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Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 65 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En plena calle. Ye Xingge se apartó de la multitud de curiosos congregada frente al Pabellón Yuxian sin mirar a diestra ni a siniestra. Levantó una mano para acomodarse el sombrero cónico y aprovechó para preguntar en voz baja: "¿Cuál es la situación? ¿Llegó algún asesino?" Hong Yu, apostada en el segundo piso de la tienda de colorete de enfrente, clavaba la mirada en el Maestro de Sala de Asuntos Exteriores del Pabellón Xuanbing, que merodeaba con aparente indolencia: "A tu izquierda, a doce pasos. Un hombre de mediana edad vestido con túnica verde. Síguelo con sigilo, que no te descubra. Averigua qué trama". Ye Xingge barrió la calle con expresión serena y no tardó en fijar el objetivo. Tras una breve inspección ocular, dedujo que debía de tratarse de un artista marcial, aunque sus antecedentes exactos eran un misterio. Sin añadir palabra, empuñó el sable adoptando los andares de quien patrulla la calzada y comenzó a seguirle el rastro en esa misma dirección. ¿Y no fue allí donde comenzaron las complicaciones? Unas decenas de pasos más adelante. He Lin, el Zorro Lunar Xin, caminaba a lo largo de la calle haciéndose pasar por un transeúnte cualquiera. Con una tablilla de jade oculta en la manga, trazó con la yema del dedo: 'Pabellón Yuxian. ¿Llegaron o no?' Duan Lianshan no tenía autorización para utilizar la ruta exprés urgente de ochocientos li, por lo que llegó un poco más tarde que los Cuatro Grandes Comandantes. Recién entrado a la capital, respondió al instante: 'Mantén el seguimiento. Ya voy de camino'. He Lin borró los trazos de la tablilla de jade con el pulgar al saber que su superior estaba a punto de presentarse. Con ese fin, fingió deleitarse con el panorama nocturno y echó un vistazo hacia atrás por el rabillo del ojo. ¡Y descubrió que su mismísimo "objetivo a seguir" venía patrullando la calle a sus espaldas, avanzando justo en su dirección! ¿...? Como Maestro de Sala de Asuntos Exteriores de una de las Ocho Grandes Sectas, He Lin era sumamente profesional. Desvió la mirada con total naturalidad y continuó su marcha, aunque por dentro la perplejidad comenzaba a carcomerlo. Al mediodía, nada más entrar en la ciudad, se había dedicado a indagar por todas partes sobre el paradero de Ye Xingge. Por la tarde, Ye Xingge había estado investigando el caso de Dong Baoquan; en verdad había ido a las tabernas y a los tugurios de los bebedores, empleando su "técnica milagrosa de recuperación de memoria" a golpes para refrescarles los hechos y dejando constancia oficial de sus pesquisas tras revelar su identidad. Tras enterarse de semejante revuelo, He Lin había acudido directamente al Pabellón Yuxian, donde se hallaba Dong Baoquan, y aguardó hasta que Ye Xingge se presentó a cumplir con su labor oficial, quedándose pasmado ante la insolente arrogancia que se gastaba el muchacho. A juicio de He Lin, habiendo despachado su encomienda oficial, lo natural era que el muchacho regresara a su posada o se fuera a cenar; jamás imaginó que continuaría patrullando las calles. 'Cargado como va con semejante arsenal de armas divinas y tesoros invaluables, con el mísero estipendio que paga el yamen, ¿hace falta ser tan condenadamente diligente?' '¿O será que este crío busca matar gente para templar su cultivo...?' He Lin consideró que era una posibilidad verosímil. Su misión era seguirlo; de ningún modo podía ir abriéndole paso por delante, pero darse la vuelta alertaría de inmediato a Ye Xingge. Por ello, He Lin pasó a caminar a trompicones, parando aquí y allá como un ocioso, reduciendo el paso con sumo disimulo para dejar que el muchacho lo rebasara. ¡Pero es que el patrullaje de aquel mocoso era, por la madre que lo parió, meticuloso hasta el delirio! Unas decenas de pasos a sus espaldas. Ye Xingge lo seguía en las sombras. Al ver que su objetivo vagabundeaba como un maleante sin oficio, supo que no podía imitar su ritmo de paradas y arranques; ¡eso resultaría de lo más chapucero y poco profesional! Por ende, Ye Xingge solo pudo buscar pretextos razonables para aminorar su propia marcha. Si oía a parroquianos debatir asuntos de Estado dentro de una taberna, se detenía a escuchar con atención devota; si tropezaba con un narrador que relataba anécdotas sobre su propia persona, se quedaba a mirar un par de instantes. ¡El problema era que el maldito objetivo que tenía enfrente paseaba con un esmero de mil demonios! El sujeto era capaz de enredar a un buhonero que vendía calabazas al borde del camino en una tertulia interminable para luego no comprarle un carajo, marcharse a una taberna, recostarse con desidia junto al alféizar de la ventana y alinear cinco monedas de cobre sobre el mostrador... ¡Ye Xingge estaba en una labor de seguimiento, así que tampoco podía adelantarlo y marcarle el rumbo! No le quedó más remedio que estrujarse el cerebro. Al calcular que el tipo tardaría un rato en empinarse el trago, le indicó a la gran belleza que vigilaba desde la retaguardia que no le quitara el ojo de encima, mientras él se colaba en una joyería al borde del camino para escoger un par de adornillos destinados a "Tres Pies y Una Pulgada" y al "Gran Melocotón de Longevidad". Sucedió que el tendero había visto de cerca cómo rebanaba gente en el Pabellón Yuxian momentos antes, así que, con sumo juicio y prudencia, se negó en redondo a cobrarle. Pero es que cuando estaba en el Condado de Qingxi no vestía el uniforme oficial, así que comer sandía de balde tenía un pase; sin embargo, ahora que se enfundaba las galas de la corte en plena capital, si seguía comiendo sandías sin pagar, ¿no se habría puesto el uniforme en vano? Así pues, Ye Xingge insistió en pagar con plata. En cuanto vio que su objetivo daba cuenta de la última gota, salió de nuevo a la calle para reanudar el acecho. ¡Y hete aquí que descubrió, con pasmo absoluto, que el objetivo había dado media vuelta para volver junto al buhonero, retomando la cháchara con el único propósito de regatearle la calabaza hasta los diez centavos...! '¿Acaso este infeliz está mal de la puta cabeza?' Sosteniendo la cajita de las horquillas, Ye Xingge se quedó con la mirada extraviada; después de todo, no podía dar media vuelta para seguir buscando baratijas, ¡eso despertaría sospechas al instante! Tras cavilarlo un instante, apretó los dientes, fingió una sed atroz, se dirigió a la taberna de la acera y plantó nueve monedas de cobre sobre la barra: "Tráeme un tazón de licor Shaodaozi de Linyang y un plato de habas al anís". "¡Oh, excelencia, qué cortesía la suya! Vuestra merced arriesga el pellejo por el pueblo, ¡permita que este humilde servidor le invite a este trago...!" "Qué considerado..." ... Y así, la presión recayó una vez más sobre los hombros de He Lin. Y cuando dos profesionales de este calibre cruzaban mañas, el desenlace inevitable era que ninguno la pasara bien. Ambos se devanaron los sesos dilatando el tiempo hasta la agonía, dando vueltas y más vueltas alrededor del Pabellón Yuxian, al borde de la asfixia por su propio juego. Al final, fue lógicamente He Lin, que iba en vanguardia, quien advirtió la anomalía. A fin de cuentas, He Lin ni siquiera tenía un destino prefijado; aguardaba a propósito y cedía el paso una y otra vez, pero jamás lograba que el otro lo rebasara. Por más impecable que fuera la interpretación de Ye Xingge, cualquiera se habría dado cuenta de que estaban atrapados en una trampa de espíritus. Al percatarse de que el cazador se había convertido en presa, el corazón de He Lin dio un brinco violento en el pecho. Con premura, envió un mensaje desde el fondo de su manga: 'Me han tomado la retaguardia. ¡Auxilio urgente!' Al recibir aquel mensaje, Duan Lianshan comprendió de inmediato que la situación se tornaba peliaguda y respondió sin rodeos: 'Si no hay nadie cerca, ven al Templo Pu'an; si hay testigos, dirígete a la Cámara de Comercio del Río Yong'. El Templo Pu'an era un santuario emplazado en los suburbios de la ciudad exterior. Erigido durante la dinastía anterior, se había visto salpicado en su día por un escándalo sonado, por lo que su incienso había decaído hasta casi extinguirse y apenas quedaban allí un puñado de monjes, lo que lo convertía en un rincón idóneo para matar y saquear. La Cámara de Comercio del Río Yong, tal como denotaba su nombre, era el consorcio financiero de la prefectura de Yongzhou. El Pabellón Xuanbing mantenía una estrecha colaboración con ellos, y los magnates que lo integraban poseían influencias descomunales, capaces de mover cielo y tierra. La verdadera identidad de He Lin como el Zorro Lunar Xin aún no había salido a la luz. Si acudía en ese momento a la cámara de comercio bajo su investidura oficial de Maestro de Sala de Asuntos Exteriores del Pabellón Xuanbing para tratar negocios ordinarios, ni Hong Yu ni la corte imperial encontrarían motivos para considerar sospechosos sus pasos. Sin embargo, tras sondear el entorno, He Lin pudo cerciorarse de que aquel muchacho operaba en solitario y de que, en efecto, no había nadie más en las inmediaciones. Supuso que el joven se habría topado con sus andanzas por pura casualidad y lo seguía únicamente para curiosear. Por consiguiente, tras sopesarlo un instante, He Lin prefirió tenderle una trampa devolviéndole la jugada y encaminó resueltamente sus pasos hacia el Templo Pu'an. Más atrás. Al percatarse de que aquel callejero errante ya había tenido bastante de merodear y comenzaba a abandonar el bullicio urbano, Ye Xingge sintió que se le quitaba un peso de encima. Vació el cuenco de licor de un solo trago, mantuvo un semblante impávido y prosiguió con el rastreo mientras indagaba en un susurro: "¿Quién es ese sujeto? Da la impresión de no ser ningún cualquiera". Hong Yu caminaba un trecho más atrás, fingiendo también curiosear a su alrededor: "Por su porte y sus facciones, se asemeja mucho al Maestro de Sala de Asuntos Exteriores del Pabellón Xuanbing, aunque no podría asegurarlo a ciencia cierta". Ye Xingge se sabía al dedillo los nombres de los expertos de la Lista Dorada. Conocía bien que el Maestro de Sala de Asuntos Exteriores del Pabellón Xuanbing respondía al nombre de He Lin y que acababa de ingresar en el escalafón a principios de año. Dado que la cola de la Tercera Clase sufría alteraciones casi cada medio mes, su posición oscilaba sin cesar entre los últimos treinta puestos, sin consolidar un rango fijo. Con todo, por muy al fondo que figurara en la Tercera Clase, para él representaba un tónico formidable; de cualquier modo, le retribuiría poco más de un año de cultivo. No obstante, el Pabellón Xuanbing era una secta ilustre y consolidada, y un maestro de sala de asuntos exteriores tenía por oficio alternar y entablar contactos, por lo que resultaba de lo más natural que se dejara ver por la capital imperial. En teoría, a aquel individuo no se le podía arrebatar la vida. A Ye Xingge incluso le invadió una pizca de decepción. Sin embargo, no transcurrió mucho tiempo antes de que las comisuras de sus labios se curvaran hacia arriba; consideró que la Gran Belleza demostraba ser, a fin de cuentas, sumamente fiable... …… La luna plateada reinaba en lo alto del firmamento. Aquel monasterio vetusto, que arrastraba a sus espaldas doscientos años de historia, se alzaba en medio de un sector apartado. En su interior la maleza y los árboles crecían desbocados, mientras que sus muros bermejos y ladrillos blancos se hallaban cuarteados y en ruinas; únicamente en las entrañas del recinto se alcanzaba a vislumbrar un mortecino fulgor búdico. Envuelto en una capa, Duan Lianshan franqueó en silencio el muro perimetral del Salón de las Tres Puertas y se posó sobre la explanada de losas blancas situada frente al Salón de los Reyes Celestiales. Pudo apreciar que el dilatado templo acusaba un abandono secular: entre las junturas de los ladrillos ya brotaban espesas hierbas montaraces, y en derredor no se advertía la menor presencia humana. Tras otear con cautela el entorno, se deslizó sigilosamente hacia el campanario oriental, ocultándose en el interior del vano. Se descolgó el hatillo de la espalda y enroscó y ensambló los cuatro tramos de una pértiga hasta conformar una lanza larga de nueve cunas de longitud. \*Clac, clac.\* En cuanto estuvo todo a punto, Duan Lianshan extrajo una placa y transmitió primero a su subordinado, He Lin: 'Campanario. Todo preparado'. Acto seguido, volteó la placa hacia el reverso para elevar el correspondiente informe a su superior. Al perpetrar una acción en plena capital, estaban forzados a resolver el lance en un suspiro: de no conseguir abatir a la presa, tendrían que emprender la fuga al instante, lo que muy probablemente requeriría el auxilio de sus mandos para una retirada segura. Por descontado, la cúpula de la Secta Guiyuan se oponía con firmeza a semejante temeridad por parte de ambos. No resultaba tarea sencilla para la Secta Guiyuan captar y consolidar a miembros del círculo interno. Atentar en el corazón de la capital conllevaba un riesgo exorbitante; la pérdida de dos maestros de la Tercera Clase dolería en lo más vivo a cualquier facción, de modo que se les había ordenado pernoctar a la espera y no actuar hasta que el Dragón Dorado Kang y sus acompañantes arribaran para asestar el golpe de forma coordinada. Sin embargo, Duan Lianshan comprendía con meridiana lucidez el valor descomunal que encarnaba Ye Xingge. Si lograba adueñarse de aquel tesoro, se consagraría como un 'Zhujinlang' en posesión de la mismísima Daga Roba-Destinos. Además, en calidad de recién incorporado, contaría con un margen de diez años para templar su cultivo. Siendo ya un artista marcial asentado en la Tercera Clase, sus probabilidades de irrumpir en la Primera Clase eran colosales. En tal tesitura, ¿qué ganas iba a tener de continuar desviviéndose al servicio de la Secta Guiyuan? Por tal motivo, tras rendir su escueto informe, Duan Lianshan guardó la placa y procedió a pasar revista a su pertrecho. La Secta Qiushan apenas era una pequeña facción de tercera categoría, pero Duan Lianshan, en su calidad de líder de la secta, aventajaba a He Lin en más de diez peldaños dentro de la Lista Dorada y atesoraba cierto patrimonio: el artefacto precioso que portaba consigo era la 'Coraza del Rey Kou', una reliquia heredada de sus ancestros. Su efecto divino, 【Rey Inamovible Mingwang】, incrementaba en tres décimas la firmeza y tenacidad de todos los pertrechos que llevara adheridos a su cuerpo. Un incremento de tres décimas podía no parecer extraordinario, pero aquel efecto no se limitaba a potenciar armas de renombre, sino que cobijaba la totalidad de los objetos que portase encima. Con solo llevarla ajustada, incluso si sostenía una torta horneada en la mano, a quien intentara hincarle el diente le exigiría tres décimas más de esfuerzo a la mandíbula para lograr quebrarla. Si bien su propiedad resultaba magnífica, la coraza pertenecía a la tipología de armadura de placas, por lo que distaba de ser idónea para el vestir cotidiano de los hombres del Jianghu. No obstante, alguien encuadrado en las capas bajas de la Tercera Clase no podía permitirse ser melindroso; disponer de un peto de calidad sobresaliente y con semejante amplitud de cobertura ya lo encumbraba por encima de la media. En cuanto a la razón de bautizarse como 'Coraza del Rey Kou', obedecía a que dentro de esa misma estirpe de armas de renombre, la que concedía una mejora de cuatro décimas se denominaba 'Rey Ri', la de cinco décimas 'Rey Yue', la de seis décimas 'Rey Ming', ¡y únicamente la que alcanzaba las siete décimas resultaba digna de ser proclamada el auténtico ¡Rey Inamovible Mingwang! Aparte de aquella pieza, Duan Lianshan se había agenciado una máscara a la que llamaba la 'Máscara Incomparable'. El efecto divino de este artefacto, 【Usurpar el Nido Ajeno】, resultaba sumamente altivo: la máscara no se consideraba a sí misma una simple pieza entre las armas, sino que se rebelaba contra toda jerarquía y se proclamaba a sí misma como la soberana de las armas. De su utilidad real era preferible no hablar; el Brazalete Ocultador del Cielo la superaba por una distancia abismal. Con todo, tratándose de un arma de renombre con un efecto divino tan peculiar, su resistencia defensiva de base era aplastante. Duan Lianshan, embutido en la Coraza del Rey Kou y resguardado por la máscara, apenas dejaba desguarnecidos el occipucio y las cuatro extremidades. Semejante corpulencia defensiva, dentro de la Tercera Clase, constituía un bloque exasperantemente macizo, el castigo definitivo para cualquier combatiente de la escuela externa. Tras una somera comprobación, Duan Lianshan juzgó que aquel aparejo bastaría de sobra para repeler las arremetidas del Tigre que Salta el Torrente y la Daga Roba-Destinos, de suerte que se sumió en un mutismo absoluto y se dispuso a aguardar con fría concentración. Poco después, a la distancia, se percibió un roce apenas perceptible... \*Fuuu, fuuu...\* \----- • Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē) • Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¡Tu reacción y comentario impulsan el próximo capítulo! ¿Qué te pareció esta escena? ¡Déjanos tu opinión! 💬🔥
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Estás leyendo el capítulo 65 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.