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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 780 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Cruzando el extenso "Camino del Peregrino", Duncan se dirigió a la majestuosa entrada del templo: una inmensa abertura que parecía diseñada para seres de estatura gigantesca, estrechándose desde la base hasta la cima. La entrada estaba marcada por una enorme puerta, custodiada por dos enormes puertas hechas de un material ahora irreconocible, con signos considerables de desgaste y abandono. Una de estas puertas se había derrumbado al suelo, mientras que la otra se apoyaba precariamente contra el muro del templo. Desde el umbral, se percibía el suave sonido de las olas, mezclado con una serie de ruidos profundos y desordenados. Estos sonidos sugerían la presencia de una criatura colosal sumida en una lucha entre el sueño y la consciencia, cuya respiración y murmullo resonaban en la extensión sombría. Un ligero aroma a pescado a mar llegaba desde el final del Camino de los Peregrinos, trayendo consigo una notable frescura. Morris, maravillado por la vista que tenía ante sí, se acercó al muro exterior del templo. Se ajustó la cuenca del ojo, que se retrajo para dar paso a una serie de lentes que se deslizaban por una guía de cobre, permitiéndole examinar meticulosamente las antiguas y erosionadas piedras de color verde oscuro. “Qué artesanía tan impecable”, observó, “como si estas piedras no estuvieran ensambladas, sino que se hubieran formado de esta manera...”. Vanna, extendiendo la mano para tocar los muros del templo, compartió su sensación de familiaridad. “He visto estructuras así en sueños”, dijo, “y en momentos de profunda oración… No es raro que los santos tengan visiones de muros imponentes o enormes piedras apiladas… Parece que estas visiones aludían a este lugar…”. De pie ante la enorme puerta, Lucrecia arrojó con indiferencia un trozo de papel blanco al oscuro pasillo. En cuanto el papel se separó de sus dedos, estalló en llamas, transformándose en una figura de fuego con forma humana, que voló brevemente en la oscuridad antes de desvanecerse. “ Adentro… hay una profunda quietud”, comentó la señorita Bruja con un tono de vacilación, “pero mi magia parece debilitarse rápidamente como si estuviera siendo reprimida por alguna fuerza invisible”. Volviendo la mirada del oscuro interior del templo a sus compañeros, Duncan reflexionó un momento antes de levantar la mano con un sutil gesto. De repente, una llama verde pálido surgió de la nada, envolviendo suavemente a cada miembro del grupo. Nina reaccionó inicialmente con un salto, pero enseguida se fascinó, formando juguetonamente una bola con las llamas de su brazo y lanzándola de un lado a otro en su mano. Vanna y Morris experimentaron con las llamas, realizando movimientos físicos; Vanna blandió una gran espada varias veces, y las articulaciones de Morris emitieron fuertes crujidos, mientras Lucretia observaba con una mezcla de intriga e incomodidad. No se sentía del todo cómoda con la tendencia de su padre a conjurar llamas por capricho y parecía visiblemente tensa en ese momento. Sin embargo, fue la Anomalía 077 quien mostró la reacción más aguda, saltando casi al instante con un grito. Saltó casi dos metros de altura, gritando de pánico al aterrizar: "¡Fuego, fuego, fuego... El Capitán está en llamas, me estoy quemando, ah, ah, ah~!" Shirley, reaccionando con rapidez, conjuró un espolón óseo de su espalda y derribó el cadáver disecado al suelo con una fuerza contundente. "Cállate ya con esos aullidos", lo regañó, "es solo un pequeño incendio; ni Dog armaría tanto alboroto... ¡Oye, deja de temblar!" “ Dog” respondió con un parloteo nervioso, como de máquina de escribir: “Yo… no estoy temblando… estoy perfectamente tranquilo…” Dirigiéndose a su extrañamente animada tripulación con una mezcla de resignación y desconcierto, Duncan no pudo evitar comparar su reacción con los preparativos dignos, solemnes o emotivos de los exploradores de otros relatos. Al borde de descubrimientos que cambiarían el mundo, esos exploradores podrían reflexionar con solemnidad, tristeza o incluso evocar recuerdos conmovedores de seres queridos. Sin embargo, allí estaban sus "compañeros", lidiando con el borde del desastre con la despreocupación de un día de mercado. Con paciencia, explicó: " Nos encontramos en el umbral de tierras donde dormitan antiguas deidades. Sus mentes pronto serán puestas a prueba como nunca antes. Por lo tanto, los envuelvo en llamas, no como un mero espectáculo, sino como un escudo contra las antiguas influencias del templo". La anomalía 077, con una repentina chispa de comprensión, exclamó: “Ah, entonces es como atacar preventivamente al rehén para evitarle un destino peor...”. Sin perder el ritmo, Shirley lo derribó nuevamente, pero después de reflexionar, admitió con un gesto: "Sabes, puede que en realidad tengas razón". “¡¿Por qué me golpeas entonces?!” protestó el cadáver animado mientras se levantaba, lanzando una mirada fulminante. Shirley, imperturbable, replicó: “Porque parecía que el capitán estaba deseando hacerlo él mismo”, y luego, con una mirada juguetona hacia Duncan, añadió: “¿Verdad, capitán?”. Duncan, manteniendo una fachada estoica, asintió. Sin embargo, al hacerlo, percibió un cambio inexplicable en la atmósfera. ¿Era su imaginación o el aire mismo se transformaba con la aplicación de sus llamas protectoras? Desde su llegada a la isla, un aura sombría y opresiva los había envuelto a todos. Pero ahora, como disipada por la luz de sus llamas, la vitalidad inherente del grupo parecía resurgir con renovado vigor. Con el ceño fruncido y pensativo, Duncan sintió una conexión más profunda con los misterios de la isla, luego redirigió su atención hacia la entrada oscura que tenía delante... Sus cautelosos pasos hacia el templo perturbaron un silencio que había persistido durante eones. El pálido resplandor verde de las llamas de Duncan proyectaba sus sombras contra las antiguas paredes y el suelo de piedra descolorida, creando un tapiz de formas alargadas y distorsionadas. La inmensidad del interior del palacio, sumada al intenso aroma del mar y los ambiguos sonidos que llenaban el aire, creaba una atmósfera de abrumadora profundidad y misterio. “ Cuidado con las sombras a vuestros pies y con las engañosas siluetas que proyecta nuestra luz”, aconsejó Vanna, guiando el camino con ojo vigilante. Advirtió al grupo que no hiciera caso a voces ajenas, y añadió: “Y…” Su mirada de advertencia cayó sobre Morris: “No toques nada aquí”. “No he tocado nada” se defendió rápidamente Morris, con un matiz de vergüenza en su tono mientras levantaba las manos en un gesto de inocencia. “Simplemente estaba observando con mucho interés. Mientras Duncan guiaba al grupo a través del vasto templo, sus ojos vigilantes examinaban minuciosamente la complejidad de su majestuoso diseño. La pálida luz verde de su llama iluminaba su mirada, iluminando los rincones sombríos de esta antigua estructura. Fue durante esta cuidadosa observación que el ritmo de Duncan disminuyó notablemente. Sobre ellos, una vasta estructura, pálida y misteriosa, parecida a una enredadera, se extendía por el techo. Serpenteaba a lo largo de la curvatura de la cúpula, atravesando la pared para colarse por una abertura en la parte superior y desaparecer en los misterios del edificio. Shirley, al captar la dirección de la atención de Duncan, levantó instintivamente la vista para seguirla. La visión la conmovió momentáneamente, una reacción compartida por ambos. Su mente dio dos vueltas, al borde de la locura. Sin embargo, las llamas protectoras que la envolvían se encendieron, rescatando su mente del abismo. Estas llamas, que ardían en la periferia de su consciencia, mitigaron la profunda conmoción que le produjo comprender que estaban ante los restos de un dios. Con una claridad repentina, Lucrecia susurró: “Son las extremidades de un dios…” Sus ojos, abiertos por el asombro, recorrieron las pálidas estructuras que habían observado desde la distancia y que ahora entendían que emanaban de ese mismo lugar. Con un toque de humor en la voz, Dog comentó: “Verlo de cerca es realmente diferente a verlo de lejos. Casi creí sentir mi corazón latir de nuevo”. Duncan lanzó una advertencia casual pero severa: “Tengan cuidado de no fijarse en estas extremidades por mucho tiempo”, antes de instar al grupo a seguir adelante. A medida que se adentraban en las profundidades del templo, las vistas se volvían cada vez más surrealistas. Enormes tentáculos, algunos tan robustos como mástiles de barco, otros extendiéndose por el techo con la anchura suficiente para rivalizar con la de naves medianas, se entrelazaban en un abrazo caótico. Estos tentáculos invadían cada pasillo y cámara como un sistema de raíces invasivo, entrelazándose con la propia arquitectura. Parecían nutrir y consumir el palacio a la vez, integrando y reemplazando por completo los elementos estructurales originales en algunos lugares. En una sala particularmente impactante, la amalgama de tentáculos y estructuras orgánicas inidentificables ocupaba casi todo el espacio, dejando a los exploradores en un estado de asombro y desconcierto. La mera visión de esta maravilla biológica, desprovista de cualquier influencia mental divina, bastaba para llevar a los de mente frágil al borde de la locura. Duncan tenía todas las razones para creer que esta abrumadora exhibición representaba solo una fracción de una entidad mayor e invisible. Es probable que mucho más de esto se encuentre oculto bajo la isla o en las profundidades del océano. El templo, supuso, servía como un simple punto de contacto: un vestíbulo para que los peregrinos terrestres se comunicaran con una vasta deidad marina. La Reina Leviatán, extendiendo apenas una parte de sus tentáculos desde las profundidades, creó este santuario para interactuar con los humanos que una vez estuvieron bajo su protección. Su recorrido por el templo culminó en el umbral de un largo pasillo, que no terminaba en otra cámara, sino ante un vasto estanque de agua, similar a un lago, que sugería un mar interior. Esta inesperada vista marcó una pausa en su exploración, insinuando las profundas conexiones y misterios que les aguardaban. Se encontraron en una vasta cámara circular, cuyo suelo descendía suavemente formando una depresión que albergaba una piscina circular de tenue resplandor. Esta piscina, que ocupaba la mayor parte del espacio de la habitación, estaba rodeada de pavimento de piedra. Las paredes que rodeaban la cámara estaban salpicadas de numerosas puertas y ventanas, por las que se abrían paso innumerables tentáculos, vasos y lo que parecían ser hilos neuronales. Estos apéndices entraban en la habitación por las aberturas, sumergiéndose en las profundidades de la piscina y fundiéndose en una intrincada y compleja estructura que la vista humana no podía discernir por completo. Partes de esta enorme estructura habían emergido del agua, yacían inertes sobre el pavimento de piedra. Cerca de donde yacían estas partes, había restos de escombros que sugerían algún tipo de deterioro o destrucción. Abrumada por la magnitud de lo que encontraron, Shirley finalmente expresó su incredulidad: "¿Es el edificio realmente tan grande?" Estaba desconcertada, sintiendo como si el 'salón' en el que estaban fuera casi tan extenso como todo el palacio que habían visto desde afuera. “¿ También te has dado cuenta?”, respondió Morris, lanzando una mirada cómplice a Shirley antes de observar el entorno con una mirada contemplativa. “Las dimensiones espaciales aquí… parecen desafiar la lógica. O es significativamente más grande por dentro, o… al cruzar una puerta o pasillo específico, salimos del palacio a un espacio conectado y secreto.” Vanna, mientras tanto, permanecía en silencio, con la atención fija en los apéndices pálidos y sin vida cerca del agua. Su rostro era una máscara de complejidad, teñida de melancolía. Estaba rodeada de susurros, con el sonido constante de las olas de fondo, pero no entendía nada. Desde el momento en que entró en el palacio, la presencia clara y orientadora de la diosa se había desvanecido, dejándola sin poder oír su voz. Duncan estaba de pie cerca de Vanna, con una expresión de intensa concentración y duda. Había llegado a este lugar con la expectativa de dialogar directamente con Gomona, incluso en su peculiar estado de “muerte”. Anticipaba que podría escuchar su voz de alguna forma, ya fueran ecos, visiones, presencias espirituales o algo completamente diferente, similar a sus encuentros con otros seres enigmáticos del pasado. Sin embargo, reinaba el silencio. Todo lo que quedó fueron los restos hace mucho tiempo desaparecidos de lo que una vez fue, con todo rastro de esencia desvanecido de la entidad.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 780

Estás leyendo el capítulo 780 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.