Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 61 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Por la tarde.
El pequeño patio en lo profundo del callejón permanecía en un silencio sepulcral; a través de las ventanas, apenas se alcanzaba a distinguir el lejano chirrido de las cigarras junto al puente de piedra.
Tras volver por la mañana, Ye Xingge había comprado en el mercado ollas, cuencos, sartenes, condimentos y provisiones varias. Como no había pegado un ojo en toda la noche y ni la gran belleza Luo ni su otra preciosidad habían regresado aún, se retiró al dormitorio para recuperar el sueño. Después de tantos días de incesante ajetreo, al fin gozaba de un instante de sosiego, siendo quizás el descanso más placentero y reparador que había tenido en mucho tiempo.
Y precisamente en medio de ese profundo letargo, la puerta de la sala principal se movió con sutileza.
La carpintería de la residencia era de magnífica factura y los goznes estaban bien engrasados con aceite de tung, de suerte que la hoja cedió sin emitir el más mínimo chirrido.
Acto seguido, la sigilosa figura de Hong Yu se deslizó al interior con andares furtivos. Depositó sobre la mesa las dos jarras de licor que cargaba y, con pasos inaudibles, penetró en el dormitorio hasta apostarse junto a la cama con dosel.
Al ver que Ye Xingge dormía a pierna suelta, Hong Yu arqueó sus cejas de sauce con un mohín de reproche y alzó una mano para propinarle unas palmadas en la mejilla:
"¡Oye, despier...! ¡¿Ah?!"
Ye Xingge dormía con pesadez, pero sus reflejos permanecían intactos; antes de que la mano de la joven llegara a rozarle el rostro, despertó de golpe. Aferró la muñeca ajena, la torció con una palanca limpia y derribó a la intrusa sobre el colchón.
No obstante, al instante percibió que debajo de su cuerpo había dos colinas sumamente suaves y de notable elasticidad, tan turgentes que daba la sensación de que, al menor roce sin fuerza, rebotarían por sí solas...
Ye Xingge se quedó perplejo y bajó la vista para cerciorarse:
"¿Yu'er?"
Hong Yu, que al verlo dormir como un tronco solo había pretendido advertirle que no bajara la guardia, se vio de pronto inmovilizada contra la cama por el peso de aquel hombre. Con el corazón latiéndole desbocado por el sobresalto, ladeó el rostro y espetó:
"¡¿Piensas soltarme o qué?!"
Ye Xingge, desconcertado en verdad, ayudó a incorporarse a aquella cascarrabias:
"Lo lamento. ¿Por qué entras sin hacer el menor ruido? Pensé que se trataba de un asesino..."
"¿Acaso pretendías que viniera a este sitio aporreando la puerta y pegando de gritos?"
Hong Yu se incorporó con presteza en el borde del lecho, se compuso la falda y extrajo unas hojas de papel de entre su abultado corpiño para entregárselas:
"Toma. Acabo de reunirme con el enlace de la Sociedad Shanhe y te traigo buenas noticias."
"¿Ah, sí? Déjame ver..."
Ye Xingge tomó el sumario para inspeccionarlo. El pliego contenía los informes recabados por la Sociedad Shanhe, divididos en dos noticias concretas:
La primera hoja reseñaba un altercado menor ocurrido recientemente en la ciudad, el cual podía resolver de paso para ganar experiencia en combate.
La segunda era una orden de busca y captura del Jianghu, con una recompensa de cinco millones de monedas de cobre. El objetivo fijado exigía que su cadáver descendiera flotando por las aguas del río Cang en un plazo no mayor a siete días. Aunque figuraba como un contrato en la sombra sin remitente oficial, la parte baja del cauce conducía de forma directa a la Isla Wulong...
¿?
Al leer aquello, Ye Xingge enarcó las cejas con desconcierto:
"Llevo encima un arma divina de inconmensurable valor, ¿y todavía se toman la molestia de desembolsar dinero para contratar sicarios? ¿Tanto les quema la plata en las manos a los de la Isla Wulong?"
Hong Yu, empapada de sudor por el sofoco del camino, ya se había puesto en pie para acudir al patio a sacar agua del pozo. Al escuchar su comentario, alzó la voz desde afuera:
"La Isla Wulong está alineada con la corte imperial; no pueden rebelarse abiertamente ni mandar a matar a un funcionario a plena luz del día. Pero habiendo sufrido semejante humillación en su propia casa, tampoco podían quedarse de brazos cruzados. Esos cinco millones de monedas son una mera pantomima para guardar las apariencias. Aun así, ten por seguro que en estos días se te vendrá encima una auténtica horda de asesinos."
A ojos de Ye Xingge, la llegada de sicarios era, en realidad, una noticia inmejorable.
La Daga Roba-Destinos demandaba nutrirse del fragor de la batalla; aquello significaba que estaba inexorablemente condenado a vivir al filo del sable y cazar sin tregua.
Los enemigos despachados por las facciones rivales solo eran una amenaza mortal si no lograba someterlos; pero si los derrotaba, ¡se convertían en exquisitas bolsas de experiencia servidas a domicilio!
Ye Xingge ya poseía una base equivalente a un graduado marcial provincial y, tras despachar a Zhujinlang, había cosechado dos años netos de cultivo interno, dejándolo a tiro de piedra de la Tercera Clase de la Lista Dorada. Si devoraba a otra remesa de adversarios, su nombre ascendería por fuerza al escalafón supremo.
Sin embargo, la Lista Dorada solía renovarse formalmente a inicios y a mediados de mes. Hoy era catorce de mayo y mañana sería el día de su proclamación; a menos que el Pabellón Guantian le notificara en privado, no le quedaría más remedio que esperar hasta el primero de junio.
Habiendo consagrado casi dos décadas a las artes marciales, Ye Xingge aguardaba con verdadera expectación verse consagrado en la Lista Dorada. No obstante, los asesinos a sueldo no se regían por códigos de honor ni caballerosidad marcial, por lo que meditó unos instantes y preguntó:
"¿Quiénes podrían presentarse?"
Hong Yu ingresó al aposento de baño y, al advertir que la patrona de la casa había tenido el delicado detalle de dejar pétalos frescos preparados, esparció un puñado dentro de la tina:
"Todavía no se sabe a ciencia cierta. Sin embargo, las figuras de verdadero renombre tienen nombres y apellidos ilustres, y la Sociedad Shanhe puede seguirles el rastro. E incluso si no logramos averiguar nada, esta hermana mayor está aquí para velar por ti como tu protectora del dao; te aseguro que nadie pondrá una mano sobre ti con facilidad."
Tras lo acontecido en la Isla Wulong, Ye Xingge confiaba ciegamente en el criterio y los ojos de aquella beldad. Guardó el informe y salió de la habitación. Al notar las jarras de licor sobre la mesa, comprendió que a la muchacha se le antojaba una buena olla caliente pero temía verse forzada a pagar el banquete con su propio cuerpo.
Ye Xingge no tenía reparo alguno en complacerle ese pequeño capricho. Pasó a la cocina a inspeccionar los enseres y consultó en voz alta:
"¿Cuándo calculas que aparecerán esos asesinos?"
Hong Yu aseguró el cerrojo de la puerta y, tras cerciorarse de que su pretendiente no estuviera espiando por las rendijas, desató las cintas de su vestido escarlata. Dejó al descubierto una figura lozana, nívea y opulenta como la de una oveja pura, y levantó una de sus largas piernas para sumergirse en el agua templada. Entre los vapores se vislumbraron contornos sinuosos y turgentes, semejantes a botones de ciruelo floreciendo en mitad de la nieve:
"La recompensa apenas acaba de emitirse. En el escenario más rápido, llegarán entre mañana y pasado. Hoy tenemos margen de sobra para encargarnos primero de la escoria que pulula por la ciudad."
Al oír aquello, Ye Xingge volvió a examinar el sumario. El objetivo en cuestión era un huésped allegado al Gran General Cao Xiong, llamado Dong Baoquan.
Dicho sujeto se había emborrachado días atrás y había matado a golpes a un transeúnte. Posteriormente, el tribunal del condado le colgó al difunto el cargo apócrifo de "difamación a la estirpe imperial", limpiando de polvo y paja al agresor sin imponerle castigo alguno.
El Gran General Cao Xiong había sido el artífice de la entronización del Emperador Yan tras la abdicación forzada, y la actual emperatriz pertenecía al clan Cao; su poder y prerrogativas sacudían las mismas cortes celestiales. Acudir a hacer justicia por mano propia en este asunto equivalía a comprarse un enemigo mayúsculo.
No obstante, a este ritmo Ye Xingge tendría que pasar por el filo de su arma a la mitad de la Lista Dorada para colmar sus designios; el mero hecho de no verse obligado a masacrar a inocentes ya era un motivo para quemar incienso de gratitud a los dioses, de modo que no estaba en posición de ponerse selectivo.
"En ese caso, saldré primero a tantear el terreno. En cuanto termine con eso, volveré para que comamos la olla caliente."
"Trato hecho."
...
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Sin advertirlo, el sol comenzó a declinar tras las cumbres del poniente.
Una comitiva de más de treinta jinetes a lomos de veloces corceles franqueó en ordenada hilera las puertas del Pabellón Guantian.
La formación marchaba encabezada por los cuatro grandes comandantes, seguidos de cerca por los comisarios auxiliares, capitanes nocturnos y demás oficiales castrenses de alto rango. El resto de los oficiales de túnica bordada aún se encontraba galopando de regreso a la capital.
Luo Xuanqing desmontó en el patio principal y, seguida por sus asistentes, avanzó a paso firme y apresurado hacia la torre central. Mei Wuchang y los demás mandos caminaban en las inmediaciones.
Tras haber permanecido dos días enteros con el corazón en un puño por la incertidumbre, Luo Xuanqing detuvo a un escribano de guardia para indagar sobre la marcha:
"¿Dónde se encuentra Ye Xingge?"
El funcionario, que recién al incorporarse a su turno por la mañana se había enterado de la formidable proeza del joven, se apresuró a rendir cuentas:
"El señor Ye regresó antes de rayar el alba. El mismísimo Gran Eunuco Zhang lo recibió en persona. En aquel instante..."
Luo Xuanqing juzgó que el escribano se perdía en rodeos innecesarios e interrumpió de inmediato:
"¿Cuál es la gravedad de sus heridas? ¿En qué lugar guarda reposo para convalecer?"
"¿Cómo?"
El escribano contempló el indisimulable desasosiego que brillaba en las pupilas de La Jueza de las Flores, entreabrió los labios y balbuceó con azoro:
"¿Acaso... el señor Ye presentaba alguna herida?"
"¿Qué dices?"
Mei Wuchang, que venía devanándose los sesos sobre cómo presentar su informe de misión, frenó en seco al escuchar tales palabras. Gongsun Yanwu y Ruan Jinyu también clavaron los talones y volvieron la cabeza al unísono.
Incluso la propia Luo Xuanqing se quedó atónita:
"Puso de cabeza el Vado Wangchuan, ajustició a Zhujinlang, le arrebató la Daga Roba-Destinos... ¿y regresó sin un solo rasguño?"
El escribano también había dado por sentado que, tras consumar tamaña temeridad, el joven debió haberse arrastrado bañado en sangre y al borde del colapso para balbucear sus últimas voluntades en brazos del Gran Eunuco Zhang, mientras el anciano, consumido por la ira, se apoyaba en la balaustrada clamando al cielo con rugidos de dolor.
Sin embargo, la realidad era que el muchacho gozaba de perfecta salud, por lo que respondió con evidente aprieto:
"Este humilde servidor ignora los detalles exactos. Lo único indudable es que el señor Ye desbordaba vitalidad. Poco después acudió a la División de Armamento a retirar pertrechos militares, alegando que se aburría en casa y que aprovecharía para patrullar y memorizar el trazado de las calles de la capital. El Gran Eunuco Zhang y el Gran Erudito Yan se pasaron toda la mañana deshaciéndose en elogios, y al enterarse Su Majestad, su rostro resplandeció de júbilo imperial..."
Un silencio de plomo se apoderó del patio.
Los cuatro grandes comandantes enmudecieron por completo.
Ruan Jinyu exhibía un semblante singularmente crispado. Tras un instante de mutismo, desvió los ojos hacia el gran comandante Mei:
"A la velocidad que avanza este mocoso, me temo que tarde o temprano terminará despojando a alguno de nosotros de su asiento."
Aquella pulla constituía una sutil represalia contra los comentarios matutinos de los otros tres, quienes habían sugerido que Ye Xingge ocuparía su puesto.
A fin de cuentas, Mei Wuchang era considerado el legítimo heredero del Pabellón Guantian, el indiscutible sucesor del mando.
Y el vertiginoso empuje de Ye Xingge apuntaba con total descaro hacia la mismísima Ficha de Mando de Guantian.
Mei Wuchang ostentaba el noveno escaño en la Segunda Clase de la Lista Dorada, por lo que no sentía una amenaza inminente sobre su cuello. Tras cavilar brevemente, sentenció:
"El puesto de Comandante Supremo de Guantian carga sobre sus hombros el deber ineludible de custodiar al soberano y afianzar los cimientos del Estado; por ley natural, debe pertenecer al más formidable. Si ese joven abriga tales aspiraciones y cuenta con la fuerza para respaldarlas, representará una bendición para el Gran Yan."
Dicho esto, reanudó la marcha hacia la torre principal sin volver la vista atrás.
Al enterarse de que aquel bribón se encontraba sano y salvo y que, por si fuera poco, mostraba un celo profesional tan intachable, el pecho de Luo Xuanqing se inundó de un dulce regocijo; de buena gana habría salido disparada en ese preciso instante para concederle una merecida recompensa.
No obstante, las obligaciones del servicio le impedían abandonar el puesto antes de tiempo, de modo que se volvió hacia Chen Xuance e instruyó:
"Las infames mañas de la Secta Guiyuan son de sobra conocidas. Al llevar consigo un artefacto de semejante envergadura, es seguro que intentarán tenderle emboscadas. Ve a buscarlo y tráelo de regreso; procura que no sobrevenga ningún percance."
"¡A la orden!"
Chen Xuance ardía en deseos de vaciar unas copas con el muchacho para festejar el triunfo, por lo que acató la orden de inmediato y partió a paso veloz.
Los cuatro grandes comandantes prosiguieron su camino y no tardaron en ingresar al vestíbulo principal de la torre central. Al alzar la vista, divisaron al Vicecanciller Wu Yi presidiendo el cónclave desde el estrado de honor.
A su costado se encontraban el Eunuco Fan de la Dirección de Ceremonias y varios emisarios despachados por las altas esferas del poder, entre ellos los representantes del Duque Cao.
Por su parte, la Señora de Anyang sostenía con afecto la mano de Shen Yueyao, ambas sentadas con refinada compostura a un costado para presenciar las deliberaciones.
Al advertir el ingreso de los cuatro comandantes, Wu Yi levantó la mano para convocarlos:
"Tomen asiento. Llegan en el momento oportuno para aportar su juicio estratégico."
Al descubrir que incluso el eunuco más allegado al Emperador Yan había acudido al recinto, Luo Xuanqing optó por la reserva; se acomodó junto a An Yurou y la pequeña conejita, sondeando la atmósfera con la mirada.
La Señora de Anyang, que en ese instante procuraba dilucidar el rumbo que tomaría el Gran Yan respecto a la posesión de la Daga Roba-Destinos, le explicó en un susurro discreto:
"Ye Xingge ha cosechado una proeza sin precedentes y el semblante de Su Majestad resplandece de complacencia imperial. Ahora mismo se delibera cómo instruirlo y encauzar su potencial..."
Luo Xuanqing escuchó con suma atención y captó el dilema al instante:
En el territorio del Zhou Posterior, Wu Chenglie empuñaba su arma divina con tal magnificencia que 'miles de tropas se apartaban ante su túnica blanca'; en tanto el Gran Yan no neutralizara semejante baluarte, les resultaría imposible consumar su avance hacia el sur.
Si Ye Xingge lograba superar su cultivo marcial, la balanza de poder se invertiría de golpe: el Zhou Posterior perdería su columna vertebral y el Gran Yan se alzaría con una fuerza invencible.
Por tal motivo, el propósito de Su Majestad se reducía a dilucidar cuánto tiempo demandaría tal hazaña y bajo qué métodos debía ejecutarse.
Luo Xuanqing reflexionó unos segundos antes de intervenir:
"A juzgar por las facultades innatas y la destreza combativa de Ye Xingge, incluso careciendo de un arma divina poseería aptitudes sobradas para irrumpir en la Primera Clase; contando ahora con el filo de la daga, le tomará a lo sumo tres años."
An Yurou compartía exactamente el mismo pronóstico.
Sin embargo, el Eunuco Fan, que sostenía una taza de té entre sus manos enguantadas, exhaló un leve suspiro y musitó con voz pausada:
"El gran examen imperial de artes marciales solo se convoca una vez cada diez años; si dejamos escapar las festividades de fin de año, habrá que aguardar otra década entera. Este humilde servidor ha venido por orden expresa para inquirir si existe la menor posibilidad de que el Pabellón Guantian consume este designio... antes de que culmine el presente año.
Desde luego, este siervo carece por completo de nociones sobre las sendas del cultivo marcial y únicamente busca colmar de dicha el augusto corazón de Su Majestad. Si resulta inviable, haced de cuenta que jamás pronuncié estas palabras..."
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• Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē)
• Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子)
• Traductor: Inmensurable
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Baladas Nocturnas (Novela)
Capítulo 62
Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 61
Estás leyendo el capítulo 61 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.