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Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 35 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
\*¡Plaf, plaf, plaf!\* Apenas las palabras de Ye Xingge se extinguieron en el aire, desde la cumbrera del tejado exterior resonó un pausado y seco batir de palmas. Ataviado con una suntuosa túnica de brocado negro, Ruan Jinyu descendió con la levedad de un espectro ingrávido y se posó sobre las tejas del muro; con las manos recogidas en las mangas, clavó sus pupilas serpentinas en el joven con una mezcla de fingida admiración y veneno: "¡Qué destreza! Conseguir semejante presa en tan poco tiempo en verdad abre los ojos de este servidor. Conforme a las ordenanzas de Guantian, este oficial actúa como supervisor imparcial y tiene estrictamente prohibido intervenir; sin embargo, para evitar que el desastre alcance a los civiles inocentes de las calles aledañas, no puedo permitir que el resto de los forajidos se disperse por la urbe. Por esa razón, mis tropas se limitarán a acordonar el perímetro exterior. Ahora podéis reanudar la cacería: siempre que decapitéis o capturéis con vida al Leopardo de Agua Ji, la hazaña computará como mérito individual. Por supuesto... si os veis superado por el enemigo, siempre tenéis la opción de implorar auxilio a vuestros colegas de armas; aunque, desde luego, si el cuerpo interviene, el mérito de vuestro ascenso quedará automáticamente anulado". El discurso sonaba impecablemente razonable e irreprochable: velaba por el orden público y por la seguridad del propio muchacho. Sin embargo, Ye Xingge ya había quebrado la moral de la tropa y puesto en fuga a la chusma; si el patio hubiera permanecido abierto, solo habría tenido que perseguir al cabecilla en solitario, asegurando la captura sin contratiempos. Ahora, al quedar encerrados a cal y canto en el recinto sin escapatoria posible, la situación se transformaba de golpe en un combate a muerte de uno contra treinta y siete... ¡frente a una jauría de fieras acorraladas dispuestas a destrozar a su verdugo para abrirse paso! ¡La dificultad de la prueba acababa de multiplicarse por diez! El Leopardo de Agua Ji y sus hombres no eran idiotas: al oír la proclama del eunuco comprendieron la jugada y, en lugar de lanzarse a ciegas contra Ye Xingge, retrocedieron presurosos hacia el interior del edificio para buscar un modo de supervivencia. Entretanto, Ruan Jinyu tomó asiento en un sillón de caoba que sus sirvientes acababan de subir al tejado; recibió una taza de té humeante de manos de un paje y, elevando la voz con sutil intención para que sus palabras cruzaran los muros, añadió hacia sus soldados: "En las obras del mausoleo imperial escasean siervos para trabajos forzados; si el señor Ye se ve superado y pide ayuda a gritos, cuando bajéis a prestarle auxilio procurad dejar a los forajidos con vida. No se os ocurra matarlos ni lisiarlos, de lo contrario no servirán para picar piedra en las tumbas dinásticas". "......". Al escuchar semejante instrucción, hasta los Oficiales de Túnica Bordada apostados en las cumbreras desviaron la mirada hacia su comandante con un brillo de incomodidad y vergüenza en los ojos. Aquellas palabras no iban dirigidas a la tropa. ¡Iban dirigidas directamente a los treinta y siete criminales acorralados en el teatro! El mensaje era transparente: si querían conservar la vida, les bastaba con unirse en jauría y masacrar a Ye Xingge hasta forzarlo a pedir socorro. En cuanto Ye Xingge se rindiera e implorara ayuda, la cacería dejaría de ser un mérito individual y la División de Inspección se adjudicaría la mitad de la gloria por el rescate. El joven novato Chen Xiaobao, que sostenía el paraguas sobre la cabeza del eunuco gracias a las influencias de su tío viceministro, no pudo contenerse y murmuró con timidez: "Señor Ruan... como bien reza el proverbio: quien comete demasiadas infamias cava su propia fosa...". "¿Qué has dicho?". Ruan Jinyu le clavó una mirada gélida y punzante; Chen Xiaobao cerró la boca al instante y tragó saliva. ...... Entretanto, a mayor distancia. Desde el mirador de una torre señorial en los linderos del Distrito Guiyi, An Yurou y cuatro de sus agentes observaban el recinto cercado a través de su catalejo de bronce. El mayordomo Hou Chou'er rechinó los dientes de pura rabia, escupiendo una maldición entre susurros: "¡Verdaderamente infame! Si los altos dignatarios de la Gran Dinastía Yan gastan semejante calaña moral, ¿cómo no va a sucumbir su imperio?". Aunque An Yurou aún guardaba un vivo resentimiento hacia Ye Xingge por el ultraje sufrido en el callejón de Linyang, donde fue manoseada, rasgada de ropas y mordida, jamás imaginó que llegaría el día en que su corazón se indignaría en defensa de aquel pícaro. Pero juzgando las cosas con justicia: la enemistad entre ellos provenía de bandos políticos contrarios; cuando el joven la asaltó lo hizo en defensa propia y, en el fondo, lo que estaba cumpliendo ahora era una causa justa y noble limpiando la capital de criminales sangrientos. Ver a un guerrero valeroso y leal siendo traicionado de manera tan rastrera por sus propios superiores sublevaba el estómago de cualquiera. Con el ceño fruncido, murmuró: "Ese muchacho rastreó en solitario la guarida del Leopardo de Agua Ji; de no haber mediado interferencias, la captura estaba en su bolsillo. Que Ruan Jinyu supervise la prueba es admisible, pero sabotearla de esta forma tan descarada despertará inevitablemente un hondo rencor en su pecho... En cuanto termine la noche, buscad el modo de contactar con él para intentar pasarlo a nuestro bando; un talento semejante tiene madera para convertirse en un pilar valioso de Zhou Posterior". Hou Chou'er consideró que las probabilidades de deserciones eran altísimas; cualquier hombre con sangre en las venas abandonaría a semejante calaña: "¿No convendría que mi señora buscara un pretexto para bajar y prestarle auxilio? Sería la ocasión perfecta para ganarnos su lealtad...". An Yurou sacudió la cabeza: "Ruan Jinyu ha urdido una coartada legal impecable: si intervenimos, su resultado quedará impugnado por sospecha de auxilio rebelde; además, si el eunuco levanta el cerco y los bandidos escapan hiriendo a civiles, nadie podrá asumir la responsabilidad. Ve de inmediato a avisar a Xuanqing; que el Tribunal de Enjuiciamiento Penal movilice sus tropas hacia aquí. De ese modo, al menos evitaremos que este maldito eunuco se apropie de la hazaña...". Hou Chou'er asintió e hizo ademán de marcharse; no obstante, antes de girar los talones, volvió a clavar el ojo en la lente y se congeló: "Esto... ¿qué demonios pretende hacer ese loco?". An Yurou parpadeó extrañada; al enfocar el catalejo, sus ojos almendrados se abrieron con absoluto estupor... \----- Frente a la fachada del teatro. Los más de cien Oficiales de Túnica Bordada de la División de Inspección aguardaban en tensión, cabizbajos por la bajeza de su superior. En cambio, Ye Xingge, empapado bajo la llovizna en el patio de barro, no mostró la menor alteración en el semblante. Aunque las maniobras de Ruan Jinyu provocaran náuseas, su argumento legal era irrebatible: si los fugitivos escapaban por la urbe y masacraban a plebeyos, la culpa recaería sobre sus hombros. ¿Y pedir auxilio? El joven blandió el sable reglamentario, sacudió el agua y los restos de sangre que manchaban la hoja de acero negro y clavó la vista en el eunuco sentado en el tejado: "En verdad... el señor Ruan vela por el pueblo como si fuera su propio padre. En ese caso, le ruego al señor Vicecomandante que custodie bien las puertas; si una sola de estas alimañas se escabulle y hiere a un ciudadano inocente, ¡la responsabilidad no será mía!". Ruan Jinyu captó al vuelo que lo estaba llamando 'perro guardián de puerta', pero no se inmutó; dio un sorbo a su té y señaló hacia el interior con desdén: "El señor Ye puede proceder". Ye Xingge no malgastó otra palabra: dio media vuelta y caminó con paso resuelto hacia la entrada en llamas del viejo edificio. En el interior. Los más de treinta forajidos permanecían apiñados en el centro del gran salón, desprovistos ya de sus rencillas internas y reducidos a una piña de alimañas que compartían el mismo ataúd. Rodeaban al enmascarado Leopardo de Agua Ji, debatiendo con desesperación cómo salvar el pellejo. El panorama no admitía engaños: con doscientos arqueros afuera y un monstruo de Segunda Clase como Ruan Jinyu presidiendo el tejado, una salida a la fuerza era un suicidio cantado. Su única rendija de salvación residía en apostar a que las palabras del eunuco fueran ciertas: someterse a trabajos forzados en las tumbas dinásticas era un destino atroz, pero infinitamente mejor que amanecer decapitados en el fango. Y Ruan Jinyu lo había dejado meridiano: sus tropas solo intervendrían si el verdugo de la espada pedía auxilio. Para ellos, la elección estaba tomada. Los treinta hombres apretaron las empuñaduras de sus armas; mientras el fuego se propagaba por las celosías, cruzaron miradas cargadas de ferocidad salvaje, dispuestos a jugarse el todo por el todo. Sin embargo, en ese preciso instante, desde el lateral del salón resonó un estruendo brutal: \*¡Bum!\* Las dos pesadas puertas de madera reforzada, aseguradas con una tranca de bronce, saltaron en pedazos bajo una formidable patada frontal: los cerrojos se reventaron contra los muros y una ráfaga de viento, lluvia y relámpagos irrumpió en la estancia, inclinando violentamente las columnas de fuego. Entre las más de treinta mesas del salón, la banda de forajidos sintió un escalofrío de pavor en la médula; levantaron las armas al unísono hacia el umbral destrozado. Bajo la tormenta, la figura que cruzaba el portal volvía a estar completamente sola: sus pupilas reflejaban el resplandor de las llamas como un asura descendiendo al infierno; tras barrer a la multitud con una mirada gélida, descolgó el sable y avanzó directamente hacia ellos. \*Tap, tap, tap...\* "¡¿Pero qué demonios?!". El Leopardo de Agua Ji sintió que la cabeza le daba vueltas: ¡aquellos criminales aún discutían si salir a cazarlo, y el muchacho ya había derribado la puerta para cazarlos a ellos! Aunque pensándolo bien, aquel insensato era un agente imperial; con solo arrodillarse e implorar socorro salvaría la vida. Pero ellos se encontraban en el abismo de la muerte, ¡y solo les restaba un hilo de vida! El miedo se transmutó en la desesperada ferocidad de las fieras acorraladas; uno de los sicarios rugió fuera de sí: "¡Maldita sea! ¡La cabeza solo cae una vez y deja una cicatriz del tamaño de un cuenco! ¡Aunque tengamos que morir, nos llevaremos a este cabrón por delante! ¡A por él!". \*¡Chas, chas, chas!\* En un pestañeo, cinco hombres patearon las mesas frente a ellos y se abalanzaron en tromba hacia la entrada. Ye Xingge no desvió la vista del enmascarado situado al fondo de la sala; ante la carga frontal, no solo no retrocedió, sino que acortó distancias con un paso flecha y descargó un rodillazo volador en plena carrera. Antes de que el primer agresor alcanzara a descender su espada, la rodilla maciza de Ye Xingge impactó contra su esternón. \*¡CRAAACK!\* El pecho se hundió en una fractura masiva de costillas: el hombre vomitó una cortina de sangre por nariz y boca y salió despedido varios metros hacia atrás, derribando a tres de sus compinches en el choque. En el mismo instante en que volaba con la rodilla al frente, el sable de Ye Xingge se hundió como un taladro en la garganta del adversario situado a su derecha; simultáneamente, su brazo izquierdo ejecutó un violento golpe de codo con el Brazalete Ocultador del Cielo, desviando el filo de una cuchillada enemiga y estampando el codo con la inercia del salto directo contra la mandíbula del espadachín. \*¡Plaf!\* El espadachín solo vio un destello frente a sus ojos antes de que su mandíbula se pulverizara en una lluvia de dientes y sangre, cayendo fulminado hacia atrás con los ojos en blanco. \*¡Pum!\* Al tocar el suelo con ambas botas, Ye Xingge ya había extraído el sable reglamentario de la garganta del muerto; aprovechando que la masa humana se amontonaba en el suelo por el impacto de los cuerpos caídos, barrió la hoja en un corte horizontal a la altura del vientre. \*¡Slash!\* La sangre brotó en abanico: tres hombres quedaron destripados en el acto. Los maleantes que venían detrás blandieron sus sables con aullidos de desesperación; Ye Xingge desvió las hojas con un bloqueo ascendente y, de inmediato, hundió el hombro hacia adelante en un colosal Impacto de la Montaña de Hierro. \*¡BOOOOM!\* Aquel golpe nació desde la espina dorsal, arrastrando el flujo del qi por todo el esqueleto. Durante los dos días anteriores, Ye Xingge se había empapado de las fórmulas de la \*Fuerza Penetrante del Baji\*: aunque su cultivo distaba de alcanzar una transformación radical, la mecánica de transmisión de energía externa difería por completo de su tosca fuerza anterior. La fuerza brotó desde el suelo: su bota izquierda hizo estallar la losa de granito en pedazos; la energía ascendió por el tobillo, la pierna, la cintura y el hombro macizo, descargándose íntegra sobre el pecho del agresor frontal. El esternón del forajido colapsó al instante; la energía bruta y penetrante del qi atravesó su caja torácica como una onda expansiva, provocando que los dos secuaces que estaban pegados a su espalda expulsaran chorros de sangre por la boca. "¡Buaaaagh!". La masa humana de seis o siete hombres aplastados entre sí salió despedida por los aires exactamente igual que si un carromato blindado los hubiera embestido a toda carrera, estrellándose contra el fondo del salón y reduciendo a astillas media docena de mesas de caoba. \*¡Crash, clac, clac!\* Tras aquella implacable concatenación de golpes, el salvajismo de los bandidos que cargaban detrás se evaporó en un segundo: la mirada se les aclaró de puro espanto y varios comenzaron a trastabillar hacia atrás. Frente a la multitud que aún lo doblaba en número, Ye Xingge se limitó a sacudir el sable hacia el suelo, dejando una estela roja sobre las maderas: "Siete". \*¡Pum!\* Apenas pronunció el número, descargó un pisotón demoledor que hizo temblar el entablado y se abalanzó como un tigre sobre la siguiente línea defensiva; ejecutó un tajo descendente en paso de arco con ambas manos, emulando la clásica técnica marcial del 'Conquistador que Machaca la Roca'. \*¡Clang!\* La hoja partió en dos el sable del forajido y continuó su trayectoria descendente, abriéndole el torso y el vientre de un solo golpe demoledor. Sin detener la inercia, la punta del sable se movió como una lanzadera de tejedor: dos estocadas fulgurantes a izquierda y derecha, seguidas de una retirada relámpago. \*¡Zas, zas!\* Dos espadachines cortaron el aire en falso; acto seguido, se llevaron desesperadamente las manos a la garganta mientras la sangre manaba como géiser entre sus dedos. "Diez". Aquella voz pausada y monocorde resonaba en la estancia como la mismísima sentencia de un juez del infierno. Apenas dos embestidas habían bastado para que la moral de combate de los treinta forajidos se pulverizara por completo: los maleantes soltaron alaridos de histeria y comenzaron a dispersarse en desbandada hacia los rincones. Empuñando su sable a dos manos, el Leopardo de Agua Ji maniobraba en círculos por la periferia buscando una brecha para emboscarlo. Sin embargo, una banda de criminales no era un regimiento de élite: huían desordenados y tropezaban entre sí, estorbando el paso del enmascarado tanto o más que al propio Ye Xingge. Y lo que resultaba más aterrador: Ye Xingge sabía a la perfección que el único maestro de valía en la sala era él, de modo que sus ojos jamás se apartaron de su máscara ni un solo segundo. En cuestión de minutos, el joven espadachín había abierto un sendero de carnicería a través del salón, derribando a más de quince hombres. El filo del sable reglamentario no perdía su mordida; sus puños, palmas, rodillas y codos golpeaban con la contundencia de piezas de artillería pesada: el qi estallaba como un arco tenso y golpeaba como el trueno; ¡quien recibía un impacto quedaba muerto o lisiado de por vida! El Leopardo de Agua Ji comprendió que la partida estaba perdida. Recordando el informe del tasador sobre las heridas en el costado izquierdo del muchacho, bordeó el salón por su flanco débil; en el instante exacto en que dos secuaces desesperados se interponían en el camino de Ye Xingge, el enmascarado alzó su manga izquierda aprovechando el cruce de cuerpos. \*¡Fuuush!\* La manga de seda negra se infló como un fuelle y una espesa nube de polvo blanco estalló directamente hacia el rostro de Ye Xingge... \----- • Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē) • Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子) • Traductor: Inmensurable 🗡️ ¡Compañero(a) del Jianghu, deja tu reacción y comentario para apoyar el viaje marcial de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es el filo de nuestra espada y el aliento de esta historia! ¡Que tus pasos en el mundo marcial sean gloriosos! ⚔️
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Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 35

Estás leyendo el capítulo 35 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.