arrow_back

Leer Banderas de la Muerte (Novela) Capítulo 124 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
10 minutos Nuclear Esquivando el garrote blandido por el orco, Sid cercenó sin piedad su indefenso brazo derecho. El orco, que chorreaba sangre y emitía una voz de agonía, no pudo sostener sus gritos durante mucho tiempo. Esto se debió a que Irene se le acercó sigilosamente por detrás, cortándole la garganta. «¡Irene! El siguiente viene por la derecha!» -Sid «¡Lo sé!» -Irene Los dos continuaron derrotando a los monstruos que se acercaban con movimientos sincronizados, sin bajar la guardia en ningún momento mientras se preparaban para el siguiente enemigo. «¡Hmph!» Mientras tanto, Keith se ocupaba sin esfuerzo incluso de los monstruos a gran escala, reduciéndolos sin esfuerzo. Por supuesto, esto era posible porque Sid y los demás poseían las habilidades necesarias. Sin embargo, la razón por la que los tres podían manejar la situación con tanta facilidad se entendía sin necesidad siquiera de pensar en ello. «Sigues siendo tan increíble como siempre», murmuró Sid, incluso en medio de la batalla en curso. Su mirada se posó en Harold, que contenía continuamente a una horda de monstruos con movimientos que desafiaban cualquier descripción. Si el trío ocupara el lugar de Harold, sería engullido por la horda de monstruos en un instante. Era por saber esto por lo que Sid podía comprender el alcance de la extraordinaria fuerza de Harold. Los sinceros sentimientos de Sid no podían evitar reconocer que su yo actual ni siquiera podía igualar al Harold de hacía cinco años. Y ahora, Harold se había vuelto significativamente más fuerte en comparación con su yo del pasado. No podía atribuirse únicamente al talento. Sid creía que Harold debía de haber sufrido más esfuerzo y experiencia de combate que él mismo. Y ahora ejercía ese poder acumulado con todas sus fuerzas, no por su propio bien, sino para proteger a los débiles. Mirando hacia atrás, ocurrió lo mismo durante la Batalla del Bosque de Bertis. Sid comprendía ahora que Harold se había arriesgado al ponerse el uniforme del ejército del Imperio Sariano para llamar la atención de los caballeros, todo para reducir el número de bajas y heridos. (Por eso puedo creer en él... ¡No, esta vez quiero creer en él!) Sid se había arrepentido de no haber creído de todo corazón en Harold hacía cinco años. Había pensado que viviría cargando con ese remordimiento. Pero, por algún giro del destino, se habían reunido una vez más, y Sid se encontró en una situación en la que Harold estaba a punto de hacer algo imprudente. «Ya me he arrepentido bastante». -Sid Sid no sabía lo que Harold sentía realmente por él. Por eso no quería dejar solo a Harold Stokes, un hombre al que consideraba un camarada y un amigo. «Pues yo siento lo mismo». -Irene Incluso sin haberlo expresado, Irene parecía entender claramente lo que Sid lamentaba. «¡Entonces lo primero es que sobrevivamos todos juntos!» -Sid «¡Por supuesto!» -Irene ◇ (Oigo una conversación desagradable....) Harold continuó masacrando monstruos, mientras prescindía cuidadosamente de los que el grupo de Sid podía manejar. Saber que no tenía que enfrentarse a todos ellos le proporcionaba cierta tranquilidad mental, permitiéndole centrarse en la batalla en curso sin perder de vista la situación a sus espaldas. Fue entonces cuando oyó a Sid e Irene enzarzados en una conversación. No pudo distinguir los detalles exactos, pero captó frases que sonaban como el izado de una bandera, algo parecido a «¡Tenemos que sobrevivir todos juntos!». En ese momento, deseó que no añadieran más banderas a la mezcla. Sin embargo, la evacuación de los residentes debería terminar pronto. Una vez que les llegaran esas noticias, ya no habría necesidad de enfrentarse a los monstruos. Cuando las manecillas del reloj se acercaban a las últimas horas de la noche, por fin llegó el momento tan esperado. «¡Jefe!» -Keith Un zumbido penetrante llenó el aire, acompañado del sonoro grito de Keith que parecía ahogarlo. Mirando hacia arriba, Harold vio como tres bengalas blancas consecutivas eran lanzadas al cielo. Esa era la señal que indicaba la finalización de la evacuación. «¡Preparaos todos para la retirada! Cualquiera que sea sorprendido holgazaneando será dejado atrás!» En este punto, no había necesidad de contenerse. Harold desató un aluvión de hechizos de alto nivel, consumiendo una gran cantidad de energía mágica, para frenar el avance de los monstruos. Despejando rápidamente la primera línea de monstruos, Irene contempló la escena con expresión exasperada y dijo: «Sabes... Si lo hubieras hecho desde el principio, habría sido mucho más fácil, ¿no?». Ojalá pudiera hacerlo, pero incluso Harold se quedaría sin fuerzas si soltaba continuamente hechizos de alto nivel contra las interminables oleadas de monstruos. Sería una tontería esprintar a toda velocidad desde el principio de un maratón cuando ni siquiera sabías cuántos kilómetros tenías que correr. «Hmph, ¿eres idiota? No, tú eres un idiota». -Harold «...Recuérdalo más tarde». -Irene Aunque parecía que Irene tenía algo más que decir, entendía la situación lo suficientemente bien como para no soltarlo ahora mismo. Retrocedió en silencio. Seguramente, una vez que escaparan a salvo, daría rienda suelta a sus quejas y frustraciones. Pero primero, tenían que escapar. «¡Vamos!» -Harold «-- ¿A dónde se dirigen?» Justo cuando estaban a punto de precipitarse hacia delante, la voz de una chica joven, fuera de lugar en esta situación, llegó a sus oídos Una sensación escalofriante se apoderó de Harold al oír esa voz, haciéndole girarse bruscamente. Ante él se extendía una montaña de cadáveres de monstruos. Los monstruos restantes, aún con vida, emergieron lentamente de las sombras, con su comportamiento transformado desde hacía unos momentos. Paso a paso y con cautela, empezaron a acercarse, abriéndose paso entre la pila de cuerpos sin vida. Atrapado por un espectáculo espeluznante, Harold se vio dividido entre las opciones de luchar o huir. Al acercarse, los monstruos se detuvieron. Luego, con movimientos controlados, se separaron, dejando ver a una muchacha menuda en medio del grupo. Su cabello, de un tono castaño, caía en cascada hasta su cintura como si pudiera tocar el suelo. Llevaba un sencillo vestido blanco, sin adornos, que dejaba entrever sus esbeltas extremidades. Por alguna razón, Sarah, la hija de Finnegan, había venido a este lugar. Con sus ojos azul cielo, miraba penetrantemente a Harold. (¿Azul celeste...? Recuerdo que los ojos de Sarah eran de un color similar al de su pelo... ¡no, eso no está bien! En lo que debería centrarme ahora mismo es-) Sus pensamientos no lograban encajar coherentemente en esta absurda situación. Sin embargo, Harold consiguió pronunciar algunas palabras. «...¿Por qué estás aquí? No... ¿Quién eres?» -Harold «Estás sorprendido, ¿verdad? Por esta chica... no, por mí». -Sarah\[1\] Su voz encajaba perfectamente con la de Sarah. Sin embargo, sus ademanes se parecían innegablemente a los de aquel hombre. Con convicción, Harold pronunció su nombre con amargura. «¿Qué significa esto...? ¿Qué haces, Justus Freud?». -Harold «Mostró una reacción de sorpresa ante esta aparición, pero al instante reconoció que era yo, Justus. Bastante fascinante, Harold». -Justus Sin ninguna intención de ocultar la verdad, la chica con forma de Sarah admitió abiertamente ser Justus. Ignorando al desconcertado Harold y a sus compañeros, comenzó a hablar despreocupadamente. «Es una reacción mayor de la que esperaba. En otras palabras, la aparición de esta niña en esta situación os ha sorprendido. Sin embargo, a pesar de no conocer mi verdadera identidad, os habéis dado cuenta al instante de que era yo... Si fuera en circunstancias normales, ¿tenía que estar aquí? No, incluso en ese caso, sería un pensamiento descabellado... El hecho de que sea lo primero que te viene a la mente... Ya veo». -Justus «Oye, qué estás murmurando...» -Harold «Harold, no anticipaste mi aparición ni la de este niño. Sin embargo, ¿tú 'sabías' que yo podía existir dentro de otra persona?.» -Justus «¿Qué... qué estás...?» -Harold «Parece que hay una mezcla de elementos conocidos y elementos desconocidos dentro del estado actual de los asuntos...... Ya veo, tu 'precognición' parece ser mucho más imperfecta de lo que yo había imaginado.» -Justus Precognición. Finalmente, esas palabras escaparon de los labios de Justus. Harold se había preparado para la posibilidad de ser descubierto algún día, pero ahora que realmente había sucedido, el impacto seguía siendo profundo, congelando su cuerpo en el lugar. Justus, el jefe final, había percibido la mayor ventaja de Harold, su conocimiento de la obra original, o mejor dicho, su capacidad para «conocer el futuro». A partir de ahora, Justus actuaría bajo el supuesto de que Harold tenía cierto grado de previsión. «Un poder intrigante, sin duda. Me habría gustado explorarlo más a fondo si hubiera tenido tiempo». -Justus De repente, Justus levantó la mano derecha, y los instintos de Harold percibieron un peligro, distinto a todo lo que había sentido antes. «¡Corre!» Harold recuperó la compostura y gritó. Sid y los demás, sintiendo la urgencia en el grito desesperado de Harold, corrieron hacia la puerta principal. Quizá no comprendían la situación tan bien como Harold, pero su rápida reacción demostraba que estaban realmente bien entrenados. Sin embargo, Harold corrió en dirección contraria, directo hacia Justus. Esta era una escena que no estaba presente en la obra original, circunstancias claramente desfavorables. Pero si podía dejar impotente aquí al Justus predespertado, significaría romper la mayoría de las banderas de la muerte. Eso pensaba Harold, aunque en retrospectiva se daría cuenta de que no pensaba con claridad, de que le había cegado su ambición. Sin embargo, en un estado de fatiga física y agitación mental, cuando la oportunidad de aprovechar su ansiado futuro se presentaba ante sus ojos, era difícil contenerse. Si la conciencia de Justus podía sobrescribir las personalidades de los demás, como había hecho con Ventos, Lilium y Finnegan, entonces debía existir la posibilidad de despertar el verdadero yo de Sarah con el poder de la espada, igual que antes. Por lo tanto, esa espada no alcanzaría a Justus. Justo antes de que la empuñadura de la espada de Harold golpeara a Justus, alguien le agarró del brazo derecho. Entonces, se escucharon dos voces. «Desafortunadamente, Harold...» «Ese fue un mal movimiento». Una voz pertenecía a Sarah, mientras que la otra era una voz familiar, más familiar incluso que la de Sarah. Y sin embargo, ambas sonaban como las palabras de Justus. «¿Qué... qué es esto?» -Harold Las emociones de Harold eran un torbellino, una mezcla caótica de ira, asombro y quizá incluso pena. Sin comprender del todo su propio estado de ánimo, soltó el nombre del hombre que le agarraba del brazo, como si liberara un torrente de pensamientos y sentimientos revueltos. «¡¡¡CODY!!!» -Harold Allí estaba Cody Ruggier, con sus ojos azul cielo, como los de Sarah.
Banderas de la Muerte (Novela)

Continúa leyendo

Banderas de la Muerte (Novela)

Capítulo 125

Siguiente Capítulo ›

Banderas de la Muerte (Novela) Capítulo 124

Estás leyendo el capítulo 124 de Banderas de la Muerte (Novela), un novela. Un estudiante universitario, Kazuki Hirasawa, al volver en sí, notó que ha poseído el cuerpo de un personaje de un juego. Ahora, él era Harold Stokes, la figura más odiada de la historia que lleva el título 「Rey… Este capítulo tiene publicado el 8 de septiembre de 2024, Traducido por el grupo Crowli. Banderas de la Muerte (Novela) tiene 130 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.