Leer Axiom: Génesis (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
Dael abrió los ojos.
Oscuridad. No absoluta. Una penumbra tenue, como si la luz filtrara desde algún lugar que no podía ver.
Parpadeó. Una vez. Dos veces.
Su cuerpo no respondía del todo. Los brazos le pesaban. Las piernas, entumecidas. La respiración... lenta. Pero constante.
—Usuario despierto —dijo la IA.
La voz sonó cerca. Muy cerca. Como si estuviera dentro de su cabeza.
Dael intentó moverse. Algo lo envolvía. Una superficie lisa, curva, que se ajustaba a su cuerpo sin apretarlo.
—¿Qué...? —su voz sonó ronca. Seca.
—Ha estado inconsciente durante 47 minutos —continuó la IA—. Sus signos vitales son estables. ¿Cómo se siente?
Dael parpadeó otra vez. La memoria volvía en fragmentos. La grieta. El vacío. La caída. El viento golpeándole los pulmones.
—Como si me hubiera caído de un puto edificio —respondió. Hizo una pausa—. ¿Dónde estoy?
—Dentro de la estructura de contención —respondió la IA—. Activé el Protocolo de Seguridad Absoluta durante la caída. Lo envolví para protegerlo del impacto.
—¿Estructura de contención?
—Bastión. Aspecto defensivo del Núcleo.
Dael frunció el ceño. No entendía del todo, pero eso daba igual ahora.
—¿Y fuera de esto? ¿Dónde estamos?
Silencio. Un segundo.
—Ubicación actual: desconocida —respondió la IA—. Mundo: no identificado. No hay registros en mis bases de datos. No hay señales de las ciudades. No hay comunicaciones.
Dael se quedó en silencio.
—¿Qué significa eso?
—Significa —dijo la IA, con esa calma robótica que lo irritaba ligeramente— que no está en su mundo.
Dael cerró los ojos un momento. Lo procesó. Lo asimiló.
—Claro —dijo finalmente—. Por supuesto. Porque caerse del cielo y sobrevivir era muy sencillo. Había que añadir el detalle de estar en otro mundo.
—Correcto.
—No era un cumplido.
La IA no respondió.
—Sácame de aquí —dijo Dael.
—Como ordene.
La superficie que lo envolvía comenzó a cambiar. Los fragmentos que formaban el capullo se movieron. No se abrieron como puertas. Se separaron. Cada partícula se desprendió de las demás, flotando un instante en el aire antes de reagruparse.
Dael observó, fascinado a pesar de todo.
Las partículas —arena gruesa, escamas metálicas— se juntaron frente a él. Se compactaron. Se reorganizaron. En segundos, el cubo original estaba de vuelta. Flotando. Silencioso. Con sus líneas de luz palpitando suavemente.
Dael se quedó mirándolo.
—Eso fue... raro de ver.
—Es el proceso estándar de reconfiguración —dijo la IA—. No debería resultar extraño una vez que se acostumbre.
—No creo que me acostumbre.
Se puso de pie. Las piernas le temblaron un poco, pero aguantaron. Miró a su alrededor.
Y se quedó helado.
Pradera. Hierba alta. Pero no verde como la que recordaba. Más bien amarillenta, seca. Y el cielo... un tono grisáceo, con nubes bajas y densas.
Pero eso no era lo que lo había dejado sin palabras.
El cráter.
A su alrededor, la tierra estaba revuelta. Hierba arrancada de raíz. Un círculo de varios metros de diámetro donde el suelo se había hundido. Grietas que se extendían como telarañas. Piedras partidas.
Y más allá, el rastro del impacto: una línea de tierra levantada, vegetación destrozada, árboles cercanos con las ramas rotas.
—Joder —murmuró Dael—. ¿Todo esto lo hice yo?
—Lo hicimos —corrigió la IA—. El impacto fue controlado. Sin mi intervención, no habría sobrevivido.
Dael miró el cráter. Luego el cubo.
—Controlado, dices.
—Relativamente.
Dael soltó una risa corta, sin humor. Se agachó. Intentó levantar el cubo.
No se movió.
Lo intentó con más fuerza. Nada. Era como intentar levantar una roca del tamaño de un coche.
—¿Por qué pesa tanto?
—El Núcleo está anclado energéticamente a su portador —explicó la IA—. No puede ser manipulado por terceros. Ni siquiera por usted en estado pasivo. Debe activar los aspectos para interactuar con él.
—¿Los aspectos?
—El Núcleo Axiom posee múltiples configuraciones —dijo la IA, con un tono que sonaba casi como una presentación—. Las explicaré rápido.
Dael se cruzó de brazos.
—Adelante.
—Primero: Bastión. Es la configuración que acaba de experimentar. Un capullo protector que absorbe impactos, regula la temperatura y mantiene al usuario con vida en condiciones extremas. Especializado en defensa pasiva. Puede generar extensiones ofensivas en respuesta a amenazas inmediatas.
—El huevo ese con tentáculos —resumió Dael.
—Si lo prefiere así, sí.
—Sigue.
—Segundo: Forja. Es la configuración de combate cuerpo a cuerpo. Genera una armadura que cubre su cuerpo, aumentando fuerza, velocidad y resistencia. Diseñada para enfrentamientos directos.
—¿Una armadura? —Dael levantó una ceja—. ¿Como los caballeros?
—Más avanzada. Pero la analogía es válida.
—Vale. Sigue.
—Tercero: Vigilia. Configuración de reconocimiento. Despliega hasta tres drones voladores que pueden explorar el terreno, analizar amenazas y transmitir información en tiempo real.
—Drones —repitió Dael—. Útil.
—Cuarto: Ráfaga. Configuración de movilidad. Genera una unidad terrestre de alto rendimiento. Similar a una motocicleta, pero con capacidades avanzadas: adaptación al terreno, aceleración extrema, estabilidad dinámica.
Dael se quedó en silencio un momento.
—¿Una moto?
—Una unidad terrestre de alto rendimiento —repitió la IA, como si la palabra "moto" le pareciera vulgar.
—Es una moto.
—Tecnológicamente superior.
—Pero con dos ruedas.
Silencio.
—Con dos ruedas —admitió la IA.
Dael sonrió. La primera sonrisa real desde que despertó.
—Me gusta esa.
—He notado su entusiasmo.
—¿Y cuántas configuraciones hay en total? —preguntó Dael.
Pausa.
—Información bloqueada —respondió la IA.
Dael parpadeó.
—¿Cómo que bloqueada?
—No tengo acceso completo a mi propio registro de configuraciones. Algunos datos están cifrados o dañados. Solo tengo certeza de las cuatro que he mencionado.
—¿Me estás diciendo que ni siquiera sabes cuántas formas tienes?
—Correcto.
—¿Y eso no te preocupa?
—No tengo emociones. Pero reconozco que es una limitación significativa.
Dael se quedó mirando el cubo un momento.
—Vale. Genial. Un cubo con amnesia que además no sabe ni lo que puede hacer. Perfecto.
—Sin embargo —continuó la IA—, he detectado una configuración adicional parcialmente accesible. Su clasificación interna está incompleta.
—¿Otra?
—Sí.
—¿Cuál?
—Arca.
—¿Qué hace?
—Almacenamiento y construcción. Puedo desplegar una estructura tecnológica temporal alrededor suyo. Refugios, herramientas, armas simples, sistemas de almacenamiento. Pero requiere materiales.
Dael frunció el ceño.
—Espera. ¿Dijiste que no sabías cuántas configuraciones tienes?
—Correcto.
—Entonces, ¿cómo sabes que esta es la quinta?
Silencio.
—No lo sé —respondió la IA—. Mi registro interno la identifica como «Configuración 05». Sin embargo, no puedo confirmar si existen configuraciones anteriores o posteriores que hayan sido eliminadas de mis registros.
Dael suspiró.
—Cada vez entiendo menos este cubo.
—La sensación es recíproca.
Dael ignoró el comentario. Miró el cubo. Luego el cráter. Luego el bosque que se extendía más allá de la pradera.
—¿Y cómo activo todo eso?
—Por ahora, solo Bastión y Arca están disponibles —dijo la IA—. La sincronización acaba de comenzar. Las demás configuraciones se desbloquearán gradualmente a medida que su vínculo con el Núcleo se fortalezca. Y las configuraciones que ya tiene pueden evolucionar con el tiempo.
—¿Evolucionar?
—Cada configuración tiene niveles de desarrollo. Bastión, por ejemplo, puede pasar de un capullo protector a un escudo completo, extremidades más potentes, barreras energéticas. Y eventualmente, algo más.
—¿Algo más?
—Información bloqueada.
—Claro. Por supuesto.
Dael respiró hondo.
—Vale. Tengo un huevo protector, una mochila de construcción y un montón de cosas bloqueadas. Eso me servirá de mucho cuando algo quiera matarme.
—Precisamente por eso deberíamos movernos —dijo la IA—. He detectado señales biológicas en el perímetro. No son humanas.
Dael dejó de sonreír.
—¿Qué clase de señales?
—Múltiples. Pequeñas. Algunas medianas. Todas en movimiento.
—¿Se acercan?
—Todavía no. Pero recomiendo salir del cráter. Es un punto expuesto.
Dael asintió. Trepó por el borde del cráter, con el cubo flotando a su lado. La hierba crujía bajo sus pies. El aire olía a tierra húmeda y a algo más... algo que no podía identificar.
Llegó al borde del bosque.
Los árboles eran diferentes. Más altos. Más gruesos. Las hojas tenían un tono violáceo que nunca había visto. Y el suelo... estaba cubierto de algo parecido al musgo, pero brillante. Como si reflejara una luz que no estaba ahí.
—Esto no es mi mundo —dijo Dael. No era una pregunta.
—No —confirmó la IA—. Ya lo establecimos.
—Sí, pero... decirlo en voz alta es diferente.
Se adentró en el bosque. El cubo flotaba a su derecha, a la altura de su hombro. Las líneas de luz parpadeaban suavemente, como si estuviera escaneando el entorno.
—Detectando múltiples formas de vida —dijo la IA—. La mayoría de tamaño reducido. No parecen agresivas.
—¿La mayoría?
—Correcto.
Dael caminó en silencio. Entre los árboles, empezó a ver cosas. Pequeñas criaturas de cuatro patas, parecidas a roedores pero con pelaje azulado. Insectos con alas iridiscentes que zumbaban al pasar. Algo parecido a un conejo, pero con tres orejas y un ojo en la frente.
—Esto es una puta fantasía —murmuró Dael.
—No tengo datos suficientes para confirmar esa categorización.
—Era una broma.
—Lo sé. No la entendí.
Dael iba a responder, pero algo lo detuvo.
Un sonido. Detrás de él. Un crujido de hojas secas.
Se giró lentamente.
No había nada.
—Usuario —dijo la IA, en un tono más bajo—. Recomiendo prepararse para—
Un gruñido. Profundo. Rascante. Salía de entre los árboles, a su izquierda.
Dael se giró.
Allí estaba.
No era un lobo normal. Era más grande. Del tamaño de un caballo pequeño. Su pelaje era negro, pero no negro normal. Negro como el vacío. Como si absorbiera la luz. Sus ojos brillaban en rojo. Y su boca... mostraba dientes que no deberían existir. Demasiados. Demasiado largos.
—¿Qué mierda es eso? —susurró Dael.
—Desconocido —respondió la IA—. Pero es peligroso.
El lobo —o lo que fuera— dio un paso adelante. Sus garras se hundieron en la tierra. Su lomo se arqueó.
Dael dio un paso atrás.
—No corra —dijo la IA—. Los depredadores reaccionan al movimiento.
—¡¿Y qué hago, quedarme quieto?!
El lobo rugió. No fue un ladrido. Fue un sonido grave, metálico, que hizo vibrar el aire.
Y se lanzó.
Dael no pensó. No tuvo tiempo de pensar.
Giró sobre sí mismo y echó a correr.
Sus pies golpearon el suelo. Sus brazos se movían sin control. La hierba le azotaba las piernas.
Oyó al lobo detrás. Sus pisadas eran pesadas. Rápidas. Demasiado rápidas.
—¡Mierda, mierda, mierda!
Un tronco caído. Intentó saltarlo. Su pie se enganchó.
Cayó.
El suelo golpeó su pecho. El aire se le escapó de los pulmones. Intentó levantarse. No dio tiempo.
El lobo estaba sobre él.
Su sombra lo cubrió por completo. Su aliento olía a podrido. A metal oxidado. Sus ojos rojos lo miraban fijamente.
Dael vio los dientes acercarse.
Y pensó: esto es el final.
—Bastión —dijo la IA.
El cubo se fragmentó.
No en un capullo. No esta vez.
Los fragmentos —las escamas metálicas— se lanzaron hacia adelante. Se unieron en el aire. Formaron algo nuevo.
Tentáculos.
No orgánicos. Metálicos. Delgados pero firmes. Con puntas afiladas que brillaban con luz azul.
Tres tentáculos atravesaron al lobo.
No hubo sangre. Solo un golpe seco y brutal. Un ruido de carne y hueso siendo perforados sin resistencia.
El lobo se quedó inmóvil. Sus ojos rojos parpadearon. Se apagaron.
Su cuerpo cayó al suelo con un golpe pesado.
Los tentáculos se retrajeron. Los fragmentos volvieron al cubo. Todo en menos de dos segundos.
Silencio.
Dael seguía en el suelo. Con la boca abierta. Mirando el cadáver del lobo.
—Amenaza neutralizada —dijo la IA, con la misma calma de siempre—. ¿Se encuentra bien?
Dael parpadeó.
—Acabo de casi morir.
—Pero no murió.
—¡Eso no es lo importante!
—Según mis prioridades, es lo único importante.
Dael se quedó mirando el cubo. Luego el lobo. Luego el cubo otra vez.
Respiró hondo.
—Vale —dijo, poniéndose de pie lentamente—. Vale.
Se limpió la tierra de la ropa. Sus manos temblaban un poco. No le importó.
—Eso de los tentáculos... ¿fue Bastión?
—Bastión I —respondió la IA—. La configuración defensiva tiene niveles de desarrollo. En su estado actual, puede generar extensiones ofensivas limitadas. Con el tiempo, podrá desplegar escudos, extremidades más potentes y barreras energéticas.
—¿Y eso cuándo pasará?
—Depende de su sincronización. Y de los recursos disponibles.
Dael asintió lentamente. Miró el cadáver del lobo.
—¿Podemos sacar algo de esto?
—¿Para qué?
—Arca. Dijiste que necesitaba materiales.
Pausa.
—Materiales aprovechables detectados: suficientes para una herramienta básica.
—¿Qué puedes hacer?
—Una hoja rudimentaria. Su calidad será baja.
—Hazla.
El cubo se fragmentó de nuevo. Los fragmentos se extendieron hacia el cadáver. Lo rodearon. Lo analizaron. Lo descompusieron.
En menos de un minuto, el lobo había desaparecido.
En su lugar, flotaba un cuchillo. No era elegante. No tenía empuñadura. Era una hoja de metal oscuro, tosca, con bordes afilados. Pero funcional.
Dael lo cogió. Pesaba. Se sostenía bien.
—No es bonito —dijo.
—Es práctico.
—Supongo que servirá.
—Servirá —confirmó la IA—. Hasta que encontremos materiales mejores.
Dael guardó el cuchillo en su cinturón. Miró el bosque que se extendía frente a él. Oscuro. Desconocido. Lleno de cosas que no entendía.
Y sonrió.
—Vamos —dijo—. Supongo que hay más de esos bichos por ahí.
—Correcto. Detecto al menos siete señales similares a menos de quinientos metros. Y una mucho más grande a aproximadamente un kilómetro.
Dael cerró los ojos un momento.
—Claro. Por supuesto.
—Sin embargo —continuó la IA—, también he detectado una estructura artificial al este. Parece un asentamiento. Aproximadamente tres kilómetros.
Dael abrió los ojos.
—¿Gente?
—Señales de vida. Organizadas. Posiblemente humanoides.
Dael respiró hondo.
—Entonces vamos hacia allá.
—¿No le preocupa que puedan ser hostiles?
—Me preocupa más quedarme aquí a que me coma otro lobo. Además —dijo, tocando el cubo—, tengo un huevo con tentáculos. Eso tiene que contar para algo.
—Bastión no es un huevo.
—Para mí lo es.
La IA no respondió.
Dael empezó a caminar hacia el este. El cubo flotaba a su lado. El cuchillo en su cinturón. La hierba crujía bajo sus pies.
Detrás de él, el lobo ya no estaba.
Y en la profundidad del bosque, algo más grande que un lobo...
lo observaba.

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Estás leyendo el capítulo 2 de Axiom: Génesis (Novela), un novela. En un mundo distópico donde la tecnología avanzó más allá de lo que la humanidad podía controlar, el poder dejó de pertenecer a los gobiernos... y pasó a manos de quienes podían pagarlo. La brecha entre ricos y pobres… Este capítulo tiene publicado el 26 de agosto de 2026. Axiom: Génesis (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.