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Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 38 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Distrito Yingtian, Callejón del Puente de Piedra. El canal urbano fluía con suave murmullo a la salida del callejón, donde varios puentes vetustos unían ambas márgenes y los sauces mecían sus ramas bajo el viento y la lluvia con un leve susurro. En mitad de la calzada se alzaba una espaciosa residencia de dos patios con muros encalados y tejas grises; en su interior las luces yacían apagadas y la rolliza gata negra descansaba plácidamente en su cunita junto al rascador de madera. En la alcoba occidental del pabellón principal, sobre el suelo de tablas pulidas, descansaba un armario de laca pintada arrimado a la pared, flanqueado por un tocador con espejo y un pedestal para espadas; en el extremo más apartado se erigía una suntuosa cama con dosel, de la que pendían gasas traslúcidas que tamizaban una penumbra sosegada. Luo Xuanqing permanecía recostada sobre la almohada vestida con un camisón níveo; entre sus finos y estilizados dedos hacía girar una fina daga arrojadiza de tono verde bambú que desprendía un suave fulgor esmeralda, mientras bajo el dobladillo sus pies de jade descansaban cruzados, tersos y albos como el jade más puro. \*Shhh, shhh...\* A través de los postigos se filtraba el persistente repiqueteo de la lluvia menuda. Luo Xuanqing aguzaba el oído en la quietud; la medianoche ya había quedado atrás, pero el sueño se negaba a visitarla. Tras un prolongado silencio sumida en aquella vigilia estéril, la dama no pudo evitar sentirse ridícula y murmuró en su fuero interno con fastidio: 'Luo Xuanqing, ¡oh, Luo Xuanqing! ¿Qué demonios estás esperando?'. 'Mañana a primera hora debes presentarte en el tribunal; en mitad de la noche, privada de sueño, ¿qué tonterías se te están pasando por la cabeza?'. 'Ya no eres ninguna chiquilla inexperta; las cosas están más claras que el agua, ¿acaso sigues ilusionada con una sorpresa milagrosa?'. 'Con razón, en mis años en el Monte Jiuhua, la Gran Maestra Daoísta me reprendía sin cesar recordándome que mi corazón mundano no estaba purificado... Con semejante temple, ¿cómo pretendo abrirme paso en la Primera Clase de la Lista Dorada?'. 'Sin embargo... ese mocoso siempre acostumbra a dar sorpresas imprevistas. ¿Y si por casualidad...?'. Dándole vueltas al dilema una y otra vez sin percibir el menor indicio en el exterior, la mente de Luo Xuanqing comenzó a deslizarse hacia un estado de duermevela. Ignoraba cuánto tiempo había transcurrido cuando, de pronto, sus delicadas orejas captaron una levísima vibración: \*¡Chiiik!\* '¿...?' Luo Xuanqing abrió los ojos de golpe, aferró con firmeza la daga verde en su diestra y clavó la mirada en los postigos. \*Tap, tap...\* Unos pasos cautelosos y deliberadamente amortiguados penetraron en el patio interior, tan livianos que ni siquiera perturbaron el plácido reposo de la felina azabache. A continuación, las pisadas bordearon el ventanal y avanzaron hacia el ala lateral, seguidas por una serie de ruidos amortiguados: \*Fsssh, fsssh...\* \*Chuaaa, chuaaa...\* '¿Qué estará tramando ese insolente?'. Desconcertada, Luo Xuanqing se incorporó en silencio del lecho; con su larga melena negra derramada sobre los hombros, se deslizó hasta la ventana y entreabrió la celosía con sigilo para espiar el patio. La llovizna caía con suavidad en el exterior; en el cuarto de aseo del ala oriental no había movimiento alguno, pero en el corredor techado brillaba la trémula lumbre de un farolillo que recortaba la silueta de un hombre inclinado sobre la pileta, acompañada de un tenue e inconfundible tufo a sangre. La dama frunció levemente sus cejas de sauce, empujó las maderas un poco más y asomó el rostro para inspeccionar. Apoyado contra el muro descansaba el imponente Sable de Estandarte Negro, y en el descansillo de piedra yacía tirada una túnica empapada. Aquel varón de complexión vigorosa y porte gallardo no había entrado a las dependencias interiores; en su lugar, permanecía inclinado junto a la pileta de ladrillos grises del lavadero, restregándose la cara y los ojos a dos manos con el agua estancada. La densa musculatura de su espalda y omóplatos se ondulaba con fuerza a cada movimiento, y sus firmes abdominales despedían destellos húmedos bajo la lumbre del farolillo. Más abajo, vestía unos pantalones largos de un llamativo color carmesí; al doblar el torso sobre la pileta para lavarse, sus atributos viriles se balanceaban libremente bajo la tela empapada... '¡¿...?!'. El corazón de Luo Xuanqing dio un brinco desbocado; un rubor ardiente le encendió el rostro hasta las orejas y alzó la daga arrojadiza con ganas de propinarle un buen escarmiento a aquel desvergonzado. Sin embargo, en ese mismo instante sus ojos se posaron en su anatomía y la furia se mudó en sobresalto: las vendas que le cubrían el torso habían desaparecido por completo; en su brazo derecho destacaba la costra de un mordisco y sus facciones, habitualmente atractivas, ofrecían un aspecto lastimoso: ambos párpados lucían tan amoratados e inflamados como si hubiese metido la cabeza en un nido de avispas salvajes. "¡¿Ye Xingge?!". "¡Madre mía de mi vida!". Consciente de la mugre y el hollín que lo cubrían, Ye Xingge no se había atrevido a pisar las estancias limpias y se lavaba a oscuras en el patio intentando despejar sus ojos calcinados por el humo y abrasados por la cal viva. En medio de la quietud sepulcral de la noche, aquella repentina y celestial voz de madura autoridad le provocó tal sobresalto que casi salta de espaldas; giró la cabeza a toda prisa con el agua goteándole por la barbilla: "¿Hermana Luo? ¿Cómo es que sigues despierta? ¡Oye...!". \*Tap, tap, tap...\* \*¡Chiiik!\* La puerta se abrió de par en par y unos pasos veloces resonaron en la galería. Antes de que Ye Xingge pudiese articular palabra, vio a la gélida y encumbrada dama irrumpir en el corredor ataviada únicamente con su camisón. La holgada prenda de seda color blanco marfil amortiguaba las sinuosas curvas de su figura, pero el escote dejaba al descubierto sus níveas clavículas; con la premura de su marcha impetuosa, su generoso busto se agitaba con un vaivén imponente que levantaba olas a su paso... Ye Xingge apenas tuvo arrestos para recrearse la vista; con la espalda intentó escudar apresuradamente sobre el borde de la pileta la placa de jade negro, la daga de tigre y la pequeña tira dorada: "Hermana Luo, arrecia la lluvia en el exterior...". Luo Xuanqing se plantó frente a él en tres zancadas y preguntó con voz tensa: "¿Qué te ha sucedido? ¿Quién te ha hecho esto?". Ye Xingge se pasó la palma por el rostro para escurrirse el agua y restó importancia al trance: "Solo fui a atender una pequeña encomienda oficial, nada de consideración. Solo me arrojaron un puñado de cal a los ojos y me encajaron un puñetazo en el costado...". "......". Luo Xuanqing no le creyó una sola sílaba. Con ademán firme inspeccionó la herida en sus costillas: la costra del corte anterior se había quebrado de nuevo bajo la fuerza de un golpe contundente, dejando a la vista una hinchazón amoratada con la impronta de un puño macizo, mientras que sus ojos lucían hinchados como faroles. Acto seguido, la dama posó los ojos en la túnica abandonada en las losas, las vendas desechadas y los pantalones del muchacho. Instantes atrás le había extrañado ver a un guerrero enfundado en unos pantalones de un rojo tan chillón; solo entonces descubrió horrorizada que ¡las prendas estaban empapadas en sangre ajena de arriba abajo! Únicamente en los pliegues de la entrepierna y rincones resguardados asomaba el tono grisáceo original de la tela; daba la impresión de que acabaran de pescarlo de una fosa de degollina. "¡¿Qué clase de encomienda has ido a despachar?!". Luo Xuanqing alzó la voz, perpleja: "¿La sangre de uno o dos criminales puede empapar las ropas de esta guisa? ¿Acaso te has batido en una tintorería?". Ye Xingge abrió los brazos, exponiendo su complexión: "De verdad que estoy entero. Simplemente di con el paradero del Leopardo de Agua Ji de la Secta Guiyuan y lo capturé, rebanando de paso a más de treinta de sus secuaces...". "¿Cómo?". Luo Xuanqing se quedó atónita. Las Veintiocho Estrellas de la Secta Guiyuan figuraban íntegras en la lista negra de criminales de Estado del Pabellón Guantian; ¡atrapar a uno significaba haber superado ya un tercio del examen extraordinario de ingreso! Sin embargo, tras sopesar sus palabras, lo miró con escepticismo: "¿Cómo diste con el Leopardo de Agua Ji? ¿Y de dónde salieron más de treinta secuaces? ¿Acaso se pusieron en fila esperando a que los degollaras uno a uno?". La suspicacia era del todo fundada: los mortales no eran idiotas; en un ejército regular, al perder un tercio de sus efectivos la tropa se desbandaba en fuga, y en una cuadrilla de forajidos del bajo mundo bastaba con abatir a uno o dos para que el resto saliera huyendo en todas direcciones. "Ay, es un cuento bastante largo...". Ye Xingge le relató a grandes rasgos lo acontecido durante la noche. Tal como era previsible, al enterarse la dama de que se había empleado a sí mismo como carnada viva para pescar a una de las veintiocho estrellas del culto, sus pupilas destellaron con asombro y admiración; no obstante, al escuchar que se había adentrado en solitario en una guarida abarrotada, su expresión trocó en honda angustia. Y cuando oyó la mezquina maniobra de Ruan Jinyu acordonando el recinto con doscientos arqueros, el semblante de Luo Xuanqing palideció de pura furia. Sin aguardar a que concluyera el relato, dio media vuelta con el rostro gélido y aferró el Sable de Estandarte Negro apoyado contra el muro. "¿Eh?". Ye Xingge se adelantó con presteza para cerrarle el paso: "¡Cálmate, cálmate, que no vale la pena! Ya pasé a cuchillo a toda la partida y no le dejé ni las sobras a ese maldito eunuco...". El pecho de Luo Xuanqing subía y bajaba encendido en cólera, tensando la holgada seda de su camisón. Clavó sus ojos en él: "¡¿Un miserable se atreve a tenderle emboscadas a las claras a mi gente y pretendes que este oficial lo pase por alto?! ¡Vete a dormir! Si hoy no le arranco un brazo a ese maldito eunuco...". "¡Oye, aguarda!". Aunque a Ye Xingge le resultaba sumamente grato verse respaldado con tanta fiereza por su bella superior, conservó la cordura y la contuvo con prudencia: "Ruan Jinyu hiló muy fino: no intervino ni saboteó la pelea; se limitó a montar guardia alegando que protegía a los civiles del vecindario. Si el asunto llega ante el mismísimo Emperador, no pasará de ser un litigio burocrático sin pruebas concluyentes. Pero si tú vas ahora y le mueles los huesos a golpes, ¡los que quedaremos en falta ante la ley seremos nosotros! Además, yo no salí perdiendo en absoluto: degollé a todos los malhechores, él no pudo rascar ni una migaja de mérito y yo me embolsé la gloria y el renombre...". "......". Luo Xuanqing conocía a la perfección el proceder de Ruan Jinyu: un pozo de ponzoña capaz de las mayores vilezas, pero siempre meticuloso a la hora de no dejar asideros legales en su contra. Sin embargo, si se tragaba semejante agravio en silencio, ¿cómo mantendría en alto la cabeza (y el orgullo) frente a sus subordinados en el futuro? La dama titubeó un instante y amagó con rodearlo. Ye Xingge alzó el brazo para frenarla, pero la magistrada esquivó la guardia con un giro felino gracias a su refinada ligereza marcial. Al ver que no podría contenerla por la fuerza, al muchacho no le quedó más remedio que recurrir al teatro: "¡Aaaaargh...!". Se llevó la mano al pecho y fingió tambalearse como si fuera a desplomarse en el suelo. '¿...?'. Al verlo trastabillar, el gélido rostro de Luo Xuanqing se descompuso de alarma; frenó en seco, dio media vuelta y lo sostuvo con presteza por la muñeca para tomarle el pulso: "¿Qué te ocurre? ¿Estás malherido?". Ye Xingge torció el gesto en una mueca de dolor atroz: "La herida de las costillas me arde como una brasa... ¿Por qué no me aplicas un poco de ungüento primero?". '¿...?'. Luo Xuanqing no era ninguna novata inexperta del Jianghu: con solo sentir la firmeza y plenitud de su pulso supo de inmediato que el tunante estaba fingiendo el mareo; sin embargo, comprendió el fondo de sus intenciones para apaciguar su cólera. Tras una breve vacilación, suspiró y lo condujo del brazo hacia la alcoba: "Está bien... Primero curaré tus lesiones; mañana ajustaré cuentas con ese maldito eunuco. ¡Ha rebasado todo límite tolerable...!". \*¡Chiiik!\* Ye Xingge exhaló un suspiro de alivio interior. Al franquear el umbral del dormitorio y contemplar aquella estancia inmaculada y primorosa, sintió reparos al verse empapado en sudor y con los pantalones destilando sangre: "Será mejor que me quede en la sala exterior... traigo demasiada mugre encima...". Luo Xuanqing frunció el entrecejo con fastidio: "¿Qué ocurre? ¿Acaso me consideras una extraña? Te has jugado el pellejo acumulando semejante hazaña para mi división, ¿crees de verdad que voy a despreciarte por un poco de lodo?". Ye Xingge meneó las manos: "No es eso... es que los pantalones están chorreando sangre. Si te mancho las sábanas de seda, me tocará quedarme a lavártelas...". La dama se quedó sin palabras ante semejante desfachatez: "¿Acaso no sabes quitártelos y taparte con la colcha? ¡Ni que me fuera a poner a mirarte descaradamente...!". Dicho esto, le arrojó un paño limpio a las manos y salió presurosa hacia el estudio de enfrente en busca del botiquín medicinal. \*Tap, tap, tap...\* Una agradable sensación de calidez inundó el pecho de Ye Xingge. Sin andarse con más remilgos, se despojó de los pantalones empapados en escarlata, se secó la humedad del cuerpo con el lienzo y se acomodó en el lecho con dosel, cubriéndose de cintura para abajo con la tibia colcha perfumada mientras aguardaba en reposo. Enseguida se escucharon pasos aproximándose por el corredor. \*¡Chiiik!\* Luo Xuanqing regresó con la caja de botica en la mano; se acomodó de costado en el borde de la cama, recostó a Ye Xingge contra el cabecero de madera y empapó una torunda de algodón en licor medicinal, comenzando a limpiar sus párpados amoratados e inflamados con gesto adusto: "De verdad que no tienes remedio... ¿Acaso no aprecias tu propia vida? ¿Cuántas míseras monedas de cobre te pagan al mes? Te arrojan cal viva a la cara y, en vez de ponerte a salvo, ¿te quedas a repartir tajos a ciegas? ¿Qué habrías hecho si te quedas ciego?". Aunque el tono era de severa reprimenda, en el fondo de sus pupilas brillaba una genuina ternura. Ye Xingge mantuvo los ojos cerrados, curvando los labios en una media sonrisa: "Se trataba de un examen de ingreso; no todos los días se presenta la ocasión de atrapar a un pez de semejante calibre. Si fuera de los que huyen al primer sobresalto, me habría largado en cuanto vi a Ruan Jinyu tender la red en vez de arremeter como un descosido. Además, en mis andanzas por el campo solía usar cal con frecuencia; estaba prevenido y sacudí la mayor parte antes de abrir los ojos... casi todo el estropicio fue por culpa del humo del incendio...". "¿Y todavía tienes el cuajo de reírte? ¿Tienes idea de lo cerca que estuviste de una desgracia irreparable?". Luo Xuanqing mantenía el semblante severo para advertirle sobre su imprudencia, pero sus manos limpiaban las heridas con una suavidad y delicadeza extremas. Tras una breve pausa, enarcó las cejas con ironía: "¿No será que te calaron hondo las palabras que te dije antes de partir? Ahora que te las has arreglado para meterte en mi cama con dosel, ¿te sientes complacido?". '¡Pues claro que sí...!'. Ye Xingge se guardó de hacer movimientos bruscos y se limitó a levantar el pulgar en un ademán de aprobación: "La hermana Luo es una mujer de palabra: no solo me dejó la cancela abierta, sino que la colcha está bien calentita". Luo Xuanqing ensombreció la mirada ante su insolencia; sin embargo, al considerar que en apenas un par de horas el muchacho había encadenado una hazaña formidable dejando la prueba encarrilada y que se había batido el cobre hasta semejante extremo, decidió pasarle por alto el tono pícaro y desenfadado. Con voz calma, le recordó: "Solo podrás tenderte un breve instante; en cuanto repongas fuerzas deberás marcharte de nuevo. Te empeñaste con terquedad juvenil en prometer tres días; de haber aceptado el plazo de medio mes, ahora podrías usar estas heridas como pretexto para holgazanear aquí un par de jornadas enteras, dándote el lujo de que tu superior te sirva el té y te atienda a cuerpo de rey...". Ye Xingge sabía de sobra que no dispondría de mucho margen para el descanso, y respondió con una suave risotada: "No te preocupes; cuando despache este asunto, tiempo nos sobrará. Lo primordial era no poner en ridículo a la hermana Luo ante el tribunal. Solo me restan dos forajidos por capturar; en tres días zanjaré la encomienda sin el menor contratiempo...". "No te precipites en demasía. Con los méritos cosechados esta misma noche te alcanza y te sobra para reclamar un nombramiento formal. Si ves que no alcanzas la meta a tiempo, no te empeñes en forzar las cosas...". \----- • Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē) • Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子) • Traductor: Inmensurable 🗡️ ¡Compañero(a) del Jianghu, deja tu reacción y comentario para apoyar el viaje marcial de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es el filo de nuestra espada y el aliento de esta historia! ¡Que tus pasos en el mundo marcial sean gloriosos! ⚔️
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Estás leyendo el capítulo 38 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.