Leer Axiom: Génesis (Novela) Capítulo 4 online gratis en español
Dael seguía recostado en el pasto del claro cuando el guardián levantó la cabeza de golpe, sus ojos dorados fijos en algún punto entre los árboles.
—Ho, ho. Ahí está.
—¿Lia? —preguntó Dael, incorporándose.
—Viene rápido. Muy rápido.
El sonido llegó antes que la imagen: cascos golpeando tierra a un ritmo furioso, ramas partiéndose, algo abriéndose paso por el bosque sin ninguna intención de frenar. Un instante después, un alce enorme irrumpió en el claro, y sobre su lomo, una figura saltó al suelo antes incluso de que el animal terminara de detenerse.
Era más baja que Dael, pero se movía con una tensión contenida que compensaba cualquier diferencia de altura. Piel curtida por el sol y el viento, cabello oscuro recogido en una trenza apretada, orejas puntiagudas asomando entre los mechones sueltos. Vestía cuero oscuro, gastado por el uso, con una espada corta al cinto que su mano ya rozaba antes de haber cruzado tres pasos.
Sus ojos —grises, fríos— pasaron del guardián a Dael. Y ahí se quedaron.
No fue una mirada curiosa. Fue una evaluación rápida, brutal, del tipo que se hace cuando ya se ha decidido algo antes de que la otra persona abra la boca.
—Guardián —dijo, sin apartar la vista de Dael—. ¿Qué es esto?
—Ho, ho. Lia, te presento a...
—No te he preguntado su nombre —lo cortó ella—. Pregunté qué es.
Dael sintió la hostilidad como un golpe físico. Se puso de pie, incómodo bajo aquel escrutinio, consciente de pronto de cómo debía verse: la ropa raída de la superficie de Íris, remendada mil veces, cubierta ahora de tierra y ceniza del cráter; la barba desordenada; las botas que ya no tenían forma reconocible. Y flotando a su lado, silencioso, aquel cubo oscuro de líneas doradas que no se parecía a nada de este mundo.
—Soy Dael —dijo, intentando sonar más seguro de lo que se sentía—. Y esto es Axiom.
—No te pregunté tampoco eso.
Lia dio un paso más cerca, sin llegar a desenvainar, pero con la mano ya firme sobre la empuñadura.
—Un humano vestido como un mendigo, con un objeto que no es de este mundo flotando a su lado, aparece de la nada el mismo día que todo el bosque tiembla como si algo lo hubiera partido en dos. —Su voz era cortante, cada palabra medida—. Perdona si no me inspira confianza a primera vista.
—No pedí que confiaras en mí.
—Bien. Porque no pensaba hacerlo de todas formas.
—Lia —intervino el guardián, con un tono que intentaba ser conciliador—, el pequeño no ha mostrado ninguna hostilidad. Solo...
—¿Solo qué? —Lia no apartó la mirada de Dael—. ¿Solo cayó del cielo con un arma que ni tú puedes analizar del todo? ¿Solo apareció justo cuando ese impacto sacudió medio bosque?
—Es exactamente lo que pasó, sí —dijo Dael, sintiendo que la irritación empezaba a ganarle a la incomodidad—. No elegí caer aquí. Y tampoco elegí que él —señaló al cubo— decidiera que yo era su usuario. Créeme, si hubiera tenido opción, habría preferido un día tranquilo comprando pan.
—Qué conmovedor.
—No pretendía conmoverte. Pretendía que dejaras de mirarme como si fuera a explotar.
Axiom, flotando entre ambos con su calma habitual, decidió que era el momento perfecto para intervenir.
—Detecto un incremento significativo en la frecuencia cardíaca de la nueva interlocutora —dijo—. También detecto un incremento similar en el usuario. ¿Debo interpretar esto como el inicio de un conflicto?
—Cállate, Axiom.
—No estaba hablando contigo —le espetó Lia, girándose hacia el cubo con una desconfianza aún más marcada—. ¿Eso habla?
—Constantemente —dijo Dael—. Es agotador.
—Mi patrón de comunicación es eficiente —corrigió Axiom—. La fatiga es una interpretación subjetiva del usuario.
Lia observó el cubo un momento más, con una mezcla de recelo y algo parecido a la fascinación involuntaria, antes de volver a fijar la mirada en Dael con la misma dureza de antes.
—No me gusta cómo se ve esto —dijo—. No me gusta cómo se ve nada de esto. Un forastero con pinta de haber salido de una alcantarilla, cargando algo que ni el guardián reconoce, y que ahora quiere que confiemos en él sin más.
—No pedí que confiaras en mí —repitió Dael, con los dientes apretados—. Pedí que no me trataras como a un criminal antes de haber hecho nada.
—Tu sola existencia aquí ya es sospechosa.
—¿Y qué quieres que haga con eso? ¿Que desaparezca?
—Sería un buen comienzo.
El guardián levantó una de sus manos de rama, con un crujido lento.
—Lia, por favor. Cálmate. No hace falta que esto...
—No estoy calmada, guardián. Y no pienso fingir que lo estoy solo porque a ti te haya dado pena.
Se giró de nuevo hacia Dael, y esta vez desenvainó del todo la espada corta, el filo curvo captando la luz gris del cielo.
—Quiero ver de qué está hecho realmente —dijo—. No lo que dice ser. Lo que es.
Dael sintió que el estómago se le encogía.
—¿Me estás retando a pelear?
—Llámalo como quieras.
—Lia, esto es innecesario —insistió el guardián, con una urgencia que Dael no le había oído antes—. El pequeño acaba de llegar. No conoce este mundo. No sabe lo que puede o no puede hacer con lo que trae. Si insistes en esto, alguien puede salir gravemente herido.
—Entonces que aprenda rápido —respondió Lia, sin bajar la espada—. O que confirme lo que ya sospecho: que no es más que un peso muerto con suerte y un juguete peligroso.
Aquello encendió algo en Dael que no esperaba sentir tan pronto en aquel mundo. No fue valentía exactamente. Fue algo más parecido al cansancio de toda una vida siendo mirado por encima del hombro —por Elías cobrándole de más, por los "ricos" de Íris que ni siquiera se dignaban mirar hacia abajo, por un mundo entero que había decidido, mucho antes de que él naciera, exactamente cuánto valía.
No pensaba dejar que aquí, en un mundo completamente nuevo, la historia se repitiera sin decir nada.
—Vale —dijo, sorprendiéndose incluso a sí mismo con la firmeza de su propia voz—. Si necesitas verlo con tus propios ojos, te lo mostraré.
—¿Usuario? —La voz de Axiom sonó, por primera vez, con algo parecido a la duda—. No recomiendo este curso de acción. Sus niveles de sincronización actuales son insuficientes para garantizar—
—Axiom.
—¿Sí?
—Cállate y prepárate.
El guardián, entre ambos, dejó escapar un sonido bajo, parecido a un suspiro hecho de crujidos de madera.
—Ho, ho —dijo, sin ningún rastro de humor esta vez—. Que los dioses del bosque, si es que aún queda alguno escuchando, tengan piedad de los dos.
Lia se colocó en posición, la espada firme en su mano, los ojos grises clavados en Dael con una intensidad que no dejaba lugar a dudas: aquello no era un entrenamiento amistoso. Era, para ella, una forma de resolver algo que ninguna palabra iba a resolver antes.
—Cuando quieras —dijo.
Dael respiró hondo, sintiendo el peso del cubo flotando a su lado, listo, aunque todavía no supiera del todo para qué.
—Axiom —murmuró—. Bastión.
El cubo respondió.

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Estás leyendo el capítulo 4 de Axiom: Génesis (Novela), un novela. En un mundo distópico donde la tecnología avanzó más allá de lo que la humanidad podía controlar, el poder dejó de pertenecer a los gobiernos... y pasó a manos de quienes podían pagarlo. La brecha entre ricos y pobres… Este capítulo tiene publicado el 7 de septiembre de 2026. Axiom: Génesis (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.