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Leer Axiom: Génesis (Novela) Capítulo 8 online gratis en español

Los días siguieron un patrón que a Dael, para su propia sorpresa, empezaba a gustarle. Entrenamiento físico por las mañanas, cada vez menos torpe bajo la insistencia poco compasiva de Lia. Ejercicios de sincronización por las tardes —Axiom le pedía que sostuviera pequeñas activaciones de Bastión durante más y más tiempo, sin llegar a la fusión completa, "para acostumbrar el vínculo sin agotar los recursos"—. Y las noches, cada vez más, se convertían en algo parecido a lo que Dael imaginaba que otras personas llamarían simplemente "estar con amigos". Fue durante una de las caminatas de reconocimiento, unos días después de la noche junto al fuego, cuando Axiom mencionó algo que cambió el tono de la tarde por completo. —Usuario —dijo la IA, mientras cruzaban una zona del bosque donde el musgo brillante crecía especialmente denso—. He identificado varios materiales con propiedades poco comunes en este sector. Recomiendo la extracción de muestras. Dael se detuvo, mirando a su alrededor. Nada le parecía distinto de lo que ya habían visto antes. —¿Qué clase de materiales? —El musgo luminoso que pisa ahora mismo contiene una estructura celular que retiene energía lumínica de forma mucho más eficiente que los paneles que generé para mi propia recarga —explicó Axiom—. Y esas flores de pétalos vítreos que crecen cerca del arroyo del claro presentan una densidad estructural comparable a materiales de construcción avanzados, a pesar de su apariencia frágil. —¿Y eso para qué me sirve? —Arca requiere materiales para fabricar herramientas y estructuras. Actualmente, mi capacidad está limitada por la baja calidad de lo disponible: huesos, madera común, metal corroído. Muestras como estas podrían mejorar significativamente la calidad de lo que puedo construir. Además, existe una probabilidad razonable de que el análisis de su composición ayude a acelerar el desbloqueo o la evolución de otras configuraciones. Dael sintió algo removerse en su pecho, una mezcla incómoda de interés genuino y algo que tardó un momento en identificar como reticencia. —¿Cuánto necesitarías? —Para pruebas iniciales, cantidades reducidas serían suficientes. Sin embargo, recomendaría un muestreo más amplio para maximizar la probabilidad de resultados útiles. Idealmente, extracción sistemática de varias especies de flora en un radio considerable del claro. —¿Sistemática cuánto? —Suficiente para generar datos estadísticamente significativos. Dael se quedó mirando el musgo bajo sus pies, brillando suavemente incluso bajo la luz gris y apagada del cielo. Pensó en el guardián, en cómo hablaba de cada raíz y cada río del bosque como si fueran parte de su propio cuerpo. Pensó en Lia, que había pasado toda su vida en aquel bosque, protegiéndolo. Y pensó, casi al mismo tiempo, en lo débil que se había sentido tirado en el pasto la noche del combate, sin energía, sin control, dependiendo por completo de que Axiom decidiera cuándo y cómo intervenir. Quería ser más fuerte. Lo quería de verdad, con una urgencia que a veces lo sorprendía a él mismo por lo cruda que era. Pero también sentía, con la misma intensidad, que arrancarle pedazos a un bosque que apenas empezaba a sentir como un hogar temporal —y a unas personas que apenas empezaban a confiar en él— era un precio que no sabía si estaba dispuesto a pagar sin preguntar primero. —Necesito hablarlo con ellos antes —dijo finalmente. —Es una decisión lógica —respondió Axiom, sin ningún juicio perceptible en el tono—. Aunque quiero señalar que el retraso reduce la eficiencia del proceso. —La eficiencia puede esperar un poco. Esa noche, junto al fuego de siempre, Dael planteó el tema con más cuidado del que solía emplear para casi cualquier otra cosa. —Axiom dice que hay materiales aquí que podrían ayudarme a mejorar —empezó, eligiendo las palabras despacio—. El musgo brillante. Las flores del arroyo. Cosas así. Lia levantó la vista de inmediato, la desconfianza asomando de nuevo, aunque más contenida que en los primeros días. —¿Y quieres arrancarlas? —No quiero nada todavía. Por eso lo estoy preguntando antes de hacerlo. El guardián, que había permanecido en silencio escuchando, movió lentamente su enorme cabeza hacia Dael, sus ojos dorados evaluándolo con una atención que Dael sintió física, como un peso concreto. —¿Por qué preguntas, pequeño? —dijo el guardián—. Podrías haberlo hecho sin decir nada. Yo no habría podido detenerte a tiempo si hubieras decidido actuar primero. Dael sintió la pregunta como un examen, aunque no supiera exactamente qué respuesta esperaban de él. —Porque no quiero que esto —dijo, señalando vagamente el claro, el fuego, a Lia, al propio guardián— se sienta como otro lugar donde solo vine a llevarme algo. Ya crecí en un mundo donde la gente de arriba tomaba lo que quería de los de abajo sin pedir permiso, porque podían. No quiero convertirme en eso, ni siquiera con un bosque que no puede gritarme que pare. Se hizo un silencio largo. El fuego crepitaba entre ellos, proyectando sombras que se alargaban sobre la corteza del guardián. —Pero también quiero ser más fuerte —admitió Dael, con una honestidad que rara vez se permitía—. Lo suficientemente fuerte para no volver a quedar tirado en el pasto, sin poder hacer nada, esperando que alguien más decida si vivo o no. Y sé que ese tipo de fuerza, aquí, probablemente tiene un precio. No quiero fingir que no lo sé. Lia lo observó un largo momento, con una expresión que ya no tenía nada de la hostilidad de los primeros días, sino algo más parecido a un reconocimiento incómodo. —Al menos eres honesto sobre las dos cosas a la vez —dijo finalmente—. Eso ya es más de lo que esperaba. El guardián permaneció en silencio un rato más, sus raíces moviéndose apenas, como quien piensa con todo el cuerpo y no solo con la mente. —Ho, ho —dijo finalmente, con un tono que ya no tenía humor, sino algo más parecido a una decisión sopesada con cuidado—. Tu pregunta ya dice más de ti que cualquier respuesta que yo pudiera darte, pequeño. Pero el bosque no es infinito, ni siquiera para mí. Cada flor, cada musgo, cada raíz que se corta, tarda su tiempo en volver a crecer, y algunas cosas, una vez perdidas, no regresan del todo. —Lo entiendo. —Entonces esto es lo que decido —continuó el guardián, y su voz se volvió más pesada, más lenta de lo habitual—. No tomarás nada sin que yo sepa qué tomas, cuánto tomas y por qué. Dael parpadeó, sin haber esperado exactamente esa respuesta. —Eso es... más de lo que pensaba pedir, pero puedo trabajar con eso —dijo—. ¿Significa que sí puedo tomar algo? —Significa que nada de lo que ese Núcleo tuyo toque de mi bosque va a pasar sin que yo lo sepa primero, en detalle, cada vez —respondió el guardián—. No confío en la cantidad. Confío en la supervisión. Ese Núcleo tuyo tiene registros dañados, configuraciones que ni él mismo recuerda, poderes que ni tú entiendes del todo. Darle una sola muestra de este bosque sin saber exactamente para qué la usa es darle una pieza de algo que no sé a dónde puede llegar a parar. —Axiom no me va a usar para hacer daño —dijo Dael, aunque incluso mientras lo decía, sintió el peso de cuánto no sabía en realidad sobre eso. —No he dicho que lo haría a propósito —respondió el guardián—. He dicho que no lo sé. Y cuando no se sabe, lo prudente es vigilar de cerca, no confiar a ciegas. Lia, que había escuchado todo en silencio, asintió despacio. —Tiene sentido —dijo, mirando a Dael sin hostilidad, pero sin ceder tampoco—. Apenas te conocemos. Apenas conocemos a esa cosa que flota a tu lado. Que él sepa exactamente qué sale de aquí no es desconfianza gratuita. Es solo sentido común. —Puedo vivir con eso —dijo Dael, y lo dijo en serio. No era lo que había imaginado al principio, pero tampoco era un portazo—. Cada vez que quiera tomar algo, primero te lo digo. Qué es, cuánto, para qué. —Exactamente eso —confirmó el guardián—. Nada más, nada menos. —Axiom —dijo el guardián, dirigiéndose al cubo directamente—. ¿Tienes alguna objeción a esos términos? —No tengo preferencias morales sobre la decisión —respondió Axiom—. Puedo confirmar que la supervisión constante es compatible con mis necesidades de análisis, aunque reducirá la velocidad de cada extracción individual. También registro que el usuario aceptó la condición sin resistencia, lo cual considero un dato relevante para futuras evaluaciones de su comportamiento. —¿Me estás evaluando? —preguntó Dael, entre la irritación y algo parecido a la curiosidad incómoda. —Constantemente. —Genial. El guardián dejó escapar un crujido suave, casi una risa. —Ho, ho. No te lo tomes como una falta de fe, pequeño. Es solo prudencia. Con el tiempo, si la confianza crece, la supervisión puede volverse menos estricta. Pero eso se gana despacio, no se otorga de golpe. —Me parece justo —dijo Dael. Lia se puso de pie, estirando los brazos con un gesto que quería parecer despreocupado y no terminaba de lograrlo del todo. —Lo cual me recuerda —dijo—: mañana seguimos entrenando. Y esta vez pienso enseñarte a no depender tanto de que tu cubo te lea los movimientos antes de que los hagas tú mismo. —Suena a que va a doler. —Todo lo que vale la pena aprender duele un poco. —Eso deberías bordarlo en algo. —Lo consideraré. A la mañana siguiente, tal como habían acordado, Dael le explicó al guardián, punto por punto, qué quería tomar y para qué: un puñado pequeño de musgo luminoso, y solo los pétalos vítreos que ya habían caído solos junto al arroyo. El guardián observó cada gesto de la recolección con sus ojos dorados fijos, sin intervenir, pero sin apartar la mirada tampoco, mientras Axiom analizaba cada muestra con una fascinación que solo podía describirse como procesamiento intensivo de datos. —Composición confirmada —anunció Axiom, tras varios minutos—. El musgo contiene una estructura capaz de mejorar la eficiencia de mis paneles de recarga en aproximadamente un veintidós por ciento. Los pétalos vítreos podrían aplicarse a un refuerzo estructural menor en futuras fabricaciones de Arca. —¿Satisfecho? —le preguntó Dael al guardián, con un deje de ironía que no pretendía ser irrespetuoso. —Satisfecho no es la palabra —respondió el guardián—. Pero tranquilo, sí. Un poco. Dael sonrió, guardando lo que quedaba de las muestras con un cuidado que no había sentido por casi nada desde que había caído a este mundo. Axiom, flotando cerca, registró el resultado sin comentario adicional. El guardián, observando la escena desde su lugar de siempre, dejó escapar una risa baja, sus ojos dorados brillando con una calidez que parecía, cada día que pasaba, un poco menos cansada que la primera vez que Dael lo había visto. Ninguno de los tres tenía forma de saber, todavía, cuánto tiempo les quedaba de aquella calma antes de que algo, mucho más grande y mucho menos paciente que cualquier lobo corrompido, terminara de decidirse a cruzar el límite del bosque.
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Axiom: Génesis (Novela) Capítulo 8

Estás leyendo el capítulo 8 de Axiom: Génesis (Novela), un novela. En un mundo distópico donde la tecnología avanzó más allá de lo que la humanidad podía controlar, el poder dejó de pertenecer a los gobiernos... y pasó a manos de quienes podían pagarlo. La brecha entre ricos y pobres… Este capítulo tiene publicado el 21 de septiembre de 2026. Axiom: Génesis (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.