Leer Breathed Back to Life: Reencarnation (Novela) Capítulo 5 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejandro.C✍️ Traducción: Alejandro.C
Un día más había comenzado en la casa de los Donovan.
Vance bajó de su cuarto con el pelo un poco revuelto.
Al entrar a la cocina, se encontró con una escena un poco rara de ver.
Sena se estaba acomodando una vaina en su cadera, riéndose un poco con su esposa por algún chiste. Con un movimiento siseante, envainó una curiosa espada flamberge.
Sena notó a su hijo y alzó una mano en señal de saludo.
—Buenos días, campeón. ¿Dormiste bien? —Se apoyó en el mesón de la cocina, cruzando los brazos sobre el pecho con confianza.
—Bien, supongo —respondió el niño, sentándose en una silla del comedor mientras bostezaba—. ¿Para qué es esa espada?
Sena arqueó una ceja, mirando la flamberge de reojo.
—Me informaron que hay unos bandidos a las afueras del pueblo —una mueca de fastidio se formó en su rostro—. No dejan salir ni entrar a nadie por la entrada sur. Es jodido, ya que de ahí viene la mayor parte de los recursos.
Soltó un suspiro pesado antes de reincorporarse y separarse del mesón. Se acercó a Evelyn y le dio un pequeño beso en la mejilla.
—Sería mejor si voy rápido a deshacerme de esos. ¡Nos vemos! —Se despidió con la mano sin mirar hacia atrás.
Vance vio la espalda de su papá antes de que este desapareciera por el umbral de la puerta principal.
—¿Siempre es así? —comentó Vance con un matiz de burla.
Evelyn giró un poco la cabeza para ver a su hijo por encima del hombro, frunciendo el ceño sin terminar de entender.
—¿Cómo?
—Ya sabes... Así de confiado y despreocupado.
Evelyn abrió un poco los ojos y se rio suavemente.
—Ah, ya veo. Bueno... Mayormente, sí. Desde que lo conozco, siempre ha sido así. Es muy confiado de sus habilidades —se encogió de hombros mientras servía huevos fritos con unos panes—. No deberías darle tanta atención a eso.
Dejó el plato frente a Vance, se sentó y apoyó una mejilla en una mano, mirando a su hijo con curiosidad.
—Por cierto... Lo que me contaste ayer sobre la niña... ¿Cómo se llamaba? Ah, Suna. ¿Hoy vas a ir a verla?
Vance frunció un poco el ceño y comenzó a hacerse un sándwich de huevo con el pan.
—¿Por qué quieres saber eso? Ni siquiera sé dónde vive.
—Solo preguntaba, hijo mío. No puedo creer que ya hayas hecho una amiga tan rápido. A tu edad, yo no tenía ningún amigo.
El chico le dio un mordisco a su sándwich de huevo y masticó un poco antes de hablar.
—Ya veo, entonces eras una rarita.
Evelyn se congeló, antes de que un pequeño rubor apareciera en la punta de sus orejas.
—¡Claro que no! Solo... Solo me demoré unos años más en conseguirlo. Ahí apareció Sena.
Vance soltó una risita nasal y tomó un sorbo de café.
—¿Entonces mi papá fue tu primer amigo? Ya veo... Es curioso que te hayas casado con tu mejor amigo.
La mujer rodó los ojos, aunque una sonrisa de diversión se dibujó en su rostro.
—Exactamente.
Vance terminó de desayunar y se limpió los labios con el dorso de la mano.
—Por cierto, ya que tocas ese tema... Voy a ir a ver a Suna. La anciana que vende frutas me pidió el favor de que la ayudara a adaptarse.
Evelyn parpadeó un poco y asintió con la cabeza mientras veía cómo su hijo se levantaba de la mesa.
—Ehm... Claro, cuídate.
—¡Nos vemos en un rato!
Dicho eso, el chico se fue corriendo de ahí.
\*\*\*
Debido a que Vance desconocía la ubicación de la casa de Suna, decidió ir al mercado, más específicamente al puesto de la anciana del día anterior.
Al llegar, esta estaba sentada al lado del puesto. Llevaba el mismo gorro y sostenía el mismo bastón, aunque vestía ropas diferentes.
El chico se acercó y la saludó con la mano.
—Buenos días, señora —se detuvo frente al puesto, jadeando un poco por el trote—. Vine para preguntarle algo.
Una sonrisa suave se dibujó en el rostro de la anciana al escuchar a Vance, y esta se volvió para mirarlo.
—Buenos días, señorito Donovan. ¿Qué se te ofrece en este humilde puesto de alimentos?
—¿Sabe dónde vive Suna?
La anciana se quedó un poco sorprendida. No pensó que un niño de casi seis años tuviera palabra. Una sonrisa cálida se dibujó en su rostro.
—Claro, te diré... —Levantó su bastón y apuntó hacia el noroeste—. Sal de la plaza del mercado por el norte; después, gira a la izquierda. La casa café con techo gris. Esa es.
El chico escuchó atentamente y asintió con la cabeza ante las indicaciones.
—¡Está bien, muchas gracias! —Con un movimiento ágil, tomó una manzana, recordándole sutilmente el trato que tenían.
Después de seguir las indicaciones al pie de la letra, llegó a una casa un poco más pequeña que las demás.
Quizás su situación económica no sea tan buena... Suponiendo que son migrantes, no me extrañaría.
Se acercó a la puerta, levantó un puño y tocó con los nudillos. Pasaron unos segundos antes de que la puerta se abriera.
—¿H-hola? —se escuchó una voz suave antes de que Suna se asomara por la puerta. Al notar que era Vance, sus ojos comenzaron a brillar de emoción—. Ah, eres tú...
Vance la saludó con la mano.
—Hey, Suna. ¿Puedes salir un rato?
La niña se quedó callada unos segundos, pensó un momento y luego asintió con la cabeza.
—Sí. Espérame unos segundos, por favor.
La niña cerró la puerta otra vez.
Después de un pequeño lapso de tiempo, la puerta se volvió a abrir. Suna salió de la casa. Llevaba un vestido blanco con un abrigo de lino y el pelo un poco más arreglado.
—V-vamos, ¿sí? —comentó la niña con esa voz suave que ya era típica de ella.
Vance la miró de arriba abajo, lo que hizo que la niña se sonrojara un poco.
Se ve tan tierna.
—Sí, vamos... —Se dio la vuelta y cruzó los brazos detrás del cuello.
Caminaron un poco en silencio, hasta que Vance lo rompió.
—Por cierto, no me he presentado bien. Me llamo Vance Donovan y vivo en la casa más grande de acá —miró a la niña de reojo—. Por lo que me contó la anciana de las verduras, te llamas Suna, ¿no? ¿Cuál es tu apellido?
La chica se sobresaltó al escuchar a Vance, pero se recompuso de inmediato.
—Mi nombre completo es Suna Sandemetrio —bajó un poco la mirada, observando el suelo—. Ya sabes de dónde vengo, ¿no?
—Sí, Solaria... Dime, ¿por qué emigraron hacia acá?
—Knowledge es el país más tolerante del continente, por detrás de Solaria... Por eso.
Vance frunció el ceño, haciendo que sus cejas bailaran.
—¿País más tolerante?
—Sí, eso dijo mi papá... Dijo que acá todas las razas son aceptadas. La diferencia con Solaria es que acá tenemos más oportunidades de salir adelante gracias a la economía estable.
La chica miró el perfil de Vance mientras jugueteaba un poco con las manos.
—Por cierto... ¿Qué vamos a hacer?
Vance se encogió de hombros.
—La idea original era ir a dar un paseo, pero se me acaba de ocurrir algo —el chico se dio la vuelta y comenzó a caminar de espaldas mientras miraba a Suna—. Vamos a ir con un amigo de mi papá. Tengo una duda que él solo puede responder.
Suna asintió con la cabeza, un poco alegre de que la salida no fuera tan simple.
\*\*\*
Obviamente, el amigo que Vance mencionó no era nada más y nada menos que Anri, el heladero.
Al notar las figuras, el hombre se enderezó junto a su carro de helados, sonriendo con tranquilidad.
—Hey, Vance... ¡Qué alegría verte! Y veo que trajiste a una nueva amiga —exclamó Anri, saludando a Suna con la mano—. ¿Qué les puedo ofrecer? Tengo helados de cualquier sabor imaginable. Menos de un ser vivo.
Vance negó con la cabeza y miró a los ojos al heladero.
—No, no es para eso... Tengo una duda sobre la magia. Mi madre siente rechazo hacia ella, y Sena está a las afueras, posiblemente peleando con unos bandidos.
Se acercó al carrito, poniéndose de puntitas.
—Quiero saber más sobre la magia.
Una sonrisa triunfante se dibujó en los labios de Anri antes de que soltara una risita entre dientes.
—Claro. Dime, ¿qué quieres saber? ¿Cómo usarla? ¿O cómo...? No lo sé. Suelta todo.
—Quiero saber si hay alguna manera de hacer madurar el Pover. Ya sabes... Para no esperar hasta los siete años.
El galo se cruzó de brazos y los apoyó en el puesto.
—Claro que la hay. Aunque estamos cerca del mercado... ¿No te gustaría ir a un lugar más privado?
—¿Lugar más privado? ¿Qué tiene de malo que estemos cerca del mercado?
El hombre soltó una risilla.
—Un pajarito chismoso me contó que a Evelyn no le gusta la magia. Ella sale muy seguido con su sirvienta al mercado, ¿no? Siempre las veo.
Vance se rascó la nuca y apartó un poco la mirada.
—Bueno... Tienes razón, pero ¿adónde quieres ir?
—Al bosque, muchacho. Para madurar el Pover antes de tiempo hay que meditar muy bien. Créeme, lo sé por experiencia —apuntó con un pulgar por encima de su hombro—. Sé de un lugar donde nadie nos va a molestar.
Al escuchar que iban a salir a las afueras de Glen, Suna dio un paso hacia Vance y le tomó suavemente la camisa.
—Vance... P-podría ser peligroso —miró a su alrededor con inquietud—. ¿Y si nos encontramos con alguna criatura peligrosa?
Anri observó la escena con calma y suspiró.
—Soy alguien capaz, niña... Están en buenas manos.
Vance se volvió hacia Suna y asintió con entusiasmo.
—Sí, Suna. ¡No seas tan miedosa, vamos!
Anri se enderezó y les hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
—Está bien. Entonces, déjenme ir a guardar mi carrito de helados.
\*\*\*
Después de unos minutos, el trío ya se encontraba saliendo de Glen por el norte y entrando al bosque. Vance llevaba a Suna de la mano, lo que tenía sonrojada a la niña, pero también le daba la sensación de seguridad que necesitaba.
—Este... Anri, ¿falta mucho para llegar? -
—preguntó Vance, rompiendo el silencio del bosque.
El hombre hizo un gesto despreocupado con la mano y volvió la cabeza para mirarlos por encima del hombro, ya que iba más adelante que ellos.
—No, ya casi llegamos. No se preocupen, chicos.
El niño volvió a mirar a su amiga y le dio un pulgar arriba sin soltarle la mano.
Mala idea.
Cuando volvió a mirar hacia el frente, notó que Anri ya no estaba.
—¿Eh? ¿Anri? —Comenzó a mirar a los lados, observando con recelo los arbustos y los árboles—. ¡Oye, Anri! ¡¿Dónde te metiste?! ¡No es gracioso!
Suna comenzó a temblar un poco y se acercó más de lo normal a Vance por el miedo.
—¿A-a dónde fue...? No noté cuándo desapareció.
De un momento a otro, el bosque comenzó a sentirse más... solitario y pesado, lo que puso en alerta a Vance.
—Mantente cerca de mí, Suna. No te alejes.
La niña asintió con la cabeza. El dúo comenzó a caminar, mirando hacia los lados en busca del heladero.
¿Dónde se habrá metido ese imbécil galo...? Si es una broma, juro que lo mato.
Caminaron un rato hasta llegar a un claro del bosque. Vance ya tenía claro que se habían perdido.
Fue entonces cuando comenzaron a escucharse voces que se acercaban al claro. De entre los árboles salieron varios hombres con armas y ropajes que señalaban claramente que no iban a ayudarlos.
Suna soltó un pequeño chillido de miedo y dio un paso hacia atrás junto con Vance.
—Vaya, vaya... Mira nada más qué tenemos aquí. Un polluelo perdido junto a su novia. Qué tiernos... —exclamó un hombre calvo con una cicatriz en el ojo, que lo mantenía cerrado.
Al notar las orejas de Suna, el hombre dejó ver una sonrisa con dientes amarillos y llevó una mano a la empuñadura de su espada corta.
—Dime, niño... Valoras tu vida, ¿no? Entréganos a esa elfa y te dejaremos ir libre.
Los ojos de Suna comenzaron a llenarse de lágrimas por el miedo, y jaló a Vance con desesperación.
—V-Vance... ¡Vámonos, por favor! —suplicó la niña.
Por su parte, el niño entrecerró los ojos con asco y dio unos pasos lentamente hacia atrás, aunque, al notar que los demás hombres ya los habían rodeado, se detuvo en seco.
—Jódete. No les voy a dar nada —añadió con voz hostil.
La sonrisa del hombre desapareció poco a poco, siendo reemplazada por una expresión de fastidio.
—Siempre queriendo hacerse los héroes. Lastimosamente, no estamos en un cuento infantil —chasqueó los dedos y se dio la vuelta—. Maten al niño y dejen inconsciente a la elfa. Podemos venderla en el mercado de esclavos.
Los hombres obedecieron sin rechistar. Uno se acercó por detrás de Suna, le tapó la boca para que no gritara y la alzó con facilidad.
—¡H-hmm! ¡Hmmm! —La niña trató de patear para liberarse, aunque no sirvió de nada.
—¡SUNA! —Vance reaccionó rápidamente y dio un paso hacia ellos con los brazos extendidos. No alcanzó a hacer nada más antes de recibir un golpe en el estómago que lo hizo doblarse de dolor—. Mierda...
Debido al golpe, cayó de rodillas, tragando bocanadas de aire desesperadamente.
—¡H-HMMM! —En un intento desesperado, Suna mordió la mano del hombre que la tenía alzada, lo que hizo que este la soltara con un quejido de dolor.
La niña corrió hacia Vance y se agachó frente a él, con lágrimas en los ojos.
—¡V-Vance...!
—¡Maldita niña! —gritó el hombre, furioso por el mordisco, mientras se acercaba por la espalda con una daga oxidada.
Cuando el hombre ya estaba alzando la daga, Vance se reincorporó de golpe como pudo y se lanzó hacia el bandido.
—¡N-no te atrevas a tocarla! —Golpeó con fuerza la parte baja del hombre con su puño.
Este soltó la daga y se llevó las manos a la ingle, cayendo de rodillas con un gemido de puro dolor.
No pienso morir acá. ¡No lo voy a hacer!
No pudo pensar nada más antes de sentir una patada en la espalda que lo mandó directamente al suelo, dejándolo jadeante.
Mierda, me sacó el aire otra vez.
El líder del grupo se acercó a Suna, mirando a Vance con desprecio mientras desenvainaba su espada corta.
—Si hubieras aceptado, no habrías tenido que ver esto. Ahora tus acciones sentenciaron el destino de esta elfa.
Acercó la espada al cuello de Suna mientras la sujetaba del pelo por detrás.
—V-Vance... —sollozó la niña, mirándolo a los ojos.
—¡N-NOO! —Estiró una mano inconscientemente hacia ella.
Cuando la punta de acero rozó el cuello de la niña, algo cambió en el cuerpo de Vance. De golpe, sus ojos se pusieron en blanco y sintió unas náuseas tremendas.
—Perfecto... Ya ocurrió.
Antes de que Suna sufriera un trágico destino, siete picos gigantes de hielo se formaron de repente en el suelo, empalando a los bandidos.
—¡¿Q-QUÉ?! —gritó el líder, soltando a Suna del shock.
—¡Bravo! ¡Bravo! —se escuchó una voz calmada y suave antes de que una silueta conocida saliera de entre los árboles. Era Anri—. Ufff, casi no la cuentan...
Se escucharon algunos gorgoteos antes de que todo quedara en un silencio sepulcral, solo roto por los sollozos de Suna.
La sangre de los hombres comenzó a bajar poco a poco por los picos de hielo.
—Creo que me pasé... Bueno, se lo merecían.
Abruptamente, una arcada lo eclipsó todo, seguida de un sonido húmedo.
Era Vance, que había vomitado.
Después de unos momentos, terminó de vomitar y se limpió la boca con el dorso de la mano.
El chico levantó la mirada lentamente, respirando con agitación.
—¿A-Anri? ¿Q-qué fue todo eso? —Se aferró con fuerza al pasto y se levantó de golpe. Aunque se tambaleó un poco, se acercó al heladero con los puños apretados—. ¡¿QUÉ MIERDA HICISTE?! ¡DESAPARECISTE Y CASI NOS MATAN A MÍ Y A SUNA!
El galo levantó las manos en señal de rendición, pidiendo calma.
—Tranqui, tranqui. Todo tiene una explicación lógica. Hasta te hice un favor...
—¡Te juro que te voy a matar!
Vance ya estaba alzando un puño para golpear la ingle de Anri, ya que no tenía la altura ni la fuerza necesarias para asestar un golpe mejor.
Repentinamente, un sollozo desconsolado y aterrorizado inundó la conversación de los dos.
Era Suna.
Carajo... Es verdad, ella todavía no asimila la muerte como tal.
Con una última mirada de enojo hacia Anri, se acercó a Suna y se agachó a su lado para abrazarla.
—Ya... Tranquila, ya todo va a estar bien. Anri llegó a tiempo —la miró a los ojos, sonriendo con calidez. Con un movimiento, le acomodó un mechón de pelo.
Suna dejó escapar un sollozo más suave ante el contacto de Vance. Aunque no dejó de llorar, se calmó.
—Eso es... Y tú, Anri. Tienes cinco segundos para explicarlo todo si no quieres que le diga a mi mamá.
Anri se rascó la cabeza, riéndose con un poco de nerviosismo ante la mención de Evelyn.
—Tranquilo, tranquilo. ¡Planeé todo esto para hacer que tu Pover madurara! Todo fue un plan.
Alzó las manos otra vez.
—Escucha: si alguien se encuentra en una situación de vida o muerte, la adrenalina puede hacer explotar el Pover si es suficiente. ¿Viste cuando sentiste náuseas? Ahí fue cuando explotó, aunque... Si vomitaste, fue porque tus reservas de maná están al tope. Aunque eso sí, no te enseña a manejar la magia automáticamente.
Vance se quedó congelado. Primero miró a Suna, después los picos con los que el heladero había empalado a cada hombre y, por último, su propio vómito. Su ceja comenzó a temblar de rabia.
—¡PUDISTE HABERME ASUSTADO, HACERME HACER EJERCICIO, YO QUÉ SÉ! ¡¿PERO HACER QUE CASI NOS MATEN?! —Sin dudarlo, se levantó, se acercó a Anri y le estampó una patada en la entrepierna—. ¡Eres un pedazo de...!
Se quedó callado al ver que Anri no reaccionaba. En cambio, este mantuvo la calma de siempre.
—Recuerda, Vance. Estoy totalmente congelado... Ya no siento dolor.
—¡Ughh! ¡Te odio!
Se dio la vuelta y se agachó otra vez junto a Suna. Le limpió una lágrima y suavizó el tono de voz.
—Suna, tenemos que irnos de acá. Te invito a mi casa, así puedes darte una ducha y cambiarte de ropa, ¿sí?
Suna se limpió los mocos y asintió con su cabecita. Tomó la mano que Vance le ofreció y se levantó, acomodándose el vestido blanco, que ya tenía tierra.
El trayecto a Glen fue más tranquilo. Anri se mantuvo callado para no terminar de enojar a Vance, mientras que este mantuvo en todo momento su mano estrechada con la de Suna.
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Estás leyendo el capítulo 5 de Breathed Back to Life: Reencarnation (Novela), un novela. Tras morir en el caos del asedio a Berlín en 1945, Vance tiene otra oportunidad al nacer en otro mundo paralelo a Europa Sin profecías divinas ni habilidades de héroe predestinado, Vance solo busca vivir la vida que le… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Alejandro.C. Breathed Back to Life: Reencarnation (Novela) tiene 5 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.