Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 52 online gratis en español
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\*Fuuu, fuuu, fuuu...\*
En cuestión de instantes, el General Leopardo Gongsun Yanwu, los seis comisarios auxiliares presentes en la capital y más de cincuenta Capitanes Nocturnos descendieron sucesivamente al pie de la escalinata.
En ese momento, el Erudito Espectro Mei Wuchang, que encabezaba la comitiva, alzó la vista y divisó al Vicecanciller de Guantian, Wu Yi, vestido de civil dentro de la sala de deliberaciones con el ceño profundamente fruncido. A su lado se encontraba Ruan Jinyu, ataviado con una túnica de brocado negro. De inmediato preguntó:
"Señor Wu, ¿qué ha ocurrido?"
Al verlos llegar, Wu Yi ni siquiera les hizo señas para que entraran, sino que respondió directamente:
"Anoche, la Ficha de Mando de Guantian detectó de pronto la muerte de Zhujinlang, pero no se pudo determinar ni la causa ni la ubicación exacta. Acaba de llegar un despacho urgente de ochocientos li desde la Prefectura de Jingzhou, e informa que Ye Xingge, en el Vado Wangchuan, degolló al Líder de Incienso de la Isla Wulong, Li Yi, y a Zhujinlang..."
"¿Ah?"
Antes de que terminara de hablar, Luo Xuanqing, que lucía un semblante sombrío, dio un traspié involuntario:
"¿Ah? ¿Ya aprobó su evaluación?"
Detrás de ella, Chen Xuance y los demás prorrumpieron en un clamor de asombro, aunque enseguida cayeron en la cuenta de los detalles:
"¿Zhujinlang?"
"¿El portador de la Daga Roba-Destinos?"
"¿Cómo demonios dio con él ese muchacho...?"
Ruan Jinyu, en su calidad de inspector disciplinario, increpó al instante con severidad:
"¡Silencio!"
La multitud congregada fuera cerró la boca de golpe, mas sus ojos rebosaban incredulidad.
Wu Yi, sin embargo, no mostraba el menor rastro de júbilo en el rostro, y prosiguió:
"En primer lugar, sobre el Líder de Incienso de la Isla Wulong no pesaba orden de captura alguna. En segundo lugar, para dar por superada la prueba, ese chico debe regresar con vida. Si cae en el cumplimiento del deber durante la investigación, no quedará más remedio que lamentar que 'el cielo envidia a los prodigios'. Y me temo que, a estas alturas, sus probabilidades de supervivencia son prácticamente nulas..."
La expresión de júbilo que apenas despuntaba en el semblante de Luo Xuanqing se desvaneció al instante, volviéndose pálida como el papel:
"¿Qué le ocurrió a Ye Xingge?"
Wu Yi sacudió la cabeza con un suspiro:
"Tras matar al Líder de Incienso Li Yi, ya estaba cercado por la Isla Wulong. Mas en lugar de ocultarse a esperar refuerzos, no sabemos cómo se las arregló para colarse en la Isla Qingluo, matar a Zhujinlang con el Tigre que Salta el Torrente y, muy probablemente, hacerse con la Daga Roba-Destinos.
La Isla Qingluo está en las mismas entrañas del Vado Wangchuan, el Vado Wangchuan es la puerta de entrada al Pabellón Hengjiang, el Tigre que Salta el Torrente es una de las armas de renombre guardianas del Pabellón Hengjiang, Zhujinlang le robó a las Ocho Grandes Sectas y acumuló enemigos sin fin, y la Daga Roba-Destinos es nada menos que un arma divina.
Cuando los exploradores enviaron la paloma mensajera, Zhujinlang acababa de morir; en ese mismo instante, el Vado Wangchuan ya estaba totalmente bloqueado, con unos tres mil hombres y doscientas embarcaciones peinando el lago.
Y a continuación, las distintas sectas del Lago Dongyuan saldrán sin duda con todas sus fuerzas, e incluso las Ocho Grandes Sectas del Río Cang y los vagabundos independientes del Jianghu acudirán en masa al oler la presa. Ahora el día está a punto de clarear... Ay..."
"..."
Ante tales palabras, un silencio sepulcral se apoderó de los presentes fuera de la sala.
A fin de cuentas, en semejante tesitura, ni siquiera hacía falta devanarse los sesos pensando si Ye Xingge seguía con vida: era sencillamente imposible salir de allí ileso.
De lo que debían preocuparse era del descomunal caos que se desataría cuando medio Jianghu se lanzara a la caza del tesoro.
Luo Xuanqing se quedó atónita durante un largo instante antes de exclamar con incredulidad:
"¿Mató al Líder de Incienso de esa secta y en lugar de huir fue a buscar a Zhujinlang?"
Mei Wuchang tampoco conocía los pormenores, pero se aventuró a analizar la situación:
"Tras matar al Líder de Incienso de la Isla Wulong y verse rodeado, ya era sumamente difícil escapar. Es de suponer que pretendía refugiarse en un islote desierto a esperar refuerzos y se topó por pura casualidad con Zhujinlang".
"..."
A todos les pareció una suposición un tanto forzada, pero salvo por eso, no alcanzaban a concebir por qué otra razón Ye Xingge se habría buscado semejante complicación extrema, metiéndose de lleno en una trampa mortal rodeada por diez flancos.
Chen Xuance y los demás que lo conocían sabían que las esperanzas eran casi nulas, y en sus miradas ya asomaba el duelo.
Luo Xuanqing se negaba rotundamente a creer que Ye Xingge hubiese perecido, y apremió con voz ansiosa:
"Ese muchacho es muy astuto, bien podría seguir oculto esperando rescate. Llevaré refuerzos de inmediato..."
Wu Yi asintió:
"Si vas sola, difícilmente podrás controlar la situación. Los he convocado porque el Gran Eunuco Zhang ha ordenado que partan de inmediato al frente de sus hombres hacia el Vado Wangchuan. Si logran rescatar a Ye Xingge, tanto mejor; si no, es imperativo que aplaquen los disturbios y traigan de vuelta la Daga Roba-Destinos".
Un despliegue conjunto de los cuatro comandantes era una situación prácticamente inaudita. Para rescatar a un simple novato jamás se habría emitido semejante orden; el verdadero propósito era evitar que la disputa de los héroes por el tesoro desatara una catástrofe de proporciones incalculables, y recuperar el arma divina.
Con el corazón encogido por la angustia, Luo Xuanqing ordenó al instante:
"Chen Xuance, reúne a toda la gente y partamos ya mismo".
"¡Entendido!"
Mei Wuchang, Gongsun Yanwu y los demás tampoco podían perder tiempo y se apresuraron a movilizar a sus tropas.
\*¡Tap, tap, tap! ¡Tap, tap, tap!\*
Apenas unos instantes después, los tres mil Oficiales de Túnica Bordada apostados en la capital salieron en tropel por las puertas de la muralla a lomos de veloces corceles.
Con los cuatro grandes comandantes a la cabeza, el imponente despliegue hizo que hasta los ministros que se dirigían a la audiencia matutina se detuvieran a mirar al borde de las calles. Los plebeyos de la capital se quedaron pasmados de desconcierto, creyendo que algún viejo demonio de la Primera Clase de la Lista Dorada había irrumpido en la ciudad...
\*\*\*
Al mismo tiempo, en el Río Cang.
El cielo apenas comenzaba a clarear, revelando las verdes colinas y las aguas cristalinas a ambas orillas del río.
Las velas de la barcaza del transporte fluvial se hinchaban con el viento mientras navegaba rumbo al norte. Los soldados de escolta apostados en cubierta hacían guardia, sin dejar de comentar el tumulto desatado la noche anterior en el Vado Wangchuan.
Bajo el agua.
Ye Xingge seguía abrazado a la monumental belleza, respirando acompasadamente a través de la caña de bambú. Aunque en pleno verano el agua no resultaba gélida, permanecer inmóvil durante varias horas le había entumecido los brazos por completo; de no haber sido por el reconfortante consuelo de aquellos generosos encantos, difícilmente habría aguantado tanto tiempo.
A Hong Yu también le dolían los brazos por el cansancio, pero la alegría llenaba su pecho. Temiendo que Ye Xingge se agotara en exceso, incluso le había ayudado a sostener la daga y lo llevaba apoyado sobre su propio cuerpo, examinando con atención los alrededores a lo largo del trayecto.
Al cerciorarse de que no había más embarcaciones en la superficie fluvial circundante y calcular que ya habían salido del estuario del lago, nadó sigilosamente junto a Ye Xingge hacia la popa de la barcaza.
\*¡Chof!\*
Enseguida, ambos asomaron la cabeza por debajo de la popa, cubiertos por el manto.
Ye Xingge oteó hacia atrás y hacia ambas riberas. Al comprobar que los perseguidores habían quedado atrás definitivamente, un inmenso alivio lo inundó, dando paso al regocijo de una fuga consumada con éxito.
Hong Yu también rebosaba emoción en la mirada. Primero alzó los ojos para examinar la nave: se trataba de una barcaza comercial mediana, de poco calado, que avanzaba con notable rapidez gracias al viento a favor y enarbolaba el estandarte oficial de la Administración de Transporte Fluvial.
"Este barco debe de dirigirse a Yongzhou. Si bajamos a tierra firme ahora, no encontraremos monturas ni carruajes, así que subamos a descansar un poco. Cuando hayas recuperado fuerzas, podrás cabalgar de regreso a paso forzado de ochocientos li. Aún queda día y medio para que venza el plazo de la prueba, te dará tiempo de sobra para llegar".
Al oír aquello, Ye Xingge ya podía imaginarse a la despampanante belleza Luo con la mandíbula desencajada por la sorpresa. Abrazando a su querida Yu, preguntó con suficiencia:
"¿Acaso no estuve formidable esta vez?"
"¿?"
Al ver esa mirada henchida de orgullo, Hong Yu tuvo la tentación de adoptar la imponente compostura de un magnate supremo y recordarle a su pretendiente que no se le subieran los humos a la cabeza.
Sin embargo, lo que Ye Xingge acababa de lograr había sido ciertamente apabullante. Tras contenerse un instante, terminó levantándole el pulgar:
"Bien hecho. Ya tienes la mitad del porte y la grandeza de esta hermana mayor".
"Bah..."
Ye Xingge bajó la mirada hacia los atributos más imponentes de la despampanante mujer:
"Tú las tienes más grandes, así que todo lo que digas es ley".
Hong Yu retrocedió ligeramente, encogiéndose un poco, pero no le propinó un golpe al artífice de semejante proeza. Tras aguzar el oído para percibir el movimiento de los barqueros en cubierta, rodeó el casco junto a Ye Xingge hacia un flanco desguarnecido, enrolló el Látigo Purificador de Impurezas en la barandilla y abordó la embarcación.
Acto seguido, Hong Yu los envolvió a ambos con el manto y, como dos ratoncillos furtivos, se deslizaron pegados a la pared en dirección al interior de la cabina.
A plena luz del día, el efecto de camuflaje del manto se veía sumamente restringido; con solo moverse, se distinguía una silueta distorsionada por la refracción de la luz.
No obstante, a bordo solo había un puñado de soldados y barqueros comunes a quienes jamás se les pasaría por la cabeza algo semejante. Ambos consiguieron colarse sin contratiempos en la bodega de carga, donde descubrieron que todo el espacio estaba atestado de baúles rojos sellados con tiras de papel oficial; a todas luces, parecía tratarse de un cargamento de tributos de cumpleaños enviado desde las provincias del sur.
A Ye Xingge poco le importó aquello. Bordeó la bodega hasta alcanzar el fondo desierto de la sentina y se dejó caer sentado contra una esquina de la pared, permitiendo que sus nervios, en tensión durante toda la noche, por fin se relajaran:
"Fiuuu..."
Dado que su cultivo aún no se había restablecido, Hong Yu también estaba exhausta. Se alisó con delicadeza los pliegues de su falda carmesí, delineando con total nitidez el contorno empapado y ceñido de su monumental silueta, y se dispuso a sentarse frente a él.
Recostado contra el tabique y teniendo enfrente semejante opulencia curvilínea, Ye Xingge quedó noqueado por el brutal impacto de aquella perspectiva:
"Maldita sea..."
Al notar que la despampanante mujer volteaba la cabeza al instante, sofocó a toda prisa el ardor de su sangre inquieta, estiró las piernas y sugirió con fingida preocupación:
"El suelo está sucio. Siéntate sobre mis piernas, no te preocupes por acomodarte".
"Bah..."
Por descontado, Hong Yu no cayó en aquella insinuación maliciosa. Tomó asiento a su lado y empezó a desatar la tira de tela vendada a su propio pecho:
"¡Ya quisieras tú! ¡Túmbate bien, voy a curarte las heridas!"
Ye Xingge sonrió meneando la cabeza y se acomodó para facilitarle la revisión, mientras él mismo examinaba su propio estado.
La noche anterior se había valido sobre todo de tender una trampa para cogerlos por sorpresa, de modo que en realidad no había sufrido heridas graves; le habían asestado una estocada en el pecho, pero gracias a la protección de la cota de malla el corte era superficial y ya había coagulado. Tras ingerir las píldoras medicinales, apenas sentía molestia alguna.
En cuanto al interior de su cuerpo...
Ahora que disponía de un momento de calma, Ye Xingge tuvo ocasión de prestar atención a las transformaciones físicas y energéticas. Podía percibir con claridad que se había vuelto un peldaño más fuerte; si bien no lograba calibrar con exactitud la magnitud del progreso, la mejoría era incuestionable.
Que se produjera semejante fenómeno solo podía atribuirse a una cosa: la Daga Roba-Destinos lo había reconocido formalmente como su amo.
Durante estos días charlando con la despampanante belleza, Ye Xingge había llegado a comprender a grandes rasgos las leyes que regían el reconocimiento de un arma divina.
Las armas divinas juzgaban el corazón, y sus vías de reconocimiento se dividían en dos:
1\. Reconocimiento por goteo de sangre.
Si uno se apoderaba de un arma divina sin dueño pero su temple interior no satisfacía las exigencias del artefacto, podía teñir el filo con una gota de su propia sangre y portar el arma en sus andanzas, demostrándole su determinación y perseverancia.
Casi todos los viejos monstruos de la Primera Clase de la Lista Dorada a lo largo de las generaciones habían heredado armas divinas de este modo, y la heroína Yun, en su época, también obtuvo la aprobación del Látigo Purificador de Impurezas siguiendo este método.
Si al cabo de tres años el arma divina aún no lo había elegido, significaba que sencillamente carecían de afinidad predestinada.
2\. Reconocimiento espontáneo del arma divina.
Este caso era sumamente inusual, pero una vez que acontecía, el arma divina jamás erraba.
El individuo debía hallarse irremediablemente seducido por los 'Tres Cadáveres y los Tres Venenos', o bien haberlos decapitado y purgado por completo, poseyendo un Corazón del Dao impoluto.
Fue por esta vía como Ye Xingge obtuvo el Látigo Purificador de Impurezas.
Y dado que desde el primer instante apostó todo a una sola carta, e incluso la noche anterior 'cebó el anzuelo con su propia persona' con la codicia desmedida de empuñar dos armas a la vez, rayando en la pura gula, encajaba a la perfección con los criterios de elección de la Daga Roba-Destinos.
En cuanto a desprenderse de un arma divina, también existían dos situaciones:
1\. Que el portador muriese.
2\. Que el portador decidiera renunciar a ella 'desde lo más profundo de su corazón', ante lo cual el vínculo con el arma se disolvía por sí solo, despidiéndose en buenos términos.
No obstante, este deseo nacido del corazón podía deberse al cansancio, a la iluminación, a ya no necesitarla o al anhelo de confiarla a un sucesor más idóneo; lo único que no se toleraba era que naciera del 'miedo'.
Si mediaban la coacción de un poder tiránico o la presión de una situación adversa, el arma divina no hacía más que proteger a su dueño, ayudándolo a capear la catástrofe de vida o muerte.
Respecto a cómo se había originado dicha catástrofe, al arma divina le traía sin cuidado; lo que jamás permitiría era que te ganaras el sustento arrastrándote de rodillas.
...
Ye Xingge sentía que el arma divina ya lo había reconocido, pero al fin y al cabo nunca había visto la verdadera naturaleza de la Daga Roba-Destinos, de modo que la empuñó para ponerla a prueba.
Las armas divinas abarcaban doce tipologías distintas de armamento; si su forma fuera rígida e inmutable, resultaría imposible adaptarlas a todas las disciplinas marciales existentes.
Por ello, las armas divinas tenían la capacidad de alterar su fisonomía, aunque según el tipo, el margen de transformación variaba enormemente.
El Látigo Purificador de Impurezas pertenecía a las armas flexibles, por lo que su capacidad de metamorfosis era intrínseca a su naturaleza y su alcance sumamente amplio; en combinación con el efecto místico del Colgante Huayue, era capaz incluso de dar forma a una deslumbrante réplica tridimensional de la belleza.
La Daga Roba-Destinos, en cambio, se adaptaba a cualquier clase de sable o cuchillo conocido, siempre y cuando no se traicionara la propia convicción: por ejemplo, no se podía señalar unas tijeras, una lima o una hoja descomunal de cuarenta metros y afirmar:
'¡Yo considero que esto es un sable!'
El arma divina y su portador compartían una comunión de voluntades; si ni el propio dueño creía sinceramente que aquello fuera un arma blanca, el artefacto no respondería en lo más mínimo.
En ese instante, Ye Xingge canalizó su Qi. La sangre de todo su cuerpo se agitó en respuesta, fluyendo como un torrente hacia la palma de su mano.
Y el sable de tres pies que sostenía comenzó a transformarse: la hoja de color rojo oscuro viró primero a un escarlata encendido.
A continuación, la punta del sable pareció disolverse cual sangre líquida hasta adoptar un remate plano; el filo, teñido por un manto bermellón en expansión, se volvió recto y uniforme, mientras que la guarda desapareció por completo, ¡transformándose en un imponente y temible machete plano para cortar sandías!
"¡Uf!"
Sosteniendo la legendaria 'Hoja de Hua Qiang', Ye Xingge la contempló maravillado, como si sostuviera el tesoro más codiciado del universo...
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• Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē)
• Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子)
• Traductor: Inmensurable
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Baladas Nocturnas (Novela)
Capítulo 53
Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 52
Estás leyendo el capítulo 52 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.