Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 8 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La luna llena reinaba en lo alto de la bóveda celeste.
A unos cien pasos de la posada, encajada entre una hilera de viejas construcciones, se alzaba una espaciosa vivienda de dos patios.
El paso inexorable de los años había dejado huellas de desgaste en los muros, pero el interior se mantenía pulcro y perfectamente ordenado.
En el patio delantero reposaban candados de piedra, postes de entrenamiento marcial y diversos artilugios de madera que Ye Xingge solía utilizar durante su infancia, como un caballito balancín. En el establo lateral aguardaba un soberbio corcel blanco de pelaje tan lustroso como la seda y ancas de musculatura tan maciza y torneada que evocaban la rotundidad de la propia Hong Yu, irradiando una potencia física desbordante.
Ye Xingge franqueó la tapia de un salto ágil y aterrizó sobre la tierra apisonada del patio. Al recorrer con la mirada la soledad de la vieja morada familiar, no pudo evitar una punzada de resignación.
En aquella vida no había comenzado como un huérfano solitario; sus padres seguían vivos y gozaban de buena salud, y contaba además con un segundo tío. El mes pasado, la familia había adquirido un local comercial en la lejana capital imperial para inaugurar la primera 'sucursal de la Posada Wujian', marchándose todos juntos para poner a punto el nuevo negocio.
En cuanto a la razón por la cual lo habían dejado solo al cuidado de la vieja posada del condado, el motivo era vergonzosamente simple: cargaba con un karma asesino tan desmedido que había espantado por completo a la clientela. La familia temía con pavor que, si lo llevaban a la capital, terminara arruinando también el nuevo establecimiento.
Ye Xingge acudía con frecuencia a socorrer al juzgado comarcal, y los muertos que dejaba a su paso eran siempre forajidos o salteadores de caminos; los lugareños lo sabían de sobra. Sin embargo, los vecinos del pueblo apenas necesitaban hospedaje, y quienes arribaban a la posada solían ser mercaderes y viajeros itinerantes del norte y del sur.
Cualquier forastero que recalara en Qingxi en busca de posada preguntaba inevitablemente si el mesón era seguro.
Y si por casualidad le consultaban a algún anciano desocupado en la esquina, este solía soltar con orgullo campirano:
"¿La Posada Wujian? ¡Segura a más no poder! El muchacho de los Ye es famoso por sus puños; tan solo en la primera mitad del año liquidó a cuatro o cinco rufianes. Goza de un respaldo férreo ante el magistrado y todos lo conocen como el Pacificador de Qingxi..."
Para los oídos de un forastero, semejante descripción equivalía a la de un matón comarcal intocable, un sicario que solo recordaba las leyes cuando cruzaba las fronteras del condado...
¿Quién con dos dedos de frente se atrevería a dormir bajo su techo?
Como resultado natural, el negocio se fue a pique.
Tras suspirar por su precaria reputación comercial, Ye Xingge no perdió un segundo más. Condujo al corcel blanco fuera del establo, montó de un salto y abandonó la residencia al trote.
Para atrapar a Hong Yu, la Jueza de las Flores había desplegado una cantidad abrumadora de efectivos.
Ye Xingge no tardó en toparse con patrullas de oficiales imperiales recorriendo las calles. Al doblar una esquina céntrica, divisó al lugarteniente de Luo Xuanqing conversando con varios mandos militares en una intersección iluminada por antorchas.
A su lado, con el sable oficial ceñido a la cintura, se encontraba el condestable Wang Shouyin, quien gesticulaba y manoteaba en el aire como si imitara los saltos de un mono borracho.
'¿Eh?'
Intrigado, Ye Xingge espoleó al caballo y se aproximó:
"Tío Wang, ¿cuál es la situación?"
Al escuchar el eco de los cascos, los oficiales interrumpieron su charla y se volvieron. Wang Shouyin lo miró con sorpresa:
"Xingge, ¿no se suponía que debías atender a su señoría Luo en la posada? ¿Por qué has venido aquí?"
Ye Xingge desmontó de un salto y saludó con las manos juntas a los presentes:
"Su señoría Luo se ha retirado a descansar. Al quedarme sin quehaceres en el mesón, salí un momento a pasear al caballo."
"Ah."
Wang Shouyin no le dio mayor importancia y se apresuró a presentarlo:
"Este es el señor Chen Xuance, subcomandante de la División de Enjuiciamiento Penal. Justo ahora el señor Chen estaba hablando de ti."
Un subcomandante ejercía como la segunda autoridad de la división, lo que equivalía a un alto mando dentro del Pabellón Guantian. Ye Xingge hizo una reverencia respetuosa:
"Este humilde civil saluda al señor Chen."
Chen Xuance, un militar de cejas pobladas y ojos vivaces, sonrió abiertamente mientras estiraba un brazo para palpar con aprecio el hombro de Ye Xingge:
"El joven posadero sin duda esconde bien sus garras. Antes, en el mesón, este servidor jamás habría adivinado que albergabas semejante destreza marcial."
Los oficiales a su espalda asintieron con miradas de genuina aprobación:
"En verdad un joven prodigioso..."
Aquel trato cortés obedecía, sin duda, a que la humillante bofetada que Ye Xingge había propinado a Ruan Jinyu ya se había propagado entre los Oficiales de Túnica Bordada.
Ruan Jinyu encabezaba la División de Inspección, encargada del control disciplinario interno, y ejercía su labor con una saña implacable. En cierta ocasión, Chen Xuance se había comido un bollo al vapor durante una guardia rutinaria y el eunuco le había descontado una décima de plata del salario mensual.
Ver a aquel soberbio eunuco salir trasquilado y tragarse su propia furia ante el golpe fulminante de un muchacho había sido un auténtico bálsamo para la tropa. Chen Xuance, que acababa de pedirle al condestable Wang que reprodujera los movimientos del combate, preguntó con curiosidad:
"¿Acaso dominas el Boxeo del Mono, joven Ye?"
'¿Del mono...?'
Ye Xingge entreabrió los labios, conteniéndose para no desmentir en público las pantomimas de su tío:
"Pertenezco a la escuela mixta; también conozco algunos trucos del Boxeo del Mono. Si los señores oficiales hubieran estado presentes, este humilde civil jamás habría osado robarles el protagonismo..."
"No digas tonterías", intervino Chen Xuance agitando la mano. "Su señoría Luo no había impartido órdenes; si hubiéramos intervenido por nuestra cuenta, la División de Inspección nos habría abierto un expediente disciplinario al instante. Además, nosotros no podíamos rebajarnos a montar un duelo público; era una labor que solo un civil como tú podía desempeñar. Despreocúpate por represalias: si Ruan Jinyu se atreve a tocarte, su señoría Luo lo hará trizas en el acto. Eso sí, procura no quebrantar ninguna ordenanza imperial; en lo que concierne a la ley, si la División de Inspección te atrapa en una falta, nadie podrá interceder por ti."
"Por descontado, señor..."
Tras intercambiar un par de cortesías rutinarias, Ye Xingge sondeó el ambiente con naturalidad:
"Por cierto, ¿tienen hambre los señores oficiales? Si gustan, puedo regresar a la cocina y prepararles unos platos..."
Chen Xuance valoró el comedimiento del muchacho, pero respondió en voz baja:
"El tío Wang nos ha dicho que tu mano para la cocina supera incluso a tus puños; sin duda nos gustaría comprobarlo. Sin embargo, no hemos hallado rastro alguno de Rojo Pleno; organizar un banquete ahora resultaría improcedente. Ya brindaremos como es debido en el banquete de victoria..."
Ye Xingge sabía cocinar muy bien, pero si aquellos guardias llegaban a celebrar un banquete de victoria significaría que habían atrapado a Hong Yu, en cuyo caso él probablemente estaría entre rejas o bajo tierra. Fingió una sonrisa afable y desvió la mirada hacia la puerta de la muralla:
"Las calles del condado son demasiado estrechas y no permiten galopar sin importunar a los vecinos. ¿Está prohibido salir de la ciudad en estos momentos?"
Wang Shouyin sacudió la mano con desdén:
"Te conocemos desde que gateabas; no eres Rojo Pleno, así que puedes entrar y salir a tu antojo. No obstante, las noticias sobre Yang Tuyan han atraído a muchas alimañas del Jianghu; los senderos exteriores no son seguros esta noche."
Ye Xingge aprovechó el pie para tender su anzuelo:
"¿No es acaso una excelente oportunidad? Hace un momento, su señoría Luo me preguntó si me interesaba unirme a la División de Enjuiciamiento Penal. Por supuesto que ansío semejante honor, pero primero debo demostrar mi valía. Jamás podría medirme contra Rojo Pleno, pero si salgo a pasear al corcel y me tropiezo con un par de bandoleros..."
Al oírlo, Wang Shouyin comprendió sus intenciones y se apresuró a apoyarlo ante el comandante:
"¡Exacto! Este muchacho siempre ha tenido un corazón noble, además de una mente despierta y puños temibles. A lo largo de los años ha capturado a innumerables maleantes para el tribunal local; el magistrado Shen lo aprecia como a un hijo. Si no fuera porque el oficio de alguacil carece de porvenir político, lo habríamos reclutado hace tiempo..."
Chen Xuance vaciló un instante, pero al constatar que el joven solo buscaba una oportunidad para granjearse el favor de Luo Xuanqing, sonrió con comprensión.
Para un joven ambicioso era natural codiciar méritos militares. Con la fuerza necesaria para derribar de un solo golpe a un capitán imperial de túnica bordada, salir a caballo no representaba riesgo alguno para su vida.
Convencido, Chen Xuance desenganchó de su espalda un sable recto de dotación oficial y se lo arrojó:
"Tener esa iniciativa es loable. Sin embargo, no te alejes en exceso ni te precipites por codicia de méritos; si descubres algo sospechoso, envía primero una señal. De lo contrario, si te ocurre una desgracia, no sabré cómo rendirle cuentas a la comandante Luo."
"Ayudo constantemente a los alguaciles del condado, conozco mis límites. Agradezco profundamente la oportunidad, señor Chen."
Ye Xingge atrapó la empuñadura en el aire y juntó las manos con gratitud.
Chen Xuance tampoco esperaba que el muchacho capturara a una figura de renombre, por lo que despidió el asunto con tono jocoso:
"Márchate. Y si de verdad no encuentras bandoleros, tráenos a un par de rateros del muelle del río Yong; mañana me encargaré de reportarlo para que la comandante Luo sonría complacida."
"¡Entendido, muchas gracias, señor Chen!"
Con el salvoconducto implícito en el bolsillo, Ye Xingge se despidió de los oficiales, montó al corcel y cruzó el portalón de la muralla a galope tendido.
...
Poco después, en las dilatadas llanuras de Hexi.
"¡Arre!"
\*Clap, clap, clap...\*
El corcel blanco hendía la oscuridad nocturna como un relámpago de plata, levantando una estela de polvo sobre los pastizales.
El primer destino de Ye Xingge era el Pueblo Dahe, situado a unos veinte li de distancia, donde operaba la casa de empeños Shunyuan.
Aprovechando el trayecto solitario bajo la luz de la luna, comenzó a examinar la pequeña tira dorada que guardaba entre sus ropas.
Como una de las Doce Armas Divinas, el Látigo Purificador de Impurezas distaba de ser un objeto común: bastaba una sutil intención mental para que alterara a voluntad su longitud, flexibilidad y firmeza.
Al cruzar un tramo completamente despoblado, Ye Xingge probó a desatar un latigazo hacia la espesura del camino.
\*¡Paaash!\*
Un restallido seco y atronador hendió el aire. El látigo, extendido a más de dos varas, azotó los arbustos y astilló limpiamente una rama del grosor de una muñeca.
La fuerza física era imponente; no obstante, en combate real un látigo blando no se diferenciaba demasiado de cualquier arma flexible ordinaria. El verdadero poderío del arma residía en sus dos pasivas sobrenaturales capaces de torcer el destino. Dentro de las armas divinas, pertenecía a la categoría de artefactos auxiliares diseñados para salvar la vida y acelerar el cultivo, no para el choque frontal.
Sin embargo, Ye Xingge no pensaba blandirlo en público a corto plazo. La facultad mística de 【Reversión Vitalicia】 actuaba prácticamente como un seguro de vida invulnerable que forzaba la supervivencia y la huida; era un auténtico salvavidas supremo.
En cuanto a duplicar el cultivo marcial y prolongar los años de existencia mediante el cultivo dual...
Ye Xingge miró las ancas del corcel, bajó la vista hacia sus propias manos y pensó que ya iba siendo hora de buscarse una compañera adecuada.
Recordando los acontecimientos recientes, la figura esbelta y curvilínea de Luo Xuanqing poseía sin duda las mejores proporciones para la fertilidad...
Y la propia Hong Yu, con su voluptuosidad colosal y su porte imponente, poseía encantos que desafiaban cualquier comparación...
Mientras se deleitaba en aquellos devaneos mentales, una voz femenina resonó de pronto en su mente:
"¿En qué estás pensando?"
"¡¿Eh?!"
Ye Xingge pegó un respingo sobre la silla, oteó alarmado en derredor y, al comprobar que la llanura seguía vacía, se llevó la tira dorada al oído:
"¿Acaso no estabas durmiendo?"
La voz de Hong Yu denotaba una desconfianza glacial:
"Estaba descansando, pero el arma divina responde a las fluctuaciones del corazón y está conectada a mi colgante de jade. Si piensas en mí, el enlace se activa automáticamente. Dime... ¿en qué pensabas exactamente?"
"Ejem... ¿de verdad funciona así?"
Ye Xingge, que había estado elucubrando sobre atributos femeninos voluptuosos, desvió la conversación a toda prisa:
"Solo sentía curiosidad. Tenía entendido que la maestra Yunyu Lou únicamente te tenía a ti como discípula. Aquello de tomar un consorte para la secta..."
Al tocar aquel punto delicado, Hong Yu adoptó una rigidez solemne:
"Toda la Sociedad Shanhe está compuesta por discípulos de mi venerada maestra, y contamos con cientos de mujeres en nuestras filas, divididas entre la rama interna y la externa."
Hizo una pausa antes de añadir con sequedad:
"Yo soy la discípula principal directa, pero tengo varias hermanas menores legítimas. La instrucción de mi maestra consistía en que, si demostrabas estar a la altura en todos los aspectos, se te permitiría ingresar como consorte de mi segunda hermana menor..."
'¿Segunda hermana menor...?'
Ye Xingge jamás había oído hablar de semejante personaje en el Jianghu, por lo que inquirió con picardía:
"Si es así, ¿por qué la venerable Yunyu Lou no envió a tu segunda hermana en lugar de a ti?"
"Esto..."
Hong Yu deseaba con toda su alma haberle encasquetado aquella ingrata tarea a su insoportable hermana menor, pero la orden de su maestra había sido categórica e ineludible. Viéndose acorralada, replicó con aspereza:
"Mi hermana menor aún no domina nuestras artes marciales y no se atreve a pisar los dominios de Yongzhou. Deja de decir tonterías; comunícate cuando alcances tu destino. Corto."
"Vaya..."
Ye Xingge sonrió para sus adentros al comprobar lo rápido que la altiva dama había asimilado el modismo de 'cortar la llamada'.
Por la reacción evasiva de Hong Yu, el asunto del matrimonio nupcial era indudablemente real, pero la pretendiente no era ninguna hermana menor ficticia.
A fin de cuentas, la legendaria Yunyu Lou no estaba loca: enviar a una deslumbrante cuñada mayor a coordinar en solitario las misiones secretas de su futuro cuñado habría sido una imprudencia flagrante.
La actitud de escrutinio, recelo y aparente fastidio que Hong Yu le dispensaba desde el primer instante encajaba ahora a la perfección: ¡la candidata oficial no era otra que ella misma!
No obstante, Ye Xingge no abrigaba la menor intención de someterse como consorte dócil en ninguna secta ajena. Apartó las distracciones mundanas de su cabeza y avivó el paso hasta alcanzar los arrabales del Pueblo Dahe.
Dahe no estaba clasificado como punto neurálgico de conflicto; como las autoridades aún no habían dado con el patrón naviero Jiang Baichuan, ignoraban por completo que la casa de empeños Shunyuan actuaba como célula clandestina.
A esas horas intempestivas, las calles del pueblo descansaban en una calma sepulcral, alterada únicamente por el rumor lejano de algún destacamento de vigilancia.
Para evitar alarmar al vecindario, Ye Xingge internó al corcel en una arboleda espesa a las afueras, lo ató con soltura a un tronco y avanzó a pie empuñando el sable oficial.
Conocía los Cuatro Condados de Hexi como la palma de su mano. En breves minutos esquivó las patrullas y se apostó frente a la fachada principal de la casa de empeños Shunyuan.
El establecimiento constaba de una tienda comercial en la parte delantera y un complejo residencial en la trasera, completamente sumido en tinieblas.
Ye Xingge aguzó el oído: tras cerciorarse de que no se percibían ruidos, franqueó el muro del patio trasero y se deslizó hacia los pabellones privados del propietario.
Sin embargo, las habitaciones yacían a oscuras y no se escuchaba ni el más leve ronquido de un durmiente.
'¿Qué demonios?'
Sintiendo un mal presentimiento, Ye Xingge extrajo de su túnica la hoja con las notas de inteligencia:
Zhang Shunyuan, administrador general de la casa de empeños y enlace clandestino del Salón de los Ocho Pilares. Había enviado a su esposa e hijos a su comarca natal y vivía únicamente acompañado por unos pocos sirvientes...
¿Cómo era posible que no se oyera un alma en la residencia?
¿Habría escapado al advertir el peligro?
Vaciló un segundo, descendió con pies de plomo hacia el patio adoquinado y se aproximó a la puerta del estudio.
La hoja de madera se encontraba entornada unos milímetros, despidiendo una tenue pero inconfundible fragancia a hierro oxidado.
Sangre...
Apretando el ceño, Ye Xingge empujó la puerta con cautela y atisbó hacia el interior.
Bajo la frialdad de la luz de la luna que se filtraba por la celosía, divisó a un hombre desplomado sobre el escritorio de caoba. Tenía la cabeza ladeada sobre un charco viscoso y escarlata que empapaba los papeles y goteaba hacia el entarimado; estaba muerto de forma categórica.
Justo en el instante en que Ye Xingge tensaba los músculos y se ponía en guardia con el sable desenvainado, una voz etérea tronó en el interior de su cráneo:
"¿Cuál es la situación?"
"¡Hsss...!"
Ye Xingge dio un salto involuntario por la sorpresa y blandió el arma girando en redondo, a punto de sufrir un colapso cardíaco.
Al percatarse de que el estudio seguía vacío, se llevó la tira dorada a los labios y masculló con voz sofocada:
"¡Maldita sea, abuela mía! ¡¿Acaso intentas matarme de un susto?!"
"Solo te preguntaba qué estaba ocurriendo; ¿cómo iba a saber que te asustarías tanto?"
"Zhang Shunyuan está muerto; su cadáver todavía está caliente frente a mí."
...
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• Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē)
• Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子)
• Traductor: Inmensurable
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Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 8
Estás leyendo el capítulo 8 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.