Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 17 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El callejón permanecía sumido en una densa oscuridad.
A través de la tapia de piedra de más de tres metros de altura se filtraban los murmullos apagados de los peones y guardias de la agencia:
"El Eunuco Serpiente tiene una prepotencia aterradora; con una sola orden selló la comarca entera y dicen que hasta las casas de citas y tabernas tuvieron que cerrar sus puertas..."
"Es uno de los Cuatro Grandes Comandantes del Pabellón Guantian, ¿qué otra cosa esperabas?...".
Ye Xingge permanecía agazapado entre varias hileras de cestos de mimbre apilados, aguzando el oído hacia el interior del caserón.
La comarca vivía un estado de sitio sofocante; Yang Tuyan y los topos del Salón de los Ocho Pilares forzosamente debían hallarse ocultos bajo tierra. Sin saber en qué estancia específica se refugiaban, la hermosa Luo Xuanqing debía inspeccionar cada rincón con prudencia, de modo que la demora era perfectamente comprensible.
Sin embargo, tras unos instantes de tensa espera, no fue del interior del patio de donde provino el movimiento, sino del fondo del callejón exterior:
\*Paso, paso, paso...\*
Eran pisadas tan sutiles que apenas rozaban el polvo, pero el oído entrenado de Ye Xingge distinguió que no se trataba de una sola persona.
El joven frunció el ceño, aferró con fuerza el sable enfundado en tela negra y contuvo la respiración.
En la Posada Wujian, reclinada sobre el lecho con el colgante de jade pegado a la oreja, Hong Yu percibió la anomalía y se incorporó de inmediato:
"¿Quién anda ahí?".
Ye Xingge tampoco lo sabía; en un primer momento supuso que eran simples vecinos rezagados.
No obstante, las pisadas doblaron la esquina del callejón secundario aproximándose directamente hacia su posición.
Un susurro amortiguado, con un timbre rasposo fingido pero inconfundiblemente femenino, resonó a escasos metros:
"Ruan Jinyu todavía no ha llegado a esta agencia; Yang Tuyan está aquí adentro con total seguridad. Dispérsense por el perímetro y sellen todas las rutas de escape; yo entraré a buscarlo..."
"Tenga sumo cuidado; si se desata el menor alboroto, Ruan Jinyu caerá sobre nosotros en un parpadeo..."
"Un don nadie como Yang Tuyan ni siquiera figura en la Tercera Clase de la Lista Dorada; acabaré con él de un plumazo sin levantar sospechas..."
Al escuchar aquellas palabras, el corazón de Ye Xingge dio un vuelco alarmado.
¡Aquella gente no pertenecía a las fuerzas imperiales!
Por muy forajido que fuera Yang Tuyan, no dejaba de ser un curtido asesino; y si para esa mujer despacharlo era como degollar a un pollo, ¡liquidarlo a él resultaría todavía más insignificante!
Si lo descubrían allí escondido, la catástrofe estaba servida.
Hong Yu, comisionada por su maestra para concertar el compromiso nupcial y actuar como su 'protectora del camino', temió que su prometido muriera antes de tiempo, pues no tendría cómo rendir cuentas a su mentora. Le advirtió al instante por telepatía:
"¡No te muevas! No respires ni cambies de postura; ralentiza los latidos de tu corazón y aguarda a que esa zorra baje del tejado a salvarte el pellejo."
Contener el aliento y silenciar su presencia era una destreza básica para Ye Xingge. Se encogió aún más entre dos columnas de cestos y entró en un estado de quietud absoluta.
\*Paso, paso, paso...\*
Tras impartir las órdenes, las cuatro sombras se dispersaron con sigilo entre los edificios colindantes.
Al encontrarse cerca de la bocacalle que daba a la avenida principal, los cuatro subalternos no pasaron frente a su escondite.
Ye Xingge comenzaba a respirar aliviado, suponiendo que la cabecilla también ejecutaría un salto acrobático para desaparecer sobre la tapia al igual que Luo Xuanqing.
Sin embargo, el punto de infiltración escogido por la comandante imperial era tácticamente insuperable.
Para evitar miradas indiscretas, la mujer encapuchada observó los alrededores y, guiada por un instinto idéntico, avanzó precisamente hacia su rincón, decidida a trepar por el mismo tramo de muro.
\*Paso, paso, paso...\*
Al escuchar las pisadas amortiguadas aproximándose a escasos palmos, Ye Xingge sintió un sudor frío recorrerle la espalda.
A ese paso cruzaría justo por delante de su hueco; un bulto humano tan corpulento resultaba imposible de pasar por alto a menos que estuviera ciega.
Huir era inviable: la destreza marcial de la intrusa superaba con creces la suya; si asomaba la cabeza, lo más probable era que acabara decapitado en el acto sin siquiera verle la cara a su verdugo.
Las pisadas sonaban como campanadas de muerte a escasos pasos de distancia.
Bajo el tenue resplandor de la luna y las estrellas, Ye Xingge alcanzó a vislumbrar la silueta oscura de una capa que se proyectaba sobre los adoquines. Sabedor de que el choque era inevitable, sus pupilas se contrajeron con resolución sombría.
Al otro lado del enlace telepático, Hong Yu permanecía con los sentidos en tensión. Incapaz de intervenir físicamente, intentó darle un recurso desesperado:
"Sus pisadas son imperceptibles; es una consumada experta de escuela interna. En cuanto puedas, ¡clávale los dedos en los puntos Guanyuan, Zhongji y Qugu! ¡Bloquearás su mar de qi e interrumpirás su Vaso de la Concepción, impidiéndole canalizar su energía interna!".
'¡¿Cómo?!', pensó Ye Xingge, sintiendo que el consejo rozaba el disparate.
Cualquiera con nociones marciales sabía que golpear esos tres puntos colapsaba el qi del bajo vientre; el dilema radicaba en que se situaban a tres, cuatro y cinco cun por debajo del ombligo.
¡Si en pleno combate a muerte contra una mujer ya tenía la mano colocada cinco pulgadas bajo su vientre, poco le faltaba para consumar un matrimonio de hecho antes de asestar el golpe!
Descartando la sugerencia, Ye Xingge contuvo el aliento y tensó cada músculo de su cuerpo, dispuesto a quemar sus naves para abrirse paso a la fuerza.
Por fortuna divina, cuando la silueta encapuchada estaba a punto de rebasar su escondite, una ráfaga de voces y pasos desordenados resonó desde la calle principal: eran varios escoltas que salían de su turno en la agencia:
"¡Hasta mañana!".
"Vayan con cuidado...".
Ye Xingge sintió un destello de esperanza.
El callejón era un pasadizo recto sin recovecos; la única cobertura disponible eran los cestos de mimbre donde él mismo se ocultaba.
Siendo una profesional del espionaje, la mujer jamás se quedaría parada al descubierto en medio del callejón. Bastaba con que se ocultara a un lado para eludir la vista de los escoltas y él podría...
\*¡Swoosh!\*
Antes de que terminara de formular el pensamiento, una ráfaga de aire nocturno agitó las sombras y un bulto veloz cruzó frente a sus ojos.
Al instante siguiente, una anatomía suave, tibia y de fragancia embriagadora se precipitó de espaldas directamente contra su regazo...
'¡Me cago en todo lo que se menea...!'.
'¿Qué demonios haces escondiéndote aquí adentro?'.
'¿No se suponía que eras una gran experta? ¡Pues trepa al maldito tejado!'.
Al ver a la intrusa incrustarse en su pecho, a Ye Xingge se le erizaron todos los vellos del cuerpo. ¡Habría deseado reventarla de una patada en el lomo!
Sin embargo, a juzgar por la prodigiosa velocidad con la que se había movido, el único que terminaría reventado como un perro callejero sería él.
Con su vida pendiendo de un hilo, el joven no vaciló un milisegundo: flexionó la espalda, liberó la fuerza bruta de su columna vertebral y la atrapó en un abrazo de oso implacable mientras soltaba un rugido gutural:
"¡Hah!".
Frente a él, An Yurou solo pretendía ponerse a cubierto mientras pasaban los escoltas.
Las hileras de cestos parecían el refugio perfecto.
¡Jamás en sus peores pesadillas imaginó que en semejante rincón infecto hubiera un monstruo emboscado esperando como una trampa viviente!
En cuanto su espalda tocó el hueco, su instinto de combate encendió las alarmas de peligro.
Casi al mismo instante, dos brazos fornidos como tenazas de hierro la atenazaron por el torso acompañados de un rugido sordo.
La presión era tan descomunal que sus brazos quedaron inmovilizados contra los costados, mientras que su busto rotundo y generoso quedaba aprisionado con tal ferocidad que casi se desbordaba por los bordes de los antebrazos del atacante...
Ser sorprendida de espaldas sin la menor defensa era una situación tan letal que incluso un practicante rezagado de la Tercera Clase tenía opciones de ultimar a un titán de la Segunda.
An Yurou sintió que el alma se le escapaba del cuerpo, creyendo que su barco naufragaba en la charca más miserable.
No obstante, en una fracción de segundo constató que, si bien el asaltante poseía una fuerza muscular hercúlea y unos fundamentos respetables, su energía interna carecía del refinamiento de los auténticos maestros de la Lista Dorada.
Ocupando un peldaño medio-alto en la Tercera Clase, An Yurou tenía una resistencia admirable; el impacto inicial solo le produjo la sensación de haber sido arrollada por un fornido carretero carente de toda cortesía hacia las damas.
Comprendiendo que no se trataba de un prodigio invencible, la dama reaccionó con frialdad asesina: tensó los hombros, acumuló qi en sus omóplatos y descargó una vibración sísmica para reventar el agarre.
¡Sin embargo, justo al intentar canalizar el flujo energético, un dolor punzante le desgarró el bajo vientre!
Una zarpa de hierro se había cerrado implacable sobre sus puntos de acupuntura inferiores, clavando cinco dedos como garfios casi hasta el hueso.
"¡Ugh...!", dejó escapar An Yurou en un gemido sofocado.
Con sus meridianos obstruidos por la presión milimétrica, la circulación del qi se truncó en seco, viéndose obligada a depender de la fuerza física pura para liberarse.
Pero la gran mayoría de las cultivadoras de escuelas internas refinadas basaban su combate en la canalización del qi, la absorción elástica y los giros acrobáticos; carentes de un desarrollo muscular hipertrófico, su fuerza física bruta distaba mucho de ser colosal.
Ye Xingge, en cambio, se había forjado en el pugilismo callejero y los entrenamientos pesados de acondicionamiento corporal; incluso cuando Hong Yu perdió temporalmente su cultivo, él podía arrastrarla de un brazo sin esfuerzo.
En cuanto An Yurou intentó sacudirse la presa, comprobó aterrada que los brazos que la rodeaban eran auténticos grilletes de acero templado. Con el flujo de qi estancado, le resultaba imposible quebrar el cerco, quedándole como único recurso retorcer violentamente la cintura para zafarse de la mano que se hundía en su bajo vientre.
\*¡Crac, plaf!\*
En medio del salvaje forcejeo, ambos cuerpos colisionaron contra las pilas de mimbre, derribando los canastos sobre los adoquines con gran estrépito.
Ye Xingge sujetaba el torso de la mujer con el brazo derecho en un candado asfixiante, mientras que con la mano izquierda continuaba aprisionando los puntos energéticos, con una textura táctil que recordaba a un par de bollos recién salidos del horno de vapor.
Por supuesto, en semejante trance a vida o muerte, el muchacho no estaba para deleites sensoriales: ¡aquello era una auténtica fiera salvaje acorralada!
En sus diecinueve años de vida jamás había lidiado con un ser dotado de semejante vigor espasmódico; a pesar de tener los meridianos bajo control, sentía que sujetaba a una tigresa desquiciada dispuesta a despedazarlo en cuanto aflojara un solo milímetro.
Sabiendo que si la mujer se soltaba terminaría descuartizado sin remedio, Ye Xingge recurrió a su único salvavidas y bramó hacia los tejados:
"¡Comandante Luo!".
An Yurou, con las mejillas encendidas de vergüenza y los ojos inyectados en rabia mientras se retorcía como una anguila, escuchó aquellas dos palabras y palideció de espanto.
Luo Xuanqing ocupaba el decimoquinto puesto de la Segunda Clase; en toda la Prefectura de Yongzhou apenas existían un puñado de personas capaces de medirse con ella. Y lo que resultaba aún más comprometedor: ¡ambas se conocían personalmente en los círculos aristocráticos de la capital!
¿Acaso la temible Jueza de las Flores no se encontraba destacada en Qingxi? ¿Qué hacía en Linyang?
Temiendo que la comandante imperial cayera sobre ella en cualquier segundo, la desesperación llevó a An Yurou a recurrir al método más primitivo del combate cuerpo a cuerpo: inclinó la cabeza y hundió con saña sus dientes en el antebrazo del joven.
"¡Aaargh!".
El dolor fue tan desgarrador que Ye Xingge aspiró una bocanada de aire helado; sintió que los colmillos le arrancaban la carne del brazo y supo que no aguantaría la presa por más tiempo. En un acto de audacia extrema, tiró con furia de su mano derecha.
\*¡Rasgar!\*
La capa de seda oscura y el cuello de la túnica interior se rasgaron de arriba abajo, dejando al descubierto una fina camisola de seda nívea sobre la cual resaltaban peonías bordadas con exquisita suntuosidad palaciega, junto al vaivén deslumbrante de una silueta escultural y la silueta sonrosada de un pezón que asomó fugazmente al aire nocturno.
Ye Xingge no tuvo tiempo ni de parpadear: tras el desgarro, impulsó las caderas con fuerza hacia adelante, empujó a la dama hacia los canastos caídos y echó a correr a toda velocidad hacia la avenida.
Con sus vestiduras desgarradas, An Yurou tropezó hacia adelante. Su primer impulso instintivo no fue golpear, sino cruzar los brazos para cubrirse el pecho desnudo.
Cuando alzó la vista, Ye Xingge ya alcanzaba la esquina del callejón.
"¡Tú... miserable...!", masculló la mujer con el rostro teñido de carmesí y una sed de sangre que congelaba el ambiente. Al no poder perseguirlo a pecho descubierto y percibiendo el silbido de una figura surcando el aire desde la agencia, levantó la bota y pateó con furia la pila de cestos caídos.
\*¡Fuuu!\*
Una hilera de siete u ocho cestos de mimbre cruzó el callejón como una andanada de proyectiles catapultados, levantando una polvareda de hojas secas y basura a su paso.
Ye Xingge sintió el peligro erizándole la nuca. Saltó hacia adelante girando el cuerpo en el aire y desenvainó el Sable de Estandarte Negro con un destello plateado que rasgó la penumbra.
\*¡Zas!\*
La hoja partió los proyectiles de mimbre por la mitad en pleno vuelo; sin embargo, la inercia del impacto fue tan descomunal que los fragmentos golpearon su pecho como un ariete forrado en lana, lanzándolo despedido por los aires hasta aterrizar en mitad de la calzada, deslizándose varios metros sobre los adoquines antes de reincorporarse de un salto.
Toda la escaramuza apenas había durado unos pocos segundos.
Al otro lado de la calle, los escoltas que acababan de salir de la agencia se volvieron espantados al escuchar el estruendo.
Allí encontraron a Ye Xingge arrodillado con una mano en el suelo y el sable reluciente en la otra; su antebrazo sangraba abundantemente y varias astillas de bambú se hallaban clavadas en su jubón, mientras sus ojos de halcón escudriñaban la oscuridad del callejón con tensión letal.
Bajo las sombras, la misteriosa mujer encapuchada ya se había esfumado.
Y sobre los aleros vecinos, la silueta esbelta de Luo Xuanqing cruzó como un relámpago, dejando caer una orden que resonó como una campana de bronce en todo el distrito:
"¡Enciendan los fuegos!".
Una voz limpia y penetrante sacudió los tejados.
Al instante siguiente, múltiples bengalas incandescentes ascendieron hacia el firmamento desde diversos puntos de la urbe, estallando como soles artificiales que bañaron de luz blanca las avenidas y callejones, impidiendo que cualquier fugitivo hallara refugio en la penumbra.
El tableteo inconfundible de los Oficiales de Túnica Bordada convergiendo hacia el sector oriental comenzó a retumbar en la distancia.
En medio de la calle iluminada, Ye Xingge comprobó que la encapuchada se había retirado y dejó escapar un hondo suspiro de alivio, sintiendo las piernas temblorosas por la adrenalina.
Sin embargo, al ver que la comandante Luo salía en persecución de aquella misteriosa enemiga, una nueva alarma se encendió en su cabeza: si Luo Xuanqing se alejaba... ¿qué pasaría con Yang Tuyan?
Subió de un salto a la cornisa de un inmueble cercano y barrió con la mirada el sector opuesto.
Tal como había previsto: ante el monumental despliegue de bengalas y soldados en el sector este de la agencia, los fugitivos del interior jamás escaparían hacia esa zona.
A lo lejos, tres siluetas furtivas saltaron la tapia occidental del caserón, deslizándose velozmente por los tejados en dirección a los muros oeste de la comarca.
'¡Yang Tuyan y los espías de los Ocho Pilares están aprovechando el caos para romper el cerco!'.
Sin perder un segundo, Ye Xingge se arrancó las astillas de bambú del pecho, empuñó con firmeza el Sable de Estandarte Negro y se lanzó en solitario a través de las sombras occidentales, persiguiendo implacablemente a los tres traidores en medio de la noche...
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• Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē)
• Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 17 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.