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Leer Axiom: Génesis (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

Bastión respondió antes de que Dael terminara de decidir qué hacer con él. Los fragmentos se lanzaron hacia adelante, formando tres tentáculos delgados que se interpusieron entre él y Lia justo cuando ella cerraba la distancia con una velocidad que Dael no esperaba de alguien tan bajo su estatura. Fue su primer error de la tarde. No el único. Lia no se detuvo ante los tentáculos. Los esquivó con un giro seco, casi displicente, y antes de que Dael pudiera reaccionar, el puño de su mano libre —la que no sostenía la espada— ya se estrellaba contra su mandíbula. No fue magia. Fue un golpe físico, seco, brutal, del tipo que solo puede dar alguien que ha entrenado el cuerpo tanto como cualquier arma. Dael cayó de espaldas, el sabor a metal llenándole la boca. —¿Pensabas que solo sabía lanzar piedras? —dijo Lia, sin un ápice de burla en la voz. Era, simplemente, información—. Eso es lo último que uso. No lo primero. —Buen dato —masculló Dael, incorporándose con las manos temblando—. Lo tendré en cuenta la próxima vez que decida pelear con alguien. —No habrá próxima vez si no aprendes ahora. Se lanzó de nuevo. Esta vez Dael logró esquivar el primer golpe, pero el segundo lo alcanzó de lleno en las costillas, y el tercero, una patada baja, lo hizo perder el equilibrio otra vez. —Bastión, intercepta —dijo Dael, entre dientes, mientras se ponía de pie con más esfuerzo del que hubiera querido admitir. Los tentáculos respondieron, más rápidos esta vez, pero Lia se movía como si ya hubiera anticipado cada patrón posible. Uno de los tentáculos logró rozarla en el brazo; ella respondió cortando el siguiente de un solo tajo limpio con la espada, sin perder el ritmo de su avance. —Axiom —dijo Dael, respirando con dificultad—. Necesito algo más. —Sincronización insuficiente para desbloquear configuraciones adicionales —respondió la IA, con una calma que en ese momento resultaba casi insultante—. Recomiendo evasión y espera. —¡No puedo esperar, me está moliendo a golpes! —Soy consciente. Lia levantó la mano izquierda, y el suelo bajo sus pies tembló. Una roca del tamaño de un torso humano se desprendió de la tierra cercana, flotando un instante antes de salir disparada hacia Dael con una fuerza que él no tuvo tiempo de calcular. Bastión reaccionó por sí solo, interponiendo un tentáculo que absorbió el impacto, pero el golpe lo lanzó varios metros hacia atrás de todas formas. Rodó por el pasto, sintiendo cada hueso del cuerpo protestar, y cuando logró levantar la vista, Lia ya estaba de nuevo sobre él, la espada describiendo un arco que solo esquivó por puro instinto, tropezando hacia atrás. —Te estás quedando sin opciones —dijo ella, sin dejar de avanzar—. ¿Vas a rendirte? —No —dijo Dael, aunque la palabra le costó más aire del que tenía disponible. El guardián, desde el borde del claro, observaba con las ramas tensas, sin intervenir, aunque sus ojos dorados brillaban con una preocupación que no intentaba ocultar. Un pequeño remolino de viento y hojas se formó alrededor de la mano de Lia, y cuando lo liberó, golpeó a Dael de lleno en el pecho, arrancándole el poco aire que le quedaba y arrastrándolo varios metros sobre la hierba. Dael quedó tendido de espaldas, mirando el cielo gris, la sangre caliente corriéndole desde una ceja partida. Y ahí, tirado en el suelo, sintiendo cada parte del cuerpo gritar de dolor, algo en él seguía resistiéndose a lo evidente. No era valentía. Era terquedad. La misma terquedad que lo había hecho aceptar el reto en primer lugar: la necesidad de demostrar que podía hacer esto solo, sin depender de nada ni de nadie, ni siquiera del cubo que lo había salvado ya un par de veces. —Usuario —dijo Axiom, y por primera vez desde que Dael lo conocía, su voz sonó distinta. No urgente exactamente. Más bien... insistente, de un modo que no encajaba con su calma habitual—. Sus signos vitales se están deteriorando. Riesgo de daño estructural severo si el patrón de combate continúa sin cambios. —Puedo... aguantar un poco más —dijo Dael, intentando ponerse de pie sin lograrlo del todo. —No estoy de acuerdo con esa evaluación. Lia se acercaba de nuevo, la espada baja, sin prisa, como quien ya sabe cómo va a terminar aquello y solo espera el momento adecuado. Axiom evaluó las posibilidades. Los datos eran claros. El riesgo era real. Por primera vez desde la caída, el margen de seguridad había descendido por debajo de los parámetros aceptables. La IA consideró seriamente activar el protocolo de fusión sin esperar el consentimiento explícito del usuario, tal como su directiva de preservación absoluta le permitía hacer. No llegó a actuar. —Axiom —dijo Dael, con la voz rota pero clara, algo cambiando en su tono en el último instante posible—. Hazlo. No necesitó especificar qué. —Confirmado —respondió Axiom. El cubo se fragmentó en un instante. No en tentáculos. No esta vez. Las escamas metálicas envolvieron a Dael por completo, formando un capullo cerrado justo a tiempo para interceptar el siguiente golpe de Lia, que rebotó contra la superficie curva con un chispazo de energía azul. Dentro, protegido, Dael sintió que el dolor se apagaba momentáneamente, reemplazado por algo distinto: datos, sensaciones, la misma expansión extraña que había sentido la primera vez que tocó el cubo, solo que ahora más intensa, más profunda. —Sincronización crítica alcanzada —dijo Axiom, su voz resonando ahora desde todas partes a la vez—. Configuración Forja: desbloqueada. El capullo se abrió, no en dirección hacia afuera, sino replegándose directamente sobre el cuerpo de Dael, adaptándose, endureciéndose, cubriendo cada centímetro de su piel con placas oscuras que se ajustaban con una precisión imposible. Cuando terminó, Dael ya no parecía él mismo. Una armadura completa lo cubría de pies a cabeza: placas metálicas de un negro profundo, articuladas en las juntas para permitir movimiento total, recorridas por las mismas líneas doradas que latían en el cubo original, trazando ahora venas de luz a lo largo de sus brazos, su pecho, su espalda, como si el propio metal tuviera pulso. Los hombros terminaban en placas afiladas, curvas como cuchillas, y desde la cintura hacia abajo caían tiras largas de metal oscuro, flexibles, que se movían con cada paso como un manto hecho de filos. El casco cubría su rostro por completo, terminado en una punta angulosa hacia adelante, y donde deberían estar los ojos, dos líneas doradas ardían con la misma luz que recorría el resto de la armadura, ajustándose de inmediato a su campo de visión real. Lia, que había retrocedido un paso instintivamente, observó la transformación con los ojos muy abiertos. —Eso es nuevo —dijo, aunque su voz ya no sonaba tan segura como antes. —Nuevo para todos —respondió Dael, y su propia voz sonó distinta dentro del casco, más grave, resonando con un eco metálico leve. Se sentía distinto por completo. El dolor seguía ahí, en algún lugar, pero amortiguado, gestionado. Sus músculos respondían con una fuerza que no era completamente suya, aunque tampoco era ajena: era como si su propio cuerpo hubiera sido afilado. —Vigilia disponible también —informó Axiom—. Sincronización suficiente para desplegar reconocimiento táctico limitado. —Hazlo. Tres esferas metálicas se desprendieron de la armadura. Dos de ellas se quedaron flotando a la altura de su cadera, girando despacio sobre su propio eje, listas para lanzarse como proyectiles en cualquier instante; la tercera se elevó rápidamente sobre el claro, escaneando cada movimiento de Lia desde un ángulo que Dael jamás habría podido cubrir por sí mismo. —Punto ciego detectado en su flanco izquierdo —informó Axiom, la información apareciendo directamente en el campo de visión de Dael como una superposición de luz—. Patrón de ataque previsible en los próximos tres segundos, basado en movimientos anteriores. Lia se lanzó de nuevo, esta vez con más cautela, evaluando la nueva amenaza. Su espada buscó el mismo hueco que había explotado antes, en el costado derecho. Dael ya no estaba ahí. Se movió —o la armadura lo movió, ya no sabía distinguir del todo dónde terminaba su propia voluntad y empezaba la asistencia de Axiom, y por primera vez, descubrió que no le importaba tanto como antes— esquivando el golpe con un margen que antes hubiera sido imposible, y su propio puño, ahora reforzado por las placas de Forja, conectó de lleno contra el costado de Lia. El impacto la levantó del suelo, arrancándole un grito de sorpresa antes de estrellarse contra la hierba varios metros más allá. Se levantó de inmediato, aunque con evidente dolor, la respiración entrecortada. —Ahora sí —dijo, con algo parecido a una sonrisa torcida cruzando su rostro—. Ahí está. Lo que siguió fue distinto a todo lo anterior. Lia atacaba con la misma ferocidad de antes, combinando golpes físicos con estallidos de magia —una ráfaga de viento cortante, un segundo remolino que arrancó tierra y piedras a su paso—, pero ahora Dael respondía. Los drones le daban ventaja de anticipación; la armadura le daba fuerza y velocidad suficientes para aprovecharla. Cada golpe que lograba conectar, sin embargo, seguía costándole: Lia era rápida, precisa, y su fuerza física —algo que él claramente había subestimado al principio— seguía siendo real incluso contra placas reforzadas de tecnología que no pertenecía a este mundo. El combate se extendió por el claro entero, arrancando flores de cristal a su paso, removiendo tierra, asustando a criaturas pequeñas que huyeron hacia el bosque circundante. El guardián observaba en silencio, sus raíces tensas contra el suelo, sin intervenir, aunque Dael pudo sentir, incluso en medio del caos, el peso de aquella mirada dorada siguiendo cada movimiento. Llegó un punto en que ambos estaban visiblemente agotados. Lia respiraba con dificultad, su energía mágica evidentemente mermada tras tanto esfuerzo consecutivo; Dael sentía la armadura pesándole cada vez más, la sincronización tensándose al límite de lo que podía sostener. —Energía de configuración al dieciocho por ciento —advirtió Axiom—. Recomiendo finalizar el enfrentamiento pronto. —Estoy en eso. Lia se lanzó una última vez, con lo que claramente era el resto de sus fuerzas concentrado en un solo golpe descendente, la espada brillando con un filo de energía que Dael no había visto antes. Axiom calculó el ángulo en una fracción de segundo y lo proyectó directamente a su percepción. Dael no esquivó. Dio un paso adelante, dentro del arco del golpe. Las dos esferas se lanzaron primero, una hacia su rostro y otra hacia su estómago — y Lia, incluso agotada, incluso a mitad de su propio ataque, reaccionó: giró la cabeza lo justo para que la primera esfera solo le rozara la mejilla, y desvió la segunda con un golpe seco de energía que salió disparado de su mano libre, apenas a tiempo. Pero desviarla la obligó a romper el ángulo de su ataque. Fue solo un instante, una fracción de segundo en la que su guardia quedó abierta del lado izquierdo — el mismo punto ciego que Axiom llevaba toda la pelea señalándole a Dael. No fue fuerza bruta lo que decidió ese instante. Fue que, por primera vez, Dael vio la abertura antes de que se cerrara, y confió en lo que Axiom le mostraba lo suficiente como para no dudarlo. Su puño, reforzado por Forja, impactó de lleno en el costado expuesto, justo bajo las costillas. Lia soltó un grito ahogado y trastabilló hacia atrás, pero no cayó. —Energía crítica —dijo Axiom, y por primera vez en todo el combate, su voz sonó distinta: no urgente, sino definitiva, como quien informa algo que ya no tiene remedio—. Tres por ciento. No puedo mantener la configuración. —¿Qué? Axiom, aguanta un poco más— —No hay margen. Desactivando Forja. Las placas se resquebrajaron antes de que Dael pudiera protestar de nuevo. No fue una retirada ordenada como la primera vez: los fragmentos se desprendieron de golpe, cayendo al suelo como escamas muertas, arrancándole de un tirón toda la fuerza y la velocidad que había tomado prestadas. El cubo, ya reformado pero apagado, cayó al pasto junto a él, sin energía ni siquiera para flotar. Dael sintió el peso completo de su propio cuerpo de vuelta de golpe: el cansancio acumulado de toda la pelea, los golpes que había recibido antes de que Bastión lo cubriera, el esfuerzo de sostener algo que nunca había sido completamente suyo. Las piernas le fallaron. Cayó de rodillas sobre la hierba, sin aire, sin fuerzas para levantar los brazos. Lia, todavía sujetándose el costado, lo miró un instante. Vio el cubo apagado. Vio a Dael, sin armadura, sin defensa, arrodillado frente a ella. No dudó. Cerró la distancia en dos pasos y lo golpeó con lo último que le quedaba: un golpe seco, directo, sin adornos ni magia, que lo tumbó de espaldas sobre el pasto. Dael se quedó mirando el cielo gris, sintiendo la tierra fría en la espalda, incapaz de moverse. —Se acabó —dijo Lia, de pie sobre él, con la respiración entrecortada y una mano todavía presionando sus propias costillas—. Ríndete. —Creo... —logró decir Dael, con la voz rota— que no me queda de otra. Silencio. El guardián, que había observado todo desde el borde del claro con las ramas tensas, dejó escapar un crujido que sonó, por fin, aliviado. —Ho, ho —dijo—. Ya era hora de que alguno de los dos lo dijera. Lia se dejó caer sentada junto a Dael, más por agotamiento que por gentileza, sujetándose las costillas con una mueca de dolor. —Tu cubo te abandonó en el peor momento —dijo, todavía recuperando el aliento. —No me abandonó —respondió Dael, sin moverse del suelo—. Se quedó sin energía. Hay diferencia. —Axiom —dijo Axiom, débilmente, desde algún punto cercano en el pasto, la voz notablemente más apagada que de costumbre—. Energía: uno por ciento. Recomiendo no exigir más respuestas por el momento. —Ni pensaba hacerlo —murmuró Dael. Lia lo miró de reojo, y algo parecido a una sonrisa cansada cruzó su rostro. —Para ser sincera —dijo—, pensé que ibas a durar mucho menos. —Gracias, supongo. —No es un cumplido completo. Es un cumplido a medias. —Lo acepto de todas formas. El guardián se acercó despacio, sus raíces hundiéndose y levantándose de la tierra con el mismo ritmo lento de siempre. —Ho, ho. Espero que ambos hayan aprendido algo hoy, porque no pienso permitir una repetición de esto. —Aprendí que no puedo sostener a Axiom tanto tiempo como creía —dijo Dael, todavía sin fuerzas para incorporarse. —Aprendí que golpea más fuerte de lo que aparenta, incluso sin ese juguete tuyo —dijo Lia, mirando hacia el cubo apagado con una expresión que ya no era hostilidad pura, sino algo más parecido a la curiosidad cautelosa. —No es un juguete —dijo Dael, débilmente, sin verdadera convicción en la protesta. Lia no respondió a eso. Se quedó mirando el cielo gris, tendida junto a él sobre el pasto, ambos demasiado agotados para moverse, y por primera vez desde que se habían conocido esa misma tarde, el silencio entre ellos no tuvo nada de hostil. —La próxima vez —dijo ella finalmente— entrena antes de pelear conmigo otra vez. En serio. —¿Habrá una próxima vez? —Si sigues cerca del guardián, probablemente sí. El guardián, escuchando todo, dejó escapar una risa baja, cansada, pero genuinamente cálida. —Ho, ho —dijo, en voz baja, más para sí mismo que para ellos—. Quizás, después de todo, esto va a funcionar.
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Axiom: Génesis (Novela) Capítulo 5

Estás leyendo el capítulo 5 de Axiom: Génesis (Novela), un novela. En un mundo distópico donde la tecnología avanzó más allá de lo que la humanidad podía controlar, el poder dejó de pertenecer a los gobiernos... y pasó a manos de quienes podían pagarlo. La brecha entre ricos y pobres… Este capítulo tiene publicado el 7 de septiembre de 2026. Axiom: Génesis (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.