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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 779 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Mientras el Desaparecido y la Estrella Brillante se abrían paso entre las oscuras y dispersas "islas" que flotaban en las aguas circundantes, se acercaban lentamente a la isla central. Esta isla principal, compuesta de enormes rocas negras, daba la impresión de una gigantesca estructura artificial. Rodeando las embarcaciones, una fina niebla serpenteaba por el aire como un ser consciente, acariciando la superficie del mar cercano. La brisa que se deslizaba a través de esta niebla parecía estar cargada de suaves ecos de susurros y murmullos, fundiéndose en un coro inquietante. De pie en la primera línea de la cubierta, Vanna observó cómo la isla de roca negra se extendía ante sus ojos. Sin darse cuenta, se aferró con más fuerza a la barandilla. El sonido de las suaves y rítmicas olas comenzó a resonar en su mente, transportándola a un recuerdo lejano. Recordó la primera vez que escuchó el sonido del océano, en la sala de oración de una catedral, frente a la estatua de una diosa justo después de su bautismo. Fue entonces cuando una voz, suave como la brisa marina, le susurró al corazón: “ Ah… mi pequeño pez… has venido.” Volviendo al presente, Vanna se dio cuenta de que la voz no era producto de su imaginación; resonaba genuinamente en su corazón. Casi al mismo tiempo, notó cómo la isla se transformaba. La imponente estructura, semejante a un gran palacio, pareció temblar levemente. De cada puerta y ventana se extendían innumerables zarcillos enormes, que se elevaban hacia el cielo y luego se sumergían en el mar, agitando las aguas y mezclándose con la niebla. Entonces, tan repentinamente como habían aparecido, los tentáculos desaparecieron, retrayéndose dentro de la estructura. Sin embargo, numerosas figuras sombrías, grandes y pequeñas, comenzaron a emerger cerca de la isla. Parecían un conjunto de barcos de los que desembarcaron innumerables figuras. Como peregrinos, portaban antorchas y banderas, subiendo a las rocas negras y entrando al templo por sus puertas laterales... Vanna pensó que podía oír música, una melodía festiva de flautas y percusión que tocaban juntas, creando visiones que parpadeaban y se desvanecían ante sus ojos. Luego presenció a multitudes que se embarcaban en una peregrinación, y la escena cambió a artesanos que construían el gran palacio. Vio colosales criaturas marinas y humanos reunidos para peregrinar a lo largo de la vasta costa; observó a individuos con elegantes atuendos encendiendo lámparas en plataformas elevadas, mientras el horizonte lejano se teñía lentamente de un tono carmesí. Vio épocas de guerra y paz, héroes, viajeros, jóvenes guerreros protegiendo a las masas al llegar al templo, para encontrar el descanso eterno en la mañana del segundo día. En medio de estas visiones, Vanna se esforzaba por mantener los ojos bien abiertos, observando cada escena fantasmal. Observó cómo el palacio, construido con rocas negras y verde oscuro, le abría sus grandes puertas. Una entidad, transformándose en innumerables formas, emergió para recibirla, adoptando finalmente la apariencia de la "Doncella de la Tranquilidad" y proclamando: "Llevamos mucho tiempo esperando..." Una repentina y profunda vibración emanó de las profundidades del arca, despertando a Helena de su estado meditativo. En la sala de oración, las luces principales permanecieron apagadas, dejando solo el tenue resplandor de una tenue lámpara de aceite encendida frente a la estatua. Su llama parpadeante proyectaba sombras móviles por la sala, creando la ilusión de figuras susurrantes acechando en el juego de luz y oscuridad. Helena recorrió la habitación con la mirada, penetrando la penumbra. A medida que las voces susurrantes se desvanecían en el silencio, se acercó a la estatua de la diosa, con la atención fija en un pilar rojo oscuro que se alzaba del suelo. No era un pilar cualquiera, sino un cordón nervioso que se extendía desde las profundidades del arca hasta su posición actual. “Creo que acabo de oír su voz” murmuró Helena suavemente. En ese momento, una voz anciana y pausada llegó a sus oídos. “Han llegado sanos y salvos”, dijo con un tono de satisfacción. “Mis parientes... están llenos de alegría, incluso la Reina está contenta”. La confusión empañó la expresión de Helena. "¿No llegó antes la Canción del Mar?" La vieja voz, con un matiz de diversión, respondió: “Esta vez es diferente, joven. El visitante es alguien a quien la Reina lleva esperando muchos años”. “ ¿Muchos años?” “ Sí, desde el día en que salió el sol…” Mientras tanto, el Desaparecido había completado un cuarto de círculo alrededor de la isla negra, encontrando finalmente un lugar adecuado para fondear en una grieta entre las rocas. Sailor manejó hábilmente el timón, guiando el enorme barco hasta detenerse cerca de la orilla. Posteriormente, se arrió un bote más pequeño, transportando a Duncan y sus compañeros a la isla. “ Exploremos la isla; quédense aquí, no se alejen”, ordenó Duncan al pequeño bote que los había transportado, mientras se mecía en un “puerto” improvisado enmarcado por piedras negras rectangulares. Siguiendo su orden, el barco comenzó a balancearse suavemente, salpicando contra las piedras. De repente, un viento sopló desde el cielo, trayendo consigo un torbellino lleno de innumerables trozos de papel de colores. Este torbellino, originado en la dirección de la Estrella Brillante, aterrizó a unos diez metros de Duncan, donde adoptó la forma de Lucrecia. Con todos reunidos en la isla, la firmeza del suelo bajo sus pies les brindó un pequeño consuelo en medio de la atmósfera amenazante del confín de este mundo. Duncan pisó una piedra negra rectangular elevada, observando el sendero que conducía al palacio. Vanna comenzó a hablar junto al hombre: “Este es un lugar de peregrinación. En mi visión, vi a mucha gente llegando de tierras lejanas en barco, encendiendo grandes hogueras alrededor de la isla y adornando el camino del templo con banderas...”. Reflexionando sobre su visión, se acercó a otra gran piedra cerca de Duncan, señalando hacia un camino ancho y empedrado. Este sendero lleva directamente al templo. Por la mañana, los peregrinos desembarcan en la isla, formando una procesión que se extiende desde la costa hasta la entrada del templo. La isla fue construida por personas que utilizan una tecnología que escapa a mi comprensión. Fundieron y moldearon piedras de las profundidades del mar hasta convertirlas en enormes rocas y luego ordenaron a los gigantes que las erigieran con estas pesadas piedras... Duncan absorbió el relato de Vanna, mientras su imaginación dibujaba vívidas imágenes de cómo debía ser este lugar en aquellas épocas pasadas, ahora olvidadas. Saltó de la piedra negra rectangular y guió al grupo por el “Camino de Peregrinación” que Vanna había imaginado, en dirección al templo. “¿Qué más viste?” preguntó Shirley, caminando junto a Vanna con mirada de curiosidad. Los humanos terrestres vivían en armonía con gigantescas criaturas marinas; veneraban a estos gigantescos seres marinos, conocidos como 'Leviatanes', como dioses y mensajeros divinos. Sin embargo, su veneración no era solo religiosa; formaba parte de una relación más profunda y simbiótica” explicó Vanna, intentando comprender la repentina afluencia de conocimiento. “Vivían junto a muchos otros titanes, del cielo y del subsuelo, dominando las fuerzas de las montañas y los glaciares... Forjaron pactos con estas entidades ancestrales y extrajeron fuerza de los gigantes, un poder tan vasto que podía transformar ríos, lagos, montañas y la mismísima tierra, creando maravillas inimaginables... Pero me cuesta detallar estas maravillas con precisión. Solo he vislumbrado visiones fragmentadas y he recibido conocimiento de la nada. No puedo visualizar esas escenas por completo; parecen ser recuerdos de “Él”. “Él” compartió estos recuerdos conmigo y luego guardó silencio. De repente, la voz de Vanna se apagó y su expresión se nubló de preocupación mientras miraba hacia el palacio. “… Su estado es lamentable; compartió esas visiones y luego dejó de comunicarse.” Duncan se detuvo al costado del camino. Su atención fue captada por algo al costado del camino: un trozo marchito de material negro parecido a un alga seca, aparentemente intrascendente. Sin embargo, frunció el ceño, fijo su mirada en el “paquete de algas” reseco, sintiendo que algo andaba mal, su rostro era una máscara de contemplación. "¿ Qué es eso?" Nina lo notó y se acercó al objeto, tentada de levantarlo para verlo más de cerca, pero se detuvo, volviéndose hacia Duncan con una mirada perpleja, "¿Encontraste algo extraño?" Duncan reflexionó un momento antes de inclinarse hacia la tela negra y marchita y extender la mano. Entonces, ocurrió algo extraordinario. El material desecado comenzó a transformarse, causando un efecto visual vertiginoso. Se alargó, se reconfiguró, y para cuando Duncan hizo contacto, había adquirido una forma cilíndrica rudimentaria. Al levantarlo, la superficie del cilindro reveló patrones intrincados, junto con elementos que parecían botones y luces indicadoras. Duncan examinó el complejo objeto cilíndrico en su mano con una mirada contemplativa antes de presionar con decisión el botón más prominente en su superficie. Inmediatamente, una música vibrante emanó del dispositivo, una mezcla armoniosa de tambores, campanas y flautas llenando el aire. Permaneció en silencio, con la mirada fija en el cilindro, durante un largo rato. Sin decir palabra, Duncan reanudó su marcha, con el dispositivo aún en la mano. Vanna se detuvo, momentáneamente desconcertada. Los recuerdos de la isla que habían inundado su mente volvieron a convergir en su visión. Visualizó al dueño original de este pequeño dispositivo: un niño, caminando penosamente junto a un grupo de refugiados. Con la mano extendida y guiado por un adulto, el niño aferraba el dispositivo mientras este reproducía una melodía animada. Al desvanecerse la visión, Vanna se dio cuenta de que Duncan se había adelantado considerablemente. Se apresuró a acortar la distancia entre ellos. Al llegar al sombrío templo negro, una vasta plaza circular se desplegó ante ellos. Una figura solitaria permanecía en silencio en el centro. Lucrecia reaccionó con rapidez y precisión, con su bastón corto listo. Sin embargo, antes de que pudiera actuar, la figura en la plaza” aparentemente el último centinela del templo de una era lejana” se desplomó silenciosamente en un montón de cenizas. Estos restos fueron arrastrados rápidamente por el viento, sin dejar a Lucrecia la oportunidad de discernir la apariencia del guardián, ya fuera hombre o mujer. “… Ese era el vicecapitán de la guardia”, afirmó Vanna abruptamente. “¿ El guardia?” repitió Morris instintivamente. La expresión de Vanna era de confusión mientras fruncía el ceño y negaba con la cabeza tras una breve pausa. "...No sé, se me ocurrió de repente..." Su explicación fue interrumpida por un sonido deformante. La melodía que emanaba del dispositivo cilíndrico en posesión de Duncan comenzó a distorsionarse, volviéndose cada vez más desagradable al oído. Simultáneamente, su superficie empezó a decolorarse, desvaneciéndose y distorsionándose rápidamente hasta que la música cesó por completo en cuestión de segundos. El dispositivo se convirtió en un cúmulo de material negro marchito, similar a algas secas.
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Estás leyendo el capítulo 779 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.