Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 74 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Bajo la tenue luz de la luna que se filtraba desde el exterior, ambos brindaban copa tras copa.
Aunque el licor no se comparaba con el Yuchunshao, beber a solas en una habitación en mitad de la noche, hombre y mujer compartiendo un festín privado, tenía un encanto sumamente peculiar.
Al principio, Hongyu aún conservaba cierta pose ceremoniosa como líder de secta, fingiendo seriedad cada vez que el hombre se propasaba con bromas subidas de tono.
Sin embargo, tras unas cuantas copas, sus ojos terminaron curvándose en una sonrisa risueña, haciendo la vista gorda incluso cuando Ye Xingge soltaba descaros como: 'no tienen broche que las contenga, qué descomunales'.
No obstante, Ye Xingge de verdad había bebido de más y los vapores del alcohol se le subieron a la cabeza. Tras acompañarla durante un cuarto de hora y ver que la Gran Belleza ya estaba de buen humor, se recostó sobre la mesa y se quedó plácidamente dormido.
"Fuuu..."
La habitación quedó en completo silencio, impregnada únicamente de un denso y apetitoso aroma.
Hongyu continuó sentada a su lado, deleitándose mientras cocía verduras en el caldo, mirando de reojo aquel apuesto semblante.
Las mejillas del joven conservaban el rubor de la embriaguez, pero su expresión al dormir era sumamente sosegada: un puente nasal prominente y pestañas largas y tupidas que, bajo el reflejo de las velas, definían un perfil impecable. ¡No en vano era un mozo bien parecido con fama en leguas a la redonda!
¿Y ella?...
¡Ella parecía una pobre y sumisa esposita que aguantaba desplantes sin chistar!
Al pensarlo, Hongyu puso una mueca de desdén, pero de inmediato cruzaron por su mente las instrucciones de su venerable Maestra.
Su presencia allí respondía, en primer lugar, a una cita a ciegas; sólo si aprobaba al candidato se convertiría formalmente en su protectora del Dao.
Y si no lo aprobaba, por supuesto daría media vuelta y se marcharía, cediéndole el turno a su insoportable hermana menor de secta para que viniera a juzgar. Y si a su hermana menor tampoco le gustaba...
No se atrevía a seguir pensando en ello.
Al fin y al cabo, al lado de Ye Xingge forzosamente debía haber una consumada experta que hiciera las veces de consorte del Dao y protectora.
Si no, ¿con qué propósito le habían entregado de entrada el Látigo Purificador de Impurezas?
Dárselo desde el inicio tenía como fin que, al tiempo que profundizaban sus sentimientos, Ye Xingge comenzara a fortalecer su constitución física.
No fuera a ser que, el día en que consumaran el cultivo dual, el pobre no tuviera fuerzas ni para romper el melón, o que al levantarse quedara reducido a un cascarón exhausto a manos de cierta octava posición de la Segunda Clase...
Antes de llegar a Qingxi, Hongyu no creía ser capaz de fijarse en Ye Xingge; ¡incluso había llegado a sospechar que aquel muchacho era un hijo bastardo de su Maestra!
Pero visto lo visto, era evidente que la Maestra tenía predilección por ella, permitiéndole elegir primero las mejores cosas.
Si hubiesen enviado a su hermana menor —aquella que se pasaba el día maquinando una rebelión interna pensando 'yo bien podría asumir el liderazgo de la secta' y que hasta aconsejaba a su Maestra casarse pronto con un hombre para poder convertirse ella en la matriarca suprema—, era casi seguro que la misma noche de llegar a Qingxi habría embaucado por completo a Ye Xingge.
Habiendo prolongado este cortejo durante tanto tiempo, era obvio que debía tomar una determinación.
Si le gustaba, se quedaba; si no, se iba.
Si insistía en decir que no le agradaba pero se obstinaba en no marcharse, sólo habría tres desenlaces posibles:
1\. Que Ye Xingge conquistara a Tres Pies y Una Pulgada en poco tiempo, permitiendo que su acérrima rival saboreara el primer bocado mientras ella quedaba relegada a un aposento lateral como una concubina inútil. ¿Acaso no terminaría como la gran agraviada?
2\. Que su Maestra creyera que no le interesaba y enviara a su insoportable hermana menor, condenándola a presenciar en secreto el cariño de ambos como una cuñada impotente. ¿Acaso no sería como entregar en bandeja a su propio hombre?
3\. Que su propia Maestra viniera en persona, convirtiéndola a ella en una discípula desvalida...
Uf... Contra eso no habría remedio alguno; después de todo, cuando el cielo quiere llover y una madre quiere casarse, ¿quién puede impedirlo?...
Hongyu ciertamente no podía marcharse. Tras meditarlo unos instantes, no tuvo más remedio que aceptar la realidad: ¡el muchacho había superado la evaluación de la cita a ciegas y ascendido a la categoría de novio formal!
Novio...
Una extraña sensación floreció de pronto en el pecho de Hongyu. Volvió a clavar la mirada en Ye Xingge un par de veces, y por su mente cruzó la escena que habían vivido en el fondo del lago.
En aquel instante, con las miradas entrelazadas, ella había actuado por mera necesidad de la situación, ¡pero el mocoso, no conforme con rechazar el beso, se había burlado de ella!
Que una actúe por emergencia es una cosa, pero si de verdad deseo besar a mi propio novio, ¿acaso tú puedes esquivarlo?
'Hmph, insignificante yerno sumiso...'
Al cerciorarse de que Ye Xingge estaba profundamente dormido, los ojos de Hongyu brillaron con picardía. Se inclinó a hurtadillas, con la ligereza de una libélula rozando el agua, y estampó un beso en su mejilla.
\*¡Muac!\*
Acto seguido, volvió a sentarse erguida, con la satisfacción grabada en el rostro como quien ha cobrado una gran venganza.
Una vez que comió y bebió hasta saciarse, Hongyu ayudó a Ye Xingge a tenderse en la alcoba. Después se puso a recoger los cuencos y fregó la cocina hasta dejarla reluciente.
Sólo cuando comprobó que nada de lo hecho desmerecía frente a lo que pudiera hacer aquella fulana descarada, Hongyu se llevó las manos a la cintura y asintió complacida:
'¿Te atreves a decir que lo único confiable en mí son mis atributos? ¿En qué soy inferior a esa zorra? ¡De ningún modo! Como su protectora del Dao, ¡debo hacerlo todo mejor que esas busconas de afuera!'
Tras reflexionar brevemente, continuó atareándose por doquier...
\*\*\*
A la mañana siguiente, una fina llovizna envolvió Yongjing.
Con el cumpleaños del Emperador Yan a la vuelta de la esquina, los señores feudales de diversos territorios e incluso emisarios de más allá de los pasos fronterizos iban llegando uno tras otro.
Los Oficiales de Túnica Bordada, recién regresados de sus misiones foráneas, se desplegaron con presteza por toda la urbe para comenzar los preparativos de seguridad previos al banquete imperial.
En la Calle del Dragón Verde, la Posada Wujian adelantó su apertura.
Aunque el clima no era el más propicio y se trataba más de una decisión sobre la marcha que de una fecha calculada, con aquel Dios del Desastre viviendo bajo su techo, si no abrían de inmediato, en unos días cundiría el pánico en la capital ¡y ya ni caso tendría abrir!
Entretanto, en el Callejón de las Flores de Melocotón, el aroma del caldero ya se había disipado. En el pequeño patio cuadrangular sólo se escuchaba el murmullo continuo de la llovizna:
\*Chipi, chapa, chipi...\*
Ye Xingge despertó lentamente. Habiendo bebido tanto la noche anterior, aún se sentía aturdido; se frotó con suavidad el entrecejo antes de incorporarse sobre la cama y echar un vistazo a su alrededor.
Descubrió con asombro que los aposentos estaban impecables, sin una mota de polvo; incluso la cocina y el baño lucían relucientes, y bajo el alero colgaban túnicas recién lavadas.
En ese preciso instante, la voz de la Gran Belleza resonó desde el patio contiguo:
"¿Ya despertaste?"
Ye Xingge, desconcertado por el panorama, comentó:
"¿Todo esto lo hiciste tú?"
"Hmph, esta dama no es de las que comen de balde. Voy a reunirme con los contactos de la Sociedad Shanhe; los asesinos deberían empezar a llegar a lo largo del día, así que apresúrate y sal pronto a trabajar. ¡Aaaah...!"
El sonido de su prolongado bostezo y estiramiento fue de tal magnitud que casi se podía intuir la tela de su corpiño a punto de estallar bajo la tensión.
Al percibir que la voz provenía del patio contiguo, Ye Xingge inquirió:
"¿Por qué no te quedaste a dormir aquí? Bastaba con que me tirara en el suelo sobre un petate; no es como si fuera a intentar propasarme contigo a mitad de la noche."
"Hmph."
Hongyu pensó que, a juzgar por la insistencia con que le había tocado las manos durante la borrachera de anoche, nada garantizaba que no fuera a propasarse. De modo que replicó:
"Ya está bien, sal temprano. Por cierto, te dejé unas gachas tibias en la cocina, pruébalas."
"¿Ah, sí? ¿En serio?"
Ye Xingge pensó que la Gran Belleza era verdaderamente virtuosa y hacendosa. Se vistió a toda prisa, se aseó y fue a la cocina. Destapó la olla y contempló lo que había en su interior... ¿arroz?... ¿leche de arroz?... ¿un amasijo viscoso?
'¡Madre mía bendita!...'
Ye Xingge ladeó la cabeza, observando el caldero durante un largo rato sin lograr descifrar qué clase de brebaje tibio era aquello.
Con todo, la Gran Belleza era nada menos que la líder de la Sociedad Shanhe, una heroína marcial rankeada como la octava de la Segunda Clase; que supiera lavar cuencos, lavar la ropa y preparar el desayuno ya era el colmo de la virtuosidad.
Sin ponerse exigente conforme a sus propios dotes culinarios, Ye Xingge tomó una cuchara, probó un bocado y elogió:
"No está nada mal, nada mal. ¿No vas a comer un poco?".
"No hace falta. Me basta con ir al Pabellón Wanxiang a tomar el té matutino".
"El Pabellón Wanxiang...".
Ye Xingge entreabrió los labios y miró la gacha de arroz en la olla; a él también le apetecía un poco ir a desayunar allí.
Sin embargo, aún tenía que presentarse en el yamen. Tras pensarlo un instante, decidió dejarlo pasar...
\*\*\*
Una llovizna fina caía con un murmullo constante.
El inmenso complejo del yamen gubernamental, que ocupaba media manzana entera, se erguía en silencio tras la cortina de agua. Los Oficiales de Túnica Bordada montaban guardia con sus sables al cinto apostados ante los altos muros negros, mientras que en el interior no se percibía el menor rumor.
Al otro lado de aquellos muros, cientos de personas se apiñaban frente al tablón de anuncios lateral.
La mitad de ellos eran recaderos enviados por clanes nobles e influyentes para copiar las listas, acompañados por redactores de la gaceta oficial y enviados de las principales imprentas y librerías. Todos aguardaban a las puertas para conseguir información de primera mano, debatiendo con apasionamiento entre sí:
"En este último medio mes ha muerto una gran cantidad de gente en el Jianghu, y la Daga Roba-Destinos también ha cambiado de dueño. Me temo que las modificaciones en la Lista Dorada van a ser considerables...".
"Ese Ye Xingge es formidable. Por más que intento redactar sobre la marcha mientras le sigo el rastro, no logro igualar la velocidad con la que provoca revuelos...".
"Si no fuera así, ¿por qué lo llamarían 'El Dios del Desastre'? En todo el Jianghu, ¿cuántos pueden presumir de un apodo tan imponente?...".
"A propósito, el apodo de 'El Pacificador de los Tres Ríos', ¿no lo cambiaron ya por el de 'Entrepierna Rota'?".
"Ahora todo el mundo en el Jianghu lo llama de ese modo, aunque las imprentas jamás se atreverán a ponerlo por escrito de forma tan cruda...".
"Por eso mismo, para enterarse de la verdad en el Jianghu, hay que recurrir a las crónicas no oficiales. Comenzó vendiendo el trasero para ascender, así que terminar convertido en una entrepierna rota resulta de lo más lógico...".
\*\*\*
Entretanto, en el flanco oriental del Pabellón Guantian, dentro del Tribunal de Enjuiciamiento Penal.
Apenas había despuntado el día cuando los Oficiales de Túnica Bordada comenzaron a presentarse de manera sucesiva, aguardando órdenes en sus respectivas guardias.
El despacho de Luo Xuanqing se ubicaba en el salón principal, en el corazón del yamen oriental. Frente a las puertas se extendía un amplio patio, pero debido a la lluvia, algo más de cuarenta oficiales militares permanecían formados en pie dentro del gran recinto.
La distribución del salón era idéntica a la de la División de Armamento de la Señorita Mayor Shen, salvo que la placa colgada en lo alto lucía los caracteres que rezaban: \*El Espejo Claro Cuelga en lo Alto\*.
Bajo la placa descansaba un enorme escritorio cubierto con un paño de seda. La hermosa Luo, ataviada con prendas verdes, se hallaba sentada tras la mesa, sosteniendo un legajo en las manos mientras revisaba la lista de ejecuciones recién remitida por la División de Inspección.
Pese a llevar una horquilla de flores en el peinado y exhibir un semblante que en cualquier circunstancia recordaría al de una noble consorte imperial, la solemne atmósfera del salón le confería un porte de indiscutible autoridad oficial. En efecto... ¡se asemejaba a una consorte imperial ejerciendo el poder tras la cortina!
A su lado, el gran gato negro con la placa grabada con la palabra "Alguacil" al cuello se hallaba dócilmente acurrucado sobre el escritorio, con los ojos brillantes y atentos, como si estuviera ayudando a su señora a componer la estampa y marcar presencia.
Chen Xuance, en calidad de lugarteniente, llevaba dos sables rectos cruzados tras la cintura y sostenía el registro frente a la formación, pasando lista con voz clara y potente:
"¡Li Baoyi!".
"¡Presente!".
"¡Cen Ping!".
"Presente...".
\*\*\*
Ye Xingge aguardaba en el corredor exterior. Al contemplar aquella escena, tan familiar y a la vez tan ajena, de pronto sintió que la vida de posadero era mucho más placentera; al menos en la posada era él quien tomaba todas las decisiones.
'Tener que cumplir con los deberes del yamen a partir de ahora, madrugando todos los días a primera hora de la mañana, promete ser una auténtica tortura...'.
'Aunque, pensándolo bien, llevarse de maravilla con la jefa directa tiene sus ventajas. Que la superiora te reprenda de día en el yamen y te provoque por la noche en casa tampoco deja de tener cierto encanto...'.
"¡Ye Xingge!".
Antes de que pudiera divagar más, la estruendosa voz de Chen Xuance resonó desde el interior del salón. Ye Xingge disipó al instante sus pensamientos dispersos, se compuso las vestiduras y avanzó hasta situarse ante la entrada.
Todos los presentes en el recinto eran oficiales militares del Tribunal de Enjuiciamiento Penal.
Entre ellos figuraban veintidós Capitanes de Túnica Bordada y nueve Capitanes Nocturnos; los siete u ocho restantes se encontraban fuera atendiendo pesquisas oficiales, por lo que la dotación no estaba completa.
Al percibir los pasos que se aproximaban, la totalidad de los oficiales militares allí congregados giraron la cabeza al unísono.
A fin de cuentas, solo una parte de ellos había viajado a Qingxi, de modo que muy pocos habían visto en persona a Ye Xingge. Durante los últimos días, casi todos habían oído hablar de sus hazañas sin haber tenido la oportunidad de conocerlo cara a cara.
Al descubrir que la figura apostada tras las puertas era la de un joven de unos veinte años, e incluso con un semblante bastante afable y sereno, los presentes mostraron una evidente sorpresa. Aquellos rasgos distaban mucho de encajar con la imagen del "Dios del Desastre desquiciado" del que tanto se había hablado días atrás.
"Este subordinado, Ye Xingge, rinde honores ante la Señora Luo y el Señor Chen".
"Prescinde de ceremonias".
Luo Xuanqing se lo había pasado en grande la noche anterior, pero ante tantos subordinados no podía permitirse la menor muestra de cercanía ni tomarle el pelo. En su lugar, adoptó la gélida y seductora compostura de la Jueza de las Flores al responder:
"Pasa".
El gran gato negro también alzó una pata delantera a modo de saludo, idéntico a un gato de la fortuna.
Ye Xingge juntó las manos en reverencia hacia los valientes congregados en el salón y avanzó hasta situarse al frente de todos.
Chen Xuance, tras haber sido testigo durante los últimos días del imponente historial de Ye Xingge, curvó la comisura de los labios, a punto de dejar grabado en el rostro un indisimulable gesto de: '¿Acaso no es formidable mi hermano?'. No obstante, tratándose de una ocasión formal, guardó la compostura y procedió a presentarlo con total solemnidad:
"Este hombre es Ye Xingge. Sus hazañas son de sobra conocidas, por lo que este oficial no se detendrá a repetirlas. Si no fuera porque el límite reglamentario de la evaluación oficial es el de Capitán Nocturno, ahora mismo debería estar ocupando mi posición".
"A partir de este instante, Ye Xingge asciende formalmente al cargo de Capitán Nocturno, con rango oficial de sexto grado. Se le otorga una placa dorada: verla equivale a estar ante la presencia del oficial principal. Tiene la facultad de movilizar al personal por debajo de Comisario Auxiliar sin necesidad de órdenes selladas. Si alguno de ustedes alberga alguna objeción, puede esperar fuera para tratar el asunto a solas con el Señor Ye".
La placa dorada para los oficiales militares del Pabellón Guantian constituía una distinción excepcional; en ese momento, dentro del Tribunal de Enjuiciamiento Penal, solo Chen Xuance poseía una. Concedérsela a un Capitán Nocturno representaba un ascenso y un honor que excedían cualquier parámetro ordinario.
Sin embargo, en todo el salón no hubo una sola voz de discordia. De hecho, aunque lo hubieran destinado de repente a asumir el mando supremo de la División de Inspección, era probable que ni siquiera allí pusieran demasiadas pegas.
Al comprobar que ninguno de los hombres bajo su mando mostraba inconformidad, Chen Xuance asintió complacido, se dio la vuelta para tomar una bandeja que contenía las vestiduras bordadas, el sombrero de gasa, el Sable de Estandarte Negro y la placa dorada, y se la entregó a Ye Xingge.
Ye Xingge extendió las manos para recibirla: "Agradezco la consideración de la Señora Luo y del Señor Chen".
Acto seguido, los numerosos oficiales militares presentes en la sala juntaron las manos y ahuecaron los puños al unísono:
"¡Saludamos al Señor Ye!".
Las voces de varias decenas de hombres resonaron al unísono, haciendo eco entre los muros del salón.
Dado que Ye Xingge solía prestar ayuda en el yamen de su condado natal, aquel tipo de protocolo le resultaba más que familiar:
"Mis estimados hermanos son demasiado amables".
Luo Xuanqing esperó a que concluyeran las formalidades antes de dejar a un lado los legajos que sostenía:
"Chen Xuance, asigna las tareas correspondientes y que todos marchen a cumplir con sus deberes. Ye Xingge, tú ven conmigo".
"¡A la orden!".
Chen Xuance acató el mandato de inmediato y condujo a los oficiales militares fuera del salón.
El gran gato negro pareció recibir también su cometido, pues echó a trotar hacia el exterior a paso ligero para patrullar su propio territorio.
\*Tap, tap, tap...\*
Ye Xingge caminó detrás de ella sosteniendo la bandeja y, una vez que todos se hubieron marchado, dejó escapar un suspiro de alivio.
Al observarla con disimulo, contempló la figura de la hermosa Luo avanzando frente a él. Su rostro ovalado, blanco y terso como la grasa de carnero, conservaba su encanto frío y seductor; la larga cabellera de azabache recogida en la nuca lucía inclinada la horquilla de flores que él le había regalado.
Aunque el vestido era del mismo tono verde de costumbre, el corte resultaba diferente.
Este conjunto tenía un porte más riguroso y formal.
La falda verde presentaba un corte limpio y estilizado que delineaba a la perfección las curvas de su cintura. Enmarcada por la llovizna brumosa que caía más allá de las ventanas, su estampa adquiría la sublime belleza de un paisaje lluvioso del sur, y su silueta de espaldas evocaba la frescura de un melocotón y la pureza de la luna...
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• Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē)
• Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子)
• Traductor: Inmensurable
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Baladas Nocturnas (Novela)
Capítulo 75
Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 74
Estás leyendo el capítulo 74 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.