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Leer Banderas de la Muerte (Novela) Capítulo 125 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
De todos los rincones salía humo blanco, acompañado de un olor que picaba en las fosas nasales, como si algo se hubiera quemado. Si hubiera que describirlo con una sola palabra, sería la ciudad entera de Travis. Desde el elevado terreno que servía de refugio y clínica, se podía contemplar la devastada ciudad de Travis a sus pies. Era una escena que podía hacer llorar a cualquiera con sólo mirarla. Sin embargo, Erica mantuvo los labios apretados, grabando la visión en sus ojos. Era una realidad que no podía proteger con su propio poder. Y si no fuera por Harold y sus compañeros, Sumeragi podría haber corrido la misma suerte que Travis. Ella grabó ese hecho profundamente en su corazón. «Erica.» -Leafa «...¿Es hora de un cambio de turno, Leafa-san\[1\]?» -Erica «Hmm, a mí también me vendría bien un descanso.» -Leada Con su pequeño cuerpo estirándose todo lo que podía, Leafa se colocó junto a Erica. Las miradas de ambas se dirigieron hacia el Travis quemado. «Es realmente un espectáculo terrible, ¿verdad?» -Leafa «Sí...» -Erica «...A decir verdad, no dejo de preguntarme si podríamos haber hecho algo más.» -Leafa «Yo siento lo mismo. Sentí vivamente mi propia impotencia...» -Erica Hace unos días, se produjo un repentino ataque de una oleada de monstruos. El número de monstruos era mayor que los descubiertos en el territorio de Sumeragi, y los Caballeros, que habían recibido información previa y reforzado sus defensas, lanzaron una estrategia doble para detener a los monstruos mientras evacuaban a la gente de la ciudad por mar y tierra. Al final, pudieron salvar muchas vidas, pero la ciudad quedó devastada y, por supuesto, hubo vidas que no pudieron salvar, cuyo número no era insignificante. Por lo tanto, no sólo Erica, sino también Leafa, sus otros compañeros, y seguramente los Caballeros, todos debían estar pensando lo mismo. Debía de haber una forma de salvar más vidas. «Pero... eso sería presuntuoso, ¿no?». -Erica Dudó un momento antes de pronunciar esas palabras. Leafa las aceptó sin negarse. «Sí. No somos héroes ni dioses de cuento. Es imposible que salvemos a todos los que tenemos delante.» -Leafa «Y si sólo nos llenamos de remordimientos, podemos acabar pasando por alto los sentimientos de quienes se salvaron y nos están agradecidos.» -Erica Entre las personas que se salvaron, muchas habían sufrido heridas graves. De no haber recibido tratamiento, la mayoría habría muerto. Por eso, Erica y Leafa, que sabían utilizar la magia curativa, trabajaron incansablemente durante más de dos días sin dormir, tratando a los heridos incluso después de que hubiera terminado el ataque. Gracias a sus esfuerzos, pudieron salvar a los que habían sufrido heridas tan graves como para necesitar magia curativa. Además, gracias a Elu, un mercader ambulante con el que se habían cruzado varias veces durante su viaje, que propuso el método de triaje para clasificar a los heridos, pudieron tratar eficazmente a los heridos graves. Elu afirmó haberlo aprendido de un conocido y, una vez que la situación se estabilizara, Erica pensaba pedirle más instrucciones. Por el momento, habían alcanzado un estado de relativa estabilidad, en el que la necesidad de magia curativa no era urgente. Se dedicaron a diversas tareas en el centro de evacuación, empezando por proporcionar comida cocinada a los desplazados. Todos comprendían la urgencia de la situación, pero no podían pasar por alto la escena que se desarrollaba ante ellos. Las mujeres estaban ocupadas con la distribución de alimentos, mientras que los hombres buscaban diligentemente por la ciudad, asegurándose de que nadie se quedara atrás. Aunque sabían que este esfuerzo no podría mantenerse durante mucho tiempo, precisamente por eso se esforzaban al máximo. Ventos y Lilium, que habían solicitado acompañarles hasta encontrar a Harold, no eran una excepción. Sin duda, ellos también tenían sus propios pensamientos y sentimientos. Habían estado trabajando incansablemente, con más energía que nadie. «Ahora volveré al trabajo. Leafa-san, tómate tu tiempo-» -Erica «¡Espera un momento! Pasa un poco más de tiempo conmigo durante mi descanso». -Leafa «¿Eh? Uh, sí, por supuesto...» -Erica Aunque no era un banco especialmente robusto, seguía siendo suficiente para sentarse. Leafa y Erica tomaron asiento juntas en la piedra adecuadamente preparada. No se podía decir que fuera cómodo. Sin embargo, aun así, les produjo una sensación de alivio después de tanto tiempo. Quizá habían estado nerviosas durante tanto tiempo. Leafa parecía haber discernido los pensamientos internos de Erica cuando habló. «Últimamente han pasado muchas cosas, y ninguna de nosotras ha tenido un momento para relajarse de verdad.» -Leafa «Es cierto. Dados los problemas acuciantes, no se puede evitar...» -Erica «Bueno, por eso deberíamos aprovechar para descansar.» -Leafa Nada más hablar, Leafa se tumbó y apoyó la cabeza en el regazo de Erica. Era la posición clásica de una almohada de regazo «Ah~, como esperaba, la posición perfecta para dormir...» -Leafa «¿Le-Leafa? ¿Qué te hizo de repente...?» -Erica «Quería disfrutar de la almohada del regazo de Erica. Bueno, está bien que por fin me hayas llamado Leafa». -Leafa «¿Eh?» -Erica «Leafa, eso es. Últimamente, me llamas Leafa-san todo el tiempo.» -Leafa «Quiero decir...» -Erica «No te estoy culpando, ¿sabes? Creo que Erica ha cambiado de opinión o algo así». La frase «cambio de opinión» perturbó las emociones de Erica. Ese día se dio cuenta de que no estaba capacitada para estar al lado de Harold. Fue el momento en que comprendió que todo lo que había construido hasta entonces carecía de sentido. Erica sintió que el corazón se le partía por dentro. Y Leafa pareció comprender de algún modo el estado de ánimo de Erica. Miró a Erica a los ojos con atención mientras esbozaba una suave sonrisa. «Pero, dejando eso a un lado, Erica, estás demasiado seria». -Leafa «...¿Es así?» -Erica «Así es. Bueno, eso en sí es una virtud, pero cuando se trata de amor, ¿no está bien ser un poco más egoísta?» -Leafa Erica comprendió lo que Leafa trataba de decir. Expresar sus sentimientos abierta y honestamente como un individuo, sin estar atada por roles o barreras. Harold seguro que no querría eso. Con ese pensamiento, Erica había mantenido oculto su afecto, convenciéndose de que era por el bien de Harold. Pero, en el fondo, simplemente tenía miedo de confesar sus sentimientos y ser inequívocamente rechazada. La idea de que Harold no la deseaba no era más que una excusa cómoda. «No tengo la confianza ni el valor...» -Erica «¿Eh, me estás tomando el pelo?» -Leafa «¡No lo estoy! Nunca quise burlarme de ti». -Erica «Bueno, si ni siquiera Erica puede reunir confianza en sí misma, ¿quién puede...?» -Leafa Mientras decía esas cosas, Leafa fruncía el ceño, aún apoyando la cabeza en el regazo de Erica, ensimismada. De alguna manera, aquella visión le recordó a Erica la de un gato, lo que la impulsó a acariciarle el pelo. A pesar de que se suponía que estaban hablando de algo importante, la presencia de Leafa parecía relajar el ambiente, normalmente tenso. Parecía un momento de ocio, alejado de la sombría realidad. Leafa, que llevaba un rato acariciando en silencio, habló de repente, como si se le hubiera ocurrido una idea ingeniosa. «¿Qué tal si confesamos continuamente hasta que Harold asienta con la cabeza?». -Leafa «¿Qué quieres decir?» -Erica Leafa era sin duda una chica con talento, merecedora del título de prodigio. Aunque no llevaban mucho tiempo juntas, Erica había sido testigo de su faceta intelectual en numerosas ocasiones. La destreza de Leafa en el campo de la ciencia la llevaba a menudo a ideas poco convencionales que Erika no habría considerado, pero que, cuando se examinaban a fondo, se basaban en juicios racionales fundamentados en el conocimiento. ¿Había acaso algún significado profundo tras aquella afirmación que sonaba tan contundente? «Tienes miedo porque crees que se acabará si te rechaza una vez. Deberías enfocarlo con la mentalidad de confesarte con él tantas veces como haga falta hasta que te diga que ¡sí!». -Leafa Parecía que había más de lo que se pensaba en un principio. Aunque el planteamiento de ensayo y error hasta el éxito podía ser muy científico, Erica no pudo evitar expresar su preocupación: «Eso podría ser... molesto para Harold y causarle problemas...». «Es fiiiiine~.» -Leafa Poniéndose en pie, Leafa se plantó ante Erika y le sujetó suavemente las mejillas con ambas manos. Miró directamente a los ojos de Erika. «『Eres hermosa, como una flor bailando a la luz de la luna. 』» -Leafa «¿Por qué de repente...?». -Erica «Este es un amuleto transmitido en mi pueblo para las chicas enamoradas. Es la primera vez que lo hago y, aunque lo llaman amuleto, se siente más como una confesión» -Leafa sonrió con picardía. Soltando las manos de las mejillas de Erika, Leafa continuó: «Pero esto debería darte confianza y valor, ¿verdad?». «...¿Por qué me presionas tanto? También le tienes cariño a Harold-sama». -Erica «Creo que sólo me siento atraída por él. Aunque no hasta el punto de poder decirlo claramente como tú.» -Leafa «¿Entonces por qué?» -Erica «Porque tú también me gustas, Erica», declaró Leafa con seguridad, sin titubeos ni rastro de vergüenza. Aunque entendía el contexto diferente, hizo que Erica se sintiera más cohibida que nunca. «Para ser sincera, no sé si presionarte así es la decisión correcta. Si de verdad me preocupo por ti y por Harold, tal vez permanecer pasiva y observar sería el enfoque correcto», el rostro de Leafa se ensombreció ligeramente. Parecía tener sus propias preocupaciones. Su expresión parecía la de alguien que toma una decisión difícil. «Pero no quiero eso después de todo. No quiero arrepentirme de no haber actuado, ¡aunque resulte ser un error! Quiero soñar con un futuro en el que todos, la gente a la que quiero, puedan reír juntos de verdad». -Leafa «Leafa...» -Erica «Incluso si alguien está resentido conmigo o me odia como resultado, no me importa. Este sentimiento es la esencia de Leafa Goodridge». -Leafa ¿Cuánta determinación escondían aquellas palabras? Erica no podía comprenderlo. Pero, sin duda, era un sentimiento lo bastante digno como para dar forma a la forma de vida de Leafa. Erica no pudo evitar sentir una sincera envidia por aquel camino de existencia que parecía solaparse de algún modo con el de Harold. «...Debo expresarte mi respeto una vez más, Leafa.» -Erica «Soy yo quien debería decirlo. Porque puedo decirlo sinceramente aquí, creo que por eso también me llegó a gustar Erica.» -Leafa «-Erica Desconcertada por el significado de aquellas palabras, Erica ladeó la cabeza. Al observar la expresión perpleja de Erica, Leafa mostró una mirada ligeramente exasperada. «Incluso mis ánimos pueden ser mirados con recelo por algunas personas, ¿sabes?». -Leafa «¿Sospechas... dices?» -Erica «Pensar que intento azuzar a un rival en el amor, haciendo que Harold te rechace». -Leafa Sobresaltada por el comentario, Erica tuvo una epifanía. Efectivamente, si se miraba desde otra perspectiva, podía hacerse tal interpretación. Era un punto de vista que Erica había pasado completamente por alto. Si Erica era rechazada por Harold, se reduciría el número de rivales para Leafa. Mientras fingía simpatía, en realidad, crearía un escenario en el que ella podría derribar a sus enemigos. «Leafa... Tú también podrías servir para la política». -Erica «¿Eso es un cumplido?» -Leafa «Sí, por supuesto.» -Erica Cuando se sentaron frente a frente por un momento, Leafa estalló en carcajadas, y sus rostros se encontraron, riendo suavemente. Erica se dio cuenta de que por fin había conseguido mostrar una sonrisa sin rastro de sombra: una sonrisa genuina. Conocer a Leafa y convertirse en amigas íntimas sería, sin duda, una baza importante para Erica. Puede que no fuera fácil de inmediato. Pero no por el bien de Harold, sino por el propio deseo de Erica de serle útil. Poco a poco, paso a paso, ella cambiaría su perspectiva hacia Harold. (Lo que hay que hacer para eso no es una pregunta con respuesta fácil, pero al menos al final de este viaje...). Decidida, Erica volvió a sus tareas con el corazón un poco más alegre. Sentía que podía cambiar, no precipitadamente, sino con constancia. Lo sentía de verdad. A la mañana siguiente, Yuno le trajo un informe de un ataque de monstruos en la pintoresca ciudad de Baston, parecido a los sucesos que se habían desarrollado en Travis, y que, Harold, enredado en el caos, había desaparecido. Nota del autor: La parte 5 llega a su conclusión por ahora. TL Nota(s): \[1\] «Lifa/Liefa» cambiado a «Leafa»
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Banderas de la Muerte (Novela) Capítulo 125

Estás leyendo el capítulo 125 de Banderas de la Muerte (Novela), un novela. Un estudiante universitario, Kazuki Hirasawa, al volver en sí, notó que ha poseído el cuerpo de un personaje de un juego. Ahora, él era Harold Stokes, la figura más odiada de la historia que lleva el título 「Rey… Este capítulo tiene publicado el 8 de septiembre de 2024, Traducido por el grupo Crowli. Banderas de la Muerte (Novela) tiene 130 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.