis mil rupias. "Solo recuerda cepillarte los dientes todos los días y no te descontroles con los dulces. Eso es todo" Aun así, Karon dejó las trescientos rupias en la cama de Lent. Se fijó en los libros y blocs de notas esparcidos de la búsqueda anterior de la tía Mary. Se suponía que debían mantenerse fuera de la vista bajo la cama. En la pila había un cuaderno con una rosa blanca estampada en la cubierta, sus pétalos cuidadosamente pintados de rojo con un bolígrafo. Karon lo cogió y lo abrió. En la primera página vio un dibujo: tres figuras, dos altas y una baja. El trabajo era tosco, pero claro. El padre estaba a la izquierda, la madre a la derecha y un niño en el centro, con el pelo corto. "Bonito dibujo", dijo Karon. "Eso no es mío, hermano mayor" "¿No es tuyo?" Dada la habitación, si no era de Lent, solo podía ser de Karon. Rebuscó en sus recuerdos, pero no encontró nada. Aun así, tenía sentido. El cuaderno era viejo, y tenía que haber cosas que el Karon original había olvidado. "¡Lent, es hora de cepillarse los dientes y prepararse para dormir!" La voz de la tía Mary subió las escaleras. Menos mal que la familia Immers viviera en una casa independiente. En cualquier apartamento, su voz habría provocado quejas. "¡Voy, madre!" Lent salió corriendo, pero Karon se quedó un rato. Sentado aún al borde de la cama de Lent, pasó las páginas. El segundo dibujo era muy parecido: una pareja y un niño. También lo fue el tercero. El interés de Karon empezó a desvanecerse, pero la cuarta página le hizo detenerse. La hoja estaba casi oscurecida, salvo por un círculo vacío justo en el centro. A ojos profesionales, un dibujo así hecho por un niño hablaba de una profunda inseguridad. El negro sugería protección. La imagen recordaba el instinto de un niño de enterrarse bajo las sábanas, dejando justo el espacio suficiente para respirar o asomarse a la oscuridad. Sin embargo, había una sensación más pesada en este dibujo; Era más asfixiante. Se giró para ver más páginas. Los dibujos eran repetitivos, con solo el círculo moviéndose; Abajo, arriba, izquierda, derecha. Karon pasó a la siguiente página, solo para dudar entonces. Esta vez, era una imagen de dos figuras tumbadas una al lado de la otra; un hombre y una mujer. Si el estilo anterior seguía siendo válido, seguramente eran padre y madre. La posición horizontal significaba que estaban tumbados. A su lado estaba una figura solitaria erguida. Ambos padres "tumbados" en el suelo tenían manchas oscuras que se extendían desde el abdomen, formando charcos negros en el suelo bajo ellos. Karon tragó saliva. ¿Heridas? ¿Y la sangre acumulándose? La figura de pie era un adulto que no había aparecido en los dibujos anteriores, y sostenía algo en una mano. Karon acercó el cuaderno, estudiando las líneas. Los dibujos infantiles siempre requerían un poco de conjetura. ¿Eso es una espada? La espada es demasiado corta. Un recuerdo surgió de repente; el día que volvió del hospital, ayudó a Tiz a limpiar una herida en su brazo. Dentro de la caja de herramientas negra del hombre, había una empuñadura de espada. "¡Tiz!" "¿Sí?"
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Estás leyendo el capítulo 10 de Calle Mink 13 (Novela), un novela. En una ciudad donde la fe define la ley y las iglesias moldean la estructura de la sociedad, todo tiene su lugar. Los rituales están documentados. La creencia está regulada. La autoridad responde a la doctrina. Cuando… Este capítulo tiene publicado el 3 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Segador. Calle Mink 13 (Novela) tiene 11 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.