Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 47 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Medio cuarto de hora más tarde, en la Isla Qingluo.
La luna plateada se derramaba sobre la superficie del lago. Varios peces que buscaban alimento en las aguas se sobresaltaron de pronto por una sutil corriente y huyeron en desbandada hacia todas direcciones; la vegetación del fondo acuático también se inclinó a su paso, como si algo acabara de deslizarse a través de ella. Sin embargo, bajo el fulgor lunar, todo parecía completamente desierto.
Zhujinlang avanzaba sumergido en las profundidades. La silueta nebulosa que normalmente delataba sus movimientos quedaba disimulada por el agua del lago, haciendo imposible que el ojo humano percibiera nada a simple vista.
Con la Perla Repele-Agua a su lado, ni siquiera necesitaba salir a respirar, por lo que en cuestión de instantes alcanzó las inmediaciones de la Isla Qingluo.
Estando aún a medio li de distancia, Zhujinlang nadó primero alrededor de la isla para realizar un reconocimiento previo.
Descubrió que en la orilla occidental había dos barcas amarradas, sin nadie a bordo.
Buscó con detenimiento desde el agua y, poco después, distinguió a cinco siluetas entre la arboleda de la colina. Avanzaban barriendo palmo a palmo el bosque del flanco oeste. De no haber prestado una atención minuciosa, habría sido casi imposible descubrirlas; por lo visto, todavía no habían dado con su objetivo.
Tras haber lidiado con ellos durante varios meses, Zhujinlang fue capaz de identificar por sus espaldas que quien iba a la izquierda era Zorro Lunar Xin, y el de la derecha, Conejo Solar Fang.
'De verdad están aquí...'
Para prevenir cualquier engaño, Zhujinlang no desembarcó de inmediato, sino que continuó patrullando a lo largo de la línea costera.
Tras dar un par de vueltas a la isla, vio de pronto cómo media cabeza se asomaba detrás de una peña en la ladera norte.
La silueta echó un vistazo hacia el exterior y se ocultó de prisa. Al cabo de medio sorbo de té, volvió a asomar la cabeza para vigilar; saltaba a la vista que temía la llegada de perseguidores.
Zhujinlang distaba de ser estúpido y sospechó que era muy probable que la Secta Guiyuan le estuviera tendiendo una trampa, aprovechando la muerte de Tigre de Fuego Wei para pagarle con la misma moneda.
Pero para pescar hacía falta un cebo, ¿no?
Como un ladrón consumado que llevaba veinte años recorriendo el Jianghu y que, además, era el portador de un arma divina, ¿acaso no sabría distinguir si el Látigo Purificador de Impurezas era auténtico o falso?
Tras meditarlo un instante, Zhujinlang decidió tantear primero la verdad tras las apariencias. Nadó sin hacer ruido hasta los arrecifes de la orilla. Al emerger del agua se produjo una levísima anomalía, pero en cuanto puso un pie en tierra firme, su figura se desvaneció por completo.
Los artefactos dotados de la propiedad de Extinción de Forma y Sombra no conferían una invisibilidad absoluta; al desplazarse producían un contorno vaporoso, pero cuanto mayor era su calidad, más difíciles resultaban de percibir sus vestigios.
Zhujinlang había invertido incontables esfuerzos en nutrir su Túnica del Retorno al Polvo hasta alcanzar la plenitud, su técnica de ligereza marcial rozaba la cúspide y, para colmo, era de noche. Incluso moviéndose, resultaba prácticamente imposible de ver.
Avanzó en silencio entre la arboleda, explorando los alrededores a su paso. Sin embargo, antes de poder rodear el flanco de la silueta, una voz resonó en su mente:
\*¡Ding-ling!\*
El sonido era idéntico al de una moneda de cobre cayendo dentro de una bolsa.
La fuente no era otra que el Cascabel Rastreador de Oro, el artefacto de renombre con el que Zhujinlang había forjado su fortuna.
No solo producía un tintineo melodioso, sino que, a través de la cantidad de repiques, permitía discernir el valor de los tesoros celestiales y terrenales.
Al oír resonar aquel tañido, Zhujinlang aguzó los sentidos de inmediato para descifrar de qué rango era el tesoro que portaba el joven detrás de la roca.
El Cascabel Rastreador de Oro solo avisaba sobre la pieza de mayor valor dentro de su radio de alcance.
Ante artefactos de renombre o tesoros celestiales y terrenales, el cascabel tañía un máximo de cinco veces.
Las armas divinas eran un caso especial: lo normal eran seis toques.
No obstante, como entre las armas divinas no había jerarquías, por cada arma divina adicional que estuviera presente, sonaba un toque más.
Si las doce armas divinas estuvieran reunidas en un mismo sitio, repicaría diecisiete veces.
En ese instante, Zhujinlang contó con minuciosa atención y pronto descubrió que en sus oídos resonaban...
¡Dieciocho toques dorados!
El valor de aquel objeto superaba con creces al de las doce armas divinas juntas...
"..."
Siendo un ladrón de la vieja escuela, Zhujinlang supo al instante de qué maldita reliquia se trataba, y su expresión se tornó tan amarga como si hubiera lamido excremento.
Pero si la otra parte poseía un artefacto capaz de ocultar los cielos, entonces era sumamente probable que en verdad se tratase de Ye Xingge.
Zhujinlang sopesó la situación y continuó avanzando. Muy pronto pudo ver a la figura en su totalidad tras la roca:
Agazapado detrás de la peña había un joven de no más de veinte años, vestido con un atuendo marcial gris. Empuñaba en su diestra un Sable de Estandarte Negro, y en su brazo izquierdo levantado se vislumbraba una muñequera; en efecto, se trataba del auténtico Brazalete Ocultador del Cielo.
Observó con mayor detenimiento y no tardó en descubrir que, bajo la túnica exterior del joven, se ocultaba un látigo enrollado. Podía apreciarse su contorno, aunque resultaba imposible distinguir los detalles a simple vista.
"..."
Al presenciar semejante escena, a Zhujinlang le asaltaron enormes dudas de que esto fuera una trampa montada por la Secta Guiyuan, ¡usando noticias falsas a propósito para pescarlo!
Pero si la Secta Guiyuan pretendía ponerle un cebo, ¡no tenía necesidad alguna de matar primero al Tigre!
El Tigre administraba la casa de cambio del Muelle de Mercancías Clandestinas y era el canal para liquidar el botín de las Siete Mansiones del Dragón Verde. Comenzar la jugada usando una estratagema de entregar la propia cabeza para tenderle una trampa, forzando a que toda la Isla Wulong se movilizara por completo... eso rayaba en la desesperación más absurda.
Por añadidura, Zorro Lunar Xin y los suyos estaban en la ladera occidental, ni siquiera dentro del campo de visión; aquello distaba mucho de parecer un cerco.
En cuanto a ese muchacho...
Zhujinlang no conocía a Ye Xingge en persona, pero el Sable de Estandarte Negro era sin duda equipamiento oficial de la corte. Tras la cintura llevaba tubos de señales, Flores Esparcidas por las Hadas y otros adminículos que, sumados al Brazalete Ocultador del Cielo y a su edad, encajaban con exactitud milimétrica con los rumores procedentes de Yongzhou.
Además, ese muchacho de verdad tenía la posibilidad de haberse hecho con el Látigo Purificador de Impurezas.
En este viaje, Zhujinlang incluso podía soportar el dolor de no arrebatarle el látigo, ¡pero tenía que asegurarse de si este chicuelo lo poseía o no!
De tenerlo, habría surgido un recién llegado entre los portadores de las armas divinas, ubicado en el último lugar del escalafón. ¡En la segunda mitad del año, a Zhujinlang le bastaría con asegurarse de no ser superado por este muchacho para conservar la Daga Roba-Destinos!
En cambio, si el joven no lo tenía, el resto de las armas divinas estarían en manos de los viejos monstruos de la Primera Clase de la Lista Dorada.
La idea de fortalecerse mediante batallas a lo largo de medio año para superar a Wu Chenglie ofrecía unas probabilidades que, en la actualidad, rozaban el cero absoluto.
Por el contrario, si llegaba a empuñar dos armas divinas, fortaleciéndose con combates durante el día y nutriendo su cuerpo de noche, contaría con una segunda vida...
¡Así que era preferible que ese mocoso de verdad lo tuviera!
Zhujinlang prácticamente devoraba la escena con la mirada, deseando poder atravesar aquella fina túnica exterior para confirmar si se trataba del Látigo Purificador de Impurezas.
Sin embargo, el Brazalete Ocultador del Cielo, que en el pasado solía considerarse algo inútil y prescindible, en ese instante desprendía una resonancia suprema equiparable a cubrir el cielo y la tierra.
Fueras un inmortal auténtico o un artefacto místico, bajo las secuelas de sus leyes fundamentales no te quedaba más remedio que regresar a la condición de simple mortal. Si querías comprobarlo, solo existía el método tradicional:
¡Ponerle las manos encima y registrarlo en persona!
Bajo el respaldo de innumerables indicios, a Zhujinlang le resultaba imposible concluir que aquel joven no lo tuviera.
Pero al no haberlo visto con sus propios ojos, tampoco se atrevía a darlo por hecho.
De tenerlo realmente, era inverosímil que el muchacho le estuviera tendiendo una trampa.
Habiendo obtenido el Látigo Purificador de Impurezas, lo lógico sería quedarse en casa disfrutando de banquetes nocturnos y placeres carnales, no correr hasta aquí para usarse como carnada con un arma divina en mano, arriesgando el pellejo para robar la Daga Roba-Destinos. Semejante locura superaba con creces la idea de que la Secta Guiyuan hubiera sacrificado la cabeza de su propio camarada.
Además, si en verdad lo asesinaban, su periodo de desarrollo de diez años se reduciría drásticamente a medio año; de no lograrlo, se quedaría sin una sola arma divina. No tenía ninguna lógica rentable...
Zhujinlang prefería creer que padecía un delirio de persecución antes que aceptar que el flamante nuevo portador de un arma divina pudiera ser semejante demente.
Por ello, tras vacilar durante largo rato, apretó los dientes en secreto y avanzó paso a paso hacia un abismo del que no habría retorno...
Mientras tanto, en la ladera...
Hong Yu yacía tumbada entre los matorrales, manteniendo fijada su mirada en Ye Xingge a través del Catalejo de Bronce. Sus ojos de flor de melocotón permanecieron tan concentrados que pasaron varios minutos sin pestañear, como una cazadora que aguarda pacientemente a su presa.
Aunque no sabía si Zhujinlang vendría ni cuándo lo haría, mientras actuara como si fuera a aparecer en el instante siguiente, resultaría imposible cometer un descuido.
Habiendo sido una figura formidable entre los diez primeros de la Segunda Clase, Hong Yu había perdido todo su Qi interno, pero su agudeza visual y su experiencia seguían intactas.
En cuanto algo invisible y desprovisto de forma emergió en silencio en la parte baja de la isla, sus pupilas se contrajeron levemente. Desplazó con suavidad la Ballesta Shenbi y fijó la vista en unas briznas de hierba que se inclinaban de manera antinatural bajo la luz de la luna:
"Ya viene. Por el oeste, a más de treinta pasos. No te delates..."
Ye Xingge en un principio solo fingía nerviosismo para actuar; al oír la advertencia repentina, ¡su corazón dio un vuelco violento!
Para evitar mostrar cualquier anomalía que el objetivo pudiera notar, Ye Xingge se puso de pie, oteó hacia la superficie del lago y volvió a agacharse con presteza, empleando un movimiento amplio para enmascarar los pequeños detalles.
Aprovechó el impulso para orientar su flanco izquierdo hacia el enemigo, acuclillándose tras la roca con gesto pensativo.
Aquel ademán, en efecto, hizo que la otra parte se detuviera por un instante.
Hong Yu se concentró al máximo, clavando la mirada en el punto donde se había desvanecido el contorno borroso. Al reanudar el otro la marcha, produciendo una levísima distorsión de la luz, comenzó a observar los detalles de su silueta:
"Mide alrededor de cinco pies y tres pulgadas. Lleva el sable en la cadera izquierda y lo empuña con la mano derecha. Avanza con paso furtivo. Veintiocho... veintisiete..."
El paso furtivo consistía en flexionar las rodillas, hundir la cadera y bajar ligeramente el torso, asentando los pies con lentitud apoyando primero la punta; era una marcha muy común en el Jianghu para deslizarse a espaldas del enemigo.
Ye Xingge se estaba utilizando a sí mismo como carnada; al no oír el menor sonido ni ver a nadie mientras el oponente se aproximaba a paso constante, era inevitable que sintiera una presión aplastante sobre el pecho.
No obstante, la posición que había elegido para ocultarse estaba calculada al milímetro: había matorrales y maleza a izquierda y derecha, por lo que para infiltrarse en silencio, solo se podía avanzar pisando las rocas desnudas y la tierra firme.
Y un 'paso' no se refería a levantar un solo pie, sino a la distancia que una persona normal recorre al alternar el pie izquierdo y el derecho, lo que solía equivaler a un metro y medio.
Al contar con datos como la dirección, la distancia y los movimientos, Ye Xingge podía deducir de forma natural la posición aproximada de su adversario.
A medida que la distancia se acortaba, una sensación de tener una hoja afilada rozándole la espalda y un frío estremecedor comenzaron a brotar en su interior.
Por fortuna, como supuestamente se hallaba cercado por tres mil hombres de la Isla Wulong, no le hacía falta fingir el nerviosismo.
"Diez, nueve, ocho..."
El conteo de pasos continuó de este modo hasta situarse a menos de diez metros.
Para asegurar un golpe letal en un solo instante y sin alertar a los miembros de la Secta Guiyuan en el flanco opuesto, Zhujinlang jamás lanzaría un ataque precipitado desde la distancia.
Al percatarse de que Ye Xingge se había girado a contemplar el horizonte con el sable descansando en el flanco opuesto, dejando expuesto un amplio costado que le privaba de cualquier oportunidad de desenvainar, Zhujinlang sofocó todo rastro de respiración y continuó aproximándose, resuelto a perpetrar un asesinato silencioso.
Si Zhujinlang había podido rondar el Jianghu durante veinte años sin morir, era gracias a un control de riesgos implacable: rebosaba codicia, pero sabía con exactitud cuándo atreverse a extender la mano y cuándo retirarla de golpe.
Aquellos que no sabían cuándo detenerse eran codiciosos vulgares que no duraban mucho con vida.
Y aquellos que no se atrevían a extender la mano no eran dignos de llamarse codiciosos, incapaces de hacerse jamás con un arma rapaz.
En el pasado, Zhujinlang consideraba que nadie le superaba en la senda de la avaricia, y por esa misma razón la Daga Roba-Destinos había terminado en sus manos.
Sin embargo, al toparse hoy con el arma parásita correspondiente a su arma rapaz, ¡comprendió por fin lo que significaba alcanzar el límite absoluto de la codicia humana!
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• Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē)
• Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 47 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.