arrow_back

Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 59 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El sol naciente se elevaba por el oriente. La luz del alba se derramaba sobre la suntuosa mansión, donde el alboroto en el patio delantero continuaba sin tregua: "¡Ah...! ¿Qué es esa cosa...?". "¡Hay un fantasma...!". ... Dentro de la habitación de huéspedes, el viejo médico divino Sun ya se había marchado tras atender las heridas, y las dos doncellas aguardaban fuera de la puerta. Ye Xingge se había puesto la túnica de brocado gris claro; mientras se arreglaba frente al espejo, desde el exterior volvieron a resonar pasos y voces: "Señora". "Retírense todas, y vayan a ver qué le pasa a Yueyao...". Al oírlo, Ye Xingge fue hasta la puerta y la abrió para mirar. \*Creak~\* Afuera, la Señora de Anyang aguardaba acompañada de su doncella. Vestía todavía aquel vestido blanco plateado; no era de gran estatura, pero su figura resultaba voluptuosa y de formas armónicas, con una complexión carnosa bien proporcionada. El volumen que insinuaba su busto distaba mucho de ser modesto, y las líneas de su cintura y caderas, perfiladas por la caída de la falda, destilaban una compostura digna y grácil que le nacía desde los huesos. Su rostro sereno y benévolo lucía una sonrisa tan cálida como la brisa primaveral: "Nada mal. La prenda te sienta bastante bien". Ye Xingge había oído hablar de cómo el padre de ella prefirió en su día romperse como el jade antes que salvarse intacto como una teja vulgar, por lo que le profesaba un sincero respeto: "Mis respetos, Señora de Anyang. Esta ropa es demasiado valiosa...". An Yurou traía un propósito bien definido para esta visita: conquistar el estómago de un hombre. Con una sonrisa radiante, entró en la estancia: "Basta con que te quede bien, no hay por qué tener miramientos. El joven maestro Ye ha estado de viaje varios días sin parar; de seguro no ha comido ni descansado en condiciones. Acabo de mandar al cocinero a preparar unos platillos sencillos, aunque no sé si serán del agrado del joven maestro Ye". Mientras hablaba, la hermosa Xi Yue entró sosteniendo una bandeja y colocó una variedad de exquisitos manjares sobre la mesa redonda. Al recibir tales atenciones, Ye Xingge sintió el reparo de quien no merece recompensa sin mérito previo. Dirigió una rápida mirada a los platos: "Pescado al vinagre de Jiangzhou, tofu Wensi, pato en salmuera... La Señora de Anyang se ha tomado demasiadas molestias y gastos. No soy más que un rústico pueblerino; no soy digno de tal agasajo". Xi Yue, que en ese momento acomodaba los platos curvando su turgente y delicada figura sobre la mesa, exclamó con sorpresa al oírlo: "Todos estos son platos típicos de la región de Jiangzhou. ¿Acaso el joven maestro Ye los conocía?". "Mi familia regenta una posada; antes solía cocinarlos yo mismo". "¿De verdad?". Una chispa de asombro brilló en los ojos de An Yurou. Tomó asiento junto a la mesa, empuñó personalmente los palillos y depositó un trozo de pescado en el cuenco de él: "El jefe de cocina de mi residencia procede del sur; antaño fue maestro cocinero en el Pabellón Wanxiang. Probé sus guisos una vez, me parecieron deliciosos y terminé contratándolo. Ignoro cómo se comparará con la destreza culinaria del joven maestro Ye". "El Pabellón Wanxiang...". Al oír el renombre de aquel ilustre establecimiento, Ye Xingge se lo tomó un poco más en serio. Sin prestar atención al pavo real rechoncho que tenía a corta distancia, tomó los palillos, cogió un bocado del pescado al vinagre y se dispuso a catarlo con esmero. Tanto Xi Yue como la Señora de Anyang parpadearon con ojos brillantes, esperando con ansias a que Ye Xingge quedara pasmado ante tal exquisitez celestial. A fin de cuentas, antes de infiltrarse aquí y para que su tapadera fuera intachable, Chen Dahai, alias 'Nueve Cuchillos', había pasado todo un año perfeccionándose en las cocinas imperiales de Zhou Posterior, y luego se había fogueado en los fogones del Pabellón Wanxiang. Sumado a su virtuosismo con las hojas, su nivel culinario apenas distaba un ápice del de un cocinero imperial. Desde su llegada, todas las doncellas de la residencia habían engordado unos cuantos kilos al unísono, prueba irrefutable de su maestría. Siendo Ye Xingge un simple administrador de posada de un condado remoto, su historial indicaba a las claras que jamás habría probado los manjares exquisitos y suntuosos de la capital. Con este bocado, ¿cómo no iba a quedar conquistado su paladar? Sin embargo, era evidente que ambas habían subestimado la descomunal cantidad de esfuerzo y desvelos que Ye Xingge había invertido en su día para reflotar el negocio de su posada. Al probar el primer bocado, Ye Xingge degustó minuciosamente la carne entre sus labios y dientes. La textura era tierna sin desmoronarse, la proporción entre vinagre y azúcar estaba equilibrada: la acidez no irritaba la garganta y el dulzor no empalagaba. Sin duda tenía un buen nivel. No obstante, el pescado al vinagre de Jiangzhou exigía una pulcritud extrema: lo ideal era usar una carpa herbívora viva de unas tres cuartas partes de kilo, dejándola en ayunas en agua limpia uno o dos días antes de la preparación para purgar el regusto a lodo y compactar la carne. En cambio, en este plato, aunque el tipo de pescado era el correcto, resultaba obvio que lo habían preparado a la ligera sin someterlo a ese tratamiento previo. En segundo lugar, el vinagre utilizado provenía de la tienda Wu de la capital; su acidez era potente y desprendía notas intensas a tostado y malta. Sin embargo, este platillo debía destacar por su frescura y sutileza, por lo que correspondía usar vinagre de arroz de Muyang, cuya acidez suave y limpia no agredía la nariz... Con todo, la destreza del cocinero con el cuchillo era formidable: siete cortes y medio exactos, con una precisión de fuerza impecable. A todas luces poseía cierta base en artes marciales externas... A pesar de que su valoración interior no era deslumbrante, Ye Xingge conocía bien las normas de cortesía mundanas. Tras saborearlo un instante, sus ojos fingieron iluminarse: "¡Qué destreza! El agridulce es suave y la carne sumamente tierna. En Qingxi jamás vi a nadie capaz de elevar este platillo a semejante altura". "Je, je...". La Señora de Anyang quedó encantada con la respuesta y le sirvió más comida: "Yueyao es muy caprichosa con la comida y suele almorzar conmigo; este cocinero aún está un peldaño por debajo de los imperiales. Si al joven maestro Ye le apetece, puedo hacer que Xi Yue te lleve comida a cada hora de comer". '¡Ni se le ocurra...!'. Ye Xingge sabía que la Señora de Anyang obraba de buena fe, pero si tenía que comer esto a diario acabaría harto. Tras pensarlo un momento, replicó: "La Señora de Anyang es en extremo generosa. No soy más que un modesto sirviente del yamen; ¿cómo podría comer y beber gratis todos los días? Más adelante, si se presenta la oportunidad, prepararé unos cuantos platillos para que la Señora de Anyang los pruebe". "Je, je... De acuerdo, queda pactado entonces". An Yurou estaba sumamente satisfecha con el curso de la conversación. Mientras le servía un cuenco de tofu Wensi, añadió: "Resulta que dispongo de varias viviendas desocupadas por aquí. Dado que en el futuro cumplirás servicio en el yamen, las normas exigen que permanezcas disponible en sus inmediaciones en todo momento. ¿Qué tal si te instalas en el Callejón de las Flores de Melocotón? El Pabellón Guantian cubrirá el alquiler y de paso yo me ganaré unas monedas". Ye Xingge, que examinaba la calidad del pato en salmuera, sonrió al escucharla: "La última vez escuché a la inspectora Luo mencionar algo al respecto, y esa era ciertamente mi intención. En tal caso, molestaré a la Señora de Anyang". "¡Ay! Soy la casera; tratándose de ganar plata, ¿qué molestia va a ser...?". Lo que buscaba la Señora de Anyang era una corriente mansa y duradera: afianzar la cercanía poco a poco hasta tener confianza. Por ello, no se mostró excesivamente pegajosa en ese instante. Tras charlar unas cuantas frases, se puso de pie: "El joven maestro Ye puede comer con calma. Si necesitas cualquier cosa, basta con que llames a las doncellas. Iré a ver qué diantres trama Yueyao". "Muy bien. Que tenga buen camino, Señora de Anyang". Ye Xingge consideró que la Señora de Anyang era verdaderamente afable. Se levantó para despedirla y, en cuanto las dos mujeres salieron meciendo sus gráciles figuras, exhaló un suspiro de alivio. Alzó la mano izquierda con la intención de contactar a su 'Gran Belleza'. Inesperadamente, desde un rincón de la estancia sonó de pronto un suave aleteo de tela, \*¡fush!\*, y emergió una jovencita rebosante de energía vestida con pantalones bombachos, sosteniendo una capa con ambas manos mientras espiaba hacia la puerta: "¡Uau...! Esta capa es increíble...". "¡Pero qué coño...!". Ye Xingge pegó un brinco del susto, ocultando la tira amarilla tras su cintura a toda prisa. Al fijar la vista y reconocer a la Señorita Mayor Shen, exclamó con el corazón en un puño: "¿Señorita Shen? ¿Cuándo entraste?". Shen Yueyao se quitó la capa y comenzó a doblarla: "Vine junto con la hermana Yurou. He estado aquí todo el tiempo, ¿acaso el joven maestro Ye no se dio cuenta?". Ye Xingge, que no tenía motivo alguno para andar receloso en su propia habitación, jamás habría reparado en ello. En ese instante constató lo asombrosa que resultaba la capacidad de infiltración de aquella capa ante alguien que no estuviese en guardia: "¿De verdad? Ciertamente no lo noté... Eh, ¿no querrá la señorita Shen comer algo también?". "¡No hace falta, ya he comido!". Tras responder, Shen Yueyao tomó de nuevo el Talismán del Viento, dispuesta a transformarse otra vez en una heroína relampagueante. Sin embargo, andar jugando todo el rato con las pertenencias ajenas no era propio de una señorita de distinguido linaje. Shen Yueyao caviló un momento y volvió a examinar a Ye Xingge, como si quisiera decir algo pero se contuviera. Ye Xingge preguntó intrigado: "¿Tiene la señorita Shen algún otro plan?". "Mmm...". En realidad, Shen Yueyao quería indagar si Ye Xingge había sido enviado por su padre para cortejarla. Pero ante semejante asunto, ¿cómo iba una doncella a abrir la boca para preguntarlo directamente? Por ello, tras pensarlo un instante, adoptó su aire de muchacha vivaz, se desprendió una borla de la cintura y la colocó sobre la mesa: "La cortesía exige reciprocidad; te presto esto a ti para que juegues también". Dicho esto, soltó un enérgico: "¡Viento, ven!", y su silueta salió disparada como una exhalación: \*¡fiuu!\* "¿Eh?". Ye Xingge alzó la mirada, perplejo. Sintió que esta muchacha debía de ser la reencarnación del espíritu de un resorte: no se parecía en lo más mínimo al carácter del Magistrado Shen, sino más bien a la hija del tío Wang... 'Si alguien se casa con ella y se la lleva a casa, seguro que vivirá una bendición: ni siquiera tendrá que esforzarse, bastará con ver a la Señorita Mayor Shen rebotar y dar brincos todo el día...'. Tras divagar un segundo con semejante ocurrencia, Ye Xingge tomó la borla para examinarla. Parecía un simple adorno colgante, rematado por una esferita dorada. Al principio creyó que se trataba de un arma afamada, pero cuando infundió su qi para activarlo, la pequeña esfera dorada empezó a vibrar y rebotar en la palma de su mano con un zumbido continuo: \*bzzz, bzzz, bzzz...\*, y en su interior se percibía el leve chirrido de engranajes en rotación. "¿Eh?". Con una mirada atónita, abrió la mano. La borla no paraba de dar saltitos vivaces en su palma, idéntica a la propia Señorita Mayor Shen. A todas luces no era un artefacto de renombre, sino un artilugio mecánico ingenioso y refinado. No obstante... tras observarlo unos momentos, no pudo evitar sentir que aquel 'huevo saltarín' le resultaba vagamente familiar. Llegó a probarlo presionándolo contra el centro de la palma como si fuera una pistola de masaje muscular. Al instante sintió un cosquilleo entumecedor que le recorrió la mano, y sus ojos se abrieron desmesuradamente ante tal portento... \---- Poco después. El sol de la mañana se proyectaba sobre ambas orillas del puente de piedra, las ramas de los sauces se mecían con el viento y unos pocos transeúntes caminaban por las calles. Con un hatillo colgado al hombro, Ye Xingge siguió al mayordomo Hou por la puerta lateral y entraron en el Callejón de las Flores de Melocotón. En su interior se alineaban más de una docena de pequeñas residencias, todas ellas propiedades privadas de la Señora de Anyang. La mayoría de los residentes del callejón eran oficiales militares del Pabellón Guantian; dado que todos habían salido en comisión de servicio para rescatarlo a él y todavía no regresaban, el callejón se hallaba desierto y en completo silencio. Empeñado en ganarse y reclutar a Ye Xingge, el mayordomo Hou se mostraba en extremo solícito y cordial. Avanzaba al frente abanicándose mientras hacía las presentaciones: "Esta es la residencia número siete. Como dice el dicho: 'el siete sube y el ocho baja'; es la mejor ubicación de todo el callejón. En las casas contiguas no vive nadie, aunque el joven maestro Ye deberá tener cierta precaución al instalarse aquí...". Ye Xingge levantó la vista para inspeccionar el callejón: "¿Acaso no es seguro?". Hou Chou'er sacudió la cabeza con presteza: "El Comandante Supremo de Guantian reside muy cerca; ningún malhechor se atrevería a aproximarse a tres li a la redonda. El problema es que la Señorita Mayor Shen aparece y desaparece como un espectro, y cuando viene de visita a la mansión le encanta andar por los tejados. El joven maestro Ye es un hombre de artes marciales con los sentidos muy alerta; no vaya a ser que lance un ataque por sorpresa y termine hiriéndola...". "Ah, comprendido. Tendré mucho cuidado en el futuro...". Tras conducir a Ye Xingge hasta su nuevo alojamiento, el mayordomo Hou no se demoró más y se retiró con su séquito al poco tiempo. Ye Xingge los despidió con la mirada desde el portal. Una vez que el grupo se hubo alejado, cerró la puerta y echó un vistazo a su alrededor. La casa era de un solo patio; aunque cuadrangular y no muy espaciosa, su factura era refinada al detalle. El sendero central estaba pavimentado con cantos rodados cuidadosamente seleccionados por color y forma. Flanqueando la estancia principal se encontraban el estudio y el dormitorio, mientras que el centro servía de sala de estar. Un diván luohan, estantes para antigüedades, mesas, sillas y bancos estaban dispuestos a la perfección, todo limpio e impoluto, sin una mota de polvo. Ye Xingge quedó sumamente complacido con el entorno. Al llegar a este punto, podía considerarse firmemente afianzado en la capital. Sin embargo, tras varios días de ajetreo continuo, ni siquiera había podido saludar a su padre y a su madre. Si no se presentaba pronto a avisarles de que estaba a salvo, sería una enorme falta de consideración. Con este pensamiento en mente, recogió un poco sus cosas, cargó con el enorme fardo de su botín, recogió a su Gran Corcel Blanco del Pabellón Guantian y puso rumbo hacia el Distrito Qinglong... \--- Al mediodía. \*Zhi-liao, zhi-liao...\* El tenue cantar de las cigarras flotaba en la calle. Una posada de tres plantas de considerables dimensiones mantenía sus puertas herméticamente cerradas al no haber abierto aún sus puertas al público, y en su interior reinaba un silencio sepulcral, sin el menor ruido. Ye Gucheng vestía una túnica de un blanco níveo; su espada y su sombrero cónico reposaban junto a la mesa. Tragaba el licor de su cuenco sorbo tras sorbo; aquel aguardiente ardiente quemaba el corazón y desgarraba las entrañas, ¡pero no logaba consumir la sombra de soledad grabada en su entrecejo! Ye Yuanshan, ataviado con ropas de terrateniente acomodado, poseía una complexión corpulenta y rolliza que desentonaba por completo con el aire imponente y pomposo de su hermano menor, pareciendo pertenecer a mundos distintos. Con las manos a la espalda, caminaba de un lado a otro, asomando de tanto en tanto la cabeza para escudriñar por la ventana. Liu Ping'er, sentada en un sillón taishi con un abanico redondo en la mano, se sostenía la frente con una palma mientras contemplaba a ambos hermanos. Tras contenerse escasamente tres minutos, dio un manotazo sobre la mesa: "¡Segundo hermano, ¿acaso no has bebido ya suficiente de ese licor de despedida?! ¡Llevas bebiendo toda la noche! Si no te atreves a ir, ¡iré yo misma!". Al verla así, Ye Gucheng ni siquiera se atrevió a seguir bebiendo. Dejó el cuenco de licor y suspiró levemente: "Cuñada, Xingge es mi sobrino carnal. De correr peligro, ¿acaso yo, como su segundo tío, no sacrificaría mi vida para auxiliarlo? Pero que me pidas blandir la espada e ir a exigirle a la persona al Comandante Supremo de Guantian, me temo que eso...". "Has practicado artes marciales toda tu vida, presumiendo día tras día de lo formidable que eres, ¿y ni siquiera te atreves a ir a pedir a un muchacho?". "No se trata de si soy formidable o no; el Comandante Supremo de Guantian ostenta el segundo lugar de la Primera Clase...". "¡Pues ve a buscar a Xingge!". "Es que no sé adónde ha ido Xingge; de lo contrario, me habría marchado hace rato...". "¡Ya basta, ya basta!". Como padre carnal, Ye Yuanshan estaba evidentemente preocupado por la seguridad de su hijo, pero comprendía que la culpa no recaía en su hermano menor. Hacía un par de días que Xingge había entrado en la capital, y habían pensado que, al llegar a una urbe donde se ocultaban tigres y dragones agazapados, su hijo mostraría algo de moderación. ¡Y miren nada más! Aquella misma noche se corrió la voz de que en el teatro de ópera del Distrito Yingtian había irrumpido un auténtico señor del inframundo, masacrando a más de treinta hombres y arrasando por completo con la sucursal de la Secta Guiyuan. En aquel momento supieron que la cosa pintaba mal, sospechando que semejante escabechina bien podía haber sido obra de su rebelde vástago. Al final, los hechos demostraron que no se habían equivocado. Apenas acababan de terminar las reformas del flamante local, y antes de inaugurarlo, ¡el joven amo ya había sacrificado a más de treinta almas para consagrar el cielo! Quien no conociera la historia creería que estaban abriendo la filial de una secta demoníaca. Si en el futuro algún hombre del Jianghu en tránsito de norte a sur se atrevía a hospedarse aquí, ¡sería porque se le había aparecido un fantasma! Tras enterarse de semejante 'funesta noticia', Ye Yuanshan ni ganas tenía ya de inaugurar. Tenía pensado arrojarle las llaves a su hijo en cuanto apareciera para que se encargara él solo de administrar la posada, mientras ellos tres regresaban a Qingxi a seguir viviendo tranquilamente en su modesto mesón. Sin embargo, jamás imaginó que aquel ingrato mocoso, ya crecido, ni siquiera se dignaría a pasar a dar señales de vida ante sus padres y su segundo tío tras concluir sus fechorías. Como padre, Ye Yuanshan debía cuidar las apariencias y el decoro de su hijo; no podía presentarse en persona en el yamen a darle órdenes e intromisiones. Por ello, se limitó a esperar en la posada. Y resulta que, tras un día y una noche de espera, en vez de ver llegar a su hijo, ¡presenciaron cómo los cuatro grandes comandantes del Pabellón Guantian salían en masa al frente de tres mil Oficiales de Túnica Bordada! Al contemplar semejante despliegue, la primera reacción de Ye Yuanshan fue: '¡Madre mía, ¿acaso nos está invadiendo Zhou Posterior...?!'. Después de todo, había sido testigo de la fundación del Gran Yan, y apenas un puñado de veces había visto a los cuatro reyes celestiales marchar juntos. Con todo, resultaba inconcebible que semejante conmoción militar hubiera sido provocada por su hijo. Temiendo que el caos y los disturbios bélicos trajeran desgracias, Ye Yuanshan quiso salir a averiguar la situación, pero con el Pabellón Guantian completamente vacío, ¿a quién le iba a preguntar? Liu Ping'er, incapaz de mantenerse sentada como madre, había acabado exigiendo al segundo hermano que fuera en persona a reclamarle a su hijo al Comandante Supremo de Guantian. Ye Yuanshan sabía bien que su hermano menor llevaba toda la vida cultivando artes marciales y tal vez ocultaba unas cuantas onzas de agudeza con la espada. ¡Pero era imposible que guardara el poder suficiente como para desafiar al segundo más fuerte bajo el cielo! Irrumpir precipitadamente a su puerta y ofender sin querer al Comandante Supremo de Guantian no le traería el menor beneficio al porvenir de su hijo. Por ello, los tres no tuvieron más opción que continuar esperando. Al ver que se hacía el mediodía sin novedades en el exterior, Ye Yuanshan ya no pudo aguantar más la calma y pensó en salir con el segundo hermano a recabar noticias. Por fortuna, su hijo no se había olvidado por completo de sus mayores. Justo cuando los tres discutían cómo acudir de visita al Pabellón Guantian, en la Calle del Dragón Verde resonó por fin el familiar golpeteo de cascos de caballo: \*Tacatá, tacatá...\* \----- • Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē) • Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¡Tu reacción y comentario impulsan el próximo capítulo! ¿Qué te pareció esta escena? ¡Déjanos tu opinión! 💬🔥
Baladas Nocturnas (Novela)

Continúa leyendo

Baladas Nocturnas (Novela)

Capítulo 60

Siguiente Capítulo ›

Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 59

Estás leyendo el capítulo 59 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.