Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 36 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La mirada de Ye Xingge permanecía clavada en el Leopardo de Agua Ji. Con un tajo lateral segó la vida del esbirro a su derecha y, alzando el codo izquierdo en un golpe ascendente, pulverizó la mandíbula del forajido a su siniestra. Sin embargo, apenas aquel cuerpo caía desplomado, una densa nube de cal viva se abalanzó directo hacia su rostro.
No obstante, Ye Xingge no era ningún novicio en las artimañas barriobajeras del hampa; habiendo lidiado desde la adolescencia con salteadores y maleantes del Jianghu, mantenía la guardia siempre alerta ante las tretas sucias. En una fracción de segundo, cerró los párpados con fuerza y saltó hacia atrás.
Aunque la maniobra impidió que el polvo corrosivo penetrara en sus pupilas, ¡le arrebató inevitablemente la visión!
\*¡Zas!\*
El Leopardo de Agua Ji había coordinado el polvo y el acero al unísono. Al fallar la primera estocada y constatar que su adversario no podía abrir los ojos, agitó la manga izquierda para despejar las partículas suspendidas en el aire; de inmediato, dio un paso lateral y lanzó una puñalada perforante en diagonal hacia las costillas izquierdas del muchacho.
Era un golpe sumamente insidioso y letal.
Sin embargo, con los ojos herméticamente cerrados y guiándose únicamente por la memoria muscular y el sonido del aire cortado, Ye Xingge hundió el centro de gravedad e hizo girar el sable en la guardia tradicional de \*envolver la cabeza\*, protegiendo cráneo y cuello con una cúpula de acero.
\*¡Clang!\*
Las dos hojas colisionaron en una lluvia de chispas.
Al ver frustrada su estocada mortal, un destello de perplejidad cruzó la mirada de Jishui Bao; mas sin vacilar, su puño izquierdo se disparó como una víbora al acecho: aprovechando el instante en que los filos se cruzaban, deslizó un puñetazo percusivo directo hacia el hueco de la guardia, impactando de lleno en la túnica de su rival.
\*¡Bum!\*
Bajo la violencia del impacto, el cuerpo agazapado de Ye Xingge resbaló varios pasos en diagonal; mas flexionando y tensando los tendones con la elasticidad de un resorte, se impulsó hacia atrás aterrizando sobre las tablas del proscenio. Al tocar suelo, arrancó de un tirón un cortinaje de gasa seca y se frotó con furia párpados y cejas para eliminar los residuos de cal viva.
"¡Matadlo!".
\*¡Plas, plas, plas!\*
Al advertir que Ye Xingge combatía a ciegas, Jishui Bao y los forajidos sobrevivientes no dudaron en abalanzarse en jauría hacia el entarimado; mientras varios trepaban buscando su cuello, otros lanzaban tajos rasantes hacia sus tobillos.
\*¡Clang, clang, clang!\*
Las puertas y celosías del teatro de ópera permanecían destrozadas de par en par.
Apostados en los tejados colindantes bajo la lluvia, decenas de Oficiales de Túnica Bordada contenían el aliento con las ballestas tensadas; al presenciar la emboscada, más de un dedo presionó inconscientemente el disparador de hierro.
Desde la lejana torre, An Yurou sintió un vuelco en el pecho al ver que el muchacho caía presa de la cal cegadora; inclinó el torso y ajustó el ángulo del catalejo con el ceño fruncido, intentando escudriñar la penumbra entre las columnas.
Entretanto, Ye Xingge retrocedió con los ojos cerrados a través del boquete abierto en el biombo y se adentró en la antecámara interior. Continuó limpiándose el rostro a manotazos limpios con el paño seco y, en cuanto sus talones tocaron el espacio detrás de una pesada mesa de tres secciones donde reposaban billetes y legajos, descargó una patada brutal.
\*¡Cataplum!\*
La sección central de la sólida mesa de caoba salió proyectada por los aires como un ariete, destrozando la mampara divisoria. Varios esbirros que cargaban en primera línea no tuvieron tiempo de esquivarla y fueron catapultados de espaldas fuera del tablado, estrellándose contra el suelo del patio.
Sin embargo, Jishui Bao, que marchaba a la cabeza, saltó por encima de los maderos astillados y, sujetando la empuñadura con ambas manos, descargó un mandoble aéreo en salto con toda la fuerza de su cuerpo:
"¡Muere!".
Un mandoble a dos manos propulsado desde el aire era un embate que ningún espadachín en sus cabales intentaría frenar a una sola mano.
Al percibir el silbido desgarrador del acero, Ye Xingge entreabrió el ojo izquierdo una fina rendija; hundió la postura en paso de arco y, apoyando el antebrazo izquierdo revestido por el Brazalete Ocultador del Cielo contra el lomo de su propio sable, impulsó la fuerza desde la planta de los pies... ¡lanzándose al choque frontal!
\*¡Claaang!\*
Jishui Bao jamás imaginó que su rival se atrevería a semejante locura.
En condiciones normales, una embestida de semejante calibre hundiría el lomo de la hoja en la propia carne del defensor, triturando tendones y quebrando los huesos del brazo de cuajo.
¡Pero aquella reliquia no era un brazalete cualquiera!
Tras el brutal impacto de trenes, la palma derecha de Ye Xingge se entumeció por la sacudida, mas el cuero negro del brazalete ni siquiera se inmutó. La colosal fuerza transmitida por el acero se dispersó de manera homogénea a lo largo de su antebrazo y fue amortiguada por la densa estructura muscular de su torso; aprovechando el vigor de todo su cuerpo, ¡repelió el golpe y empujó la hoja contraria con una violencia descomunal!
Al haber invertido todo su peso en el salto sin reservar margen de maniobra, el rebote provocó que la propia hoja de Jishui Bao saliera despedida hacia atrás, estampándose contra su propio rostro. La máscara de hierro se hizo añicos al instante y un profundo tajo de dos pulgadas se abrió en su frente; al aterrizar, trastabilló varios pasos hacia atrás, aturdido y chorreando sangre.
\*¡Zas!\*
Con un ojo aún cerrado, Ye Xingge aprovechó la inercia para clavar una estocada al corazón; no obstante, el forajido demostró por qué ostentaba el rango de cabecilla: aun con el cráneo ensangrentado por el culatazo de su propia arma, se contorsionó en el aire esquivando la punta, cayó sobre las tablas y de dos saltos acrobáticos rodó escaleras abajo hacia el gran salón.
Ye Xingge apenas había inhalado unas briznas del polvo y ya se había deshecho de la mayor parte; aunque su ojo izquierdo ardía con un escozor punzante, el dolor entraba dentro de lo tolerable.
Manteniendo su ojo derecho intacto cerrado como reserva de emergencia, cargó hacia adelante; trazando tajos diagonales en abanico, cercenó a tres sicarios que intentaban emboscarlo en el proscenio y saltó sin dilación hacia la nave principal:
"¡Ríndete!".
\*¡Clang, clang, clang, clang, clang!\*
El entrechocar metálico resonaba en el salón con la cadencia furiosa de la tormenta exterior.
La sangre desparramada y el fulgor de las llamas teñían la penumbra del teatro de un rojo escarlata asfixiante.
Los cadáveres alfombraban el piso mientras el fuego devoraba las vigas del techo, haciendo llover maderos incandescentes sobre el combate. La docena escasa de secuaces que quedaba con vida, desprovista de sus cabecillas de asalto y paralizada de terror, no era más que ganado conducido al matadero: quien se acercaba caía decapitado o eviscerado. Tras tres embates de sable, la chusma arrojó las armas e intentó dispersarse desesperada.
La mirada de Ye Xingge no se apartaba del Leopardo de Agua Ji; arrastrando el sable empapado en sangre, lo persiguió alrededor del recinto. Jishui Bao, con el rostro ensangrentado y consciente de que el vigor y la coraza física de su perseguidor eran impenetrables, recurrió a la artimaña del \*Rey de Qin esquivando la columna\*: comenzó a correr en círculos entre los pilares de caoba, empujando con crueldad a sus propios cómplices hacia el filo del cazador para ganar tiempo.
Aquélla era una resistencia fútil.
Los relámpagos de acero destellaban en la penumbra; tras cada haz de luz blanca, un cuerpo caía segado.
La túnica gris de Ye Xingge se había teñido por completo de carmesí; su ojo izquierdo lloraba lágrimas enrojecidas e hinchadas, mas la fijeza de su semblante no albergaba la menor vacilación. Mientras acortaba la distancia en el círculo mortal, su voz resonó gélida e implacable:
"Veintiocho. Tu tiempo se agota. ¿Dónde se oculta el Tigre de Fuego Wei?".
Con la máscara deshecha y la sangre cegándole la cuenca ocular, Jishui Bao se limpiaba frenéticamente con la manga. Sus ojos delataban un espanto visceral, contemplando al joven como a una bestia demoníaca nacida del infierno:
"Si confieso... ¿me perdonarás la vida?".
Ye Xingge ladeó el torso esquivando una viga llameante que se desplomaba del techo y continuó su avance inexorable:
"Desde luego que no conservarás la vida; sin embargo, arder vivo entre estas vigas no es un final placentero. Si hablas, al menos te concederé una muerte rápida".
\*¡Clang, clang!\*
Las hojas volvieron a entrechocar en dos feroces cruces.
Los últimos tres secuaces que quedaban en pie habían huido despavoridos por las ventanas rotas, acurrucándose en el fango del patio resignados a su destino.
Completamente aislado entre el infierno de llamas y frente a aquel sabueso cubierto de sangre que avanzaba sin pestañear, Jishui Bao comprendió que no existía escapatoria. Tras jadear un par de veces, aprovechó el instante en que Ye Xingge parpadeó para descargar una patada contra un madero ardiendo en el suelo.
\*¡Fuuush!\*
En medio de una lluvia de chispas, el leño en llamas salió disparado hacia el pecho del joven.
Al mismo tiempo, Jishui Bao se abalanzó hacia adelante concentrando cada gramo de su qi en un mandoble vertical; el filo de tres pies rasgó la cortina de fuego, ¡dibujando una llamarada curva en el aire!
"¡Acepta tu muerte!".
En ese mismo milisegundo, Ye Xingge abrió su ojo derecho intacto; con un revés de sable apartó el madero ardiendo y alzó ambos brazos bloqueando la violenta arremetida:
\*¡Claaang!\*
El mandoble de furia cayó sobre el sable recto astillando ambos filos de acero.
La brutal sacudida se propagó por los hombros y el torso de Ye Xingge haciendo resbalar sus botas sobre las baldosas. Y a partir de allí...
\*¡Clang, clang, clang!\*
Cada mandoble estallaba con el estruendo de un trueno en medio del edificio en llamas.
¡El vendaval desatado por los tajos curvaba y disipaba el fuego a su alrededor!
Jishui Bao combatía al borde de la demencia: olvidándose de protegerse o de reservar una pizca de energía, encadenó tajos verticales y horizontales buscando trocar vida por vida, con la desesperada convicción de que, si no lograba cortar a su adversario, ¡lo machacaría bajo el peso de sus golpes!
No obstante, aunque Ye Xingge disponía de múltiples huecos para perforarle el corazón con una estocada, se limitó a mantener su sable en posición transversal cerrando la puerta con una defensa hermética.
Tras soportar siete u ocho estallidos consecutivos, Ye Xingge fue empujado hacia el otro extremo del salón, hasta quedar con la espalda rozando la barandilla de madera del pasillo exterior.
"¡Muere ya!".
Con un rugido desquiciado, Jishui Bao descargó otro mandoble a dos manos.
\*¡Crac!\*
La barandilla, gruesa como el antebrazo de un adulto, se partió en dos astillas bajo el impacto; Ye Xingge dio un paso atrás hacia el corredor, a escasos palmos del muro exterior.
El forajido había enlazado diez tajos a máxima potencia; la sangre le anegaba los ojos y apenas lograba distinguir la silueta de su rival. Al completar el último envite, sus rodillas temblaron y las venas de su cuello se hincharon como cuerdas mientras jadeaba con estertor:
"Jaaah... jaaah... jaaah...".
Ye Xingge sostenía el sable con ambas manos, resollando también como un toro enfurecido; sin embargo, su guardia jamás se descompuso. Esperó un segundo exacto y, clavando la mirada en el criminal exhausto, soltó con frialdad:
"¿Ya terminaste?".
Jishui Bao no respondió; el brillo de sus pupilas se apagó en una ciénaga de pura desesperación, devorado por la necesidad de saber qué clase de monstruo tenía enfrente.
¡Por desgracia para él, su oportunidad había expirado!
Ye Xingge cruzó las maderas rotas del barandal; avanzó con dos pasos firmes y, alzando el arma a dos manos con la musculatura de su espalda y hombros hinchada al límite, descargó un mandoble descomunal: \*La Fuerza que Hendió la Montaña Hua\*.
"¡Abajo!".
En un estallido de chispas, las hojas colisionaron.
Ambos empleaban la postura de \*Derrumbar la Montaña\* del estilo Baji; ¡sin embargo, la energía interna transmitida por el impacto no admitía comparación!
Bajo aquel único tajo, las baldosas bajo las botas de Jishui Bao se cuartearon en una telaraña de grietas; el criminal retrocedió tres zancadas tambaleándose e intentó desviar la hoja, pero apenas apartó el filo, Ye Xingge ya trazaba un corte sesgado en diagonal.
\*¡Clang!\*
Al recibir el impacto lateral sin poder plantar los talones en el suelo, Jishui Bao fue desplazado dos pasos de costado; ¡y de inmediato, el tercer mandoble cayó como una guillotina!
\*¡Clang, clang, clang!\*
Tras cuatro acometidas, las piernas del forajido flaquearon: sus brazos, completamente agarrotados y extenuados tras la ráfaga anterior, eran incapaces de resistir la demoledora pegada frontal del joven. Cuando su talón tropezó con uno de los cadáveres esparcidos por el suelo, el último tajo le arrebató el equilibrio por completo, haciéndolo caer de espaldas y patinar varios metros sobre el suelo anegado en sangre.
\*¡Chuaaa!\*
Ye Xingge se limpió el sudor y la ceniza del rostro con la manga, cruzó por encima del cuerpo caído y volvió a cerrarle el paso:
"¿Dónde está el Tigre de Fuego Wei?".
"Cof...".
Apoyándose en el lomo de su sable, Jishui Bao intentó incorporarse con dificultad; tosiendo sangre y con el rostro desfigurado por el fango escarlata, contempló la figura que se le venía encima, rugió con rabia suicida y lanzó una última estocada:
"¡Muere!".
Aquella embestida era ya la flecha al término de su vuelo: la trayectoria del arma vacilaba en el aire.
Ye Xingge ladeó el torso esquivando la punta, enroscó su brazo izquierdo sobre la muñeca del rival y la aprisionó con fuerza bajo la axila; en lugar de decapitarlo con el sable, acortó la distancia y desató la técnica percusiva de \*los Doce Codazos\*, martillando el esternón de su oponente a quemarropa.
\*¡Bum!\*
\*¡Bum!\*
\*¡Bum!\*
Cada golpe de codo se hundía en las ropas negras empapadas de sangre; con cada impacto sordo, la caja torácica del forajido sufría una visible deformación cóncava.
Con su brazo derecho inmovilizado en la presa, el débil intento de Jishui Bao por levantar la mano izquierda fue inútil para frenar semejante castigo.
Al tercer codazo, un borbotón de sangre oscura brotó de su garganta y sus rodillas perdieron toda fuerza, comenzando a desplomarse.
\*¡Bum!\*
Ye Xingge descargó un cuarto golpe en el plexo. A su lado resonó el tintineo metálico del sable de Jishui Bao al soltarse y golpear el suelo: \*¡tilín, clinc!\*
El cuerpo del criminal quedó completamente inerte, suspendido en el aire únicamente por el brazo aprisionado bajo la axila del muchacho; de sus labios solo escapaban estertores ahogados y una respiración rota:
"Haaargh...".
En el interior del teatro, devorado por lenguas de fuego, cesó todo vestigio de combate; solo quedaba el crepitar furioso de las llamas.
"Fuuu... fuuu...".
El ojo izquierdo de Ye Xingge estaba herméticamente cerrado por la hinchazón, y el derecho ardía irritado y enrojecido por el humo espeso. Tras echar una mirada al escenario en cenizas, aferró la muñeca del moribundo cabecilla con la mano izquierda y, arrastrándolo a pulso mientras empuñaba el sable en la derecha, caminó pausadamente hacia el portal descerrajado.
\*¡Chuaaa, chuaaa!\*
El cuerpo inerte abría un surco en la capa de sangre que cubría el suelo, revelando bajo el fango carmesí el brillo de las baldosas que reflejaban el incendio.
A medida que el calor asfixiante quedaba atrás, las frías gotas del aguacero volvieron a golpear la piel de ambos.
\*Chuaaa...\*
Con el ojo izquierdo hinchado y el rostro bañado por el temporal, Ye Xingge se detuvo en medio del patio exterior bajo la lluvia torrencial. Barrió el entorno con la mirada: los últimos esbirros que quedaban con vida habían arrojado sables y dagas al lodo y yacían acurrucados al pie de las tapias, pálidos como difuntos y temblando de puro terror.
En derredor, el silencio era tan sepulcral que parecía que el recinto estuviese desierto; solo se escuchaba el susurro del agua al caer y el chasquido crujiente de las vigas consumidas por el fuego.
Tras recuperar el aliento en un par de hondas respiraciones, Ye Xingge soltó el brazo de Jishui Bao arrojándolo al barro y clavó la punta de su sable en la tierra húmeda a su lado:
\*¡Chas!\*
Acto seguido, se acuclilló sobre el cuerpo inconsciente, hurgó en los pliegues interiores de la túnica del forajido y extrajo una placa de cintura de bronce. Tras examinarla un instante, se la guardó en el pecho y prosiguió registrando bolsillos y costuras.
\*Fsssh, fsssh...\*
En las techumbres y muros circundantes, los más de doscientos Oficiales de Túnica Bordada bajaron lentamente sus ballestas. En sus pupilas se reflejaba la silueta de aquel joven empapado en sangre y hollín, con los ojos hinchados por la cal y el humo, de pie frente al infierno en llamas; en sus miradas no quedaba ni un ápice de desdén, solo un estupor que rayaba en el terror reverencial.
Esa misma tarde, al enterarse en el cuartel de que el novato recién llegado al Tribunal Penal había exigido un plazo de apenas tres días para superar su examen de ingreso, todos se habían mofado considerándolo una fanfarronada infantil.
Y en ese instante... aunque seguía costándoles asimilar la escena, ¡comprendieron que con semejante temple y letalidad, a este muchacho le sobraban credenciales para ser investido Capitán Nocturno!
Entre el centenar de Capitanes Nocturnos del Pabellón Guantian, no faltaban guerreros capaces de liquidar a una treintena de maleantes; ¡pero jamás habían visto a nadie despachar una masacre con una crueldad tan metódica, implacable y aterradora!
Apostado en su sillón sobre la cumbrera del tejado, Ruan Jinyu sostenía la taza de té entre sus dedos anillados. Al contemplar la escena, su rostro cetrino permaneció pétreo, sin dejar traslucir la tormenta de frustración y veneno que hervía en su interior.
A su lado, el novato enchufado Chen Xiaobao miraba al joven guerrero en el patio como si contemplara a un semidiós descendido a la tierra... o más bien, como a la encarnación viviente de los sueños de grandeza que él fantaseaba despierto. Incapaz de contener su torpeza habitual, bajó la cabeza hacia su superior y murmuró:
"Señor Ruan... ¿no ha quedado vuestra merced en un ridículo mayúsculo? ¿Y ahora qué hacemos?".
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• Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē)
• Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 36 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.