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Leer Axiom: Génesis (Novela) Capítulo 9 online gratis en español

Dael aprendió, en los días siguientes, que había un tipo de cansancio que no dolía. No el cansancio de los golpes de Lia, que todavía le dejaba moretones nuevos sobre los viejos cada tarde. Este era distinto: el cansancio de repetir el mismo movimiento cien veces hasta que el cuerpo dejaba de preguntarle permiso al cerebro para hacerlo bien. Era Lia quien insistía en que ese tipo de cansancio era el único que de verdad importaba. "El cuerpo que entrena solo, sin ayuda de nada externo, es el único que no te puede fallar cuando todo lo demás falle", le había dicho la tercera mañana, mientras él intentaba, sin éxito, mantener el equilibrio sobre un tronco caído. Dael no se lo había dicho en voz alta, pero pensaba en esa frase más de lo que hubiera admitido. Pensaba en ella mientras caminaba entre los árboles, en la forma en que resonaba con algo mucho más viejo que cualquier lección de combate: toda su vida en la superficie de Íris había dependido de cosas externas que podían fallarle sin previo aviso. El transporte que subía de precio de la nada. Un empleo que desaparecía sin explicación. Una familia que se esfumaba una noche sin dejar rastro. Nada de eso había estado nunca bajo su control, y quizás por eso la idea de un cuerpo entrenado, algo que fuera completamente suyo, sin depender de la voluntad de nadie más ni de la energía restante de un cubo alienígena, se sentía como la primera cosa verdaderamente sólida que le habían ofrecido en toda su vida. Y sin embargo. Había una parte de él —pequeña, incómoda, que prefería no examinar demasiado de cerca— que también disfrutaba de la sensación de poder que Forja le había dado, aunque fuera brevemente, aunque hubiera terminado derrotado en el suelo de todas formas. Disfrutaba de la claridad fría con que Axiom procesaba el mundo, de no tener que cargar solo con el peso de cada decisión. Y esa parte de él, la que quería depender de algo más grande que su propio cuerpo cansado, era exactamente la que Lia estaba intentando entrenar para que se hiciera más pequeña. No sabía todavía cuál de las dos partes iba a ganar con el tiempo. Sospechaba, con una inquietud que no compartía con nadie, que la respuesta importaba más de lo que quería admitir. —Estás pensando demasiado fuerte —dijo Lia, sacándolo de golpe de sus propios pensamientos. Dael parpadeó, notando que se había quedado inmóvil a mitad de un ejercicio, la mirada perdida en algún punto entre los árboles. —¿Eso es posible? —Se te nota en la cara. Frunces el ceño como si estuvieras discutiendo con alguien invisible. —A veces siento que lo hago. —¿Con quién? Dael dudó. Podía darle una respuesta ligera, la clase de comentario sarcástico que solía usar para desviar cualquier pregunta que se acercara demasiado a lo importante. Pero algo en las últimas semanas —el fuego compartido, la paliza mutua, la historia contada sin que le costara tanto como esperaba— había ido erosionando esa costumbre, sin que él terminara de decidirlo conscientemente. —Conmigo mismo, creo —dijo finalmente—. Con la parte que quiere ser fuerte del modo fácil, y la parte que sabe que el modo fácil probablemente tiene un precio que no me va a gustar pagar. Lia lo observó un momento, con una atención que ya no tenía nada de la desconfianza afilada del primer día. —Bienvenido al club de la gente que piensa demasiado —dijo, aunque su tono era más suave de lo que las palabras sugerían—. Yo llevo discutiendo con esa misma voz desde que tengo memoria. —¿Y quién gana, normalmente? —Depende del día. —Se encogió de hombros, un gesto pequeño que a Dael le pareció, por algún motivo, más honesto que cualquier discurso largo—. Algunos días gana la parte que quiere confiar en la gente. Otros días gana la que aprendió que confiar sale caro. No dijo más. Dael tampoco preguntó. Había aprendido ya que con Lia, presionar solo cerraba puertas que se abrían solas si se les daba tiempo. Siguieron entrenando el resto de la tarde en un silencio distinto al de los primeros días: no tenso, sino compartido, del tipo que solo existe entre personas que ya se han visto en sus peores momentos y decidieron quedarse de todas formas. Esa noche, mientras el fuego crepitaba y el guardián dormitaba —o lo que fuera que un árbol de tres metros hiciera en lugar de dormir—, Dael se quedó despierto más tiempo del necesario, mirando las líneas doradas del cubo que descansaba junto a él, apagadas casi por completo mientras Axiom completaba su recarga nocturna. Pensó en su padre, en su hermana, en la pregunta que llevaba años sin responderse. Íris no le había dejado nada por lo que quisiera volver: ni un techo, ni una razón, ni siquiera un buen recuerdo que no viniera ya manchado de hambre. Pero la pregunta sobre su familia seguía ahí, intacta, y en este mundo nuevo no se sentía más lejos de resolverse. Se sentía, de un modo extraño, más urgente: si alguna vez encontraba la forma de saber qué les había pasado, no sería por añoranza de un lugar que nunca lo había querido de vuelta, sino porque algunas preguntas no dejan de doler solo porque uno cambie de mundo. No llegó a ninguna conclusión antes de que el sueño lo alcanzara. Solo la certeza incómoda de que las preguntas importantes, al final, nunca se resolvían solas. A varios kilómetros de allí, en la parte más densa y oscura del bosque, algo se movía entre los árboles con una paciencia que no tenía nombre en ningún idioma humano. No cazaba todavía. Solo medía. Medía la distancia. Medía el ritmo de las pisadas lejanas que había estado siguiendo durante días, cada vez más cerca del claro. Había esperado antes. Había aprendido, en algún punto de su existencia que ya no recordaba con claridad, que la paciencia siempre pagaba mejor que la prisa. Pero la espera, esta vez, se acercaba a su fin. Algo en el bosque —algo mucho más viejo, mucho más arraigado que cualquier depredador— empezaba a sentir su presencia también. Las raíces más profundas, las que ni el propio guardián visitaba desde hacía siglos, transmitían la inquietud de árbol en árbol, de raíz en raíz, en un idioma que ningún humano en el claro alcanzaría a escuchar todavía. Pero la escucharían pronto.
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Axiom: Génesis (Novela) Capítulo 9

Estás leyendo el capítulo 9 de Axiom: Génesis (Novela), un novela. En un mundo distópico donde la tecnología avanzó más allá de lo que la humanidad podía controlar, el poder dejó de pertenecer a los gobiernos... y pasó a manos de quienes podían pagarlo. La brecha entre ricos y pobres… Este capítulo tiene publicado el 21 de septiembre de 2026. Axiom: Génesis (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.