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Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 41 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Cuatro hombres armados con sables bloqueaban el camino. Todos vestían ropas negras y se habían instalado bajo un cobertizo de paja al borde de la vía, con barricadas de madera atravesadas para cortar el paso. Mercaderes y viajeros formaban fila pacientemente para pagar el peaje. Ye Xingge examinó con discreción sus atuendos y reconoció que pertenecían a la Isla Wulong. Aunque los cuatro no pasaban de ser simples esbirros, si alguien se negaba a pagar, los matones de la banda no tardarían en caerle encima. Como no deseaba complicaciones innecesarias, Ye Xingge avanzó con la fila y arrojó diez monedas de cobre en la caja del dinero; a decir verdad, la tarifa era bastante módica. Sin embargo, justo cuando se disponía a cruzar, un pequeño cabecilla que estaba recostado a la orilla del camino clavó de pronto la mirada en la tela negra que colgaba al flanco de su montura, se puso de pie y dijo: "Un momento, hermano. ¿Qué llevas colgado ahí detrás?" "¡Soo!..." Lo que colgaba tras el caballo de Ye Xingge era, desde luego, la Ballesta Shenbi. Con los arcos y el cuerpo desmontados y envueltos en tela negra, semejaba más bien un estuche alargado. En ese instante, respondió con una sonrisa afable: "Productos de la montaña, cosas que no conviene exponer a la luz. Hermano, haznos el favor de mirar hacia otro lado." "¿Productos de la montaña?" El cabecilla se incorporó empuñando su sable, se acercó a paso lento y dio una vuelta completa alrededor del caballo, para luego fijar la vista en el arma ceñida a la cintura de Ye Xingge: "Por tu acento, hermano, se nota que eres de Yongzhou. ¿Acaso hay montañas por allá?" Al notar que el hombre comenzaba a sospechar, Ye Xingge sacó dos taeles de plata: "«Sobre las olas boga el joven del clan Jiang, con filo y espada pacifica los Tres Ríos». No hay nadie bajo el cielo que no conozca la fama del Señor de la Isla Jiang. ¿Acaso cree este valiente que alguien con mis escasas habilidades se atrevería a romper las reglas del Señor de la Isla Jiang en pleno Vado Wangchuan?" El líder de la Isla Wulong, Jiang Jinjiang, ocupaba el decimonoveno puesto de la Segunda Clase de la Lista Dorada. Aunque distaba de igualar a figuras como Rojo Pleno o La Jueza de las Flores, era sin duda un señor temible y una potencia hegemónica en la región. El cabecilla le echó un vistazo a la plata, lo meditó un instante y la aceptó: "Es bueno que conozcas las reglas. De lo contrario, si por descuido acabas ahogado en el Lago Dongyuan, a mí solo me darán una bofetada, pero tú, hermano, perderías la vida." "Gracias por la advertencia, hermano." Ye Xingge juntó las manos en saludo y no se entretuvo; espoleó al corcel atravesando el puesto de control y, tras avanzar apenas cinco li más, divisó el Pueblo Hukou. El poblado servía de puerta de entrada al Lago Dongyuan, y la franja circundante de varias decenas de li también se conocía como el Vado Wangchuan. Durante todo el año congregaba a una marea incesante de viajeros de norte a sur, y el contrabando de mercancías provenientes de Shu Occidental y Zhou Posterior pasaba obligatoriamente por allí, dando origen incluso al Muelle de Mercancías Clandestinas, un mercado negro célebre en ambas direcciones del imperio. A medida que la inmensidad del lago, cuyas orillas se perdían en la lejanía, se abría ante su vista, la luz del ocaso comenzó a desvanecerse. Ye Xingge cabalgó con presteza hasta las afueras del pueblo y oteó el panorama: a lo largo de la ribera se congregaban miles de velas, no solo barcos mercantes de diversas regiones, sino también embarcaciones oficiales del transporte fluvial. Los comerciantes pululaban por doquier, y tampoco escaseaban los guerreros del Jianghu. Al cruzar los límites del pueblo, alcanzó a escuchar las charlas ociosas de unos hombres de armas en un puesto de té: "Con las escasas habilidades de Yang Tuyan, ¿cómo tuvo las agallas de correr hasta Yongzhou para atentar contra el emperador?..." "He oído que el Salón de los Ocho Pilares está detrás moviendo los hilos. ¿Qué experto respetable de la Lista Dorada aceptaría semejante encargo suicida sin billete de vuelta?..." Ye Xingge constató que las noticias de anteayer ya se habían propagado hasta el Lago Dongyuan y comprendió que el tiempo apremiaba. Aceleró el paso de su montura, atravesó el caserío hasta llegar a la Posada Wangchuan, le confió el caballo al mozo, subió las escaleras con el estuche alargado a la espalda y se plantó ante la puerta de una habitación. \*Toc, toc.\* De inmediato se oyeron pasos en el interior y la puerta se abrió desde dentro, revelando la imponente silueta de la Gran Belleza ante sus ojos. Como apoyaba ambas manos en las hojas de la puerta, su generoso y turgente corpiño fue, inevitablemente, el centro gravitatorio de su mirada. La tela de su vestido había cambiado a un rojo oscuro, no tan brillante ni llamativo como en su primer encuentro, pero que le confería un aire más maduro y aplomado. Más abajo, su cintura flexible como un sauce contrastaba de forma pronunciada con la opulencia de su pecho; luego, la curva de sus caderas y glúteos se ensanchaba de golpe con una voluptuosidad que medía no menos de tres chi y tres cun, y junto al vuelo de su falda carmesí, semejaba un gran melocotón de la longevidad maduro y rebosante... ¿? Hong Yu tampoco llevaba mucho tiempo allí. En un principio se había preocupado pensando que su candidato de matrimonio arreglado, tras dos días de travesía sin apenas pegar ojo y galopando a toda prisa a lo largo de cientos de li, estaría tan agotado que no podría ni dar un paso. ¡Pero en cuanto abrió la puerta, descubrió que a este mocoso maldito no parecía pesarle el cansancio en lo más mínimo y todavía tenía el descaro de repasar su anatomía de arriba abajo, por lo que de inmediato puso cara de absoluto desdén! Ye Xingge tampoco se quedó embobado mirándola fijamente; tras esa rápida ojeada, aprovechó el resquicio a su costado para colarse en la estancia y depositó el bulto sobre la mesa: "No está mal ese atuendo, bastante discreto. Pensé que te pondrías un vestido rojo chillón y harías que todo el pueblo se enterara." Hong Yu sentía que a este muchacho no le faltaba de nada salvo una buena tunda, pero como en ese momento todavía no podía doblegarlo, se limitó a soltar un leve bufido, cerró la puerta y señaló hacia el biombo: "Allí hay agua caliente con hierbas medicinales para reactivar músculos y huesos. Recupérate rápido; pronto anochecerá y conviene ocuparse del asunto cuanto antes." Aunque Ye Xingge había viajado a lomos de caballo, tras tantas horas continuadas sentía las piernas casi deshechas, así que pasó tras el biombo y empezó a desvestirse. Hong Yu, por su parte, se acomodó junto a la mesa, desenvolvió la tela negra y se puso a ensamblar la Ballesta Shenbi. Al estar sentada en un taburete redondo, el impacto visual de su cintura estrecha desembocando en semejantes caderas resultaba aún más desmesurado desde atrás; daba la sensación de que el taburete era decididamente diminuto, proyectando una tensión como si la madera estuviera a punto de colapsar bajo tanta abundancia. Aunque, sin duda, la culpa era enteramente del taburete. La Gran Belleza gozaba de unas proporciones perfectas, estilizada, esbelta y sin una pizca de carne de más. En ese instante sostenía el cuerpo de la ballesta con una mano mientras ajustaba los arcos internos, el Catalejo de Bronce y la cuerda. Sus movimientos eran tan áiles y diestros como los de una jefa implacable armando una máquina de guerra, desbordando una imponente seguridad. \*Clac, clac.\* Ye Xingge la observó de reojo unos instantes, sacudió la cabeza con una sonrisa, se despojó de sus ropas y se sumergió en el agua tibia. Exhaló un prolongado suspiro de alivio, sintiendo que la vitalidad regresaba a su cuerpo; sin embargo, antes de que pudiera relajarse dos segundos, oyó: \*¡Fiuuu!\* Un virote de ballesta que destellaba con un brillo gélido cruzó zumbando por encima del biombo y de la tina de baño, clavándose casi tres pulgadas en la viga del techo. "¡Me cago en la...!" Ye Xingge dio un respingo en el agua, giró la cabeza y espetó: "¿Qué demonios haces?" Hong Yu tenía un pie apoyado en el taburete, sosteniendo la Ballesta Shenbi con la rodilla y el brazo izquierdo en una postura sumamente desafiante. En ese instante, apartó los ojos de la lente de mira: "No te estaba apuntando a ti, solo probaba su potencia." Ye Xingge consideró que la Gran Belleza seguía siendo rencorosa y mezquina, asustándolo a propósito, pero no se molestó en discutir. Extrajo la placa de jade de entre sus ropas: "¿Dónde nos reuniremos luego?" Hong Yu ya se había puesto en contacto con los informantes de la Sociedad Shanhe al llegar. En ese momento desmontó el cuerpo de la ballesta para instalarle láminas de arco reforzadas adicionales: "En el astillero abandonado de la desembocadura. Hoy no hay nadie por allí y el terreno ofrece ventajas tácticas. Nos tenderemos en emboscada y luego le enviamos el aviso." Al comprobar que el Tigre de Fuego Wei aún no había respondido, Ye Xingge volvió a dejar la placa a un lado: "¿Cuál es exactamente tu plan?" Hong Yu parpadeó con picardía, se dio la vuelta y pasó a exponer la brillante estrategia que había estado maquinando todo el día: "Según las indagaciones de la Sociedad Shanhe, Zhujinlang ha estado cometiendo fechorías en las inmediaciones del Lago Dongyuan últimamente, y siempre recurre al Tigre de Fuego Wei para reducir el botín..." Ye Xingge escuchó en silencio y pronto ordenó los cabos sueltos en su cabeza: Zhujinlang recurría al Tigre de Fuego Wei para dar salida a lo robado, pero la Secta Guiyuan no se andaba con contemplaciones éticas; sin duda querrían traicionarlo y quedarse con todo. Zhujinlang tampoco era ningún ingenuo, por lo que con toda probabilidad mantenían un contacto indirecto, sin llegar a verse las caras jamás. La Sociedad Shanhe no había logrado descubrir la verdadera identidad del Tigre de Fuego Wei; únicamente mediante el flujo de las mercancías robadas dedujo a grandes rasgos que se hallaba operando en la zona del Vado Wangchuan. Él ya había concertado una cita con el Tigre de Fuego Wei; mientras lograran someterlo, tendrían la oportunidad de rastrear a Zhujinlang. La frecuencia con la que Zhujinlang actuaba en tiempos recientes era altísima; con la vasta experiencia y la agudeza perceptiva del octavo puesto de la Segunda Clase que ostentaba la Gran Belleza, una vez localizado en la zona tendrían la oportunidad de fijar el blanco sin error. Incluso si no encontraban pistas de Zhujinlang, puesto que la Secta Guiyuan pretendía devorar a sus socios, el Tigre de Fuego Wei no estaría solo en este lugar; podrían usar de nuevo la ficha para repetir la treta y atraer a otros altos mandos a su perdición. Y en el peor de los casos, si no salía nada de eso, tras degollar al Tigre de Fuego Wei, los agentes de la Sociedad Shanhe podrían arreglárselas sobre el terreno para conseguir a cualquier prófugo con precio a su cabeza y dejar que él lo liquidara; de un modo u otro, cumpliría la evaluación militar... Tras escuchar con atención, Ye Xingge pensó que el plan era sumamente razonable. Tras reflexionar un momento, inquirió: "Zhujinlang ya ha escalado hasta la Tercera Clase de la Lista Dorada, y los demás miembros de las Siete Mansiones del Dragón Verde son monstruos curtidos de la Segunda y Tercera Clase. ¿Acaso puedo con ellos?" Hong Yu alzó la Ballesta Shenbi con una mirada rebosante de convicción: "Yo estaré vigilando desde la altura. Por debajo de los diez primeros de la Segunda Clase, nadie en este mundo podrá detectarte con antelación. Tú actuarás desde las sombras contra objetivos expuestos; con un ataque sorpresa del Tigre que Salta el Torrente, liquidar a unos cuantos donnadies te resultará coser y cantar. Y aunque no puedas matarlos, nos largamos y punto. Fuera de la Prefectura de Yongzhou estamos en pleno territorio del Jianghu; encontrar a unos cuantos fugitivos con orden de captura es como un juego de niños." Ye Xingge asintió levemente y volvió a preguntar: "¿Estás completamente segura de que sabes dar masajes y manipulación articular?" Al oír esto, Hong Yu adoptó un semblante de suma suficiencia y seriedad profesional: "No es más que relajar los tendones y activar el flujo sanguíneo. ¿Acaso no has oído hablar de «Las Nueve Transformaciones del Dragón de las Nubes» de la Sociedad Shanhe? El agarre de la espina dorsal del dragón es una maravilla inigualable." ¿El agarre del dragón?... Ye Xingge conocía «Las Nueve Transformaciones del Dragón de las Nubes»: era el arte marcial supremo cultivado por su suegra, Yunyu Lou, un método interno de grado celestial. La mismísima Gran Belleza Luo había sido sellada por semejante técnica, pero la verdad es que ignoraba por completo que semejante portento pudiera emplearse para dar masajes. Viendo que sus extremidades habían recobrado la soltura gracias al agua termal, Ye Xingge se puso en pie, se secó, volvió a vendarse la herida del pecho, se vistió con sus ropas y salió de detrás del biombo: "Entonces, hermana Yu'er, ¿por qué no vienes y lo intentas?" Hong Yu no se anduvo con rodeos. Dejó sobre la mesa la Ballesta Shenbi ya ensamblada, se levantó, se acercó a paso firme y se arremangó, dejando al descubierto sus antebrazos blancos, tersos y de piel delicada, rematados por unos dedos largos y de exquisita belleza. Al contemplar la figura escultural y ardiente de esta improvisada masajista de primer orden, Ye Xingge, debatiéndose entre la duda y la expectación, se tumbó boca abajo apoyando la cabeza en la almohada. Sin embargo, la Gran Belleza carecía por completo de la actitud complaciente de una masajista profesional. Su porte se asemejaba más bien al de un viejo maestro severo de botica medicinal: le propinó un empujón en el hombro para acomodarlo a la fuerza y luego, con los cinco dedos curvados como garras de águila, le sujetó con firmeza la columna vertebral y la recorrió de arriba abajo a lo largo de las vértebras. \*¡Crac-crac-crac!\* "¡Ssshh!..." Ye Xingge soltó una bocanada de aire helado de puro dolor y casi pegó un salto como una carpa dando un coletazo fuera del agua: "¡Me lleva el...! ¿A esto llamas agarrar la espina dorsal del dragón? ¡Lo estás haciendo a pura fuerza bruta!" Como no podía doblegar en combate a su pretendiente y durante los últimos días se había sentido sumamente ultrajada por sus descaradas provocaciones, ahora que tenía la excusa legítima de actuar como sanadora, ¿cómo iba a andarse con miramientos? Con una mirada severa y adusta, inmovilizó a Ye Xingge contra la cama y prosiguió amasándole los tendones y abriéndole la espalda sin piedad: "¿Y cómo si no? ¿De qué otra forma pensabas que se hacía?" "Yo..." Ye Xingge comprendió que nunca debió hacerse ilusiones románticas con la Gran Belleza, pero había que admitir que su técnica era asombrosamente profesional. Tras unos cuantos crujidos despiadados y tirones implacables, sus huesos, que antes parecían a punto de desencajarse por el esfuerzo del viaje, se sintieron como si hubieran sido reensamblados a la perfección. Todo su cuerpo experimentó un alivio mayúsculo y revitalizante, e incluso la sensación final resultó ser sumamente placentera... '¿Será este el sabor del afecto?...' \----- • Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē) • Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¡Tu reacción y comentario impulsan el próximo capítulo! ¿Qué te pareció esta escena? ¡Déjanos tu opinión! 💬🔥
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Estás leyendo el capítulo 41 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.