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Leer Axiom: Génesis (Novela) Capítulo 7 online gratis en español

Los días siguientes en el claro adquirieron un ritmo que Dael no recordaba haber tenido nunca, ni siquiera en la superficie de Íris. Las mañanas empezaban con Lia despertándolo antes del amanecer, sin ninguna consideración por su descanso, insistiendo en que "el cuerpo se entrena con el estómago vacío, no lleno". Las tardes las pasaba practicando posturas básicas de combate, aprendiendo a caer sin partirse nada, a leer el peso de su propio cuerpo antes de que Axiom tuviera que hacerlo por él. Las noches, alrededor de una fogata pequeña que el guardián insistía en supervisar "por precaución, no por curiosidad, aunque también por curiosidad", se convirtieron en el momento donde las defensas de ambos, agotadas por el entrenamiento, terminaban bajando solas. Fue en una de esas noches cuando Lia le preguntó, sin mucha ceremonia, mientras masticaba uno de los frutos azulados: —¿Cómo era? Tu mundo, digo. El de antes de todo esto. Dael se quedó mirando el fuego un momento, sopesando cuánto quería contar. No por desconfianza —eso ya se había ido disolviendo día tras día, golpe tras golpe compartido—, sino porque ciertas cosas, una vez dichas en voz alta, dejaban de poder guardarse de vuelta. —Gris —dijo finalmente—. Frío. Con un cielo brillante arriba que nunca nos incluía a los de abajo. Le contó lo de las ciudades flotantes, la forma en que la gente de arriba ni siquiera se molestaba en mirar hacia el suelo. Le contó lo de Elías y el pan de dos monedas, lo del transporte que "subía de precio" sin razón aparente salvo la de exprimir a quien no tenía otra opción. Le contó, con una voz que se fue apagando poco a poco, lo de su madre, muerta cuando él tenía catorce años, y lo de su padre y su hermana pequeña, desaparecidos tres años después sin una nota, sin una despedida, sin ningún rastro que él hubiera podido seguir jamás. —Ni siquiera sé si siguen vivos —dijo, mirando las llamas en lugar de a ella—. A veces pensaba que sí, en algún rincón cómodo de arriba. Otras veces pensaba que no, y que al menos así dejarían de dolerme las dos posibilidades a la vez. El silencio que siguió no fue incómodo. Fue el tipo de silencio que se hace cuando alguien acaba de escuchar algo que pesa más de lo que esperaba. —Lo siento —dijo Lia, finalmente, y lo dijo sin la formalidad vacía con que la gente suele decir esas palabras—. No sabía que... —se detuvo, buscando las palabras correctas—. Pensé que solo eras un forastero con suerte y un objeto peligroso. No pensé que cargabas con todo eso encima. —No es algo que suelo anunciar —dijo Dael, con una sonrisa torcida que no le llegó del todo a los ojos—. No cambia nada que la gente lo sepa. Solo hace que me miren distinto. —¿Y cómo te estoy mirando yo ahora? Dael la miró de reojo. Los ojos grises de Lia ya no tenían nada de la dureza calculadora del primer día. Había algo más suave ahí, algo que se parecía peligrosamente a la compasión, aunque Dael sospechaba que ella se resistiría a llamarlo así. —No lo sé —admitió—. Pero no es la misma mirada de cuando me retaste a pelear. —Esa mirada te la ganaste tú solo, con esa pinta de mendigo que traías. —Gracias por el recordatorio. Lia se quedó en silencio un momento, jugando con el fruto azulado entre los dedos sin comerlo. —Yo tampoco tuve una infancia sencilla —dijo finalmente, en voz baja, como quien suelta algo con cuidado de no dejarlo caer del todo—. No es lo mismo que lo tuyo. Pero entiendo algo de lo que es no saber de dónde vienes ni por qué te dejaron atrás. No dio más detalles. Dael no se los pidió. Había algo en la forma en que ella lo dijo —breve, contenido, como quien todavía no está lista para abrir esa puerta del todo— que le hizo entender que aquello era todo lo que Lia estaba dispuesta a compartir por ahora, y que forzarla no haría más que cerrarla de nuevo. —Gracias por decírmelo —dijo, simplemente. Lia asintió, sin mirarlo, y ambos se quedaron un rato más contemplando el fuego, con esa clase de compañía silenciosa que ya no necesitaba llenarse de palabras. Fue Axiom quien, inevitablemente, decidió que el momento necesitaba una interrupción. —Usuario —dijo la IA, con su tono habitual de quien no distingue entre un dato trivial y uno importante—. Aprovechando la pausa en la conversación, deseo actualizar un registro pendiente. Dael sintió un mal presentimiento inmediato. —¿Qué registro? —Durante su estado de inconsciencia, tras el impacto inicial en este mundo, usted pronunció una palabra que registré como una posible prioridad personal. La palabra fue "mujeres". Dael sintió que la sangre se le subía a la cara con una velocidad vergonzosa. —Axiom. No. —En aquel momento anoté la observación sin contexto suficiente para interpretarla —continuó Axiom, completamente ajeno, o completamente indiferente, a la mortificación de su usuario—. Sin embargo, tras varios días de observación directa, considero que ahora dispongo de una referencia estadística razonable. Lia, que había estado mirando el fuego, giró la cabeza lentamente hacia el cubo, con una ceja levantada. —¿Qué está diciendo tu cubo? —Nada —dijo Dael, rápidamente—. Axiom, cállate. —Lia representa una muestra observable de las características que, presumiblemente, motivaron su comentario original —siguió Axiom, sin inmutarse—. Considero relevante anotarlo para futuras referencias de sus prioridades declaradas. El fuego crepitó en un silencio que a Dael le pareció insoportablemente largo. —¿Me está diciendo —dijo Lia, muy despacio, con una expresión que oscilaba entre la incredulidad y algo peligrosamente cercano a la risa— que dijiste mi nombre en sueños mientras te morías de falta de oxígeno? —No dijo su nombre —corrigió Axiom, con una precisión que en ese momento resultaba activamente cruel—. Dijo la palabra "mujeres", en plural. Lia es, hasta la fecha, la única muestra disponible de esa categoría en el registro del usuario desde su llegada a este mundo. —Voy a desmontarte pieza por pieza —le dijo Dael al cubo, con la cara ardiendo—. Te lo juro. —Eso reduciría significativamente mi capacidad de mantenerlo con vida. —Vale la pena el riesgo. Lia, para completo horror de Dael, ya no pudo contener la risa. Fue una carcajada genuina, sorprendida, que le arrancó una mueca de dolor al mismo tiempo por las costillas todavía resentidas del combate. —Ay, esto es lo mejor que he oído en toda la semana —dijo, limpiándose una lágrima de risa—. El forastero deprimido con trasfondo trágico también resulta ser un desastre total. —No soy un desastre. —Balbuceaste sobre mujeres mientras te asfixiabas en caída libre. —Estaba perdiendo el conocimiento. No es una declaración de intenciones. —Axiom, ¿tienes registrado algo más de esa época que deba saber? —Tengo varios registros adicionales —respondió Axiom, con un entusiasmo informativo que Dael empezaba a sospechar era, de algún modo imposible de demostrar, deliberadamente malicioso—. ¿Desea que continúe? —No —dijo Dael. —Sí —dijo Lia, al mismo tiempo. El guardián, desde su lugar entre las raíces, dejó escapar una risa profunda y genuinamente divertida, la más ruidosa que Dael le había oído hasta entonces. —Ho, ho, ho. Hacía siglos que no me reía así en este claro. —Todos ustedes son terribles —murmuró Dael, tapándose la cara con ambas manos, aunque no pudo evitar que, entre los dedos, se le escapara también una sonrisa. La risa de Lia se fue apagando poco a poco hasta convertirse en algo más suave, más cálido, y cuando finalmente habló de nuevo, su voz ya no tenía ni rastro de la burla anterior. —Gracias por contarme lo de tu familia —dijo, en voz baja, mirando otra vez el fuego—. En serio. No tenías que hacerlo. —Gracias por no tratarlo como si fuera una tragedia de la que debas compadecerte todo el tiempo —respondió Dael—. Ya tengo suficiente con compadecerme yo solo cuando nadie mira. —No prometo nada. Pero lo intentaré. Se quedaron así un rato más, el fuego chisporroteando entre ellos, el guardián observando en silencio con sus ojos dorados brillando suaves en la oscuridad, y Axiom flotando cerca, registrando en silencio un dato que no calificó de ninguna manera particular: la frecuencia cardíaca de ambos se había estabilizado, y los niveles de estrés detectados eran los más bajos desde la llegada de Dael a aquel mundo. Ninguno de los tres notó, en la quietud de esa noche tranquila, que en el límite más lejano del claro, entre los árboles más oscuros del bosque, algo había empezado a acercarse. Despacio. Pero sin detenerse.
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Axiom: Génesis (Novela) Capítulo 7

Estás leyendo el capítulo 7 de Axiom: Génesis (Novela), un novela. En un mundo distópico donde la tecnología avanzó más allá de lo que la humanidad podía controlar, el poder dejó de pertenecer a los gobiernos... y pasó a manos de quienes podían pagarlo. La brecha entre ricos y pobres… Este capítulo tiene publicado el 7 de septiembre de 2026. Axiom: Génesis (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.