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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 742 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
A medida que el sol se deslizaba por el cielo, su descenso tan lento que apenas se notaba a simple vista, pintaba el Mar Infinito con un hipnótico tapiz de luz rojiza y dorada. Esta escena sobrenatural, donde el crepúsculo parecía extenderse sin fin, proyectaba un hechizo de asombro e inquietud sobre la tierra. Por primera vez, la llegada de la noche comenzó a despertar un miedo profundo en los corazones de la gente. Muchos comprendieron que el verdadero horror no residía en la prolongada puesta de sol, sino en la posibilidad de una noche que tal vez nunca terminara. De pie solemnemente en el balcón de su oficina del Ayuntamiento, Dante Wayne contemplaba las calles que brillaban tenuemente bajo la persistente puesta de sol. Los densos tejados del distrito alto de Pland brillaban bajo la luz mortecina del sol, una visión que antaño había admirado y de la que se había enorgullecido como gobernador de la ciudad. Sin embargo, este prolongado crepúsculo transformó su orgullo en temor y responsabilidad. A pesar de la inquietante situación, Dante era consciente de que Pland se las arreglaba mejor que muchas otras ciudades-estado. Gracias al legado del "Capitán Fantasma", la ciudad estaba envuelta en llamas protectoras que mantenían a raya las amenazas más graves de invasiones sobrenaturales que podían prosperar al amparo de una noche interminable. Las preocupaciones de Dante se limitaban a las inmediatas: garantizar la seguridad de la Ciudad-Estado, salvaguardar el bienestar de sus residentes y ajustar sus reservas materiales y procesos de producción. Pero la situación era mucho más grave en otras partes del mundo. En Puerto Frío, al norte, el gobierno local había declarado una emergencia, y las fuerzas militares y de protección fortificaron rápidamente los refugios y almacenaron aceites sagrados. En Mok, la Academia de la Verdad había movilizado a todos sus caminantes a vapor del arsenal de la iglesia , posicionándolos estratégicamente alrededor de la ciudad para protegerse de las amenazas. Mientras tanto, varias ciudades-estado en los mares del suroeste habían impuesto "Prohibiciones del Anochecer", reubicando a los residentes de los distritos exteriores a refugios fortificados de la iglesia en el centro de la ciudad, donde se encendían enormes hogueras al atardecer que se mantenían encendidas durante toda la noche. Mientras cada Ciudad-Estado se preparaba para la oscuridad prolongada, se inventariaban y movilizaban recursos en una carrera contra el tiempo, con todos los esfuerzos centrados en prepararse para la noche incierta que se avecinaba dentro de una ventana crítica de setenta y dos horas. Interrumpiendo la contemplación de Dante, el sonido de pasos anunció la llegada de un funcionario municipal a la oficina. Al ver a Dante en el balcón, el joven funcionario se aclaró la garganta respetuosamente y dijo: “Ejem, Gobernador, los líderes de las centrales de vapor, las centrales eléctricas y las instalaciones mineras están reunidos en la sala de reuniones. ¿Empezamos sin usted o se unirá a nosotros en breve?”. Reconociendo la pregunta del funcionario, Dante asintió y le hizo un gesto para que continuara, indicándole que lo seguiría en unos minutos. Mientras los pasos se alejaban, Dante Wayne se permitió un breve respiro, aliviando conscientemente la tensión que se había grabado en su rostro. Su mente, un torbellino de pensamientos y estrategias, buscaba un momento de orden en medio del caos. Con una respiración profunda y mesurada, se apartó de la majestuosidad de su amplio y curvo escritorio, extendiendo la mano para tomar un documento en particular que sabía que requeriría su atención inmediata. Sin embargo, su mirada no pudo evitar desviarse hacia un pequeño objeto personal encaramado al borde de su espacio de trabajo: un sencillo marco que contenía una instantánea del tiempo, congelada e intacta por el caos mundial. Representaba dos figuras: una, una versión más joven de sí mismo, y la otra, una mujer alta de cabello plateado y una sonrisa suave, casi imperceptible. Fueron capturadas en un momento de tranquilidad junto a un vibrante macizo de flores, bañadas por el brillante resplandor del sol, un marcado contraste con el mundo exterior, que se oscurecía. Esta fotografía, una reliquia excepcional de una época anterior a que la vida arrastrara a Dante Wayne y a Vanna a su implacable corriente, se alzaba como un testimonio silencioso de un momento en que las tardes podían ser tranquilas y el futuro parecía una preocupación lejana. “Me pregunto cómo estará Vanna...”, reflexionó Dante en voz alta, mientras una fugaz oleada de nostalgia lo invadía por los días bañados por la luz del sol, ahora recuerdos que parecían tan lejanos como la luz del día que se desvanecía. Dejando atrás el recuerdo, se concentró nuevamente en la tarea que tenía entre manos, colocando el documento bajo el brazo antes de dirigirse a la reunión que lo esperaba, acelerando sus pasos a medida que se acercaba a la puerta de la oficina. Mientras tanto, Vanna despertó, su mente se desprendió lentamente de los restos de sueños tan vívidos como inquietantes. Los sueños, llenos de visiones caóticas y extrañas, habían dejado una huella imborrable, una sombra que persistía en sus ojos; los recuerdos desvanecidos fueron reemplazados por una sensación penetrante y desoladora que la aferraba. Se incorporó; la habitación aún estaba tenuemente iluminada por la persistente puesta de sol, que proyectaba un tono rojizo dorado sobre el mar visible a través de su ventana. Los Desaparecidos habían dejado atrás el reino espiritual, navegando ahora por las olas tangibles de la dimensión real. A lo lejos, se vislumbraba la silueta de la Estrella Brillante; el enigmático buque de guerra mágico los seguía mientras navegaban juntos por el mar. La Marea, Sin Resolver y Resuelta, los poderosos buques de guerra de la iglesia se habían separado de ellos tras abandonar el velo fronterizo, cada navío siguiendo su propio rumbo. El suspiro de Vanna, mezclado con el aire salado del mar y el reconfortante sonido de las olas, fue un consuelo momentáneo en la incertidumbre que se avecinaba. Pero entonces, una repentina sensación de inquietud la azotó. Girándose rápidamente, fijó la mirada en un rincón de la habitación donde el ambiente había cambiado sutilmente. El suave chapoteo del agua del mar dentro de la cabaña, antes inadvertido, ahora parecía crecer, llenando el espacio con su presencia. La habitación y la realidad que la habitaba parecían expandirse exponencialmente, reflejando la marea creciente: una visión a la vez desconcertante e imponente, como si los límites entre las dimensiones volvieran a difuminarse. En la nebulosa extensión de su camarote, mientras la realidad parecía deformarse y tejerse a su alrededor, la mirada de Vanna se fijó en una vasta y enigmática sombra al fondo de la habitación, donde el aire brillaba como la superficie del mar. Allí, emergiendo de las profundidades de este océano ilusorio, se alzaba una entidad colosal: una criatura o estructura de inmenso tamaño, cuya mera presencia desafiaba la comprensión. Desde esta aparición sobrenatural, una extensión de su ser se extendió hacia ella, materializándose sobre las ondulantes olas como una figura envuelta en un vestido tan oscuro como el mar más profundo, con el rostro velado, ocultando su verdadera identidad. Los ojos de la figura se clavaron en los de Vanna, revelando pupilas romboidales que parecían arremolinarse con una miríada de pensamientos y emociones no expresados, demasiado complejos para expresarlos con palabras. En ese instante, Vanna sintió una abrumadora sensación de conexión, una afinidad desconocida y profundamente íntima. Con una repentina claridad en medio del surrealista encuentro, Vanna reconoció la naturaleza divina de esta presencia, y su cuerpo reaccionó con una reverencia involuntaria. “Mi Señor...”, pronunció, haciendo una profunda reverencia con una mezcla de asombro y sumisión. “No tenemos mucho tiempo, niña” la voz de la figura la alcanzó, un suave susurro que llevaba el peso de mundos, un sonido tan poderoso que podía desestabilizar las mentes de quienes no estaban preparados. “Nuestra conexión con el mundo mortal se intensificará una última vez … Una oleada de vértigo amenazó con abrumar a Vanna, una sensación que delataba una profunda alteración, una mancha en su ser por la deidad que veneraba. El caos que la envolvía era palpable, pero en medio de esta agitación, un destello de una suave y etérea llama verde titiló en el límite de su percepción, anclando su atención a la realidad. “¿Qué necesitas que haga?” logró preguntar Vanna, evitando con cuidado la mirada la intimidante extensión que se cernía tras la deidad, concentrándose en mantener la consciencia. “¿Qué puedo hacer? “… Reúne esas estrellas caídas… deja que te protejan una vez más… dile al Usurpador que queremos… hablar… encontraremos…” El relajante sonido de las olas se transformó en una cacofonía de chillidos; el agua del mar, antes reconfortante, ahora parecía desprender un olor pútrido, y un escalofrío que la calaba hasta los huesos comenzó a envolverla. A Vanna le costaba comprender el mensaje de la deidad entre el estruendo y su terrible dolor de cabeza; la visión se le nubló; el mar y la vasta sombra se desvanecieron en el silencio. Duncan miró a Vanna con preocupación mientras ella entraba a trompicones en sus aposentos, con una expresión de sorpresa y preocupación inmediata. "¿Recibiste una revelación de Gomona?", preguntó, acercándose rápidamente para ayudarla. "Siéntate aquí primero, respira hondo y tómatelo con calma". “Gracias ... Capitán” respondió Vanna con voz débil mientras Duncan la guiaba hacia una silla. El dolor residual y la desorientación dificultaban el pensamiento coherente, pero la presencia tranquilizadora de Duncan pronto alivió su angustia, permitiéndole recuperar la claridad habitual. “Vi su ilusión directamente y escuché su voz... La Diosa está en un estado lamentable. Esos ruidos... me hicieron sentir como si estuviera enfrentando directamente a esos dioses oscuros y alienígenas. Vanna, recuperando el aliento, relató con atención su encuentro con la presencia divina; cada palabra describía una vívida imagen de su experiencia etérea. Mientras ella hablaba, Duncan escuchaba atentamente, con el rostro pintado en una máscara de profunda preocupación y contemplación. “ Reúnan esas estrellas caídas…”, repitió pensativo. Las palabras parecían resonar con un mensaje críptico que ya había escuchado. Recordó una peculiar instrucción recibida en circunstancias inquietantes: un susurro desde las sombras, de un encuentro con las entidades de otro mundo en el misterioso jardín de la mansión Alice. El consejo era enigmático pero claro: recolectar los fragmentos de estrellas caídas, sugiriendo que en tiempos difíciles, estos restos podrían ser la clave para la supervivencia de las ciudades cuando toda esperanza parecía perdida. La conexión entre el recuerdo de Duncan y la revelación de Vanna se hizo evidente casi de inmediato. Vanna, con la intuición agudizada por su encuentro divino, especuló: “¿Se refiere la Diosa a esos 'fragmentos corporales luminosos' que cayeron del anillo rúnico del sol?”. Su mirada se cruzó con la de Duncan, buscando confirmación, preguntándose si estos restos celestiales tenían el poder de proteger a las ciudades-estado de la oscuridad inminente. Duncan, con un gesto pensativo, confirmó sus sospechas. Se basó en la historia reciente de Wind Harbor, donde un fragmento de estrella caída había mitigado los efectos del anochecer, aunque de forma limitada. “Ahora que el segundo fragmento de cuerpo luminoso ha caído en Frost, sumado a la revelación que acabas de recibir, no es difícil atar cabos”, comentó, reconstruyendo el rompecabezas trazado por el destino y la voluntad divina. Mientras hablaba, su mirada se desvió hacia la ventana, donde el eterno crepúsculo teñía el mar de infinitos tonos dorados y carmesí. El anillo roto del sol, con sus fragmentos faltantes proyectando largas sombras sobre las aguas, servía como un inquietante recordatorio de la fragilidad del mundo. Aunque críptico, el mensaje que Gomona le había transmitido a Vanna era claro en su urgencia e implicaciones. Sin embargo, el indicio no expresado de una verdad más profunda e inquietante pesaba profundamente en la mente de Duncan. “Esto es solo el principio”, murmuró con un presentimiento en la voz. Como sugerían los acontecimientos, la desintegración gradual del sol presagiaba una decadencia acelerada y un futuro en el que el mundo podría presenciar el colapso total del sol, anunciando una oscuridad mucho mayor que cualquier anochecer temido anteriormente.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 742

Estás leyendo el capítulo 742 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.