Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 31 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
\*Tap, tap, tap...\*
El sol se hundía tras las colinas del oeste y la penumbra comenzó a devorar los callejones entre las monumentales edificaciones de la sede imperial.
Dos figuras avanzaban a paso apresurado entre dos murallas de ladrillo negro. El joven marchaba tironeado del brazo, mientras la dama, con una expresión gélida como la escarcha y un andar fiero como vendaval, parecía desde la lejanía una esposa implacable arrastrando de vuelta a casa al marido díscolo que había salido a holgazanear.
Ye Xingge trotaba detrás para no perder el equilibrio. Con solo percibir la helada frialdad que emanaba de su figura, supo que la hermosa magistrada estaba realmente furiosa, de modo que puso una mirada inocente:
"Señorita Luo, no os enfadéis tanto... De verdad creí que con vuestros tres dedos me estabais indicando tres días...".
\*¡Zas!\*
Antes de que terminara la frase, el mundo dio un giro vertiginoso. Ye Xingge sintió una ráfaga de viento cruzado que envolvió su cuerpo y, en el siguiente instante, su espalda quedó estampada de golpe contra el muro de piedra grisácea.
La nívea y suave mano de Luo Xuanqing lo aferraba con firmeza de las solapas de la túnica. Su rostro de arrebatadora belleza se alzó apenas un palmo, quedando tan cerca que sus alientos casi se rozaban; sus rasgados ojos de zorra, cargados de ferocidad, lo fulminaban mientras levantaba tres dedos frente a sus narices y escupía cada palabra apretando los dientes de plata:
"¿Capturar a tres forajidos de alta peligrosidad en solitario y tú crees que iba a insinuarte tres días? ¡Te estaba indicando tres meses!".
"¿Eh?".
Ye Xingge levantó una mano en ademán conciliador:
"Tres meses me parecía demasiado tiempo... En el condado, aun atendiendo la posada con normalidad, en ese lapso suelo abatir a más de tres criminales...".
"¡Pero no podías soltar que tres días! ¿Acaso te parece sensato?".
El pecho de Luo Xuanqing subía y bajaba con agitación; sin embargo, al recordar que la herida en el costado del muchacho no había cicatrizado por completo, aflojó sutilmente la presión del antebrazo contra su pecho, aunque la severidad de su mirada no menguó ni un ápice:
"Dime tú ahora qué pretendes hacer. Un examen es un examen oficial: tendrás que actuar estrictamente en solitario. La División de Inspección vigilará en secreto desde las sombras; si intervengo para ayudarte, tu resultado quedará anulado al instante. Si fracasas, te quedarás estancado como Oficial de Ropa Plebeya y tendrás que pudrirte dos años enteros en la base antes de poder ascender...".
Ye Xingge sabía de sobra que la bella jueza se había roto la cabeza para procurarle los mayores privilegios posibles, de modo que respondió con tono templado y risueño:
"Tranquila, no os enfadéis. Llevo años capturando forajidos en la comarca y sé muy bien lo que hago. En el peor de los casos, si no lo consigo, empezaré a escalar desde el fondo del escalafón; después de todo soy joven, acumular experiencia en las bases también tiene sus ventajas para el futuro...".
Luo Xuanqing rechinó los dientes:
"¡Ese maldito eunuco solo buscaba ponerte las cosas imposibles! Si hubieses pedido medio mes, al menos habríamos seguido el procedimiento ordinario; fracasar no habría sido tan deshonroso. ¡Pero al multiplicar la dificultad por cinco le has puesto en bandeja exactamente lo que deseaba!".
Ye Xingge abrió las manos con despreocupación:
"Miradlo por el lado positivo: si lo consigo, ¿no le romperé la cara a ese eunuco ante todos? Vos también podréis levantar la cabeza con orgullo. Después de todo, somos jóvenes; si a esta edad no tenemos agallas ni arrogancia, ¿a qué podemos aspirar?".
"......".
Los ojos de Luo Xuanqing brillaron por un instante; de pensarlo bien, si tal milagro llegara a ocurrir, la satisfacción que sentiría sería tan dulce que casi la empalagaría...
¡Pero aquello era una absoluta quimera!
Tras meditarlo un segundo, la jueza soltó la túnica del joven y reanudó la marcha hacia el exterior:
"Hablas muy bonito, pero ¿cómo piensas lograrlo? Los forajidos buscados rara vez se atreven a merodear por la Prefectura de Yongzhou; tendrás que salir a buscarlos a otras comarcas, y el mero viaje de ida y vuelta a caballo te tomará cuatro o cinco días...".
Ye Xingge consideró que ese era un obstáculo real:
"Los corceles de postas imperiales pueden cubrir mil li de día y ochocientos de noche. ¿Podría la magistrada Luo autorizarme el uso de los establos de relevo oficiales? Eso no infringe el reglamento, ¿verdad?".
"El examen evalúa tu capacidad para resolver casos; los medios de transporte gubernamentales no forman parte de la prueba, de modo que puedes emplearlos. Vayamos aprisa a mi residencia para trazar un plan de captura...".
Mientras caminaban, Luo Xuanqing volvió la cabeza y llamó hacia una esquina:
"¿Niuniu?".
\*¡Miauuu!\*
La enorme gata negra emergió de inmediato por el recodo del callejón, siguiéndolos con andares marciales y soberbios como un pequeño tigre...
......
Entretanto, en el quinto piso de la gran torre central.
El Comandante Supremo Zhang Zhiqing y el viejo maestro Yan Tong permanecían de pie junto al alféizar de la ventana, contemplando a las dos figuras que se alejaban apresuradamente entre las altas murallas.
Yan Tong frunció el ceño con severidad:
"En verdad rebosa de soberbia juvenil... Sin embargo, semejante prueba es más difícil que alcanzar el firmamento".
Zhang Zhiqing apoyó una mano a su espalda y acarició su luenga barba con una leve sonrisa, destilando un temple triunfal y socarrón:
"Aun cuando el gran dragón ha sido masacrado en el tablero, siempre resta un hilo sutil para voltear la partida. Un pequeño examen como este no es nada del otro mundo".
"¡Bah!".
El erudito Yan hizo temblar sus barbas de indignación, sacudió las mangas y dio media vuelta para marcharse a grandes zancadas.
Zhang Zhiqing señaló con el dedo índice la silueta que se alejaba y murmuró hacia Wu Yi:
"Míralo... no sabe perder".
"Eh...".
El Vicecanciller Wu Yi bajó la cabeza, cuidándose de no abrir la boca.
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\*¡Rumbleee!\*
Tras extinguirse el arrebol del crepúsculo, la noche cayó sobre la ciudad.
Un trueno sordo rodó en la lejanía del horizonte y, momentos después, una densa cortina de lluvia comenzó a derramarse sobre las incontables avenidas y callejones de la urbe metropolitana. Por doquier se veían transeúntes corriendo a refugiarse bajo los soportales y tenderos recogiendo apresuradamente sus mercancías.
Ye Xingge llevaba en brazos a la robusta gata de casi diez kilos mientras usaba la mano libre para cubrirse del chubasco repentino. Cruzaron a la carrera un puente de piedra hasta detenerse frente a un caserón situado en un callejón solitario; el muchacho observó los muros encalados, las tejas grises y los tambores de piedra tallada a los lados del portón:
"¿Aquí vive la señorita Luo? ¿Cuántas personas forman vuestro hogar?".
Luo Xuanqing tampoco había subido a su palanquín, corriendo a pie bajo la lluvia, por lo que algunas gotas humedecían su peinado. Al descorrer el candado de bronce, respondió con sequedad:
"Solo vivo yo. ¿Acaso pretendes mudarte aquí?".
A Ye Xingge no le habría parecido mala idea, pero teniendo en cuenta que probablemente tendría que convivir en la misma ciudad con la bella Hong Yu, meter a las dos fieras bajo un mismo techo representaría un peligro de muerte inminente:
"Mi familia adquirió una posada en la calle del Dragón Verde; cuando todo se asiente, me instalaré allí".
Luo Xuanqing solo bromeaba; si de verdad permitiera que viviera con ella, los rumores de la corte convertirían al muchacho en su favorito de alcoba. Señalando hacia el fondo de la calle, explicó:
"Los oficiales de guardia en Guantian deben estar disponibles las veinticuatro horas. Si consigues el nombramiento de oficial militar, no tendrás que hacinarte en los barracones comunes de la comandancia; podrás escoger una casa en el Callejón de las Flores de Melocotón. Todos esos inmuebles pertenecen a las propiedades señoriales de la familia An; Guantian se encarga de pagar los alquileres, y las comidas pueden enviártelas directamente desde la cocina del cuartel".
"¿De veras?".
Ye Xingge pensó que las prestaciones laborales del Pabellón Guantian eran en verdad envidiables: techo y rancho garantizados por el imperio.
Entre charla y charla, el gran portón de laca negra se abrió, revelando un amplio y pulcro patio interior.
La residencia de dos patios era espaciosa y elegante; en el patio delantero crecían cañas de bambú esmeralda que conferían al recinto un aire refinado, y tras cruzar la cancela intermedia se abría el patio trasero, perfectamente empedrado y sobrio.
Apenas cruzaron el portal interior, la rolliza gata negra que se resguardaba de la lluvia saltó ágilmente de los brazos de Ye Xingge, trotando hacia una de las habitaciones laterales para acomodarse en una estructura de madera escalonada para trepar.
La estancia del ala occidental parecía estar destinada a los baños y el aseo personal; bajo el alero colgaban un par de vestidos de seda, así como un corpiño verde bordado con una grulla blanca y unos pantaloncillos íntimos de satén...
\*¡Fiuuu!\*
Ye Xingge apenas había alcanzado a desviar la mirada hacia el alero cuando sintió una ráfaga de aire que cortó la cortina de lluvia.
En una fracción de segundo, la magistrada Luo ya se encontraba frente a la puerta del pabellón principal, abriéndola con semblante imperturbable; las prendas íntimas que pendían bajo el tejado habían desaparecido sin dejar el menor rastro.
Ye Xingge parpadeó asombrado y no pudo evitar elogiar con socarronería:
"¡Qué portentosa ligereza marcial, señorita Luo! No obstante... tratándose de los aposentos privados de una dama soltera, ¿no sería impropio que yo entrara? La noche apenas comienza; tal vez sea mejor que salga a dar una vuelta por la ciudad...".
Luo Xuanqing entró al dormitorio, abrió el armario para guardar las prendas y se dirigió de inmediato al estudio oriental para rebuscar entre los estantes:
"El tiempo apremia; tendrás que salir de caza en cualquier momento. Primero te cambiaré el vendaje para revisar tus heridas y te prepararé lo necesario para el camino".
Viendo que no había necesidad de falsos miramientos, Ye Xingge entró al estudio y tomó asiento en un diván de descanso. Paseó la mirada por la habitación: los estantes de madera fina estaban repletos de volúmenes de leyes, cajas de pergaminos y jarras de licor; sobre la pared principal colgaba una hermosa pintura al aguada.
El lienzo retrataba a una dama ataviada con túnica esmeralda cuyas cintas ondeaban como si flotara sobre nubes de vapor celestial. Las proporciones de su cintura y caderas eran de una exactitud primorosa, y la caída del vestido poseía una textura asombrosamente viva. En los rasgos faciales se percibía con nitidez esa singular mezcla de frialdad y encanto altivo tan propia de Luo Xuanqing, e incluso la oronda gata negra acurrucada junto a sus pies parecía a punto de saltar del lienzo.
En la esquina inferior de la pintura, a modo de firma de autor, figuraba grabado el sello de un calabazo de licor. Ye Xingge no logró adivinar a qué célebre maestro pertenecía aquel trazo.
Pensaba preguntar al respecto, pero al girar la cabeza quedó nuevamente estupefacto.
Bajo la tenue luz del candelero de bronce, la hermosa magistrada se aproximaba portando un pequeño botiquín de madera. En la penumbra de la estancia, sus curvas sinuosas y su porte felino evocaban de forma inevitable a una de esas masajistas de lujo preparándose para atender un servicio especial en su vida anterior...
'¿Qué demonios estoy pensando?'.
Ye Xingge parpadeó con fuerza, apartó la mirada y buscó un tema cualquiera de conversación para romper la tensión:
"Por cierto... mientras aguardaba en Guantian, me crucé por casualidad con la Señora de Anyang y la señorita Shen".
Luo Xuanqing colocó el botiquín sobre la mesilla, arrastró un taburete redondo frente a él y le empujó suavemente los hombros para obligarlo a recostarse:
"Yueyao suele residir en la mansión de la Señora de Anyang; no es extraño encontrársela allí. Si en el futuro te topas con ellas, sé muy respetuoso y salúdalas con esmero; si aspiras a escalar con rapidez en la corte, la palabra de esas dos damas tiene muchísimo más peso que la mía. Aunque... ¿acaso no conocías ya a Yueyao?".
Ye Xingge desató con naturalidad el cinto de su túnica exterior, dejando al descubierto la mitad de su torso esculpido:
"¿Debería conocerla?".
Al ver su genuina extrañeza, Luo Xuanqing supuso que Shen Songnian había mantenido un perfil demasiado discreto durante sus años como magistrado en la comarca, sin revelar a nadie sus descomunales conexiones en la corte:
"El magistrado comarcal de Qingxi, Shen Songnian, es discípulo predilecto del mismísimo Comandante Supremo Zhang; más tarde desposó a una distinguida dama del linaje Zhang de Dongyang, y Yueyao es su única hija. Como la vida de provincia le resultaba aburrida a la niña, la enviaron a crecer aquí en la capital bajo el amparo de Guantian".
"¿En verdad?".
Ye Xingge recordó que el magistrado Shen llevaba incontables años sin ser transferido ni ascendido de puesto; siempre sospechó que el funcionario guardaba algún secreto, pero jamás imaginó que su respaldo familiar fuera tan monstruoso.
De haber sabido que su relación con Shen Songnian tenía semejante alcurnia, el día en que molió a golpes a Zhang Qing en el mesón de Muyang ni siquiera se habría preocupado por las consecuencias; de hecho, ¡incluso si hubiera decapitado a Ruan Jinyu allí mismo, el viejo magistrado probablemente habría tenido poder suficiente para encubrirlo y salvarle el pellejo!
'Vaya... de modo que mi viejo protector en el condado resultó ser un titán de la corte...'.
'Y la pequeña señorita Shen, siendo la consentida del magistrado, merecerá sin duda que la trate con especial cuidado y paciencia en adelante...'.
Mientras intercambiaban impresiones, Luo Xuanqing retiró con destreza los vendajes ensangrentados. Examinó la herida bajo la luz de la vela: gracias a los efectos de las píldoras medicinales de élite, la incisión en las costillas había cerrado casi por completo, lo que le permitió soltar un suspiro de alivio:
"¿Qué planes tienes para esta noche?".
La intención de Ye Xingge era salir directamente a cazar y cortar cabezas sin contemplaciones para cerrar el trámite cuanto antes; sin embargo, no convenía expresarlo de manera tan brutal:
"La lluvia arrecia afuera. Daré una ronda preliminar por los distritos comerciales de la capital para tantear el terreno; si no encuentro nada útil, mañana temprano montaré en los caballos de postas para buscar en las prefecturas vecinas. En tres días, algún forajido caerá en mis manos".
"Ay...".
Luo Xuanqing había pasado todo el camino devanándose los sesos sin concebir cómo podría superar semejante ordalía en setenta y dos horas. Con el entrecejo fruncido, comentó:
"Yo también soy examinadora oficial; por estricto reglamento no puedo escoltarte ni facilitarte informes clasificados. Lo único que puedo suministrarte son píldoras y este salvoconducto de mando. Quítate el brazalete de cuero; te prestaré temporalmente mi Colgante de la Corriente Retornante...".
Ye Xingge se sobresaltó y sacudió las manos de inmediato:
"Con mi nivel actual, mis rivales suelen ser forajidos de fuerza externa bruta; rara vez tendré que enfrentarme a un auténtico patriarca de energía interna. Y si llegara a cruzarme con un coloso semejante, aun reduciendo el setenta por ciento del impacto de su qi interno, el treinta por ciento restante me destrozaría los órganos de todos modos. Llevar el colgante o no llevarlo me daría exactamente igual; en cambio, el Brazalete Ocultador del Cielo es mucho más práctico: al menos desvía el filo directo de hojas y hachas".
Luo Xuanqing meditó la objeción y admitió que tenía sentido:
"Es una lástima que no puedan portarse juntos... Mañana iré al arsenal de la comandancia a conseguirte una cota de malla de escamas de acero; con eso serás prácticamente inmune al corte de armas blancas comunes, pero aun así debes andar con cautela...".
Ye Xingge percibió la genuina preocupación de la bella jueza y no pudo evitar indagar con curiosidad:
"¿Por qué motivo tendría que quitarme el brazalete para usar el Colgante de la Corriente Retornante? ¿Acaso no pueden portarse a la vez?".
Al percatarse de que el joven aún desconocía las reglas fundamentales de las armas afamadas, Luo Xuanqing explicó pacientemente:
"Las armas de renombre del Jianghu no eligen amo; cualquiera puede empuñarlas y abundan en el mundo marcial, pero no están exentas de restricciones espirituales. ¿Conoces la doctrina de los Cinco Elementos? Metal, madera, agua, fuego y tierra. El Colgante de la Corriente Retornante rige la defensa y absorción, por lo que pertenece al elemento Tierra; el Brazalete Ocultador del Cielo cumple exactamente la misma función protectora, perteneciendo asimismo al elemento Tierra.
Si una persona porta simultáneamente dos armas de renombre del mismo elemento, la reliquia que haya sido empuñada en segundo lugar perderá toda su resonancia mística y quedará reducida a un simple objeto inerte, sin propiedad alguna. Para intercambiarlas, es forzoso arrojar ambas al suelo y recoger primero la que deseas activar...".
Ye Xingge escuchó aquella revelación con los ojos muy abiertos:
"¿En serio existe una limitación semejante?".
Luo Xuanqing se encogió de hombros con naturalidad:
"Si no fuera así, ¿quién se molestaría en entrenar artes marciales en el Jianghu? La secta del Monte Jiuhua posee un legado milenario y almacena arsenales enteros repletos de armas legendarias; si pudieran equiparse sin límite, nadie podría vencerlos en diez reencarnaciones. ¡Por supuesto, las Doce Armas Divinas están por encima de esa ley y no sufren ninguna restricción elemental!".
"Entiendo...".
Ye Xingge asintió interiormente. Aquella revelación elevaba aún más el valor cósmico de las Doce Armas Divinas: otorgaban ranuras suplementarias de poder absoluto sin colisionar con los elementos primordiales.
Al mismo tiempo, comprendió la gran debilidad del Brazalete Ocultador del Cielo: al ocupar la ranura del elemento Tierra, le impedía equiparse con cualquier otra armadura mística de grado supremo.
'Con razón Yang Tuyan no logró venderlo a un precio astronómico en el mercado negro...'.
'Aun así, su dureza física es inigualable; si me lo quito ahora mismo, cualquier emboscada con armas arrojadizas podría costarme la vida...'.
Tras agotar la charla, Luo Xuanqing terminó de aplicar el ungüento medicinal y le indicó que se sentara erguido para fijar las vendas.
Dado que la herida se ubicaba en el costado izquierdo, para sujetar el vendaje era imprescindible rodearle todo el torso. La magistrada procedió con la fría eficiencia de una facultativa imperturbable: pasó ambos brazos por debajo de las axilas del joven para envolverle la espalda.
Sin embargo, la complexión de Ye Xingge era ancha y atlética; en aquella postura, sus rostros quedaron cruzados a escasos milímetros, fundidos en un abrazo ilusorio. El muchacho sentía el calor emanado por el pecho de la hermosa dama acariciándole la piel desnuda, suspendido en una tensión eléctrica sin llegar a tocarse.
\*Fuuu, fuuu...\*
El suave aliento de Luo Xuanqing le rozaba el lóbulo de la oreja, trayendo consigo una embriagadora fragancia a orquídeas silvestres.
Ye Xingge tragó saliva; su mirada descendió instintivamente por la curva de los hombros y la esbelta cintura de la mujer... Aquel melocotón maduro de tres pies y una pulgada de contorno resultaba, en efecto, considerablemente más ancho que sus propios hombros...
Apenas se deleitaba con el panorama, sintió una repentina y brutal opresión en las costillas:
"¡Aaaagh!".
Ye Xingge soltó una bocanada de aire helado.
Luo Xuanqing, que había mantenido una distancia milimétrica impecable sin rozar su piel, tiró de la venda con una fuerza salvaje, clavándole una mirada gélida y punzante:
"¿Te parece una hermosa vista?".
'¡Maldita sea!'.
El muchacho casi se asfixia por la súbita tracción en el pecho; palmeó desesperadamente el brazo de la jueza:
"¡Una vista hermosa, hermosa!... \*¡Agh!\*... No, quiero decir... solo estaba mirando sin querer...".
El semblante de jefa implacable de Luo Xuanqing no flaqueó; no obstante, un imperceptible rubor carmín tiñó la base de sus mejillas níveas. Se puso de pie, se sacudió las palmas con elegancia y lo fulminó desde las alturas con severidad:
"Tienes bastante descaro... Con la soga al cuello y el tiempo agotándose, ¿todavía te atreves a distraerte faltando al respeto a tu superior?... Dada la urgencia del caso, no te castigaré esta noche; pero si tus fanfarronadas terminan en nada y me haces perder la dignidad ante la corte...".
La mano derecha de Luo Xuanqing se movió en un destello plateado, haciendo brotar entre sus dedos una fina daga arrojadiza verde bambú; su mirada descendió implacable por los pectorales del joven hacia la entrepierna:
"...Las consecuencias las conoces de sobra".
Ye Xingge sintió una punzada de frío en cierta zona vulnerable y se apresuró a ceñirse las solapas de la túnica:
"Entendido. Pondré todo mi empeño".
"Hmph...".
Luo Xuanqing se volvió hacia los estantes de madera y tomó dos pequeños frascos de porcelana junto a una placa de bronce:
"Este salvoconducto te autoriza a utilizar los corceles de postas imperiales y consultar los archivos judiciales en cualquier prefectura, pero no puedes usarlo para movilizar tropas ni guardias locales. En cuanto a las píldoras: una sirve para calmar el dolor, cerrar heridas y preservar la vida en trance de muerte; la otra reconstituye el vigor y la energía física. Sin embargo, no tomes más de una en poco tiempo...".
Ye Xingge recibió los frascos y la placa de metal. Consciente de que aquellos brebajes debían de haber costado una pequeña fortuna, los guardó con sumo cuidado dentro de su pecho:
"La noche avanza; saldré a investigar de inmediato. La señorita Luo puede descansar tranquila; no hace falta que me dejéis la puerta abierta".
Luo Xuanqing casi se atraganta con semejante insolencia; frunciendo el ceño, espetó con sarcasmo:
"El incienso de cronometraje ya está ardiendo en el cuartel; ¿acaso crees que tendrás tiempo de volver a dormir esta noche? La puerta te la dejaré abierta y la cama caliente; si antes del amanecer tienes la destreza de atrapar a un criminal buscado y meterte a hurtadillas entre mis sábanas, ¡admitiré que eres un hombre de verdad!".
Aquellas palabras eran una evidente burla teñida de incredulidad.
Ye Xingge lo comprendió de inmediato, pero no intentó discutir; se puso en pie y sonrió:
"De acuerdo, iré a probar suerte. Capturar bandidos se me da bastante bien; después de todo, cuento con varios años de experiencia laboral...".
"¿?".
Luo Xuanqing recordó el intachable expediente del muchacho y pensó fugazmente si sus palabras no habrían sido demasiado arriesgadas; sin embargo, la capital no era un condado remoto. Sacudió la cabeza, tomó un paraguas de papel aceitado y un sable envuelto en paño negro, y se los arrojó al regazo:
"Anda, vete de una vez. Si tienes tantas agallas, regresa luego a darme una sorpresa".
Dicho esto, dio media vuelta y se dirigió a la estancia de aseo.
A través del papel traslúcido de la ventana, la silueta encendida por la lámpara de aceite dibujó la esbelta figura de la mujer alzando ambos brazos para soltarse la cabellera.
\*Ruuush, ruuush...\*
Ye Xingge sabía que sin resultados en mano no era momento de quedarse a espiar; sin añadir palabra, tomó el paraguas, empuñó el sable envuelto y salió presuroso hacia el patio exterior.
\*Tap, tap, tap...\*
\*¡Clic!\*
Instantes después, el eco del portón cerrándose resonó desde la cancela delantera.
Luo Xuanqing, con su larga melena negra derramándose sobre los hombros, salió lentamente del pabellón principal hacia el patio, contemplando la lluvia en la oscuridad.
El semblante de arrebatadora belleza había perdido todo rastro de ligereza, cubriéndose de una profunda sombra de zozobra.
Después de todo, completar la captura de tres criminales en tres días era una proeza materialmente imposible.
Y ese muchacho era demasiado impulsivo, desprovisto por completo de miedo a la muerte; si en su afán por cumplir el plazo cometía una temeridad y caía en una trampa mortal...
La magistrada sintió una punzada de angustia en el pecho e hizo ademán de volver a la alcoba para enfundarse su traje nocturno de heroína y seguirlo en secreto por los tejados.
Sin embargo, las ordenanzas del Pabellón Guantian eran implacables: una vez iniciado el examen extraordinario, los agentes de las distintas divisiones vigilaban en las sombras; si la sorprendían siguiéndole los pasos, cualquier captura que Ye Xingge lograse quedaría de inmediato anulada por sospecha de fraude.
'Ese bribón tiene recursos de sobra... En las comarcas exteriores sería peligroso, pero dentro de los distritos de la capital, con los examinadores vigilando de cerca, no debería correr riesgo de muerte...'.
Tras vacilar unos segundos en el umbral, Luo Xuanqing decidió mantener la calma por el momento y aguardar las noticias del amanecer...
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• Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē)
• Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 31 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.