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Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 54 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
¡Una lluvia torrencial caía a cántaros! Espesos nubarrones negros, cargados de millares de serpientes eléctricas, se cernían pesadamente sobre las setecientas leguas del Lago Dongyuan. El Vado Wangchuan resplandecía bajo la lumbre de antorchas y faroles. Innumerables embarcaciones surcaban sus aguas mientras en ambas orillas se congregaban dragones y serpientes por igual; a cada instante arribaban jinetes y caudillos procedentes de todos los confines del Jianghu. Sin embargo, el ambiente carecía por completo del bullicio festivo de la víspera; en su lugar, reinaba una asfixiante pesadumbre, semejante a la que precede al choque inminente de un ejército al pie de las murallas. Al fin y al cabo, todos los hombres de armas congregados sabían de sobra que se avecinaba una inmensa tormenta. El detonante de aquel vendaval: un don nadie y un legendario sable de fama imperecedera. Ninguno de los intrépidos héroes reunidos allí conocía la identidad de aquel individuo que había encendido el polvorín, pero todos comprendían que la Isla Wulong afrontaba una crisis de vida o muerte. Si el Gran Yan se apoderaba de la Daga Roba-Destinos, tendría en sus manos la oportunidad dorada de derrocar al Gran Canciller de Zhou Posterior. Por tal motivo, los cuatro grandes comandantes del Pabellón Guantian se habían movilizado al unísono, escudándose en la búsqueda de su oficial desaparecido para obligar a la Isla Wulong a entregar tanto a los responsables como el arma mística. El pueblo llano jamás desafía a la corte; ante semejante despliegue de poderío militar, cualquier secta común y corriente habría bajado la cabeza sin chistar. Sin embargo, Jiang Jinjiang, el señor de la Isla Wulong, haciendo honor a su renombrado apodo de "El Pacificador de los Tres Ríos", se mostró inusualmente intransigente. Frente a la intimidación directa de los cuatro comandantes supremos, Jiang Jinjiang se empecinó en asegurar que lo ignoraba todo, negándose con tozudez a revelar a manos de quién había ido a parar el arma. Varios miles de hombres habían rastreado la comarca durante un día y una noche enteros, ¿y ahora salía con que no sabía absolutamente nada? ¿Acaso intentaba engañar a los muertos? La Isla Wulong era, después de todo, una de las Ocho Grandes Sectas del Río Cang, y Jiang Jinjiang ocupaba el decimonoveno escaño de la Segunda Clase en la Lista Dorada. ¿Acaso creía que el resto del mundo era una partida de ineptos? Ante semejante desplante, incluso si el Pabellón Guantian prefería no indisponerse con las fuerzas bajo el mando de Chu Hannu, se vio en la imperiosa necesidad de asestar un golpe demoledor con el puño de hierro imperial. Bajo el diluvio que se desplomaba sin tregua a las afueras del Pueblo Hukou, cinco enormes navíos oficiales permanecían anclados en línea paralela. Sobre sus cubiertas aguardaban tres mil Oficiales de Túnica Bordada con espadas desenvainadas y ballestas tensas, a la espera de una sola orden para irrumpir en la orilla y reducir a cualquier forajido del Jianghu que osara resistirse a la autoridad. Los cuatro grandes comandantes se erguían sobre la proa del buque insignia, iluminados por hileras de faroles, contemplando la superficie del lago con miradas que destilaban una furia apenas contenida, semejantes a los Cuatro Reyes Celestiales descendidos del firmamento. Frente a aquellos imponentes barcos de guerra, flotaba un modesto bote pesquero. Jiang Jinjiang permanecía de pie y a solas en la proa, alzando la vista hacia aquellos soldados y generales divinos como si fuera el mismísimo Cuidador de los Caballos Celestiales cercado en la Montaña de las Flores y los Frutos. No obstante, Jiang Jinjiang distaba mucho de poseer el poder necesario para causar estragos en el Palacio Celestial. Después de todo, las posiciones que ostentaban los cuatro comandantes en la Lista Dorada infundían un pavor absoluto: ¡El Erudito Espectro Mei Wuchang: noveno puesto de la Segunda Clase! ¡La Jueza de las Flores Luo Xuanqing: decimoquinto puesto de la Segunda Clase! ¡El General Leopardo Gongsun Yanwu: quincuagésimo puesto de la Segunda Clase! ¡El Eunuco Serpiente Ruan Jinyu: septuagésimo cuarto puesto de la Segunda Clase! Para colmo, los cuatro eran discípulos directos de viejos monstruos de la Primera Clase y habían sido tratados desde la infancia como prodigios bendecidos por el cielo en sus respectivas órdenes. Si estos cuatro temibles personajillos actuaban al unísono, eran capaces de aniquilar a cualquier gran secta que careciera del amparo de un ancestro de la Primera Clase; los tres mil Oficiales de Túnica Bordada que formaban a sus espaldas eran, en la práctica, una mera escolta ceremonial. Dada la talla marcial de Jiang Jinjiang, en circunstancias ordinarias a lo sumo habría atraído la presencia de la Jueza de las Flores; tener a los cuatro grandes comandantes reunidos frente a él era, en honor a la verdad, un privilegio otorgado exclusivamente por la Daga Roba-Destinos. En ese instante, a Jiang Jinjiang le habría gustado ablandar la postura y pronunciar palabras conciliadoras, pero en las riberas del lago aguardaban incontables camaradas del Jianghu observando cada uno de sus movimientos. Si cedía y bajaba la cabeza, su prestigio rodaría por los suelos para siempre. No le quedó más remedio que tragar saliva y responder con aplomo fingido: "Señores oficiales, esto es un completo malentendido. Ayer, los agentes del Pabellón Guantian apresaron a unos criminales en el muelle y, por una lamentable confusión, dieron muerte a un Líder de Incienso subordinado a mi mando. Mi intención no era otra que esclarecer lo ocurrido, pero aquel oficial llevaba órdenes de servicio y no detuvo su marcha. En verdad ignoro por completo su paradero actual". Luo Xuanqing llevaba carcomida por la zozobra todo el trayecto. De no haber tenido el cultivo mermado por sus heridas, ya se habría arrojado al agua para tomar cartas en el asunto con su propia espada. Con voz gélida, replicó: "El sable apareció en tus dominios y fue tu propia gente la que peinó el terreno. Varios miles de hombres buscaron sin descanso durante un día y una noche enteros, ¿y ahora pretendes hacernos creer que no sabes nada? Aunque yo te creyera, pregúntale a los hombres del Jianghu que miran desde la orilla si están dispuestos a tragarse semejante cuento". En la ribera del lago se apiñaban maestros de las Ocho Grandes Sectas del Río Cang junto a una multitud de guerreros errantes. A esas alturas, ninguno albergaba esperanzas de apoderarse de un arma de renombre; su único afán era contemplar si la Isla Wulong se atrevería en verdad a desafiar la cólera del cielo. Al oír el timbre cristalino y etéreo de la Jueza de las Flores, una marea de murmullos y reclamos estalló en la orilla: "¡Tiene toda la razón! Si lo mataron, que lo admitan; si no lo hicieron, que lo aclaren. ¿Qué clase de payasada es esa de 'no sé nada'?" "Ayer, cuando emboscaron a Li Yi, desplegaste una red impenetrable en cielo y tierra ante los ojos de todo el Vado Wangchuan. Aunque se te hayan escapado, ¡al menos di por dónde huyeron!" "¡Exacto! ¿Y quiénes eran los del otro bando...?" ... Al escuchar aquel hervidero de comentarios sarcásticos, ¡el rostro de Jiang Jinjiang se demudó por completo! La jornada anterior, él solo había alcanzado a divisar al grupo inicial de cuatro o cinco sujetos en la isla, cuya procedencia desconocía en absoluto; y para mayor escarnio, a pesar del asfixiante cerco desplegado, se le habían esfumado entre los dedos como fantasmas. En cuanto al otro bando implicado en la refriega interna, el Maestro de Sala que envió tras su rastro cavó hasta tres palmos bajo tierra sin hallar una sola pista. ¿Cómo demonios iba a saber en manos de quién había terminado la Daga Roba-Destinos? Jiang Jinjiang intentó explicar los hechos tal como habían sucedido, pero ni las autoridades de la corte ni los hombres del Jianghu estaban dispuestos a creerle. Nadie concebía que el imponente "Pacificador de los Tres Ríos" pudiera resultar semejante pedazo de inútil. Jiang Jinjiang no sabía si sentirse halagado por la alta estima en que lo tenían o maldecir a las madres de todos los presentes. Aprepretando los dientes con rabia, insistió: "Si ordené rastrear la zona fue únicamente por sincera preocupación por la integridad de ese distinguido oficial; jamás albergamos intenciones lesivas. Y en verdad, no hemos conseguido dar con su rastro". El Erudito Espectro Mei Wuchang había acudido con el encargo imperativo de recuperar la Daga Roba-Destinos. Que Ye Xingge siguiera con vida o no le resultaba un asunto secundario; el sable debía ser transportado a la capital imperial a toda costa. Sin andarse con rodeos, preguntó: "¿Quién se quedó con la Daga Roba-Destinos?" "Lo ignoro. En aquel momento, Zhujinlang cayó abatido y de inmediato estalló una sangrienta disputa interna entre ellos. Uno de los bandos parecía pertenecer al personal del Pabellón Guantian..." "¿Quiénes eran los otros? ¿Cuántos eran?" "Eran cuatro o cinco individuos; sus identidades aún no han podido determinarse..." "¿Hacia qué rumbo escapó el agente de nuestra división?" "Lo ignoro..." "¿Por qué flanco rompió el cerco el otro grupo?" "Lo ignoro..." "..." La concurrencia entera del Jianghu se quedó atónita ante el despropósito. Ruan Jinyu permanecía en la proa con ambas manos resguardadas en las mangas anchas de su túnica, adoptando un aire distante, como si el altercado no le incumbiera en lo más mínimo. Sin embargo, a su lado, Chen Xiaobao, respaldado por sus influyentes conexiones, fue incapaz de morderse la lengua y soltó con desparpajo: "¡Cuando el Comandante Ruan lideró a ochocientos Oficiales de Túnica Bordada y no logró dar con Yang Tuyan, el Gran Eunuco Zhang lo reprendió tratándolo de incompetente! ¡Usted, señor de la isla Jiang, ocupa nada menos que el decimonoveno lugar de la Segunda Clase, tiene a su mando a tres o cuatro mil subordinados y cuenta con el apoyo de las treinta y dos cofradías del Lago Dongyuan! Y aun así, unos cuantos forasteros se cuelan en su propia casa a armar semejante revuelo, le asesinan a un Líder de Incienso, le arrebatan un arma divina y se marchan tan campantes... ¡y usted ni siquiera sabe cuántos eran! Dígame, señor de la isla Jiang, ¿acaso cree que lo que administra es un burdel, donde cualquiera entra y sale a su antojo?" Los guerreros que contemplaban el altercado desde la orilla abrieron los ojos desmesuradamente e intervinieron con mofa: "¡Vaya descaro! ¡Qué dura tiene la cara!" "Si esto es verdad, ¿a qué viene seguir llamándolo 'El Pacificador de los Tres Ríos'? ¡A partir de hoy que lo llamen 'La Madama de los Tres Ríos', donde cualquiera que pague se sube...!" "¡Si ni siquiera le pagaron un cobre! Se divirtieron a su costa, se largaron sin más y encima eran dos bandas distintas. ¡El mote de 'ramera barata' le queda pintado...!" "A mí se me hace que ya degollaron al oficial y escondieron el tesoro por miedo a las consecuencias. Si no fuera por eso, ¿por qué otra razón se empecinaría en semejante terquedad...?" ... Al escuchar semejantes bajezas, el semblante de Jiang Jinjiang pasó de lívido a un tono negruzco por la humillación y la furia. Pero en el fondo, la culpa no era del todo suya. La Sociedad Shanhe era la cúspide indiscutible del Jianghu en el sur, mientras que la Secta Guiyuan constituía la mayor fuerza de los bajos fondos criminales. Para colmo, la Sociedad Shanhe había escogido a propósito su territorio como campo de batalla con la clara intención de socavar la arrogancia de la facción del Pabellón Hengjiang. Con semejantes gigantes disputándose la supremacía en el patio de su casa, la Isla Wulong ni siquiera había tenido margen de maniobra. ¿Qué clase de explicación pretendían que diera? Por su parte, al oír las murmuraciones maliciosas de la multitud, Luo Xuanqing creyó entrever la posibilidad de que Jiang Jinjiang ya hubiera despachado a Ye Xingge al otro mundo y, acorralado por el temor, se negara en redondo a confesar. Al instante, la cólera le ardió en las entrañas: "¡Aseguren a este hombre! Registren cada isla, ensenada y poblado. ¡Tráiganmelo vivo o encuéntrenme su cadáver! ¡Aquel que se atreva a entorpecer el paso será pasado por las armas sin contemplaciones!" "¡A la orden!" Los más de tres mil Oficiales de Túnica Bordada apostados en los navíos de retaguardia, hartos de la insolencia y los rodeos del posadero isleño, acogieron la orden con fervor y saltaron hacia tierra firme, desplegándose en abanico por todo el Vado Wangchuan. Decenas de Capitanes Nocturnos hendieron el aire en rápidos saltos, lanzándose sobre la proa del modesto esquife para someter a Jiang Jinjiang. Al presenciar la maniobra, Jiang Jinjiang frunció el ceño con crudeza. El Muelle de Mercancías Clandestinas revelaba su verdadera naturaleza con solo pronunciar su nombre. Si las fuerzas de la corte llevaban a cabo una inspección general, aquel lucrativo negocio quedaría arruinado de por vida. Sin embargo, resistirse con violencia a la justicia en tales circunstancias provocaría que el ejército imperial arrasara el feudo en una campaña de exterminio abierta. Con los cuatro comandantes de Guantian al frente, Jiang Jinjiang se vio contra la espada y la pared. No le quedó otra opción que apretar los dientes y exclamar: "¡Señores oficiales, juro que cada una de mis palabras es rigurosamente cierta; jamás albergaría la osadía de mentirles! Concedan a este servidor un solo día de plazo y prometo entregar una explicación cabal a la corte imperial". Los cuatro comandantes supremos ya habían colmado su paciencia y optaron por el desdén. No obstante, justo cuando el choque sangriento parecía inevitable, una voz sosegada y profunda resonó desde la espesura de la lluvia: "Hay demasiada población civil en las riberas; sembrar el pánico en plena noche resulta a todas luces imprudente. El señor de la isla Jiang jamás tendría la temeridad de retener contra su voluntad a un emisario de la corte. ¿Podrían los distinguidos oficiales conceder una pequeña deferencia y otorgarle al señor de la isla Jiang una noche para indagar en sus filas? Este servidor Chu acudirá en persona a expresar su gratitud ante el Gran Eunuco Zhang a su debido tiempo. Si al despuntar el alba no hubiere indicio alguno del oficial, la corte procederá al registro conforme a derecho, y el señor de la isla Jiang no tendrá excusa alguna para oponer resistencia". Apenas brotaron aquellas palabras, el alboroto que recorría las orillas del lago se extinguió como una vela apagada por el viento. Todos los ojos se volvieron al unísono hacia las aguas, divisando un solitario esquife que hendía la corriente desde el corazón del lago. En la proa se erguía un hombre de mediana edad que sostenía con calma un paraguas de papel aceitado. Ostentaba facciones amplias, una mirada serena y un porte distinguido y solemne. Alzaba los ojos con absoluta compostura hacia la cubierta de los navíos oficiales. "¿Acaso... acaso es el Señor de Pabellón Chu?" "Incluso un maestro de la Primera Clase de esta generación ha tenido que salir de su retiro..." "Esa sola presencia impone tanto respeto como un ejército entero..." ... Al percibir aquel tono cargado de temple, el talante altivo de Mei Wuchang se moderó perceptiblemente y alzó una mano enguantada para frenar a los Oficiales de Túnica Bordada que ya tomaban tierra. Después de todo, Chu Hannu respaldaba formalmente la soberanía del Gran Yan en los registros oficiales y años atrás había colaborado con el ejército imperial para sitiar y aniquilar a Yunyu Lou. Al figurar como el octavo maestro más poderoso bajo el cielo y gobernar sin oposición las setecientas leguas del Lago Dongyuan, la corte imperial anhelaba encumbrarlo como el nuevo intermediario de los asuntos del Jianghu en el sur. Resultaba impensable negarle la debida deferencia. En ese momento, Mei Wuchang clavó los ojos en el esquife y contestó: "Puesto que el Señor de Pabellón Chu vela por el sosiego de la población y sale a servir de aval, la corte no tiene inconveniente en otorgarle una noche a Jiang Jinjiang. Sin embargo, a fin de impedir que conspiradores desleales pretendan engañar a sus superiores trasladando en secreto a nuestro oficial o a la Daga Roba-Destinos, los Oficiales de Túnica Bordada mantendrán un cerco implacable en el perímetro exterior. ¿Tiene alguna objeción el Señor de Pabellón Chu?" Chu Hannu continuó de pie bajo su paraguas en la proa de la barca. No emanaba un filo marcial agresivo, pero el contraste entre su figura solitaria y la tormenta infinita a sus espaldas desprendía la opresiva majestad de un batallón de mil hombres: "Proceda con entera libertad, Comandante Mei". Al presenciar la disposición condescendiente de Chu Hannu, tanto los héroes del Jianghu como los cuatro grandes comandantes experimentaron cierto desconcierto. Que Jiang Jinjiang asegurara no tener nada en su poder bien podía ser una artimaña para salvar el pellejo. Sin embargo, Chu Hannu no precisaba recurrir a la Daga Roba-Destinos para incrementar su cultivo, y al estar alineado políticamente con el Gran Yan, jamás se prestaría a encubrir semejante secreto. El hecho de que se expusiera para actuar como garante demostraba que confiaba plenamente en que Jiang Jinjiang no ocultaba a nadie entre bastidores. Ahora bien, si todo lo expuesto por Jiang Jinjiang era la estricta verdad, ¿qué clase de incompetente mayúsculo era entonces? El infame mote de "ramera barata" amenazaba con quedar grabado en su frente para la posteridad... Por su parte, Luo Xuanqing dejó escapar un sutil suspiro de alivio en su fuero interno. Mientras Jiang Jinjiang no hubiera falseado su testimonio, significaba que Ye Xingge aún no había caído en manos de la Isla Wulong y todavía quedaba un rayo de esperanza de hallarlo con vida. Aun así, con el Vado Wangchuan sitiado por una red ineludible por agua y tierra, si aquel muchacho no había sido capturado, ¿dónde demonios se escondía? Ante semejante despliegue de estandartes y navíos, Ye Xingge ya debería haberse percatado del movimiento. Y de haberlo visto, ¿por qué no salía a mostrarse? '¿Acaso... yace inconsciente por la gravedad de sus heridas...?' Con ese agónico pensamiento clavado en el pecho, Luo Xuanqing aguardaba con desesperación en medio del aguacero, barriendo con la mirada cada rincón del Vado Wangchuan con la esperanza de que Ye Xingge asomara la cabeza en cualquier instante. Por desgracia, las horas transcurrieron en medio de una tensa calma sin que el lago diera la menor señal. A medida que la noche rebasaba la medianoche y se aproximaba inexorablemente hacia las primeras luces del alba, el corazón de todos los presentes, dentro y fuera del agua, volvió a subírseles a la garganta. Si la Isla Wulong era incapaz de dar una explicación cabal antes de que saliera el sol, ni siquiera la colosal sombra de Chu Hannu bastaría para protegerlos... \----- • Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē) • Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¡Tu reacción y comentario impulsan el próximo capítulo! ¿Qué te pareció esta escena? ¡Déjanos tu opinión! 💬🔥
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Estás leyendo el capítulo 54 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.