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Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 22 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Luo Xuanqing sostenía a Ye Xingge por la cintura mientras volaban a ras del suelo; en apenas un suspiro, ambos dejaron atrás el mar de llamas y alcanzaron los alrededores de la comarca de Linyang. Las calles del condado estaban atestadas por los agentes de la División de Inspección. Con el fin de evitar que el eunuco podrido de Ruan Jinyu metiera las narices para adjudicarse méritos ajenos, la comandante ni siquiera volvió la cabeza: rodeó el perímetro de la ciudad a toda prisa y se dirigió directamente hacia la ribera del río Daqing. Ye Xingge tampoco tenía el menor deseo de toparse de bruces con aquel eunuco siniestro. Al aproximarse a la arboleda de sauces donde habían dejado atadas las monturas, dejó escapar un silbido corto y agudo. Apenas sonó el llamado, el gran corcel blanco emergió trotando de costado con un garbo casi cómico, sujetando las riendas con los dientes para arrastrar tras de sí al otro caballo oficial del tribunal. \*Cla-clac, cla-clac...\* Al presenciar la escena, Luo Xuanqing no pudo evitar arquear una ceja sorprendida; sin embargo, al ver que el muchacho estaba al borde de la extenuación física, no se detuvo a hacer preguntas. Temiendo que el joven pudiera marearse y caer del caballo durante el trayecto, ató las dos cabezas degolladas a la montura del caballo oficial, montó de un ágil salto sobre el lomo del corcel blanco y se acomodó justo delante de Ye Xingge: "Si estás agotado, apóyate en mi espalda y duerme un rato. ¡Arre!". Dicho esto, apretó suavemente los flancos del animal con las pantorrillas. Mas para su sorpresa, el gran corcel blanco alzó las patas delanteras en un violento relincho de corcoveo, a punto de despedir a ambos jinetes por los aires. Ye Xingge conocía de sobra las mañas de su bestia; extendió de inmediato ambos brazos alrededor del talle de la hermosa comandante y aferró las riendas con firmeza para someter al animal: "Este bribón solo obedece a su amo; será mejor que guíe yo. ¡Vamos!". \*Tacata, tacata, tacata...\* La intención inicial de Luo Xuanqing había sido sentarse adelante para protegerlo y evitar que cayera de bruces, pero de repente se hallaba envuelta entre los brazos del muchacho, con el pecho de este pegado a su espalda y sus manos rozándole los costados para gobernar las riendas. La comandante sintió que aquella cercanía resultaba un tanto indecorosa; sin embargo, al notar que el joven mantenía una postura estrictamente respetuosa sin propasarse lo más mínimo, no dijo una sola palabra y se limitó a sujetar el antebrazo de Ye Xingge para amortiguar las sacudidas del galope. Ye Xingge conducía el caballo con paso constante mientras echaba una mirada de reojo hacia la silueta distante de la ciudad: "¿Consiguieron atrapar a la forajida?". "No. Logró escabullirse sin dejar el menor rastro. En cualquier caso, el mérito que acabas de conseguir es más que suficiente; ahora es Ruan Jinyu quien se quedó con las manos vacías sin cosechar un solo logro. Que sea él quien se rompa la cabeza buscando explicaciones...". "Ya veo...". Al escuchar su respuesta, Ye Xingge sintió una punzada de inquietud. Poco antes, aquella misteriosa mujer casi le causa un paro cardíaco al desplomarse en el callejón, y él, en un forcejeo desesperado por inmovilizarla, la había manoseado y oprimido por todas partes. Aunque actuó por pura supervivencia, una dama de semejante temple jamás perdonaría semejante ultraje. Al no haber sido capturada, lo más probable era que en el futuro viniera a ajustar cuentas directamente con él. Entretanto, Hong Yu, recluida en el colgante dentro de su pecho, no podía ver la escena exterior pero percibía con total nitidez la proximidad física entre ambos jinetes. Tras unos momentos de silencio, soltó un comentario cargado de mordacidad: "Con semejante oportunidad en bandeja de plata, ¿por qué no aprovechas para acariciarle un poco las curvas? Después de todo, tienes en brazos al florero más cotizado de la capital...". Solo con oír el tono melifluo de la voz telepática, Ye Xingge supo que la despampanante jefa de la Sociedad Shanhe estaba contrariada. Al fin y al cabo, escuchar por la línea espiritual cómo su pretendiente oficial cabalgaba abrazando a otra mujer —por muy preliminares que fueran las conversaciones nupciales— no resultaba un plato de buen gusto para ninguna dama del Jianghu. En cuanto a los motivos de aquella inquina mutua, Ye Xingge los conocía a la perfección. Tanto 'Rojo Pleno' como 'La Jueza de las Flores' provenían de linajes marciales ilustres y poseían un nivel de cultivo sumamente parejo; y dado que en el mundo de las artes marciales jamás puede haber dos números uno, la rivalidad entre ambas ardía bajo cuerda desde hacía años. En un principio, aquella pugna se mantenía en un plano estrictamente discreto y ninguna había cruzado palabra con la otra; sin embargo, en el Jianghu abundaban los desocupados y las malas lenguas. En cierta ocasión, asediada por los comentarios malintencionados de terceros que insistían en compararlas, Hong Yu perdió la paciencia y declaró públicamente: 'La Jueza de las Flores nació en cuna noble pero carece de verdadera rectitud moral; rebajarse a servir como sabuesa y verdugo de la corte imperial por unas míseras monedas de gloria y riqueza... ¿acaso semejante oportunista es digna de medirse conmigo?'. Aquel dardo envenenado no tardó en llegar a oídos de los redactores de gacetas clandestinas, difundiéndose por las tabernas de todas las prefecturas. Al enterarse de tales injurias, Luo Xuanqing montó en cólera y respondió ante sus allegados con mordaz desdén: 'Bajo el mando de Mantanghong, la otrora gloriosa Sociedad Shanhe ha degenerado hasta convertirse en una secta de segunda categoría, incapaz siquiera de auxiliar a sus propios aliados cuando caen en desgracia. Si ni siquiera es capaz de honrar la lealtad elemental entre cofradías, ¿con qué cara se atreve a hablar de la gran rectitud bajo el cielo?'. Como era de esperar, los chismosos volvieron a llevar el recado de un bando a otro, desatando una guerra de declaraciones cruzadas a distancia. Ye Xingge solía devorar aquellos chismes marciales como mero espectador; jamás imaginó que la disputa escalaría hasta el Vado Shangjin, donde ambas mujeres terminaron arrancándose los cabellos en un enfrentamiento a muerte hasta quedar lisiadas y, por giros del destino, caer ambas en sus manos. Consciente de la pólvora sobre la que caminaba, Ye Xingge no era tan insensato como para seguirle la corriente a Hong Yu. Mantuvieron un ritmo veloz durante leguas y leguas hasta que los arrozales, los pequeños villorrios y las cuencas fluviales quedaron sepultados en la penumbra. Pronto, la silueta familiar de las murallas del Condado de Qingxi se dibujó en el horizonte. ... En las puertas de la comarca, los Oficiales de Túnica Bordada continuaban apostados en rigurosa guardia, inspeccionando a cada transeúnte en busca de la escurridiza líder de Shanhe. Al lado del brasero encendido en la garita militar, Chen Xuance y el condestable Wang Shouyin permanecían sentados a la mesa, debatiendo estrategias para acorralar a Rojo Pleno, completamente ajenos a los sucesos de Linyang. Al percibir el estrépito de cascos, Chen Xuance se puso de pie de un salto; pero al ver que la gran comandante entraba a caballo escoltando a un Ye Xingge cubierto de sangre de pies a cabeza, se quedó boquiabierto: "¡Mi señora Luo! ¿Qué ha sucedido?". "¡Xingge! ¿Qué te pasó, muchacho?", exclamó Wang Shouyin con el rostro demudado por la angustia. Luo Xuanqing cruzó el portal sin frenar el caballo; arrojó con desdén las dos cabezas envueltas hacia sus subordinados y ordenó con voz autoritaria: "Yang Tuyan ha sido ajusticiado. Envíen un despacho urgente a la capital de inmediato. ¡Y que el médico de campaña venga a la posada sin perder un segundo!". Al contemplar las dos cabezas degolladas empapadas en sangre fresca, los ojos de Chen Xuance se abrieron de par en par, pasando de la perplejidad absoluta a un júbilo desenfrenado. Ya podía saborear la escena en la que Ruan Jinyu regresara con las manos vacías y el Gran Eunuco Zhang lo azotara como a un trompo por su incompetencia. Sin embargo, al ver el semblante macilento de Ye Xingge, comprendió que no era momento de celebraciones; impartió órdenes a sus subordinados a voz en grito y echó a correr junto a Wang Shouyin hacia la posada. \*Tacata, tacata...\* El corcel blanco frenó en seco frente a la Posada Wujian. Luo Xuanqing tomó a Ye Xingge en brazos, se impulsó en el aire y aterrizó suavemente en el vestíbulo principal, ordenando al personal: "¡Pongan agua a hervir, rápido!". "¡Ah...! ¡J-jefe!", exclamaron los camareros y ayudantes que ya habían llegado para abrir el mesón, retrocediendo aterrorizados ante la estampa sangrienta antes de correr a los fogones. La comandante se disponía a subirlo en brazos a las habitaciones del segundo piso, pero Ye Xingge la detuvo con un ademán débil: "No es para tanto... Si manchamos los aposentos de arriba será una pesadilla limpiarlos. Tengo una habitación en el patio trasero". Luo Xuanqing asintió y, guiada por las indicaciones del joven, lo condujo a una estancia auxiliar situada justo enfrente de la cocina. Aquel cuarto se utilizaba como aposento de descanso para el personal: apenas contaba con una mesa, un par de banquetas y una tarima de madera limpia y ordenada. La comandante acomodó al joven sobre el lecho y salió de inmediato a buscar agua tibia. Aprovechando ese instante de soledad, Ye Xingge deslizó con disimulo la cinta dorada del látigo bajo el colchón; luego se despojó del sayal desgarrado y desató las vendas empapadas de su torso. La vestimenta estaba teñida de escarlata, pero casi toda la sangre pertenecía a sus adversarios. El tajo en sus costillas no pasaba de ser una herida superficial, y la píldora medicinal de Luo Xuanqing era tan milagrosa que la sangre ya había dejado de manar, iniciando el proceso de cicatrización. Apenas terminó de examinarse, Chen Xuance irrumpió en el patio trasero acompañado por un veterano facultativo con un botiquín de madera terciado al hombro. Al ver que la estancia era reducida, Chen Xuance y Wang Shouyin se quedaron apretujados junto al umbral de la puerta; al comprobar que el joven conservaba buen color, soltaron un suspiro de alivio, aunque el subcomandante no pudo evitar preguntar con desconcierto: "Mi señora Luo... habiendo estado usted a su lado, ¿cómo es posible que Xingge resultara herido?". Luo Xuanqing entregó la jofaina de agua tibia a un subordinado para que la introdujera y permaneció de pie junto al marco de la puerta, con una sombra de remordimiento en el rostro: "Un sospechoso imprevisto asomó en la ciudad y me lancé en su persecución. No imaginé que este insolente tuviera la osadía de lanzarse en solitario a cazar a Yang Tuyan y al espía del Salón de los Ocho Pilares". "¡¿Cómo?!". Chen Xuance sintió que el suelo se movía bajo sus botas: "¡¿Fue él solo a perseguirlos... y regresó con dos cabezas cercenadas?!". Recostado sobre la tarima de madera, Ye Xingge alzó la mano que sostenía la daga ensangrentada y aclaró con voz ronca: "Fueron tres en realidad. Hubo un esbirro de poca monta que no me molesté en traer; su cadáver quedó tirado en los trigales fuera de la ciudad. Esto fue lo que le confisqué a Yang Tuyan... y también este brazalete...". "¡Madre mía...!". Los oficiales del tribunal que se agolpaban en el pasillo se miraron entre sí con los ojos desorbitados por el asombro. El condestable Wang Shouyin, que había visto crecer a Ye Xingge y lo había llevado en incontables batidas contra forajidos desde niño, se tomó la revelación con absoluta naturalidad e incluso intervino con orgullo: "Despachar a tres bribones no es ninguna novedad para él. En sus inicios, cuando yo le enseñaba los fundamentos de la lucha cuerpo a cuerpo y se veía superado en número, lo obligaba a combatir contra varios a la vez empleando lo que tuviera a mano; este muchacho es más escurridizo que una anguila enmantecada. Lo que de verdad me extraña es que hayan conseguido rozarle un pelo...". "¿De veras...?". Al notar que Ye Xingge intentaba desabrocharse el brazalete metálico del brazo para entregarlo como botín de guerra, Luo Xuanqing frunció el ceño con tono reprobatorio: "¡Quédate quieto y no te muevas! No eres miembro del funcionariado imperial; los despojos obtenidos al erradicar a traidores del Estado por iniciativa propia te pertenecen por derecho legítimo... ¿Un momento?". A mitad de la frase, la mirada de la comandante se congeló. Dio dos pasos hacia el interior de la estancia, tomó la daga ensangrentada de manos de Ye Xingge y la examinó bajo la luz del farol. Chen Xuance y los demás oficiales estiraron el cuello con curiosidad. La hoja del arma medía apenas cuatro pulgadas, forjada en un acero níveo y reluciente con doble filo afilado como una navaja de afeitar. La empuñadura de tres pulgadas estaba tallada en nácar blanco brillante, con una guarda esculpida en forma de cabeza de tigre cuyas fauces abiertas parecían escupir la hoja curva, semejante a un colmillo de tigre dientes de sable. "Esto...". Chen Xuance arrugó la frente, buscando en los archivos de su memoria: "¡¿Acaso es el 'Tigre que Salta el Torrente'?!". Los oficiales apostados en la entrada aguzaron la vista y asintieron con estupor: "¡En efecto, es el Tigre que Salta el Torrente! Una de las armas legendarias custodiadas en las bóvedas del Pabellón Hengjiang...". "¿Pero no había sido arrebatada a sangre y fuego por el asesino 'Zhujinlang'?". "¿Cómo demonios fue a parar a manos de Yang Tuyan?". La sala se llenó de susurros y conjeturas atropelladas. Sin embargo, Luo Xuanqing apartó la vista del arma y clavó sus ojos almendrados en Ye Xingge con una mezcla de recelo e incredulidad: "¿Te enfrentaste a semejante reliquia y aun así lograste regresar con vida?". "..." Al escuchar aquellas palabras, el corredor enmudeció al instante. Los Oficiales de Túnica Bordada fijaron la mirada en el joven con un evidente destello de sospecha. El Tigre que Salta el Torrente gozaba de una reputación siniestra en el Jianghu gracias a su propiedad mística del 'Golpe de Traslación Instantánea', que permitía a su portador acortar tres pasos en un pestañeo imperceptible; contra rivales del mismo nivel de cultivo, el ataque resultaba prácticamente ineludible, e incluso frente a guerreros superiores representaba una amenaza letal. Por esa misma razón había recibido el apelativo de la fiera que cruza el torrente. Ye Xingge ni siquiera figuraba en la Tercera Clase de la Lista Dorada; por muy sólidos que fueran sus fundamentos marciales, su cultivo no superaba al de Yang Tuyan. Liquidar a tres oponentes ya era una hazaña formidable, pero salir ileso frente a un arma mística tan implacable y desprovista de lógica resultaba a todas luces inconcebible. Al advertir las miradas dubitativas de los presentes, Ye Xingge se sintió un tanto agraviado; después de todo, al margen de sus intenciones secretas con el brazalete, cada tajo y cada esquiva en aquel sembradío habían sido fruto de su propia destreza y reflejos, sin trampa alguna. Antes de que pudiera abrir la boca para defenderse, el anciano médico de campaña, que limpiaba la herida del pecho, señaló la incisión con sus pinzas de plata: "No hay de qué dudar; la herida es legítima, aunque sobrevivir a semejante embate ha sido un auténtico milagro". Los médicos asignados a las divisiones del Pabellón Guantian solían ejercer simultáneamente funciones de peritos forenses, por lo que su capacidad para leer las huellas de combate era infalible. La herida en el costado de Ye Xingge era limpia y reveladora: los oficiales veteranos comprendieron de inmediato que el atacante había entrado en línea recta con un arma corta buscando el plexo central, y que Ye Xingge había girado el torso en el último milisegundo para esquivar la muerte. Si una estocada frontal había terminado rozándole las costillas izquierdas en una maniobra tan forzada, significaba que la acometida del adversario fue tan veloz que el cuerpo apenas tuvo tiempo material de apartarse. Y teniendo en cuenta que la cabeza cercenada de Yang Tuyan descansaba en el vestíbulo, resultaba absurdo pensar que el rebelde hubiera cooperado en una farsa entregando su propia vida. Las miradas de sospecha se transformaron en una oleada de admiración desbordante: "¡¿Es humanamente posible esquivar el Tigre que Salta el Torrente fiándose solo de los reflejos?!". "Hermano Ye, ¿acaso sabías de antemano que Yang Tuyan empuñaba semejante artefacto?". Ye Xingge no pudo evitar sentir un escalofrío retrospectivo: "Si lo hubiera sabido, jamás me habría acercado tanto. Noté que el tipo estaba acorralado y sin escapatoria, pero en lugar de huir mantenía una postura desafiante; intuí que tramaba algo sucio y me puse en guardia, pero aun así casi me atraviesa el corazón...". "¡Asombroso! Eso sí que es burlar a la muerte...". "Frente al Tigre que Salta el Torrente, si uno no prevé el ataque con anticipación absoluta, es imposible no acabar ensartado. Esos reflejos son sencillamente sobrehumanos...". Luo Xuanqing escuchaba en silencio; tras meditar unos instantes, alzó la voz para imponer orden: "El poder letal del Tigre que Salta el Torrente reside en el factor sorpresa; una vez que su existencia se divulga, su eficacia decae enormemente. Mantengan la boca cerrada y no permitan que este hallazgo se filtre al exterior". Un arma concebida para asesinos invisibles perdía la mitad de su valor si el enemigo sabía que la portabas. Los guardias asintieron disciplinadamente. En ese momento, el anciano médico terminó de desinfectar la herida del pecho y dirigió la vista hacia el antebrazo derecho del muchacho: "Esta marca de mordisco...". Los oficiales que charlaban animadamente volvieron la cabeza hacia el brazo señalado y se quedaron de piedra. Aquella marca resultaba, si cabía, mucho más desconcertante que la herida de cuchillo. Por el tamaño y la curvatura de la dentadura, correspondía sin lugar a dudas a una mujer... Y a juzgar por el ángulo de la mordedura, ¡la atacante se encontraba de espaldas, aprisionada contra el pecho del muchacho! "..." La habitación quedó sumida en un silencio sepulcral. Los oficiales se disponían a bromear con Ye Xingge preguntándole qué hermosa dama lo había mordido con semejante saña en medio de la noche; sin embargo, al recordar que la única mujer que lo había acompañado en la misión era la mismísima comandante del Tribunal Penal, las palabras se les congelaron en la garganta. De pronto, varias miradas cómplices comenzaron a desviarse hacia Luo Xuanqing, imaginando de forma inevitable una escena escabrosa: el galope nocturno a caballo, el joven posadero propasándose en la penumbra por la espalda, y la gélida comandante mordiéndole el brazo en un arranque de furor y vergüenza, incapaz al mismo tiempo de asestarle un golpe letal... \----- • Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē) • Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子) • Traductor: Inmensurable 🗡️ ¡Compañero(a) del Jianghu, deja tu reacción y comentario para apoyar el viaje marcial de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es el filo de nuestra espada y el aliento de esta historia! ¡Que tus pasos en el mundo marcial sean gloriosos! ⚔️
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Estás leyendo el capítulo 22 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.