Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 9 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
\*Fssss...\*
Apenas intercambiadas un par de frases telepáticas, la pequeña tira dorada que Ye Xingge sostenía en la mano experimentó una nueva mutación.
Al instante, la imponente dama de ropajes carmesíes volvió a materializarse a su lado, cogida de su mano derecha. Sus rasgados ojos de flor de durazno recorrieron con frialdad el estudio y el cadáver desplomado sobre la mesa, arrugando el ceño:
"Murió por la técnica del Sable de las Ocho Direcciones; fueron los propios espías del Salón de los Ocho Pilares. Tras la desaparición de Jiang Baichuan, la tapadera de este hombre quedó al descubierto; mantenerlo con vida era un riesgo inútil, de modo que silenciarlo para no delatar a sus superiores era el paso lógico. Por esa misma razón te insistí en que vinieras a plantar las pruebas antes de que fuera tarde. ¿Acaso le tienes miedo a un muerto?"
Ye Xingge permanecía junto al umbral. Tras echarle un vistazo al difunto ensangrentado, desvió la mirada hacia la deslumbrante mujer vestida de rojo que acababa de brotar de la nada como un espectro y abrió los brazos con incredulidad:
"¿Acaso crees que mi problema es el cadáver? La próxima vez que vayas a hablarme en la cabeza, ¿podrías al menos avisar primero? No sé, inventar una campanilla... ¡un ding-dong o algo similar!"
"Menuda pérdida de tiempo; ya te acostumbrarás."
Hong Yu no estaba para monsergas. Sin soltar la mano de Ye Xingge, franqueó resuelta el umbral del estudio y recorrió con mirada analítica cada rincón del aposento. Al comprobar que no había anomalías, alzó con altivez la barbilla:
"¿Sabes ya cómo disponer los falsos indicios o prefieres que tu hermana mayor te enseñe?"
Habiendo colaborado durante años con las autoridades comarcales, Ye Xingge conocía a la perfección el funcionamiento de la justicia imperial.
De acuerdo con el plan inicial de la cabecilla rebelde, él debía recorrer tres condados distintos, lo que sumado a la ida y vuelta desde su posada suponía trazar un gigantesco círculo por cuatro puntos geográficos, capturando sospechosos, sonsacando confesiones y cobrándose la cabeza de los fugitivos por el camino.
Completar semejante hazaña en media noche resultaba físicamente inviable.
Por añadidura, si un simple posadero aparecía ante las autoridades afirmando haber hilvanado él solo semejante cadena probatoria —la cual incluía pistas fabricadas de su propia cosecha—, la historia apestaría a patraña y despertaría de inmediato las sospechas del Pabellón Guantian.
Por lo tanto, el procedimiento más sensato y creíble era otro:
Primero, sembraría en aquel lugar un indicio falso meticulosamente diseñado; luego daría media vuelta hacia Muyang, capturaría a Jiang Baichuan y regresaría triunfal a Qingxi a reclamar méritos ante Luo Xuanqing.
Al ver que capturaba a un prófugo crucial, la Jueza de las Flores lo miraría con renovado respeto. Tras arrancarle a Jiang Baichuan bajo tortura la pista de la casa de empeños de Dahe, Ye Xingge se ofrecería como voluntario para guiar a los Oficiales de Túnica Bordada hasta el negocio, permitiendo que fueran las propias tropas imperiales quienes 'descubrieran por casualidad' la pista que él mismo había dejado.
A partir de ahí, podría lanzarse con legitimidad hacia Linyang junto a la comitiva imperial, localizar a Yang Tuyan antes que nadie y arrebatarle el brazalete hereditario como un trofeo de guerra incuestionable.
Sin embargo, el asesinato de Zhang Shunyuan introducía una variable peligrosa: si los alguaciles locales del Pueblo Dahe encontraban el cadáver antes de tiempo, podrían arruinarle la exclusiva.
Y en el peor de los casos, si la comandante Luo decidía no enviarlo a él sino a otros agentes imperiales y estos descifraban la pista y liquidaban a Yang Tuyan por su cuenta, a Ye Xingge le resultaría imposible reclamar el brazalete místico.
En consecuencia, el indicio que dejara debía ser endiabladamente intrincado: un rompecabezas que nadie en este mundo pudiera resolver... excepto él mismo.
De ese modo, incluso si las autoridades locales o los guardias de la capital se adelantaban al hallar el cuerpo, él podría intervenir con la coartada de descifrar el acertijo en calidad de asesor comarcal, manteniendo el control absoluto de la operación.
Convencido de la brillantez de su lógica, Ye Xingge compartió su razonamiento con Hong Yu.
La dama escuchó con atención y asintió levemente:
"Has considerado los riesgos con bastante agudeza. No obstante, urdir una pista que nadie más sea capaz de desentrañar no es tarea sencilla."
"En eso soy un maestro..."
Ye Xingge rebuscó en su memoria los principios de la criptografía elemental y paseó la mirada por las estanterías de caoba hasta dar con un ejemplar de la \*Gaceta de Guantian\*.
Aquella publicación era una revista periódica editada por impresores de la capital que salía al mercado dos veces por mes, a principios y a mediados de cada luna. En sus páginas se recopilaban anécdotas del Jianghu, crónicas de hazañas marciales y la prestigiosa clasificación de la Lista Dorada.
Ye Xingge estaba suscrito desde hacía años y solía informarse a través de ella sobre las figuras más prominentes del mundo marcial. Tras hojear con detenimiento el boletín, se detuvo en una página concreta, extrajo un pliego de papel en blanco y, comparando los caracteres impresos, comenzó a perforar con la cuchilla pequeños orificios milimétricos.
Obligada a sostenerle la mano derecha, Hong Yu colaboraba sujetando el libro con la otra mano. Al observar cómo horadaba el pliego, enarcó una ceja:
"¿Pretendes utilizar el viejo método de revelación por perforación?"
Ye Xingge continuó perforando con pulso milimétrico:
"Exacto."
Hong Yu lo miró con escepticismo:
"Es un método ingenioso, pero si el juzgado interviene el documento, a los letrados oficiales no les costará demasiado descifrarlo."
Ye Xingge sonrió con una seguridad desbordante:
"Esta es tan solo la primera capa del engaño; lo verdaderamente diabólico viene después."
"¿De veras?"
A medio camino entre la curiosidad y la duda, Hong Yu ladeó el rostro y se inclinó sobre el pliego para examinarlo de cerca.
Al acortar la distancia de manera tan abrupta, la monumental silueta de su escote invadió el campo visual de Ye Xingge. De reojo, el muchacho no pudo evitar maravillarse ante una voluptuosidad tan imponente que bien merecía calificarse como una providencia celestial de dimensiones colosales.
Sin embargo, templó sus impulsos y no se dejó distraer. Una vez concluida la perforación de la plantilla, enarcó las cejas con orgullo:
"¿Qué te parece?"
Hong Yu, que ya sentía la cabeza embotada ante semejante juego de laberintos numéricos, se limitó a chasquear la lengua:
"No está mal, tienes tus destellos de astucia. Date prisa en guardarlo; todavía tenemos que cabalgar hasta el Condado de Muyang..."
Ye Xingge no perdió el tiempo en vanaglorias. Junto a Hong Yu inspeccionó minuciosamente el estudio para asegurarse de no haber dejado huellas delatoras, ocultó el pliego entre las hojas de un libro de contabilidad y se deslizó sigilosamente fuera de la estancia.
A sus espaldas, la habitación sumida en la penumbra recuperó su silencio sepulcral, custodiada únicamente por el cadáver inerte del prestamista...
...
Sin embargo, la quietud del despacho apenas duró media hora.
\*Fiu, fiu...\*
Un susurro de viento apenas perceptible precedió la caída de cinco sombras desde los aleros del tejado. Las siluetas se proyectaron sobre el papel translúcido de la celosía y, acto seguido, la puerta se abrió con lentitud.
Una figura ataviada con una capa negra como la noche asomó la cabeza al interior del despacho, recorrió la escena con ojos adiestrados y susurró hacia atrás:
"Señora, Zhang Shunyuan está muerto. ¿Qué ordenáis?"
\*Tap, tap...\*
Un rumor de pasos gráciles resonó en el pasillo exterior.
Una mujer envuelta en un manto idéntico avanzó con porte sereno hacia el umbral. Aunque vestía los mismos ropajes austeros que sus cuatro subordinados, cada uno de sus andares y gestos destilaba una distinción aristocrática y un refinamiento tan exquisito que saltaba a la vista que no pertenecía al bajo mundo del Jianghu, sino a la más encumbrada nobleza terrateniente.
Y así era en efecto.
La dama respondía al nombre de An Yurou, distinguida en la corte con el título oficial de Señora del Condado de Anyang; en el mundo clandestino, no obstante, operaba bajo el alias de 'Golondrina del Sur', actuando como la principal espía de la Dinastía Zhou Posterior en las entrañas de la capital enemiga.
Tras la incursión de Yang Tuyan en los arrabales metropolitanos aquella mañana, An Yurou había recibido los despachos pertinentes.
Yang Tuyan era el descendiente del antiguo Marqués de Liaodong de la Gran Dinastía Zhou. Durante el ocaso y la turbulencia del régimen imperial de Zhou, su clan había cometido la infamia de guiar a las hordas bárbaras del desierto septentrional al interior de la gran muralla, provocando el colapso territorial del imperio. Aunque los Ocho Pilares de Hezhong sofocaron la rebelión y exterminaron a la estirpe de los Yang, las Planicies Centrales cayeron en manos de la Dinastía Yan.
Para la lealtad dinástica de Zhou, los Yang eran los mayores traidores a la patria. Sin embargo, la premura de An Yurou por dar caza a Yang Tuyan no obedecía a un afán de revancha patriótica, sino a informes confidenciales que aseguraban que el rebelde, al ampararse en el Salón de los Ocho Pilares para infiltrarse en la capital, portaba consigo un arma de renombre legendaria: la daga 【Tigre que Salta el Torrente】, también conocida en el Jianghu como el 【Tigre Blanco】.
Aquel puñal albergaba la prodigiosa facultad de ejecutar muertes instantáneas a tres pasos de distancia. Antaño había figurado como una de las Diez Grandes Armas del Pabellón Hengjiang, hasta que una figura de inmenso poder político la robó en una emboscada, amenazando con desequilibrar el tablero tripartito de las Tres Dinastías.
Por esa razón, An Yurou había cabalgado a marchas forzadas tras el rastro de Yang Tuyan. Al contemplar la garganta cercenada del prestamista, frunció el ceño con frustración:
"¿Conocéis la identidad de algún otro enlace del Salón de los Ocho Pilares?"
Los cuatro espías intercambiaron miradas de impotencia. El lugarteniente dio un paso al frente:
"Los agentes operan bajo compartimentación estricta de una sola vía. No poseemos infiltrados de alto nivel dentro de su organización, de modo que ignoramos quiénes conforman sus redes en la capital. No obstante, Zhang Shunyuan debía coordinarse con sus contactos superiores e inferiores; tal vez haya dejado alguna anotación en este despacho."
"El Salón de los Ocho Pilares no es una pandilla de aficionados", replicó An Yurou con frialdad. "Si se tomaron la molestia de ejecutarlo para silenciarlo, ¿iban a cometer la torpeza de regalarle pistas a las autoridades imperiales?"
"Nunca se sabe; a veces hasta los más veteranos cometen descuidos que dejan cabos sueltos."
Mientras argumentaba, uno de los subordinados, dotado de una ligereza asombrosa, se acercó al escritorio y comenzó a registrar sistemáticamente los cajones y estantes.
¡Y para su sorpresa, el esfuerzo rindió frutos de inmediato!
Tras apenas unos minutos de pesquisa, sus dedos tantearon el lomo de un libro de contabilidad y extrajeron de su doble fondo un pliego de papel blanco.
La hoja estaba salpicada de pequeños orificios recortados de forma aparentemente caótica, sin un solo trazo de tinta sobre su superficie.
An Yurou se quedó perpleja. Se acercó a la luz de la vela y sus ojos almendrados destellaron con asombro:
"¿Una plantilla de perforación?"
Los cuatro agentes eran profesionales del espionaje y dominaban las técnicas clásicas de transmisión clandestina. De inmediato escanearon la biblioteca y no tardaron en extraer el ejemplar de la \*Gaceta de Guantian\*.
Tratar de codificar mensajes secretos sobre textos clásicos inmutables resultaba sumamente complejo; en cambio, una gaceta comercial de tirada quincenal permitía a cualquier remitente pagar inserciones anónimas. Bastaba con poseer la plantilla adecuada para que el receptor descifrara las coordenadas con facilidad.
El espía abrió la publicación y comenzó a deslizar la plantilla perforada página por página. Al llegar a la página ocho, los bordes encajaron con una precisión milimétrica: ¡cada uno de los agujeros reveló un carácter impreso en el papel inferior!
An Yurou sintió un chispazo de triunfo y leyó con avidez la secuencia descubierta:
"Tres, siete, cuatro, dos..."
Los cuatro subordinados se rascaron la cabeza, sumidos en la más absoluta incomprensión.
An Yurou también se sumió en un profundo dilema. Tras meditar unos instantes, dedujo con aplomo:
"Deben de ser coordenadas de filas y columnas: tercera fila, séptima columna; cuarta fila, segunda columna..."
"¡Cierto! La sagacidad de la señora no tiene igual...", alabaron los guardias entusiasmados.
Siguiendo la cuadrícula imaginaria sobre la página de la gaceta, el espía fue señalando los caracteres correspondientes hasta componer un nombre de tres sílabas:
"Li... Yun... Tu..."
Un silencio pesado y denso cayó sobre los cinco espías de la Dinastía Zhou.
Se miraron entre sí con rostros desencajados, balbuceando con incredulidad:
"¿Li Yuntu? Ese nombre suena demasiado familiar..."
"¡El Canciller Imperial Li Mi! Su nombre de cortesía es Yuntu... la máxima autoridad burocrática del imperio, el líder absoluto de los Seis Ministerios..."
"¡¿El mismísimo Primer Ministro Li es un espía infiltrado del Salón de los Ocho Pilares?!"
"¡Menuda estupidez!", espetó otro subordinado. "Al Canciller Li solo le falta el trono para estar en la cúspide del poder imperial; ¿qué necesidad tendría de servir a unos rebeldes del desierto? E incluso si fuera un traidor, jamás permitiría que un miserable encargado de empeños de pueblo conociera su identidad secreta..."
Los cinco espías cayeron en un torbellino de conjeturas descabelladas, temerosos de profundizar en una trama que amenazaba con aplastarlos.
An Yurou, con la mente sumida en la perplejidad, volvió a escudriñar la plantilla perforada en busca de alguna otra pista oculta.
Fue entonces cuando reparó en cuatro diminutos pinchazos del tamaño de un grano de sésamo repartidos por las esquinas del papel, los cuales parecían errores fortuitos de corte que no coincidían con ningún carácter del texto.
En el arte del espionaje, las aparentes imperfecciones en un documento cifrado solían albergar la verdadera llave del enigma.
Sin embargo, tras repasar en vano todos los manuales de criptografía conocidos, An Yurou fue incapaz de descifrar su propósito. Desconcertada, se vio obligada a ordenar:
"No podemos desentrañarlo aquí. Guardad el documento y la gaceta; nos los llevaremos a la base para estudiarlos con calma."
Los subordinados, que ya sentían puntadas de migraña ante semejante rompecabezas, suspiraron con evidente alivio:
"Sin duda alguna, los métodos del Salón de los Ocho Pilares rozan la perfección de la cautela..."
"Comparados con semejante nivel de sofisticación, nuestros métodos habituales de enlace parecen las chapuzas de una pandilla de novatos..."
Sin demorarse un segundo más, los cinco espías recogieron las pruebas codificadas y se desvanecieron en la oscuridad de la noche...
...
Por su parte, en el camino hacia Muyang.
La comarca de Muyang distaba más de cuarenta li del Pueblo Dahe.
Tras dejar plantado el señuelo en la casa de empeños Shunyuan, Ye Xingge cabalgaba a rienda suelta bajo el manto estrellado, aprovechando el silencio del trayecto para contrastar detalles a través de la tira dorada:
"¿Estás completamente segura de que la esposa del capitán militar de Muyang es la amante secreta de Jiang Baichuan?"
Hong Yu, que supervisaba la marcha desde su reclusión espiritual en la posada, respondió con tono categórico:
"Antes de partir hacia la capital, mis informantes investigaron minuciosamente el historial de cada individuo vinculado a las rutas fluviales. Antes de ayer, Jiang Baichuan cabalgó personalmente hasta Muyang para encontrarse con la esposa del capitán en una residencia privada a las afueras..."
Al escuchar semejante escándalo, el espíritu curioso de Ye Xingge se encendió al instante:
"¿Y qué más averiguaron?"
La voz de Hong Yu se enfrió de golpe:
"La información procedía de mis exploradores, no de mí. Y aun si hubiera estado presente, ¿acaso crees que me rebajaría a espiar por las rendijas como un patán como tú?"
Ye Xingge sacudió la cabeza con fingida indignación:
"Si yo voy a mirar algo, lo hago a plena luz del día y de frente; ¿qué clase de hombre se escondería a espiar por las esquinas?"
"Hmph..."
Entre pullas y escaramuzas verbales, el perfil amurallado de una pequeña ciudadela emergió al borde de las llanuras.
Ye Xingge contuvo el paso del corcel, desmontó en una espesura a las afueras y cruzó las murallas desiertas con la soltura de una sombra hasta apostarse frente a la comandancia militar del Condado de Muyang.
Dado el estado de alarma decretado por las autoridades de la prefectura tras los incidentes en el vado, la guarnición militar trabajaba a destajo. Varios destacamentos de alguaciles patrullaban las avenidas adyacentes y las dependencias oficiales resplandecían con antorchas encendidas.
Como mandaba la tradición arquitectónica, las oficinas públicas ocupaban la crujía delantera del recinto, mientras que las habitaciones privadas del mando comarcal se extendían en la trasera. Por lo tanto, la distinguida esposa del oficial debía reposar en los pabellones posteriores.
Ye Xingge se deslizó por un callejón adoquinado y se pegó al muro exterior de la sede. A través del ladrillo pudo percibir la voz encolerizada de un alto oficial amonestando a sus subalternos:
"¡¿Acaso creéis que esta comandancia es un burdel de mala muerte donde cualquiera puede entrar y salir a su antojo?!"
"Señor Wang, le aseguro que era imposible impedirlo. Con la recompensa que pesa sobre la cabeza de Yang Tuyan, expertos del bajo mundo y cazadores de recompensas han tomado las calles. En el transcurso de una sola noche han irrumpido más de una docena de figuras formidables; se mueven con la rapidez del viento y no dejan rastro..."
"¿Qué se han llevado del juzgado?"
"No falta ningún objeto de valor; sin embargo, los archivos y legajos enviados desde la capital han sido registrados minuciosamente, así como los registros tributarios de las familias notables del condado. Sospechamos seriamente que se trata de los fanáticos de la Secta Guiyuan..."
"¡Pues poned a toda la guardia a investigar!"
...
'¿La Secta Guiyuan...?'
Al escuchar aquel nombre, Ye Xingge frunció el ceño con una alarma instintiva.
En el tablero del Jianghu, la Secta Guiyuan era una facción singular y temible: se los conocía popularmente como la 'Secta de la Envidia Sangrienta'. Jamás conspiraban para derrocar tronos ni predicaban cultos religiosos; su única y enfermiza devoción consistía en cazar guerreros de renombre, masacrarlos y despojarlos de sus armas famosas y artefactos mágicos.
Aunque sus miembros no eran numerosos, poseían una red de espionaje sobrecogedora. En cuanto un artista marcial revelaba imprudentemente la posesión de un arma mágica y quedaba desprotegido, aquella jauría de sabuesos no tardaba en caer sobre su presa sin tregua.
En el pasado, Ye Xingge jamás se habría preocupado por semejantes fanáticos; sin embargo, en esos momentos llevaba encima una de las Doce Armas Divinas de la creación. Si caía en el radar de aquellos perros de presa, los problemas se multiplicarían de manera descontrolada.
Apretando la tira dorada contra sus labios, murmuró en secreto:
"Belleza mía, ¿qué asuntos traen por aquí a los de la Secta Guiyuan?"
Acostumbrada a los peculiares apodos del muchacho, Hong Yu replicó con parsimonia:
"Yang Tuyan porta un arma de renombre de primer orden; no es de extrañar que esa jauría ande husmeando tras su rastro. No obstante, si el juzgado ya advirtió su presencia significa que los intrusos abandonaron el edificio hace rato. Despreocúpate."
"Menos mal..."
Aliviado en parte, Ye Xingge se cubrió el rostro con un pañuelo de seda negra para no ser identificado, avanzó con sigilo por la callejuela y trepó sin hacer ruido hacia la tapia trasera de la residencia privada del capitán militar...
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• Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē)
• Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 9 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.