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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 741 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La atmósfera serena del santuario se vio interrumpida abruptamente por pasos rápidos y urgentes que resonaban por sus pasillos. Un sacerdote de mediana edad, con su túnica azul oscuro ribeteada con ribetes dorados, recorría apresuradamente el largo pasillo. La mirada silenciosa y vigilante de los antiguos santos, inmortalizados en los murales que cubrían las paredes, lo siguió mientras se dirigía a la entrada de la sala de oración. Sin embargo, antes de que pudiera tocar la puerta, una serena voz femenina desde el interior le hizo señas: “Pase”. Al entrar, el sacerdote encontró a Helena, figura devota, de pie ante la estatua de la Diosa de la Tormenta. Vestida con una modesta vestimenta propia de su función sacerdotal, con las muñecas adornadas con cuentas de cristales azul marino, parecía absorta en oración hasta momentos antes. Ignorando el sonido de la puerta, permaneció fija en la estatua, envuelta en su velo, y preguntó en voz baja: "¿Qué pasa afuera?" “ La tarde se prolonga de forma antinatural; el sol está estático, manteniendo su brillo y forma habituales”, respondió rápidamente el sacerdote, con la cabeza inclinada en señal de deferencia. “La Ciudad-Estado permanece en calma; la incertidumbre ha obligado a la mayoría de los residentes a permanecer en sus casas, a la espera de nuevas instrucciones. Las naves Arca no reportan problemas, y tenemos cuatro equipos de ingenieros listos en las calderas de vapor”. 0 Helena asintió levemente, su mente evidentemente se entrelazaba con sus pensamientos, antes de preguntar abruptamente: "¿Y las otras Arcas?" Las comunicaciones se establecieron hace unos minutos; todo está normal en las Arcas. Sin embargo, el Arca de la Academia ha detectado señales inusuales y repetitivas provenientes del sol, distintas a cualquier otra que hayamos detectado antes. Al ser convertidas en sonido, estas señales se manifiestan como perturbaciones agudas y breves... Tras reconocerlo con un murmullo, Helena guardó silencio, volviendo su atención a la estatua de la diosa. Pareció perder momentáneamente la conciencia de la presencia del sacerdote, sumida en su contemplación, hasta que finalmente murmuró para sí misma: “Un crepúsculo prolongado…”. En otro lugar, Taran El, un erudito elfo, examinaba con atención los datos que le habían sido entregados recientemente. La larga tira de cinta de papel, llena de intrincadas curvas y perforaciones desconcertantes” producto de la grabación mecánica”, representaba la anomalía llamada “Visión 001-Sol”, una visión que había persistido en su mundo durante siglos. Después de un tiempo considerable, dejó la cinta a un lado, frotándose cansinamente las sienes sin pronunciar palabra. Una voz serena interrumpió su silencio: “Cuéntame cómo es la situación, Taran”. Al levantar la vista, Taran vio a Ted Lir, el Guardián de la Verdad, de pie junto a la estantería. Vestido con la túnica de la academia, que ocultaba una armadura suave y ajustada y hebillas armadas, Ted parecía tranquilo, pero con la mirada intensa de un guerrero listo para el combate. “ El sol exhibe un sutil parpadeo, imperceptible a nuestros ojos, similar no a una señal deliberada, sino al comportamiento errático de una bombilla defectuosa”, explicó Taran El, haciendo una pausa para humedecerse los labios resecos y apartando los documentos que tenía delante. “Además, observaciones recientes revelan que no está anclado en el horizonte como parece, sino que avanza lentamente, tan lentamente que escapa a la detección a simple vista”. Ted Lir absorbió esto en silencio por un momento antes de preguntar: "...¿Qué tan lento?" “ A su ritmo actual, descenderá bajo el horizonte en aproximadamente setenta y dos horas”, reveló Taran El, buscando a tientas un vaso de agua a su lado. En su urgencia, casi lo derriba, pero logró agarrarlo y tomó dos sorbos del té, ahora tibio. Su tez mostró una ligera mejoría al continuar: “Sin embargo, el prolongado anochecer que dura setenta y dos horas no es el meollo de nuestras preocupaciones; son las consecuencias, Ted. Comprendes la gravedad de lo que sigue al anochecer”. “… La noche que sobrevive al anochecer”, comentó Ted Lir, con el rostro ensombrecido por la profunda comprensión de la insinuación de su colega. “Si el sol mantiene este ritmo de descenso, ¿tenemos alguna estimación de la duración de la noche que vendrá?” Taran El permaneció en silencio, dejando la taza sobre la mesa y fijando la mirada en los papeles como si contuvieran los secretos del destino del mundo o la clave para desentrañar la conspiración de un adversario. Finalmente, le dedicó a Ted una sonrisa triste y un encogimiento de hombros con impotencia. “… Me aseguraré de que los Guardianes de la Verdad estén alerta”, dijo Ted Lir tras una pausa, asintiendo sutilmente. “Hemos establecido protocolos para soportar largos periodos de oscuridad. El objeto luminoso que cayó cerca de Wind Harbor servirá como un faro de esperanza durante la noche; ese lugar se recuperará mejor que la mayoría”. “ Sí, Puerto del Viento podría resistir la prueba, pero otras ciudades-estado, quizá no tanto”, reflexionó Taran El, rompiendo el silencio que se había instalado entre ellos. “A diferencia de eventos pasados, cuando la luz del sol se extinguió y el tiempo pareció avanzar a pasos agigantados, ahora nos enfrentamos a una disminución gradual del sol, una visión que afecta a todas las ciudades-estado… Nos lleva a reflexionar sobre su preparación para una noche prolongada”. “ Cada Ciudad-Estado ha ideado sus propias estrategias extremas de supervivencia, pero la viabilidad de tales planes está por verse… Solo podemos esperar por su seguridad y rezar por la protección de los Cuatro Dioses”, dijo Ted Lir con una voz profunda y resonante. Luego tomó un voluminoso tomo, cuyas páginas se creían albergaban innumerables maravillas, aparentemente a punto de conjurar un portal para partir. Sin embargo, hizo una pausa, cerró el libro y suspiró profundamente antes de girarse hacia la puerta. Taran observó la marcha del Guardián de la Verdad con la solemnidad de un guerrero que entra en la batalla. Solo cuando la figura de Ted desapareció tras la puerta, Taran volvió la mirada a los documentos que había dejado a un lado momentáneamente, contemplando el incierto futuro que le aguardaba. En una página hacia el final de un grueso tomo, una mano temblorosa por la urgencia garabateó una observación crucial. “… Según nuestros cálculos actuales… la puesta de sol durará… setenta y dos horas…” Más allá del amplio ventanal, la majestuosidad del dorado atardecer bañaba los tejados de la compacta Ciudad-Estado, proyectando un resplandor sobrenatural sobre la extensión urbana. Fue entonces cuando el nítido sonido de una campana resonó en el aire. La campana sonó con una urgencia persistente, su ritmo constante pero insistente, como si llamara a todos los que estaban al alcance del oído a prestar atención a su advertencia antes de que cayera la noche. En lo profundo de los sagrados salones de la Catedral de Pland, el arzobispo Valentine se encontraba en medio de una seria discusión con el gobernador Dante Wayne sobre la respuesta adecuada a la persistente visión solar cuando el toque de la campana los alcanzó. Valentine hizo una pausa, su atención captada por el sonido. Sentado frente a Valentine, el gobernador Dante notó instantáneamente el cambio: "¿Qué pasa?" Con un ligero gesto de paciencia, Valentine dudó antes de revelar: "Es la Campana Veloz". "¿ La Campana Veloz?" El rostro de Dante reflejaba reconocimiento y preocupación. Su vínculo con Vanna le había proporcionado un profundo conocimiento del funcionamiento interno de la iglesia, y era muy consciente de la gravedad que simbolizaba la Campana Veloz. "Así que debemos..." Sin embargo, Valentine lo interrumpió con un movimiento de cabeza: "No, sigamos con nuestra discusión, Gobernador". “… ¿Estás eligiendo ignorar la invocación de la Campana Veloz?” “Ignóralo” ordenó Valentine suavemente, con la voz teñida por el peso del recuerdo y la decisión. “Eso es un edicto. El tañido de la campana seguía resonando, no solo en los confines de cada Ciudad-Estado, iglesia o a bordo de cada barco, sino también en los corazones de cada clérigo devoto de los Cuatro Dioses. Su urgente llamado resonó, pero tras una pausa momentánea, el clero reanudó sus labores vitales con mayor fervor: ofreciendo consuelo a los fieles que buscaban guía, defendiendo la santidad de sus reliquias y lugares sagrados, e impartiendo bendiciones a los guerreros que se preparaban para una noche que podría extenderse indefinidamente. El sonido de la campana, que recordaba al susurro del viento o a las lejanas olas del océano, llegaba a los rincones más lejanos de la existencia, pero ningún sacerdote atendía ya a su llamado… Una última congregación de monjes ascéticos permanecía vigilante en una antigua plaza, muy alejada de la suya, envuelta en oscuridad y envuelta por el caos. Enormes columnas se alzaban sobre este espacio, donde erráticos rayos de luz danzaban en un cielo sombrío, y en el corazón de la plaza se alzaba una antigua tumba piramidal, sencilla pero imponente. En medio de la desolación de este abandonado lugar de reunión, emergió el guardián de la tumba. Envuelto en vendas, existía en un estado liminal entre la vida y la muerte; su presencia era un testimonio silencioso de la llamada desatendida que resonaba a través de las dimensiones. En una ruptura con los milenios pasados, el lugar estaba vacío de los santos que solían vigilarlo. El guardián de la tumba, con pluma y papel en la mano, miró a su alrededor, pero no encontró a nadie que escuchara los misteriosos mensajes que provenían del interior de la tumba. Un grupo de ascetas se mantenía alejado del centro de la plaza, con sus cuerpos marcados con símbolos que demostraban su protección por los Cuatro Dioses. Estaban ocultos del mundo por magia: hechizos les habían impedido la vista y el oído. Esta separación les permitía percibir lo que sucedía en la tumba a través de medios divinos, asegurándose de no interactuar directamente con el guardián ni escuchar sus extraños anuncios. Cuando el guardián se acercó, su sombra se transformó en una figura oscura, extendiéndose como lodo oscuro y movedizo a cada paso. Se acercó a los ascetas con un trozo de papel con ojos que se movían como si hubieran surgido de la nada. Abriendo su boca retorcida y podrida, les habló a los ascetas, quienes lo observaban atentamente sin responder. Su voz, una terrible mezcla de innumerables palabras malditas y malditas, tenía la fuerza de atravesar el corazón y romper el espíritu con cada sonido. Pero los ascetas no se movieron, permanecieron como estatuas, a salvo del alcance de la tumba, observando en silencio al guardián sin decir palabra. Se quedaron quietos, incapaces de hablar o empezar a hablar, pero sabían que no podían abandonar su puesto. Las extrañas sombras móviles que rodeaban al guardián comenzaron a desaparecer. Tras un largo silencio, bajó la mirada al papel que sostenía. Perdido en sus pensamientos, se dio la vuelta y regresó a la tumba. Desde el interior de la tumba, sonidos profundos y resonantes se mezclaron con la voz del guardián mientras comenzaba a cantar en voz baja una y otra vez. “ La noche ha llegado…”
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 741

Estás leyendo el capítulo 741 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.