Leer Axiom: Génesis (Novela) Capítulo 10 online gratis en español
Axiom lo anunció al amanecer, sin ninguna ceremonia, tal como anunciaba cualquier otro dato.
—Usuario. La forma de vida detectada hace varios días ha reducido la distancia a menos de tres kilómetros del claro. Recomiendo atención inmediata.
Dael, todavía medio dormido entre las raíces del guardián, se incorporó de golpe.
—¿Tres kilómetros? Pensé que la habíamos perdido de vista hace tiempo.
—Nunca la perdimos de vista —corrigió Axiom—. Simplemente dejé de mencionarla mientras la distancia se mantenía estable y el riesgo era bajo. Esa condición ha cambiado.
—¿Por qué no dijiste nada antes?
—No consideré necesario generar preocupación innecesaria mientras el riesgo era manejable. La situación actual ya no cumple ese criterio.
Dael sintió algo frío asentarse en el estómago, una mezcla de irritación y miedo que no supo bien cómo separar.
—Deberías haberme avisado de todas formas.
—Registro la objeción para futuras evaluaciones de riesgo.
Lia apareció entre las raíces un momento después, alertada por el tono de la conversación incluso desde donde dormía.
—¿Qué pasa?
—Algo se acerca —dijo Dael—. Axiom dice que lleva días siguiéndonos.
El guardián, que ya estaba despierto —Dael empezaba a sospechar que "dormir" para él era más una cuestión filosófica que una necesidad real—, giró su enorme cabeza hacia el bosque con una lentitud que, por primera vez en semanas, no parecía calma sino cautela genuina.
—Lo siento también —dijo, con una voz más grave de lo habitual—. Las raíces me lo han estado diciendo desde anoche. Algo grande. Algo que no reconozco del todo.
—¿Como Sombra? —preguntó Lia.
—Más grande que Sombra. Y más paciente. Sombra atacaba por hambre. Esto... esto se mueve con intención.
Dael sintió que el miedo se le mezclaba con algo más incómodo todavía: la sospecha, apenas formada, de que aquella cosa no estaba ahí por casualidad.
—Axiom —dijo—. ¿Puedes darme algo más específico? ¿Tamaño, forma, lo que sea?
—Estimación basada en el patrón de movimiento y el desplazamiento de fauna menor a su alrededor: significativamente más grande que cualquier amenaza enfrentada hasta ahora. Posiblemente cuadrúpeda, aunque los datos son inconsistentes con esa clasificación en algunos tramos. No puedo ofrecer una identificación certera.
—Genial. Un monstruo que ni siquiera sabemos qué forma tiene.
—Correcto.
El guardián se quedó en silencio un momento, sus ojos dorados fijos en algún punto del bosque que Dael no podía ver.
—Deberíamos prepararnos aquí —dijo finalmente—. Fortificar el claro. Esperar. Si viene, que venga a un lugar donde tenemos ventaja, no perseguirla hacia lo desconocido.
—Estoy de acuerdo —dijo Lia, de inmediato—. Aquí conocemos el terreno. Allá afuera, no.
Dael se quedó callado, procesando aquello. Sabía, en algún nivel racional, que tenían razón. Esperar era lo prudente.
Pero había algo más, debajo de esa lógica, que Dael no examinó con demasiado cuidado en el momento. Una sola idea que se le clavó antes de que pudiera evitarlo: si esa cosa llegaba hasta el claro, hasta el guardián, hasta todo lo que en las últimas semanas había empezado a sentir, por primera vez en años, como algo parecido a un lugar propio, y algo salía mal, la culpa sería suya. Su Núcleo. Su llegada. Su existencia entera en este mundo, que ya había demostrado atraer cosas que no deberían existir.
No quería quedarse esperando a ver si el guardián —que no podía moverse de aquel sitio, que ya había pagado un precio enorme por defender a alguien parecido a él una vez— tenía que pagar otro precio por su culpa.
Y aunque no se lo dijo a nadie, en algún rincón todavía más callado de sus propios pensamientos, había otra verdad, más incómoda, que tampoco examinó: la idea de enfrentar aquello él mismo, de ser quien decidiera cómo actuar en lugar de quedarse esperando lo que otros decidieran por él, tenía un atractivo que no era del todo altruista. Llevaba toda su vida siendo alguien a quien las cosas le pasaban. Por una vez, quería ser alguien que hacía que las cosas pasaran, aunque fuera arriesgado. Aunque fuera, quizás, más por él mismo que por cualquiera de ellos.
—Creo que deberíamos ir a su encuentro —dijo, en voz alta, antes de terminar de convencerse del todo.
Lia lo miró como si le hubiera salido una segunda cabeza.
—¿Qué?
—Si viene hacia aquí, viene hacia el guardián. Hacia el claro. Hacia todo lo que él no puede proteger moviéndose, porque no puede moverse. —Dael se puso de pie, sintiendo la determinación asentarse encima de la duda, no reemplazándola del todo—. Prefiero enfrentarla lejos de aquí, donde si algo sale mal, no se lleve todo esto con ella.
—Eso es exactamente lo contrario de lo que acabamos de decir que es lo prudente —dijo Lia.
—Lo sé.
—Podrías morir.
—También lo sé.
El guardián los observó a ambos, sus ojos dorados moviéndose de uno a otro con una atención que pesaba más que cualquier palabra.
—¿Por qué, pequeño? —preguntó finalmente, con una voz suave que no dejaba de sonar, sin embargo, como una pregunta real, no retórica—. Dime la verdad. No la versión que suena mejor.
Dael sintió el peso de la pregunta calarle más hondo de lo que esperaba. Pensó en mentir, aunque fuera solo un poco, suavizando el motivo hasta que sonara completamente noble. Pero algo en la mirada del guardián —esa paciencia centenaria que parecía capaz de esperar una respuesta honesta el tiempo que hiciera falta— le impidió hacerlo.
—Porque no soporto la idea de quedarme aquí, sin hacer nada, esperando a ver si algo os pasa por mi culpa —dijo—. Y porque, si soy sincero del todo, tampoco soporto la idea de seguir siendo alguien a quien las cosas simplemente le pasan. Quiero decidir yo, aunque sea una vez, aunque salga mal.
El guardián se quedó en silencio un largo momento.
—Esa es una respuesta más honesta de lo que esperaba —dijo finalmente—. También es, en parte, una respuesta egoísta.
Dael sintió que se le encendía la cara, aunque no supo si de vergüenza o de indignación.
—No pretendo que sea perfecta.
—No he dicho que sea mala —aclaró el guardián—. Solo he dicho lo que es. Las decisiones no necesitan ser puras para ser valientes, pequeño. Solo necesitan ser sostenidas hasta el final, cueste lo que cueste.
Lia se quedó mirando a Dael un momento más, algo cambiando en su expresión que no terminó de nombrar en voz alta.
—Si vas a hacer esto —dijo finalmente—, voy contigo.
—No —dijo Dael, con una firmeza que lo sorprendió incluso a él mismo.
Lia parpadeó, como si no hubiera oído bien.
—¿Qué?
—Voy solo.
—Eso no es una discusión que vayas a ganar —dijo ella, cruzándose de brazos.
—No es una discusión. Es una decisión.
—Entonces es una decisión estúpida.
—Puede ser. —Dael sostuvo su mirada, aunque le costó más de lo que hubiera querido admitir—. Yo atraje esto. Mi Núcleo, mi llegada, todo lo que ha pasado desde que caí aquí. Si algo sale mal ahí fuera, prefiero que sea solo yo quien lo pague.
—Eso es ridículo. No eres el único que puede pelear.
—No he dicho que lo sea.
—Lo estás insinuando.
Dael no respondió a eso, porque en algún rincón incómodo de sí mismo, sabía que ella no estaba del todo equivocada. No se trataba solo de protegerla. Había algo más, más difícil de admitir en voz alta: la idea de que si lograba hacer esto solo, sin necesitar que nadie lo salvara, sin depender de la fuerza de Lia ni del sacrificio del guardián, por fin sería él quien decidiera qué clase de persona era, en lugar de que lo decidieran las circunstancias.
—No voy a pedirte permiso —dijo finalmente—. Solo te estoy avisando.
—Entonces no hay nada que discutir —replicó Lia, con una frialdad que Dael no le había visto desde los primeros días—. Haz lo que quieras.
Se levantó y se alejó hacia el otro extremo del claro sin decir una palabra más, dejando un silencio tenso que ni siquiera el guardián intentó llenar.
Esa noche, mucho antes de que el cielo empezara a aclarar, Dael se levantó en silencio, con cada movimiento calculado para no despertar a nadie. Axiom flotaba a su lado, apagando deliberadamente cualquier sonido que pudieran generar sus propios sistemas.
—Usuario —murmuró la IA, su voz apenas un susurro—. ¿Confirma que procederá sin informar a los demás?
—Confirmo.
—Registro que esta decisión es consistente con un patrón que ya he observado antes: actuar de forma unilateral cuando considera que la causa lo justifica.
—¿Es un reproche?
—Es una observación.
—Suena a reproche.
—Interprételo como quiera.
Dael se quedó mirando un instante hacia donde Lia dormía, con una punzada de culpa que no fue suficiente para hacerlo cambiar de idea, y después caminó hacia el borde del claro, alejándose del guardián inmóvil y de la única persona que, en las últimas semanas, había empezado a sentir como algo parecido a una amiga.
—El guardián me pidió que corriera si las cosas se ponían imposibles —murmuró, más para sí mismo que para Axiom, mientras se adentraba en el bosque oscuro—. No dijo nada sobre no ir solo.
—Esa es una interpretación deliberadamente conveniente de sus palabras.
—Lo sé.
—¿Le importa?
Dael no respondió enseguida.
—Un poco —admitió finalmente—. Pero no lo suficiente como para volver.

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Axiom: Génesis (Novela) Capítulo 10
Estás leyendo el capítulo 10 de Axiom: Génesis (Novela), un novela. En un mundo distópico donde la tecnología avanzó más allá de lo que la humanidad podía controlar, el poder dejó de pertenecer a los gobiernos... y pasó a manos de quienes podían pagarlo. La brecha entre ricos y pobres… Este capítulo tiene publicado el 21 de septiembre de 2026. Axiom: Génesis (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.