Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 40 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Fuera del callejón, sobre el puente de piedra.
La llovizna caía fina y dispersa como arena arrastrada por el viento, mientras bajo los arcos del puente el canal desgranaba un murmullo cantarín.
Luo Xuanqing llevaba puesta una capa impermeable de color negro con la capucha calada sobre la cabeza. Con el rostro vuelto hacia la brisa nocturna y las aguas del canal, dejaba que el aire gélido mitigara su bochorno; aun así, sus mejillas continuaban ardiendo al rojo vivo.
"Este maldito mocoso..."
Apretando las prendas limpias contra el pecho, Luo Xuanqing sentía que casi no se atrevía a poner un pie de vuelta en su propia casa.
Al fin y al cabo, ella era nada menos que una figura imponente situada entre los treinta mejores expertos de todo el mundo y la Gran Comandante del Pabellón Guantian; contaba con innumerables subordinados a su mando y en el pasado había sido una doncella celestial e impasible del sendero taoísta.
Y resulta que, la primera vez que traía a un jovencito a su morada, ¡aquel descarado le había visto los melones...!
A partir de ahora, cuando ejerciera de superiora, ¿con qué dignidad iba a sacar pecho en su despacho?
Temía que, en cuanto ese crío del demonio volviera a verla, lo único que le cruzaría por la mente serían dos imponentes cumbres nevadas...
'¿Acaso este mocoso nació para hacerme la vida imposible?'
Al pensar en ello, Luo Xuanqing rememoró los ocho caracteres astrales del nacimiento de Ye Xingge y alzó la mano derecha para calcular el destino y los lazos que compartían:
'Nacido el noveno día del noveno mes, al tercer cuarto de la hora del mediodía. Doble nueve en sol y luna; su destino carga con la esencia del vigor del Yang Supremo entre el cielo y la tierra. Fiero, resuelto, de orgullo innato, portador del presagio de la Estrella Asesina del Firmamento...
Y en cuanto a la compatibilidad con mi horóscopo... Su carta astral sitúa el Estanque Salado bajo el asedio del infortunio, trayendo una calamidad encubierta de flores de melocotón. Debe contener los afectos, vigilar el corazón y mantenerse bien lejos del Estanque Salado para atraer la fortuna y eludir la desgracia...'
Luo Xuanqing frunció levemente sus cejas de sauce, giró la cabeza hacia las sombras del callejón y refunfuñó para sus adentros con marcado disgusto:
'Pase que esté destinado a los enredos amorosos, ¿pero cómo demonios va a ser una calamidad funesta? Y encima eso de alejarme de él... Si echo a la gente, ¿quién me va a resolver los asuntos? La adivinación y las supersticiones de verdad que solo sirven para descarriar a la gente. Menos mal que en su día decidí volver a la vida secular...'
Tras desahogarse interiormente contra su venerable maestra taoísta, Luo Xuanqing sofocó el torbellino de pensamientos en su pecho y, sosteniendo las ropas, avanzó con paso grácil a través del callejón profundo.
La capa oscura con capucha sobre el albo vestido interior componía una estampa digna de un lienzo maestro, aunque por desgracia no había nadie allí para admirarla.
Al regresar a la casa principal, Luo Xuanqing comprobó que las luces del dormitorio ya se habían apagado. Con pasos felinos y sigilosos, se acercó a la puerta de la habitación y echó un vistazo al interior.
Las cortinas de gasa colgaban bajas. Ye Xingge yacía sobre la almohada, sumido en un sueño profundo, distinguiéndose apenas el contorno de su silueta.
Luo Xuanqing parpadeó enternecida. Aunque el tiempo apremiaba, no tuvo corazón para despertarlo. Dejó la ropa sobre la mesa del aposento y se acomodó con las piernas cruzadas en el pequeño diván de la sala de invitados, intentando en silencio forzar y desobstruir los canales de Qi que aquella maldita mujer le había sellado.
Afuera, la llovizna arenosa fue transformándose sin que nadie lo notara en un goteo rítmico, mientras en el horizonte despuntaba un tenue tono blanco vientre de pez...
...
Bien dice el refrán que lo que se piensa de día se sueña de noche.
Tumbado en la almohada en un sopor profundo, Ye Xingge experimentó ensueños de lo más caóticos: en unos aparecía la generosa y opulenta anatomía de la gran belleza Luo; en otros, se veía cargando en solitario contra la guarida de un gremio clandestino, perseguido por cientos de maleantes armados mientras huía despavorido con las manos sobre la cabeza.
Cuando despertó sobresaltado, el cielo aún no había clareado del todo; calculó que solo habría dormido unas cuatro o cinco horas.
Debía aprovechar cada segundo. Una vez abiertos los ojos, el sopor se disipó por completo. Se incorporó, miró a su alrededor y descubrió las prendas dobladas sobre la mesa, por lo que llamó en un susurro:
"¿Oficial Luo?"
"La ropa está en la mesa. Sal temprano."
Desde la estancia exterior le llegó la consabida voz etérea, aunque esta vez desprovista de parte de su habitual sensualidad madura y revestida de un matiz de severa autoridad.
Ye Xingge comprendía perfectamente a qué se debía tal distanciamiento, así que no hizo ningún comentario. Se levantó, tomó las prendas y se vistió con premura.
Llevaba un sayo de cuello cruzado. Para facilitar el desplazamiento y las pesquisas, la prenda no era nada ostentosa: de un corte reglamentario gris claro bastante sobrio, pero confeccionada con un tejido sumamente confortable. En especial los pantalones, que le otorgaban una soltura tal que parecía caminar con cien gramos menos de peso corporal, y el calzado se amoldaba a sus pies a la perfección.
Una vez aseado y compuesto, Ye Xingge salió de la habitación, pero se percató de que la belleza Luo no estaba en la sala, mientras que en el patio delantero brillaba la luz de un candil.
El regordete gato negro también se había desperezado. Estaba acuclillado bajo el alero del zaguán de paso; visto desde atrás parecía un triángulo perfecto, sin cuello alguno. De no ser por las dos orejitas peludas, su silueta bien habría podido pasar por un enorme \*zongzi\* negro.
Al ver que la lluvia había cesado, Ye Xingge avanzó con el sable en la mano hacia el pórtico interior y, al pasar, le dio una caricia en el lomo al felino. Asomó la cabeza para inspeccionar y vio que el ventanal de la cocina lateral permanecía abierto de par en par.
Una dama de estatura esbelta, ataviada con un camisón blanco de dormir y con la densa melena derramada sobre la espalda, estaba hirviendo agua para cocinar fideos.
Aunque la escena de una madrugada en la cocina con una dama cocinando destilaba calidez doméstica, la gran belleza Luo distaba leguas de ser una damisela hogareña y sumisa.
En ese instante permanecía erguida y con la espalda rígida como una pica frente a los fogones, apoyando una sola mano sobre el gran caldero de hierro, mientras las llamaradas del horno salían disparadas hacia arriba con la furia de un cohete.
\*¡Fuuu, fuuu, fuuu!\*
'¿...?'
Ye Xingge se frotó los ojos y por un segundo casi creyó estar contemplando un fogón de gas moderno. Tras observar atónito la faena desde el umbral de la cocina, levantó una mano con cautela:
"Esto... ¿acaso la oficial Luo planea cocinarme unos fideos?"
Con el semblante frío como el jade blanco, Luo Xuanqing ni siquiera se dignó a voltear la cabeza:
"Sí. Tú solo espera sentado."
Ye Xingge se sintió sinceramente conmovido en el fondo, pero como antiguo posadero del sector hostelero, semejante salvajismo culinario le resultaba una afrenta dolorosa a la vista. Se lavó las manos en una jofaina, entró a la estancia, se anudó un delantal y se puso a picar brotes de ajo:
"Será mejor que me encargue yo. Cocinar fideos tiene su arte y su ciencia; no basta con meterle fuego a lo bestia..."
'¿...?'
Luo Xuanqing jamás había sido exigente con la comida; en sus tiempos como eremita cocinaba únicamente buscando la máxima rapidez. Al escuchar a sus espaldas el rítmico repicar del cuchillo sobre la tabla de cortar, prefirió no seguir haciendo el ridículo y cambió de conversación:
"¿Qué piensas hacer a continuación?"
"Ayer conseguí una placa de mando de la Secta Guiyuan con la que es posible contactar al Tigre de Fuego Wei. Aproveché que la noticia aún no se ha divulgado para enviarle un mensaje cifrado; acordamos encontrarnos en el Vado Wangchuan. En cuanto muerda el anzuelo, bastará con tenderle una emboscada y degollarlo."
"¿Oh?"
Al escuchar esto, Luo Xuanqing asintió con mesura:
"La idea no es descabellada. Sin embargo, si esta oficial desaparece de la capital contigo, por muy bien que me oculte, Ruan Jinyu encontrará algún pretexto para acusarme. Vas a marchar en solitario y encima sigues herido; nada garantiza que seas rival para el Tigre de Fuego Wei."
Ye Xingge dio unos golpecitos sobre la funda de la daga sujeta a su faja:
"Teniendo conmigo al Tigre que Salta el Torrente, aunque en un choque frontal no pudiera someterlo, preparar una emboscada y liquidarlo a traición será un juego de niños. Hermana Luo, no te preocupes, sé perfectamente lo que hago."
¿Cómo no iba a preocuparse Luo Xuanqing? Sin embargo, al oír el tratamiento familiar, enarcó las cejas y lo reprendió con ademán estricto:
"¡Llámame tía!"
Ye Xingge pensó que, puestos a repartir parentescos, en todo caso le correspondería llamar tía Liu a la maestra de la gran belleza Luo.
Si alteraban los rangos generacionales con semejante ligereza, ¿no terminaría en el futuro llamando abuela a la mismísima Venerable Maestra de Jiuhua?
Con el temperamento implacable y explosivo que la leyenda atribuía a la anciana ermitaña de Jiuhua, si osaba llamarla de ese modo, era capaz de propinarle una tunda hasta desperdigar sus pedazos de oriente a poniente.
"¿Por qué no va la oficial Luo a cambiarse de ropa primero? De esto me encargo yo en un santiamén."
"Hmph..."
En el fondo, Luo Xuanqing albergaba un mar de contradicciones. Tras dudar unos instantes más, no insistió en la discusión; dio media vuelta y regresó con paso sosegado a sus aposentos.
\*Tap, tap, tap...\*
Ye Xingge continuó manipulando los ingredientes con semblante imperturbable. Solo después de que la gran belleza cruzó el zaguán interior, sacudió la cabeza y dejó escapar una sonrisa ladeada...
...
Poco después, en la estación de postas imperial.
Un corcel alazán de musculatura imponente y lomo robusto aguardaba en el patio empedrado. Un funcionario subalterno sostenía un pliego oficial sobre el cual la gran belleza Luo, ataviada ahora con su distinguida túnica verde, estampó su firma y sello.
El servicio urgente de postas a ochocientos li diarios estaba vedado a los desplazamientos ordinarios, pero Ye Xingge figuraba formalmente en comisión de servicio para la 'captura urgente de un criminal de estado' y contaba con la rúbrica de una alta mandataria del Pabellón Guantian, por lo que el trámite fluyó con absoluta presteza.
Para ese momento, Ye Xingge empuñaba su sable reglamentario y lucía al costado una faltriquera de cuero pardo repleta de recursos, entre ellos los artefactos explosivos de Flores Esparcidas por las Hadas y diversos suministros medicinales; del flanco de la montura colgaba, además, una formidable Ballesta Shenbi.
Aparte de tales pertrechos, la gran belleza Luo le había provisto una cota de malla laminada que envolvía su torso sin restar un ápice de movilidad a sus hombros, capaz de neutralizar estocadas y tajos convencionales.
Al verse ataviado con semejante arsenal, la seguridad interna de Ye Xingge se multiplicó con creces. Al fin y al cabo, portar armaduras de campaña y ballestas militares atraía de inmediato la persecución judicial del imperio, por lo que los espadachines comunes del Jianghu jamás disponían de tales recursos.
Iba armado como un tirador de élite frente a una tropa de cañones de cristal; si con todo ese armamento aún no era capaz de imponerse, al menos le sobraban medios para romper el cerco y huir a escape tendido.
Una vez que la belleza Luo concluyó el trámite burocrático, Ye Xingge recibió los banderines amarillos y las plumas escarlatas de posta urgente, los afianzó en la cintura, la espalda y el arzón de la montura, colgó el cascabel de bronce y su insignia de mando al cinto, y montó de un ágil salto a caballo:
"Bien, me pongo en marcha."
Luo Xuanqing permanecía de pie a escasos pasos. La preocupación genuina por el muchacho había borrado por completo la gélida máscara de su semblante, y le advirtió con tono cercano:
"No cometas imprudencias por codicia de méritos. La puerta de casa seguirá abierta para ti; ve y regresa pronto. Si no logras dar con él no importará, ya has demostrado con creces tu valía."
"Je, je..."
Ye Xingge contempló la esbelta y vaporosa figura de aquella doncella de porte inmortal. Tras vacilar un instante sobre los estribos, no pudo contenerse y soltó una última frase:
"Lo de anoche... de verdad lo siento mucho, no fue con mala intención. ¡Arre!"
Apenas salieron las palabras de su boca, hincó los talones en los ijares de la bestia y salió disparado como una flecha.
La expresión de Luo Xuanqing se petrificó al instante. Una llamarada de carmín encendió sus mejillas a ojos vistas, aunque logró sofocarla de inmediato conteniendo la respiración. Clavando la mirada en la silueta que se esfumaba entre la nube de polvo, masculló con los dientes apretados:
"Mocoso desvergonzado... ¡a ver si tienes agallas de no volver jamás...!"
...
"¡Arre!"
\*¡Klop, klop, klop! ¡Klop, klop, klop!\*
El corcel devoraba leguas a galope tendido a través de la vasta llanura. Los tres banderines amarillos azotaban el aire con restallidos furiosos, mientras el tintineo agudo y metálico del cascabel de posta obligaba a mercaderes, carreteros y transeúntes a abrirle paso con apresurado temor.
Encaramado a la montura, Ye Xingge cubrió una extenuante cabalgata de cientos de li sin sufrir la menor interrupción, adentrándose progresivamente en los confines de la Prefectura de Jingzhou; más allá de aquellas laderas se extendía el inmenso Lago Dongyuan.
Las fuerzas y hermandades del Jianghu meridional de la Gran Yan se agrupaban bajo la denominación común de las Ocho Grandes Sectas del Río Cang. La Sociedad Shanhe y el Pabellón Hengjiang destacaban como los dos indiscutibles colosos hegemónicos; los líderes de las cofradías restantes pertenecían todos a la Segunda Clase de la Lista Dorada, y por debajo de ellos hormigueaban decenas de clanes y pandillas vasallas.
El mundo marcial del norte, por el contrario, se hallaba confederado bajo el nombre de las Tres Montañas y Doce Sectas.
Aunque las casas nobiliarias y linajes marciales del norte eran más copiosos en número —albergando además al primer, tercer y cuarto puesto de la Primera Clase de la Lista Dorada—, el bloque del sur jamás incluía en sus balances a fuerzas gubernamentales como el Pabellón Guantian ni a los ejércitos de la corte de Zhou Posterior; en consecuencia, el pulso general entre los guerreros de ambos hemisferios se mantenía en un riguroso pie de igualdad.
El Lago Dongyuan constituía el corazón neurálgico del linaje del Pabellón Hengjiang. Sus aguas, alimentadas por la confluencia de tres caudalosos ríos, se extendían a lo largo de más de setecientos li, albergando en su seno un centenar de islas y más de una treintena de facciones grandes y pequeñas.
El cuartel general del Pabellón Hengjiang se erigía en el centro neurálgico del espejo lacustre, sobre la Terraza Hengjiang, mientras que la boca fluvial de acceso estaba gobernada por la Isla Wulong, otro de los pilares de las Ocho Grandes Sectas; ambos bandos compartían el mismo pantalón desde hacía incontables años y coordinaban cada uno de sus movimientos.
Desde su tierna infancia, Ye Xingge había oído incontables cantares y crónicas sobre las Ocho Grandes Sectas del Río Cang, pero esta era sin duda la primera vez que pisaba sus dominios, e incluso la primera vez que traspasaba las fronteras de la Prefectura de Yongzhou.
Al contemplar el vivo contraste de las esmeraldas montañas y los torrentes cristalinos que flanqueaban el camino imperial, el muchacho experimentó una viva fascinación. Al alcanzar un tramo despejado y carente de testigos, sacó la tira de jade y papel amarillo:
"Rojita, ¿ya llegaste a destino?"
Hong Yu, decidida a no entorpecer el itinerario, se había puesto en camino la noche anterior. Su voz aterciopelada resonó al instante en el oído de Ye Xingge:
"Acabo de llegar. Ven directamente a la Posada Wangchuan. Ya alquilé una habitación y mandé calentar agua; toma un baño y descansa un poco primero."
Al escuchar semejante solicitud, Ye Xingge pensó que aquella gran beldad poseía una faceta hogareña y atenta que derretía a cualquiera, y no tardó en bromear:
"¿Habrá servicio de masaje incluido? Siento el cuerpo como si se me fuera a desarmar hueso por hueso."
Para su sorpresa, la voz de la dama replicó sin el menor asomo de molestia:
"Está bien, yo misma te daré un masaje. Descansa bien para que podamos ocuparnos del asunto con energía."
"Vaya..."
El agotamiento y las agujetas que atenazaban los músculos de Ye Xingge parecieron evaporarse de golpe. Sin titubear más, apuró el galope hasta una estación de postas situada en las inmediaciones de la capital de Jingzhou, hizo entrega de la insignia, los banderines amarillos y las plumas de posta, y empleando sus cartas credenciales requisó un caballo de relevo para enfilar a toda prisa rumbo al Vado Wangchuan.
Dado que cabalgaba en solitario, varios matones y transeúntes del Jianghu le clavaron miradas evaluadoras a lo largo de la ruta; no obstante, al advertir el porte marcial y el sable que descansaba en su costado, ninguno se atrevió a buscarle camorra. No fue sino hasta alcanzar las inmediaciones del Vado Wangchuan cuando una sombra interrumpió abruptamente su marcha, cerrándole el paso en mitad del sendero.
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• Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē)
• Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子)
• Traductor: Inmensurable
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Baladas Nocturnas (Novela)
Capítulo 41
Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 40
Estás leyendo el capítulo 40 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.