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Leer Breathed Back to Life: Reencarnation (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

🏴 Grupo: Alejandro.C✍️ Traducción: Alejandro.C
Vance se encontraba en el comedor de su casa, desayunando un tazón de avena que su madre había preparado. Sin embargo, en lugar de comérsela, se dedicaba a juguetear con ella usando la cuchara. Nunca le había gustado demasiado. Necesito convencerla… No puedo esperar hasta cumplir siete años para descubrir cosas nuevas. Sin darse cuenta, comenzó a morderse una uña, impaciente. De pronto, se detuvo. Espera… Observó la espalda de su madre y entrecerró ligeramente los ojos. ¿Por qué simplemente no le pregunto por qué no quiere que conozca la magia? Una sonrisa traviesa apareció en su rostro. Dejó la cuchara sobre la mesa y habló con el tono más inocente que pudo fingir. —Mamá, una pregunta… ¿Por qué odias tanto la magia? Un silencio sepulcral cayó sobre el comedor. Sena se tensó en su asiento y levantó la mirada hacia su hijo antes de dirigirla lentamente hacia su esposa. No se atrevió a decir una palabra. Evelyn, por su parte, se quedó inmóvil durante unos segundos. —¿Que por qué la odio…? —repitió, girándose lentamente hacia Vance. Sus ojos esmeralda se encontraron con los ámbar del pequeño—. ¡¿Acaso no es obvio?! Se acercó a la mesa y apoyó ambas manos sobre ella. —¡La magia causa enfermedades, muertes y destrucción! ¿¡No te parece suficiente!? Vance observó cómo la respiración de su madre se volvía agitada y sus dedos se aferraban al borde de la mesa. Aquello no era simple terquedad. Era miedo. Miedo puro. —Evelyn, cálmate… Es solo un niño —intervino Sena con suavidad, dejando la cuchara a un lado. —¡No, Sena! —lo interrumpió ella, sin apartar la mirada de Vance—. No quiero que te acerques a la magia. ¡Punto final! Si te descubro intentando cualquier cosa sospechosa antes de cumplir los siete años, te juro que te encierro en el granero. ¿¡Entendido!? Vance soltó un suspiro de resignación y compuso su mejor expresión de niño regañado. —Sí, sí, sí. Lo que digas, madre. Luego miró de reojo a su padre y dejó escapar una risita nasal al contemplar lo dócil que se había vuelto ante la furia de Evelyn. Pobre hombre. Y yo pensaba que los adultos tenían más libertad que los niños. \*\*\* Vance salió al patio, donde Bianca estaba tendiendo la ropa recién lavada. Se acercó sigilosamente y tiró suavemente de su falda para llamar su atención. —Oye, Bianca —dijo con voz inocente, alzando la cabeza para mirarla. La semihumana dio un respingo y dejó de colgar la ropa. Su cola felina se agitó por la sorpresa antes de recuperar su movimiento tranquilo. —¡Ah! Vance, no hagas eso… Dime, ¿qué necesitas? —Quiero que respondas una duda que tengo. ¿Sabes por qué a mi mamá no le gusta la magia? Bianca se quedó quieta unos instantes y arqueó una ceja. —¿Por qué tienes tantas ganas de saber sobre la magia? Esta mañana escuché a Evelyn regañarte. Suspiró, resignada ante la curiosidad de su joven amo. —La verdad, no lo sé. Solo Sena y Evelyn conocen la razón. Miró rápidamente a ambos lados antes de inclinarse hacia el niño y bajar la voz hasta convertirla en un susurro confidencial. —Aunque sí sé quién provocó todo eso. Se llama Kenneth Donovan, el hermano de tu madre. Vance abrió los ojos con sorpresa. ¿Mi madre tiene un hermano? —¿¡Eh!? ¿El hermano de mi mamá? ¿Por qué nunca me lo habrá mencionado? Bianca se encogió de hombros y volvió a su tarea. —Ni idea. Aunque, antes de que nacieras, Evelyn mencionó que se había convertido en un Caballero Santo de Jericó. Pertenece a una orden de guerreros muy importantes. Vance guardó aquel nombre en su memoria. Un tío del que nunca había oído hablar y que, además, pertenecía a una orden de guerreros. Aquello era bastante más interesante que su desayuno. Bianca se secó las manos húmedas con un trapo y continuó hablando. —Deberías preguntarle a Sena, aunque dudo que te cuente algo. Siempre le sigue la corriente a Evelyn para que esta no le niegue sus noches de… pasión. La semihumana sintió un escalofrío al recordar ciertos ruidos nocturnos que, por desgracia, a veces tenía que soportar. De pronto, pareció darse cuenta de lo que acababa de decir. Se quedó callada de golpe y sujetó a Vance por los hombros. —¡Yo no he dicho nada! ¿Entendido? ¡Quédate callado y no preguntes nada! Vance parpadeó un par de veces, fingiendo inocencia. —Eh… Sí. No preguntaré nada más. Por favor, que alguien me saque de esta conversación. Todavía no tengo edad para soportar estas cosas. Con aquella incómoda despedida, el niño dejó sola a la maid semihumana y se marchó, sumido en sus pensamientos. Kenneth Donovan… Así que ese es el nombre completo de mi tío. Me pregunto cómo será física y psicológicamente. Y, sobre todo, ¿qué serán exactamente los Caballeros Santos? Sacudió la cabeza y regresó al interior de la casa. —Definitivamente, tengo mucho que aprender de este mundo. \*\*\* Poco después, Sena le encargó a Vance que comprara algunas verduras que Evelyn necesitaba para preparar la cena. El pequeño aceptó sin rechistar. Además de cumplir con el encargo, aquello le serviría para reforzar su imagen de niño obediente. Cuanta más confianza tenga mi madre en mí, menos sospechará si algún día me descubre haciendo algo extraño. Salió de casa con una cesta de mimbre entre las manos y comenzó a caminar tranquilamente, silbando una melodía que, curiosamente, todavía recordaba de su vida anterior. Por lo que he averiguado hasta ahora, la casa tiene una habitación con estanterías llenas de libros… Se llevó una mano al mentón mientras avanzaba. Pero Evelyn mandó a ponerle llave… ¡Maldita sea! ¡No consigo pensar en nada! Frustrado, pateó una pequeña piedra que se interpuso en su camino. Esta salió disparada y fue a parar cerca de un charco, espantando a un par de aves que bebían de él. —Esa agua está sucia. Les hice un favor. Satisfecho con su propia justificación, continuó caminando. Tras unos minutos llegó a un puesto de verduras. La vendedora era una anciana de mirada amable y voz ronca, que llevaba un sombrero de paja a pesar del cielo nublado. Permanecía sentada junto a su mercancía, apoyando una mano sobre un bastón. —Vaya, vaya… Pero ¿a quién tenemos aquí? ¡Al menor de los Donovan! —exclamó con lentitud—. ¿Qué te trae por aquí, polluelo? —Vengo a comprar unas zanahorias y unos tomates. Vance se acercó al puesto, tomó dos zanahorias y dos tomates y los acomodó en la cesta. —¿Cuánto le debo? La anciana hizo un gesto despreocupado con la mano. —No hace falta, chiquillo. Considéralo un regalo. Vance abrió un poco más los ojos y la miró con incredulidad. —¿Está segura? Créame, no le conviene regalar comida sin recibir nada a cambio. La anciana soltó una risita y alzó ligeramente el bastón mientras gesticulaba con él. —La verdadera amabilidad nace del corazón; no busca recompensas. Eso decía mi abuelo. Después lo miró directamente a los ojos y se acomodó el sombrero. —Conozco a Evelyn. Es una buena muchacha. Dale esas verduras de mi parte. Al comprender que la anciana hablaba en serio, Vance suspiró y se encogió de hombros. —Como diga. Le diré el mensaje exactamente como me lo ha dicho. Se dio la vuelta y levantó una mano a modo de despedida. —¡Nos vemos, señora! Apenas había avanzado unos pasos cuando una niña de su edad apareció corriendo por el camino. Lo primero que llamó su atención fueron sus orejas puntiagudas. ¿Una elfa? No tuve tiempo de observarla mejor. La pequeña pisó mal justo donde se encontraba la piedra que él había pateado minutos antes. Perdió el equilibrio y cayó de bruces al suelo. —¡¿A-ah?! Un estruendo sordo acompañó la caída. Durante unos segundos, el silencio se apoderó de la escena. Entonces, una carcajada rompió la quietud. —¡JAJAJAJA! ¡¿Cómo puedes caerte así?! Vance se llevó una mano al estómago, incapaz de contener la risa. Incluso se palmeó una pierna mientras intentaba recuperar el aliento. Sin embargo, al observar la reacción de la niña, su carcajada fue apagándose poco a poco. La pequeña no se levantaba. Tenía la cabeza agachada y los hombros temblorosos. Su cabello morado oscuro, corto y despeinado, le cubría parcialmente el rostro, pero Vance alcanzó a distinguir el brillo de unas lágrimas. Su sonrisa desapareció. Ah. La vergüenza le recorrió el cuerpo cuando comprendió que la niña estaba llorando de verdad. —Ehm… Esto… ¿Estás bien? —preguntó, acercándose con pasos vacilantes. Un sollozo respondió a su pregunta. Vance se tensó como un resorte. Bajó la mirada y descubrió que la pequeña se había raspado una rodilla. La piel estaba lastimada y comenzaba a enrojecerse. Genial. Ahora tengo que ayudarla. Miró a la anciana, que contemplaba la escena con una tranquilidad desconcertante. —Señora, ¿tiene algún trapo limpio o desinfectante…? Se interrumpió y chasqueó la lengua. Espera. No puedo quedarme aquí perdiendo el tiempo. Se volvió hacia la niña. —¡Espérame aquí! ¡Ya vuelvo! Y salió corriendo en dirección a su casa. El trayecto resultó más corto de lo que había imaginado. En cuestión de minutos, llegó a la puerta y entró apresuradamente, dejando la cesta de mimbre con las verduras sobre la mesa del comedor. —Oh, Vance, ya has vuelto… —comenzó Evelyn. No llegó a decir nada más. El niño pasó a su lado sin siquiera saludarla y subió las escaleras tan rápido como sus pequeñas piernas le permitieron. —¿Vance? El pequeño se metió en el baño y comenzó a revolver cajones y armarios. Tras varios segundos de golpes y objetos cayendo al suelo, salió con un rollo de vendas entre las manos. ¡¿Por qué la única bebida alcohólica que he visto en este mundo es la cerveza?! ¡¿No existe el alcohol isopropílico?! ¡¿Acaso nunca se les infectan las heridas o qué?! Bajó las escaleras casi de un salto y salió de la casa a toda prisa. Evelyn se quedó mirándolo, completamente perpleja. Bianca, que había asomado la cabeza por la puerta del patio, observó cómo el pequeño desaparecía por el camino. —Ese chico es de lo más curioso —comentó entre risitas. \*\*\* Cuando Vance llegó de nuevo al mercado, descubrió que la niña ya estaba de pie. Sin embargo, todavía lloraba, frotándose los ojos con las manos. ¿En serio sigue llorando? Ugh… A pesar de su pensamiento, se acercó a ella. De cerca, pudo distinguir sus facciones delicadas y sus grandes ojos violetas, del mismo tono que su cabello. —Esto… Yo… Voy a ayudarte, ¿vale? Se arrodilló frente a ella y sacó una pequeña cantimplora que le había tomado prestada a su padre y que había rellenado con agua antes de salir. —Voy a limpiarte la herida. Puede escocerte un poquito, pero no será nada grave. La niña dejó de frotarse los ojos y lo observó con cautela. Vance vertió un poco de agua sobre la rodilla lastimada para retirar la suciedad. La pequeña se estremeció y dejó escapar un quejido involuntario, moviendo ligeramente la pierna. —Arde un poquito… —murmuró con voz suave. Era la primera vez que hablaba desde la caída. —Lo sé. Aguanta un momento. Con cuidado, Vance terminó de limpiar la herida y comenzó a vendarle la rodilla. Sus movimientos eran sorprendentemente hábiles para alguien de su edad. La niña lo observó en silencio, hasta que finalmente se atrevió a preguntar: —¿Cómo sabes hacer esto? —Es algo básico. No tiene nada de especial. Vance terminó de ajustar la venda y se incorporó. Después volvió la mirada hacia la anciana, que seguía observándolos tranquilamente. Arqueó una ceja. —¿Y usted, por qué está tan relajada? ¿No le preocupa que un menor se haya lastimado justo delante de usted? La anciana soltó una risa pausada y negó con la cabeza. —Solo estaba observando. Alguien como yo ya no puede hacer gran cosa. Me alegra ver que hayas ayudado a la pequeña Suna. Apoyó ambas manos sobre su bastón y suspiró. —Ella viene de Solaria, así que no es de por aquí. Vance dirigió la mirada hacia la niña. Suna se había sonrojado ligeramente, avergonzada por toda aquella atención, y sujetaba con cuidado la venda que él acababa de colocarle. La anciana levantó la cabeza y sus ojos adquirieron un brillo astuto. —Dime, muchacho… ¿Estarías dispuesto a ayudar a esta pobre chica a adaptarse a un país nuevo? Vance la miró con cierta desconfianza. —¿Ayudarla a adaptarse? —Exactamente. Si lo haces, te regalaré todas las frutas y verduras que quieras. El niño guardó silencio durante unos instantes. Si consigo llevarle frutas y verduras a mi madre con frecuencia, se pondrá contenta. Y si está contenta conmigo, confiará más en mí. Eso significa menos vigilancia y más oportunidades para investigar sobre la magia. Su mirada se desplazó hacia Suna, que ahora jugueteaba tímidamente con sus dedos. Además, tampoco parece una mala niña. Vance esbozó una sonrisa. —¡Trato hecho! Seré su amigo. Pero empezaré mañana. Tengo que volver a casa y explicar lo que ha pasado. Se dio la vuelta y comenzó a alejarse. —¡Hasta mañana! Sin esperar respuesta, salió corriendo por el camino, dejando atrás a una Suna que apenas había tenido tiempo de reaccionar. La pequeña permaneció inmóvil, siguiendo con la mirada la figura del niño hasta que desapareció de su vista. Después bajó los ojos hacia su rodilla vendada. Pasó suavemente los dedos por la tela, recordando cómo aquel chico se había arrodillado frente a ella para ayudarla. Su rostro se tiñó de un tenue rubor. Y, por primera vez desde que había llegado a aquel país desconocido, Suna sintió que quizá no estaría tan sola.
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Breathed Back to Life: Reencarnation (Novela) Capítulo 4

Estás leyendo el capítulo 4 de Breathed Back to Life: Reencarnation (Novela), un novela. Tras morir en el caos del asedio a Berlín en 1945, Vance tiene otra oportunidad al nacer en otro mundo paralelo a Europa Sin profecías divinas ni habilidades de héroe predestinado, Vance solo busca vivir la vida que le… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Alejandro.C. Breathed Back to Life: Reencarnation (Novela) tiene 5 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.