Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 34 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
\*Chuaaa, chuaaa...\*
La llovizna caía en un susurro constante. En el interior del viejo teatro en ruinas reinaba una oscuridad impenetrable, sin el menor atisbo de movimiento, salvo por el tenue resplandor que parecía filtrarse desde las grietas del edificio principal.
Carente de antorchas, a Ye Xingge le resultaba imposible calibrar la disposición del patio a simple vista; dependía por entero de su oído para desentrañar los ruidos de la noche.
Tras escudriñar unos instantes y confirmar que nadie aguardaba apostado bajo el muro, percibió un leve rumor de voces amortiguadas proveniente de la estructura central. Con pasmosa cautela alzó el resto de su cuerpo, encaramándose a la albardilla y franqueando la tapia en un movimiento milimétricamente pausado.
\*¡Plash, plash!\*
Con el sable empuñado en la mano izquierda, su túnica y sus cabellos quedaron empapados al instante por el agua de lluvia. Al carecer del legendario arte del Vuelo sobre la Hierba, cada paso que daba sobre las tejas o los charcos producía inevitablemente un leve chasquido.
Avanzó varios metros entre las sombras; sin embargo, al aproximarse a los ventanales del pabellón escénico, el murmullo exterior cesó de golpe. El patio entero quedó sumido en un silencio gélido y sepulcral.
'¿Me han descubierto?'.
Ye Xingge frunció el ceño. Comprendió que su presencia había sido detectada; el edificio era demasiado espacioso, y si el Leopardo de Agua Ji aprovechaba para escapar por las ventanas posteriores, la presa se desvanecería en la noche. Sin vacilar una fracción de segundo, descargó un pisotón demoledor sobre el suelo: su silueta se proyectó más de un zhang en el aire y, con dos zancadas formidables, embistió directamente contra la fachada.
\*¡Cataplum!\*
En medio de una lluvia de maderas astilladas, ¡un relámpago de acero rasgó la penumbra!
\*¡Clang!\*
Ye Xingge irrumpió en el salón del teatro como un tigre que salta entre la maleza. En pleno vuelo desenfundó el sable reglamentario y, con un chasquido del pulgar izquierdo, arrojó al aire una pajuela de yesca encendida.
\*¡Fuuush!\*
La pajuela giró en parábola desprendiendo chispas y una llama dorada iluminó la mitad de la estancia.
En un fugaz vistazo, el joven constató que el patio de butacas estaba vacío. Antes de tocar el piso, apoyó la punta de la bota sobre una mesa cuadrada y saltó con ligereza sobre el amplio entablado del escenario; interpuso la hoja del sable frente a su pecho y clavó la mirada en el biombo tallado que separaba los camerinos interiores.
\*¡Clac, clac, clac!\*
Las astillas de madera de la ventana rota aún rebotaban por el suelo.
La pajuela cayó rodando hasta un rincón junto al muro, prendiendo fuego a unos viejos cortinajes de gasa. Una llamarada viva y amarilla comenzó a expandirse, proyectando sombras danzantes sobre el cavernoso salón donde se alineaban más de treinta mesas abandonadas.
Bajo la luz del fuego, el maderamen noble y las molduras doradas del proscenio recobraron fugazmente su antiguo esplendor. En el centro del biombo divisor se apreciaban relieves de aves y nubes que, carcomidos por los años y el abandono, dejaban entrever a través de sus rendijas el brillo tembloroso de varias velas encendidas en la trastienda.
\*Chuaaa, chuaaa...\*
Afuera, la lluvia no daba tregua; adentro, a ambos lados del biombo, reinaba un mutismo tenso y absoluto.
Ye Xingge permanecía en pie en mitad del escenario, con la túnica chorreando agua. Paseó sus pupilas por cada rincón y aguzó el oído; al no percibir ningún intento de huida por la retaguardia, sintió una repentina extrañeza.
Entretanto, al otro lado de la fina pared de madera.
Más de treinta secuaces de la Secta Guiyuan apretaban con fuerza las empuñaduras de sus sables y dagas, conteniendo la respiración mientras intentaban descifrar lo que ocurría en el proscenio.
El administrador de la casa de empeños lucía una palidez cadavérica; comprendió horrorizado que había caído en una trampa y que su propia codicia había conducido al muchacho directamente hasta la guarida de la hermandad.
El Leopardo de Agua Ji distaba de ser un necio: también dedujo al instante que su informante había sido utilizado como cebo por los agentes imperiales.
¡El enemigo se había presentado en solitario y ya golpeaba a sus puertas!
Con más de treinta forajidos arrinconados en un edificio en ruinas, la trampa parecía mortal de necesidad...
'¿Eh?'.
Bajo la luz vacilante de las velas, los camerinos quedaron sumidos en un silencio desconcertante.
Todos los bandidos aguardaron con el corazón en un puño esperando la detonación de bengalas de asalto o flechas incendiarias de la tropa imperial; sin embargo, no sonó ninguna trompeta ni se alzaron gritos de asedio. Todo indicaba que, en efecto, afuera había acudido una sola persona.
Y esa persona no era otra que el tal Ye Xingge: un provinciano cuyo historial estaba al descubierto, herido de arma blanca en dos zonas vitales y portador de una codiciada reliquia marcial...
Los forajidos comenzaron a cruzar miradas cargadas de malicia entre sí, desviando luego los ojos hacia la figura enmascarada del Leopardo de Agua Ji.
El jefe de salón tampoco era un insensato: aquello era la capital imperial, donde las tropas de élite de túnica bordada podían presentarse en cualquier instante si estallaba un combate prolongado. La prudencia aconsejaba huir.
No obstante, al no tener certeza sobre la situación real afuera, no ordenó la retirada inmediata; en su lugar, hizo una leve inclinación de cabeza, indicando a sus esbirros que salieran a comprobar el terreno. Solo cuando sus peones despejaran la salida se atrevería a romper el cerco.
Al constatar que su adversario era solo uno, los más de treinta maleantes recobraron de golpe la temeridad propia de quienes venden la vida por dinero: empuñaron sus armas y comenzaron a deslizarse hacia el proscenio en formación envolvente.
\*Tap, tap, tap, tap...\*
Una marea densa y continua de pasos comenzó a retumbar tras las tablas.
'¡¿Qué demonios?!'.
Ye Xingge escuchó de pronto una descomunal cantidad de pisadas aproximándose. Su rostro, hasta entonces sereno y frío como el agua estancada, mudó de expresión: de un salto ingrávido retrocedió hacia atrás, abandonó el escenario y aterrizó sobre la gran mesa cuadrada situada en el centro del patio de butacas.
Los pasos avanzaban a una velocidad endiablada y con pleno conocimiento del terreno; se bifurcaban hacia los pasillos laterales, las galerías altas y la puerta trasera para cortarle cualquier vía de escape.
En el siguiente instante, más de una docena de fornidos espadachines irrumpieron desde ambos flancos del biombo, empuñando sables anchos y dagas mientras se desplegaban por el salón.
\*¡Fuuush!\*
El fuego en los cortinajes crecía con rapidez, bañando de rojo el artesonado policromado del techo y revelando cada rincón de la estancia.
Ye Xingge permanecía de pie sobre la mesa central, empuñando el sable reglamentario con ambas manos. Al contemplar la muchedumbre armada que brotaba por doquier, parpadeó con genuina incredulidad:
"¿Cuánta gente se escondía en este lugar?".
Los primeros bandidos en rodearlo sostenían sables cortos, puñales y hachuelas. Tras escudriñar los accesos y confirmar que el joven estaba verdaderamente solo, el cabecilla que abría la marcha arqueó las cejas con idéntico asombro:
"Treinta y seis miembros de las Estrellas del Cielo, más el jefe de salón y el encargado de cuentas: somos treinta y ocho en total... ¿Y a cuántos hombres ha traído vuestra merced?".
"......".
Ye Xingge apretó las mandíbulas, maldiciendo para sus adentros al comprobar que había caído de lleno en un nido de avispas.
A lo lejos, en el opulento Pabellón Wanxiang, Hong Yu degustaba tranquilamente un bocado de cordero asado; al percibir la violenta conmoción mental a través del Látigo Purificador, soltó los palillos de marfil de inmediato, corrió hacia el mirador y clavó la vista hacia el Distrito Guiyi:
'Muchacho, ¿qué ocurre? ¿Por qué tanto alboroto?'.
'¿?'.
'¿Que qué ocurre me preguntas?'.
'¿No me juraste que solo habría un par de lacayos menores?'.
'¿A esto te referías con tu plan infalible eslabón por eslabón?'.
'¡Apenas pongo un pie en la calle y me encuentro un ejército entero esperándome!'.
A Ye Xingge le sobraban ganas de ponerla de vuelta y media; sin embargo, tragó saliva y contuvo la réplica.
Al fin y al cabo, los informes de la dama habían sido exactos en lo primordial: el Leopardo de Agua Ji estaba allí.
Matar a aquella tropa de escoria no le reportaría el menor mérito ante Guantian; pero si permitía que lo rodearan, el cabecilla aprovecharía el caos para esfumarse entre los tejados.
Aguzó el oído: tras el biombo no se oían pasos de huida, lo que indicaba que el enmascarado aguardaba el desenlace en la retaguardia. Para forzar la situación, Ye Xingge apuntó la punta de su sable hacia el suelo e intimidó con voz helada:
"Desconozco si habréis oído hablar de mi reputación, pero os aseguro que no querríais experimentarla en carne propia. Solo he venido a cortar la cabeza de vuestro cabecilla; quien no desee morir, que se largue ahora mismo".
Los maleantes de vanguardia pasearon miradas voraces sobre el brazo izquierdo del muchacho:
"Nosotros solo buscamos riquezas. Tira el Brazalete Ocultador del Cielo al suelo y te aseguro que nos mataremos entre nosotros para disputárnoslo; nadie te pondrá una mano encima".
"¡Eso es! Si quieres perseguir a nuestro jefe de salón, no seremos nosotros quienes te detengamos; seguro que está atrás esperando a que te canses para llevarse las sobras".
"......".
Ye Xingge soltó un suspiro; la fama de los forajidos de la Secta Guiyuan no era exagerada: aquella gentuza no entendía de honor ni lealtad, por lo que cualquier negociación resultaba una soberana pérdida de tiempo.
\*Tap, tap, tap...\*
Los bandidos que se habían desplegado por los pasillos laterales terminaron de saltar por las ventanas bajas, cerrando la pinza a sus espaldas.
Varios de los más avezados descendieron del entablado del escenario con las armas en alto, acortando distancias con sigilo profesional.
Frente a aquella turba de mercenarios sin disciplina marcial, Ye Xingge no pronunció una sílaba más: apoyó la punta de la bota en el borde de la mesa, saltó limpiamente al suelo y avanzó a grandes zancadas directamente hacia el escenario.
Los siete u ocho maleantes que bloqueaban el frente retrocedieron dos pasos al unísono, amedrentados por su avance implacable.
"Si no tenéis valor para atacar, ¡abrid paso y no me estorbéis!".
El paso de Ye Xingge era demoledor: en una sola frase arrinconó a los primeros forajidos contra la madera del escenario sin dejarles vía de escape.
Uno de los rufianes, un sujeto corpulento con una ancha espada en la diestra, rugió desesperado:
"¡Somos más de treinta hombres contra un mocoso lisiado! ¿A qué le teméis? ¡A él todos juntos! ¡Muereeee!".
Aullando con furia, el gigantón alzó su hoja de tres pies y descargó un mandoble vertical con toda la potencia de su cuerpo, ejecutando un feroz 'Tajo que Hendió la Montaña Hua'.
Con semejante cabecilla encabezando la acometida, cuatro hombres de los costados se abalanzaron al unísono con estocadas simultáneas.
¡Sin embargo, en el instante siguiente!
\*¡Zaaaas!\*
En mitad del salón bañado por el fuego, ¡un relámpago de acero puro brilló con una velocidad sobrehumana!
Ye Xingge avanzó en un paso flecha y cruzó su sable reglamentario en un corte horizontal ascendente.
\*¡Claaang!\*
En medio de una ensordecedora explosión de chispas y metal, el tajo de Ye Xingge desvió con violencia salvaje el mandoble del gigantón hacia un costado, desarmando su guardia; aprovechando la inercia, la punta del sable se deslizó hacia adelante como un colmillo hambriento.
\*¡Chas!\*
La hoja de acero atravesó el esternón del maleante de parte a parte. Sin darle tiempo a reaccionar, la mano izquierda de Ye Xingge se transformó en una garra de tigre: atenazó la nuez del cuello del forajido con una fuerza de prensa hidráulica y comenzó a caminar hacia atrás arrastrándolo consigo.
\*Tap, tap, tap...\*
Los otros cuatro bandidos se lanzaron a la persecución para salvar a su compinche; no obstante, lo que presenciaron a continuación los congeló en el acto.
El joven utilizó el propio corpachón del maleante como escudo humano: giró la muñeca derecha, deslizó el filo hacia el hombro izquierdo del rehén y tiró hacia abajo en un tajo quirúrgico.
\*¡Slash!\*
El brazo izquierdo del forajido se desprendió limpiamente del tronco, arrojando un chorro de sangre hirviente sobre los rostros de sus compañeros.
"¡Gññññ!...".
Con la tráquea aprisionada como un tornillo de banco, el hombre no lograba emitir más que un gorgoteo ahogado; su mano derecha aún intentaba blandir la espada para liberarse, pero en el salón del teatro se desató una pesadilla que heló la sangre de los presentes.
\*¡Zas!\*
Antes de que el arma enemiga pudiera caer, el sable de Ye Xingge rebotó en semicírculo y cercenó de raíz el brazo derecho del atacante.
Acto seguido, la garra izquierda de Ye Xingge alzó el torso en el aire como si levantara un muñeco de trapo: la hoja de tres pies descendió en dos tajos fulgurantes en diagonal...
\*¡Plash, plash!\*
¡Ambas pantorrillas salieron despedidas hacia los lados!
El muchacho detuvo sus pasos hacia atrás con pasmosa frialdad.
"¡Aaaaargh!...".
El forajido, con el rostro amoratado y su carne mutilada desangrándose a borbotones, convulsionaba en el aire; desprovisto de extremidades, era incapaz de oponer la menor resistencia a la garra de hierro que le estrangulaba la garganta.
Bajo la luz del incendio, Ye Xingge sostenía en alto con una sola mano el cuerpo desmembrado y chorreante de sangre, barriendo a los demás presentes con una mirada gélida y despiadada.
El salón quedó sumido en un silencio de pavor absoluto. Ni uno solo de los treinta maleantes se atrevía a respirar.
Al ver que los forajidos permanecían petrificados en lugar de dispersarse, Ye Xingge no pronunció palabra: alzó su sable, clavó la punta apenas medio cun en la base del cuello del mutilado y tiró hacia abajo de un solo tajo continuo, cortando piel, carne y túnica exactamente igual que quien abre la cremallera de una bolsa.
\*¡Fliiiish!\*
Una masa viscosa de vísceras rojas y blancas resbaló desde el abdomen abierto, esparciéndose sobre las tablas del suelo con un hedor nauseabundo.
"¡Buaaaagh!".
Los maleantes que cerraban la retaguardia sintieron que el alma se les escapaba del cuerpo: a varios se les aflojaron las rodillas cayendo de rodillas sobre sus propios orines, mientras otros vomitaban las tripas en el acto, gateando despavoridos hacia las ventanas para huir de aquel demonio.
Ye Xingge arrojó el cadáver vaciado hacia las tablas del escenario y echó a correr hacia el biombo sin mirar atrás.
Los rufianes que aún quedaban frente al entablado habían perdido el juicio por el terror: esquivaron aullando el charco de sangre del muerto y se lanzaron en tropel hacia la calle, arrojando sus armas al suelo para correr más rápido.
En el camerino posterior, el Leopardo de Agua Ji aguardaba para emboscar al muchacho tras desgastarlo con la chusma; jamás en su vida concibió que treinta experimentados forajidos pudieran ser puestos en fuga en un parpadeo por una carnicería tan atroz. Al comprender que su gente había colapsado, el enmascarado giró sobre sus talones y corrió hacia el ventanal trasero.
\*¡Bum!\*
Al percibir el ruido de huida, Ye Xingge saltó sobre el escenario y ejecutó un formidable Impacto de la Montaña de Hierro: su hombro macizo destrozó los tablones del biombo como si fueran papel, irrumpiendo como una exhalación en los camerinos.
\*¡Fiuuu!\*
El Leopardo de Agua Ji saltó por la ventana hacia el patio trasero cubierto de maleza, corriendo a toda velocidad rumbo a la tapia exterior para saltar hacia la callejuela.
Sin embargo, en el instante preciso en que sus piernas iban a impulsarse sobre el lodo, el cabecilla clavó los talones en seco de puro espanto; la inercia de la carrera lo hizo resbalar varios metros, estampándose de bruces contra los ladrillos húmedos del muro.
\*¡Plaf!\*
Ye Xingge, que lo perseguía a zancadas con el sable en alto, saltó por el alféizar hacia el patio; no obstante, su instinto de combate le hizo frenar en seco: divisó una densa hilera de siluetas encaramadas en los tejados vecinos y dio un salto hacia atrás, guareciéndose bajo el dintel de la ventana.
\*Chuaaa...\*
El eco de los maleantes que huían a cuatro patas se fue extinguiendo en la lejanía hasta desaparecer por completo; sobre el patio solo quedó el repiqueteo incesante del agua.
\*¡Rumbleee!\*
En ese instante, un monumental relámpago cruzó el firmamento.
La oscuridad del viejo teatro se tornó blanca como el mediodía, revelando la presencia de más de una treintena de figuras que permanecían congeladas en el fango.
Ye Xingge aprovechó el fogonazo celestial para escudriñar los tejados circundantes: aquellas sombras no eran forajidos, sino decenas de oficiales militares ataviados con túnicas verdes bordadas con carpas doradas. Permanecían inmóviles bajo la lluvia empuñando pesadas ballestas imperiales tensadas al límite; las escamas doradas de sus uniformes relucían con el agua, semejando una hilera de bestias míticas apostadas en las cumbreras.
Y el cerco no cubría solo un flanco: los tejados laterales, los callejones traseros y la avenida principal estaban completamente tomados por tropas de asalto. A simple vista, ¡no había menos de doscientos arqueros de élite rodeando el recinto!
Bajo el resplandor de la tormenta, las puntas de acero templado de las saetas brillaban con un fulgor mortífero, apuntando al unísono hacia el patio; sobre cada hombre del teatro convergían al menos cuatro o cinco proyectiles listos para el disparo.
\*Fiuuu...\*
El patio quedó sumido en un silencio sepulcral; ni siquiera se escuchaba la respiración de los sitiados.
El Leopardo de Agua Ji yacía petrificado al pie del muro; al alzar los ojos y contemplar al temible ejército de túnicas bordadas que cerraba el cielo, supo que su destino estaba sellado e inclinó la cabeza esperando el disparo de gracia.
Sin embargo, transcurrieron largos segundos sin que los Oficiales de Túnica Bordada soltaran una sola cuerda ni cargaran hacia el recinto.
Los pocos secuaces que aún temblaban en el fango, viendo que los soldados no abrían fuego, comenzaron a retroceder arrastrándose hacia la seguridad del edificio con rostros desencajados.
Ye Xingge contempló la llegada de la guardia imperial, pero en sus ojos no había el menor rastro de satisfacción.
El reglamento de su examen era tajante: la captura debía realizarse en estricto combate en solitario.
Si las tropas de Guantian intervenían en el arresto, el mérito quedaba automáticamente invalidado.
Tras examinar con ojo clínico los bordados y distintivos de las túnicas imperiales, Ye Xingge reconoció los galones de la División de Inspección comandada por Ruan Jinyu. Salió del vano de la ventana, plantó los pies en mitad del barro bajo la lluvia y extrajo de su pecho la placa de bronce oficial de la comandancia:
"¡Ye Xingge, del Tribunal de Enjuiciamiento Penal! Me encuentro cumpliendo un examen oficial extraordinario bajo mandato expreso del señor Vicecanciller Wu y de los Cuatro Grandes Comandantes. Que vuestras mercedes me sigan los pasos para supervisar la prueba no tiene objeción... ¡pero interferir de este modo en mi cacería me parece una absoluta desfachatez!".
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• Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē)
• Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子)
• Traductor: Inmensurable
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Capítulo 35
Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 34
Estás leyendo el capítulo 34 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.