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Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 28 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Tras el portón de roble se abría un patio espacioso, cuya distribución recordaba a la del tribunal interior de un juzgado comarcal: a ambos flancos se alineaban las salas auxiliares de los seis despachos administrativos, aunque en ese momento se hallaban completamente desiertas. En el umbral del salón principal aguardaba de pie un hombre de mediana edad ataviado con la túnica oscura propia de un mayordomo distinguido; lucía un rostro sereno con un pulcro bigote en forma de ocho, esperando con paciente deferencia. El techo del recinto descansaba sobre cuatro macizas columnas de madera lacada, mientras que a izquierda y derecha se distribuían varios anaqueles repletos de espadas, sables y diversas armas marciales. Presidiendo el salón colgaba un letrero monumental con cuatro caracteres dorados: 'NÚMERO UNO BAJO EL CIELO'. Bajo la placa descansaba un amplio escritorio de caoba cubierto con un paño de brocado azul marino, sobre el cual se disponían pinceles, tinta, losas de caligrafía y una figura de bronce primorosamente esculpida con la silueta de un loro parlanchín. Detrás de la mesa se encontraba sentada una jovencita con porte estricto y ceremonioso. A juzgar por sus facciones, no pasaba de los quince o dieciséis años, y su indumentaria irradiaba una desbordante vivacidad: vestía una blusa corta de seda amarillo ocre combinada con bombachos holgados de un verde claro primaveral, llevando el cabello negro recogido en dos simpáticos moños dobles a los lados de la cabeza. Su aire resuelto y juvenil delataba al instante a la consentida heredera de una familia patricia de alcurnia. Hacia un costado del salón, en un imponente sillón de respaldo alto, descansaba una distinguida y hermosa dama hojeando con calma un legajo encuadernado. Bajo la luz natural que se colaba por las celosías, se apreciaba un rostro de suave silueta ovalada y una tez tan blanca y tersa como la manteca refinada; sus ojos brillaban con la serenidad límpida de las aguas otoñales, y sus labios carnosos parecían dos gotas de carmín encendido. Llevaba su abundante cabellera negra recogida en un moño aristocrático en la nuca, adornado con una exquisita horquilla de oro en forma de peonía en flor. Iba ataviada con un vestido de corte cruzado y cuello alto, confeccionado en satén blanco plateado con bordados sutiles de pavos reales azul celeste, una prenda sumamente cotizada en los círculos de la alta nobleza de la capital. A pesar de su arrebatadora belleza y de la riqueza de sus ropajes, la dama conservaba una postura rígidamente erguida, con las manos delicadamente cruzadas sobre el regazo y los pliegues de la falda cayendo con una simetría tan impecable que parecía una escultura esculpida en jade blanco, exenta del menor defecto humano. Toda su presencia desprendía el halo de una matrona virtuosa que recitaba a diario los preceptos del \*Clásico de la Conducta Femenina\*; daba la impresión de ser una mujer tan austera y apegada a la norma que, incluso en la intimidad del lecho conyugal frente a su marido, primero apagaría la vela, doblaría sus ropas con escrupulosa lentitud y luego permanecería completamente inmóvil sin pronunciar un solo suspiro... Al divisar a aquella singular pareja, una grande y una pequeña, Ye Xingge pensó que se trataba de madre e hija; temiendo incurrir en una indiscreción en un recinto privado, se dispuso a retirarse sobre sus pasos con sigilo. Mas el mayordomo de túnica negra apostado a la entrada no era ningún aficionado; al percibir el leve asomo del muchacho, giró la cabeza al instante y exclamó con voz grave y admonitoria: "¿Quién ronda ahí afuera a hurtadillas?". La jovencita de los dos moños alzó la mirada de inmediato. Comprendiendo que huir desataría un malentendido innecesario, Ye Xingge salió de las sombras y ahuecó las manos en reverencia: "El humilde servidor Ye Xingge, natural del Condado de Qingxi. Vine acompañando a la magistrada Luo en busca de un puesto oficial y me extravié en este callejón. Ruego a sus señorías disculpen mi intromisión". "..." En cuanto pronunció aquellas palabras, la atmósfera en el interior del patio se volvió repentinamente extraña y gélida. El mayordomo Hou Chou'er mudó de expresión; entrecerró los ojos y giró la cabeza con disimulo hacia el salón interior, clavando la vista en su señora. Bajo el flequillo, las largas pestañas de An Yurou temblaron de forma imperceptible. De acuerdo con los informes de inteligencia recopilados anoche, la comitiva de Luo Xuanqing en Linyang solo incluía a un auxiliar civil: un muchacho llamado Ye Xingge. Aunque a la Señora de Anyang le resultaba inconcebible que el desvergonzado forajido que la había manoseado y aprisionado en el callejón oscuro pudiera abatir a tres expertos de elite él solo, ¡las pesquisas apuntaban a este mismo nombre! Con el propósito de corroborar la verdad, An Yurou había abandonado a primera hora de la mañana la residencia del Duque Cao para regresar a la capital y aguardar en este rincón. Su intención era esperar a que la 'Jueza de las Flores' regresara con sus tropas para buscar la forma de inspeccionar al sospechoso. ¡Mas jamás imaginó que aquel insolente mozo, con quien los astros parecían tener cuentas pendientes, se arrojaría por su propia cuenta directamente en su boca de lobo! En el mismo instante en que escuchó el timbre de su voz, An Yurou reconoció sin sombra de duda al descarado bribón que le había oprimido los puntos vitales del pecho en la penumbra del callejón. A pesar del profundo rencor y la humillación que aún le quemaban las entrañas, para evitar que su identidad encubierta como agente de Zhou Posterior quedara al descubierto, la dama sofocó el torbellino de su corazón. Pensaba inventar cualquier pretexto para constatar si el muchacho cargaba la mordedura en el brazo, pero la voz de su acompañante se le adelantó. Al escuchar la presentación del intruso, la vivaz jovencita que sostenía el pincel enarcó las cejas con marcado interés; dejó el pincel sobre el soporte de porcelana, enderezó el busto infantil y lo midió de arriba abajo con una mirada suspicaz: "Ah... conque tú eres el famoso 'Dios de la Noche'". "¿Eh?". Ye Xingge se quedó desconcertado ante semejante recibimiento. Al percibir un rastro de antipatía en el tono de la muchacha, creyó que se trataba de una confusión: "Mi señora comete un error; este humilde servidor se llama Ye Xingge...". "Yueyao, guarda la compostura debida", intervino con suavidad An Yurou desde su asiento, llamándola al orden antes de volver sus ojos otoñales hacia la puerta: "De modo que se trata del joven héroe Ye. Ayer escuché al comandante Ruan alabar tu formidable valentía en el campo de batalla. Adelante, por favor". Al recibir la autorización, Ye Xingge cruzó el umbral del salón con andares desenvueltos y modales intachables: "Mi señora exagera en sus elogios; este servidor solo siguió las instrucciones de la magistrada Luo y tuvo la fortuna de cosechar algunos méritos casuales". El mayordomo Hou Chou'er examinó minuciosamente cada gesto y mirada de Ye Xingge; al comprobar que el joven no mostraba el menor indicio de haber reconocido a la elegante matrona frente a él como la forajida enmascarada del callejón, respiró con silencioso alivio y anunció con voz solemne: "Frente a ti se encuentran la distinguida señorita mayor Shen, nieta directa del Comandante Supremo de Guantian, y la ilustre Señora del Condado de Anyang". "¿Oh?". Al escuchar aquellos dos títulos nobiliarios, Ye Xingge no pudo evitar un íntimo sobresalto. La fama de la Señora de Anyang era bien conocida en el mundo erudito: su difunta madre pertenecía al prestigioso Clan Cui de Linchuan, una de las venerables Siete Nobles Casas Confucianas emparentada directamente con la Emperatriz Viuda Zhou; mientras que su padre había sido designado en vida como el sucesor natural del Comandante Supremo de Guantian. No obstante, cuando la familia Xiao usurpó el trono fundando la Gran Yan, aquel patriarca de temple inquebrantable prefirió la muerte antes que recibir prebendas de la dinastía usurpadora, inmolándose junto a su esposa y dejando huérfana a esta única descendiente. Por su parte, aunque jamás había oído hablar de la joven señorita Shen, el inmenso peso político de ser la nieta del Comandante Supremo de Guantian no requería explicaciones. Ye Xingge volvió a juntar las manos con reverencia impecable: "Este humilde plebeyo rinde honores a la Señora de Anyang y a la señorita mayor Shen. Si incurrí en alguna falta de protocolo, ruego a ambas damas me perdonen". An Yurou permaneció sentada con su porte digno y solemne. En apariencia lucía tranquila e intachable, pero sus dedos enjoyados se crispaban con tal fuerza sobre su regazo que sus nudillos se tornaban blancos; su mente era un remolino de pensamientos mientras calculaba fríamente cada palabra. Por el contrario, el recelo en los grandes ojos de la joven Shen era mucho más evidente y descarado. ¡Y la razón no era otra que su propio padre: el magistrado del Condado de Qingxi, Shen Songnian! Aunque su progenitor ejercía la autoridad civil en aquella remota comarca, jamás había querido presentarse ante la corte como 'el yerno del Comandante de Guantian', manteniendo su ilustre parentesco oculto ante la población local. Cada vez que la joven Shen viajaba a Qingxi a visitarlo, su padre no dejaba de llenarle los oídos mencionando una y otra vez el nombre de 'Ye Xingge': que si aquel muchacho era infinitamente más maduro y hábil que ella, que si en cuanto cumplieran unos años más arreglaría que se conocieran... ¡una burda y transparente maniobra para quitársela de encima y casarla a toda prisa! Aunque debía admitir que, visto en persona, aquel muchacho era ciertamente apuesto y de porte gallardo... ¡¿Cómo iba ella, la orgullosa y consentida señorita del Pabellón Guantian, a rebajarse a contraer nupcias en un condado de mala muerte para terminar convertida en la patrona de una modesta posada?! Si la líder de la Sociedad Shanhe, la heredera del Monte Jiuhua o la doncella sagrada de la Secta Longhua se enteraran de semejante destino doméstico, ¡¿con qué cara volvería ella a cabalgar por el ancho Jianghu?! Por tanto, al enterarse de que Ye Xingge había cobrado notoriedad de la noche a la mañana y acababa de llegar al cuartel general, Shen Yueyao sospechó al instante que su padre estaba moviendo los hilos desde las sombras para ponerle a aquel candidato justo delante de las narices. Con tono autoritario y fingida severidad, la muchacha declaró: "¡Esta servidora es la Inspectora de la División de Armamento, una de las Cinco Grandes Comandantes del Pabellón Guantian, apodada en el Jianghu como el 'Conejo Protector'! ¡En los recintos del tribunal debes dirigirte a mí por mi rango militar!". "¿Eh?". Ye Xingge pestañeó, sumido en la más absoluta perplejidad. Por más que rebuscaba en sus recuerdos marciales, jamás en la vida había escuchado semejante título rimbombante. Un momento... ¿Conejo Protector...? Un destello de iluminación cruzó la memoria de Ye Xingge. De pronto recordó que, en los registros oficiales de la Lista Dorada que publicaba la gaceta quincenal, ¡figuraba efectivamente un misterioso personaje llamado 'Conejo Protector', atornillado de manera perpetua en el último lugar absoluto de la Tercera Clase! Daba igual cuántos talentos ascendieran o cayeran: durante más de un año completo, jamás nadie había conseguido arrebatarle el farolillo rojo de la clasificación. El fenómeno era tan cómico que los líderes de sectas frustrados del Jianghu que no lograban clasificar solían consolarse entre risas diciendo que \*'habían quedado por debajo del Protector'\*. Para la gente común, figurar en la Tercera Clase, aunque fuera en el sótano, era la cúspide de la gloria. Antaño Ye Xingge se preguntaba qué clase de prodigio podía mantenerse inamovible en ese puesto milagroso; mas ahora, al contemplar a esta jovencita que a leguas se notaba que no aguantaría tres asaltos de combate real, el enigma quedó resuelto al instante: ¡Aquella niña era una consentida con palancas de oro! Valiéndose de su condición de nieta mimada del señor de Guantian, ¡había colocado su propio apodo en la Lista Dorada para inflar su vanidad infantil! En cuanto a proclamarse la 'quinta comandante' de una institución que históricamente solo poseía cuatro... era evidente que se trataba de un capricho creado a su medida. Comprendiendo la inocente psicología de la muchacha, Ye Xingge adoptó una expresión de profunda admiración y ahuecó las manos con solemnidad: "De modo que vuestra señoría es la ilustre 'Conejo Protector' que ha dominado la Lista Dorada durante más de un año entero. Este servidor ha escuchado vuestro glorioso renombre infinidad de veces como un trueno en el cielo; ruego perdonéis mi ceguera". Al escuchar que el joven recitaba con exacta precisión el tiempo que llevaba inscrita en la lista y que lo hacía con semejante reverencia, Shen Yueyao se quedó pasmada por un instante y pensó para sus adentros: 'A juzgar por su mirada sincera, no parece que me esté adulando con mentiras prefabricadas... Pero si yo misma sé perfectamente cuál es mi verdadero nivel marcial... Fuera de los muros de Guantian, ¿quién demonios me conoce? ¿Acaso mi venerable padre, con tal de tender esta trampa conyugal, le hizo estudiar de memoria mis antecedentes antes de enviarlo? ¡Qué padre tan maquiavélico y astuto tengo...! Aunque... que se haya tomado la molestia de memorizarlo todo demuestra que se preocupa por causarme una buena impresión...'. Conmovida por aquella dulce ilusión, el ceño fruncido de Shen Yueyao se suavizó notablemente y asintió con condescendencia: "Mmm... Tengo entendido que el joven Ye capturó a cuatro peligrosos forajidos en dos jornadas consecutivas combatiendo en inferioridad numérica, ganándote el apodo de 'Dios de la Noche' entre la gente del Tribunal Penal. Sin duda posees un temple marcial notable; con suficiente esfuerzo y dedicación en los años venideros, no te resultará difícil alcanzar una gloria equivalente a la de esta servidora". '¿Alcanzar tu gloria?'. Ye Xingge pensó con sorna que aquello era matemáticamente imposible: ¡en todo el firmamento solo podía existir un último lugar! No obstante, en atención a la diplomacia, mantuvo la sonrisa modesta: "Agradezco el generoso estímulo de vuestra señoría; este servidor redoblará sus esfuerzos en el futuro. Respecto a ese apodo, no fue más que una ocurrencia festiva del subcomandante Chen y sus hombres; con las toscas artes de este humilde posadero, jamás osaría considerarme digno de tal distinción". "No seas modesto; en verdad me parece un sobrenombre bastante sonoro e imponente...". Mientras ambos conversaban, la mirada de An Yurou no se había apartado ni un segundo de las manos del muchacho. En su pecho, bajo las capas de seda inmaculada, las marcas de los dedos parecían latir con un dolor sordo y humillante; necesitó de toda la templanza aprendida en su alcurnia para serenar el semblante antes de levantarse con suprema elegancia. Al caminar, los pliegues de su falda bordada con pavos reales apenas se mecían con una cadencia perfecta: "El joven héroe Ye resultó herido anoche durante el combate. ¿Cómo se encuentra vuestra salud en estos momentos?". "El médico del tribunal me atendió con presteza; a estas alturas ya me encuentro prácticamente restablecido. Agradezco la bondadosa preocupación de la Señora de Anyang". An Yurou lo escrutó con fingida calidez: "En verdad luces lleno de vigor marcial. ¿En qué zonas recibiste las heridas?". "Bueno...". Creyendo que se trataba de una muestra ordinaria de cortesía aristocrática, Ye Xingge se señaló el costado derecho y luego se subió ligeramente la manga de la túnica, dejando al descubierto una gruesa venda de lino blanco que rodeaba su antebrazo: "Solo fueron rozaduras superficiales; su señoría no debe inquietarse". "Comprendo...". Al ver con sus propios ojos el vendaje que cubría con exactitud la mordedura que ella misma le había propinado entre lágrimas de rabia, el rabillo del ojo de An Yurou sufrió un imperceptible espasmo. Sin embargo, dado que el insensato muchacho no parecía relacionar a la noble y recatada dama de la corte con la encapuchada que intentó degollarlo, por nada del mundo cometería ella la torpeza de levantar sospechas. Se limitó a asentir con gracia señorial: "Me alegra saber que te encuentras a salvo. La señorita Yueyao debe proseguir con el despacho de los asuntos oficiales de su división, de modo que no te entretendremos más. Ve a atender tus trámites con la magistrada Luo; cuando dispongas de tiempo libre en los días venideros, enviaré una invitación formal a mi residencia para ofrecerte un banquete en reconocimiento a tus meritorios servicios a la patria". "¡Por favor, la Señora de Anyang es demasiado generosa! Este humilde servidor no merece tanto honor". Deseoso de poner fin a aquel incómodo encuentro en un territorio que no le pertenecía, Ye Xingge no tomó aquellas cortesías por ciertas; juntó las manos en una última reverencia de despedida y se retiró con paso vivo hacia el exterior del patio. \*Tap, tap, tap...\* En cuanto el eco de las botas se desvaneció a lo lejos en la galería, Shen Yueyao alzó los ojos del papel y preguntó con aire conspirador: "Hermana Yurou, ¿a ti qué te parece? ¿Crees que este muchacho fue enviado aquí por mi padre?". El difunto padre de An Yurou y el magistrado Shen Songnian habían sido condiscípulos en las academias confucianas; además, para escapar de la estricta vigilancia de su abuelo, Shen Yueyao solía refugiarse con frecuencia en la residencia de la Señora de Anyang, por lo que ambas compartían un vínculo casi fraternal. Al escuchar la pregunta, An Yurou desvió la mirada con serenidad: "Eso deberías preguntárselo directamente a tu señor padre; ¿cómo podría saberlo yo?". "Tienes razón...". Shen Yueyao suspiró con dramatismo infantil, volviendo a sumergirse en sus dilemas sobre cómo lidiar con las insólitas intromisiones casamenteras de su progenitor. Por su parte, en cuanto los pasos se extinguieron por completo, la expresión apacible y recatada de An Yurou se desvaneció, dando paso a una frialdad calculadora. Tras meditar unos instantes en silencio, cruzó el umbral del salón y se dirigió a una sala lateral contigua, murmurando al mayordomo que la seguía de cerca: "Ese muchacho ha acumulado proezas extraordinarias a una edad tan temprana; sin embargo, no hay rastro de arrogancia ni ligereza en sus ojos. Al contrario: se conduce con una humildad impecable y un trato sereno y mesurado. Tarde o temprano se convertirá en una figura prominente en la corte. Ve y averigua con discreción qué cargo y destino le asignará el mando supremo de Guantian". Hou Chou'er asintió con gravedad: "Así se hará, mi señora. ¿Y qué disponemos respecto al asunto del \*Tigre que Salta el Torrente\*?". An Yurou contempló la penumbra del patio y respondió en un susurro: "El Tribunal de Enjuiciamiento Penal no ha desplegado destacamentos fluviales, lo que indica que aún no poseen pistas firmes sobre el paradero de Zhujinlang. Por el momento, no debemos temer que la corte imperial logre apoderarse de la daga divina". "Entendido". \----- • Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē) • Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子) • Traductor: Inmensurable 🗡️ ¡Compañero(a) del Jianghu, deja tu reacción y comentario para apoyar el viaje marcial de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es el filo de nuestra espada y el aliento de esta historia! ¡Que tus pasos en el mundo marcial sean gloriosos! ⚔️
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Estás leyendo el capítulo 28 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.