Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 618 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Nina no estaba en absoluto preparada para la escena que se desplegaba ante ella. Tras ver al Sr. Morris entrar en contacto con la brillante barrera, había dejado volar su imaginación, imaginando un sinfín de posibles consecuencias. ¿Surgiría alguna criatura etérea del resplandor? ¿O tal vez su entorno sufriría una rápida transformación, un cambio total de escenario? Incluso había imaginado brevemente una caída catastrófica, que recordaba la legendaria caída del tío Duncan y la misteriosa versión onírica de los Desaparecidos del cielo. Sin embargo, el espectáculo actual superaba sus más descabelladas conjeturas.
El lustroso tabique, similar al legendario Muro Silencioso, se desintegró sin previo aviso. Se hizo añicos sin hacer ruido, tan frágil e inesperado como una delicada pompa de jabón que estalla en el aire.
Aquella barricada, otrora majestuosa y brillante, que había representado un obstáculo tan imponente, fue aniquilada en cuestión de segundos. Lo que antes era una robusta formación se redujo a una simple cascada de partículas brillantes, desapareciendo en un instante fugaz.
Tras la desintegración de las barreras, el bosque entero pareció contener la respiración por un instante, sumiéndose en una quietud inquietante. Pero casi de inmediato, la niebla que lo cubría se agitó, continuando su misteriosa danza. De vuelta al presente, Nina, presa de la preocupación, se acercó rápidamente a su mentor.
¡Señor Morris!” Su voz se tiñó de ansiedad. “¿Está bien? ¿Cómo lo hizo?
Su respuesta fue un tembloroso “No lo sé”. El Sr. Morris, quien por lo general era un académico sereno, confiable y culto, ahora mostraba una expresión de genuina sorpresa. Un leve temblor involuntario en sus labios delató su asombro interior. Curiosamente, su mente se remontó a una conferencia de sus años de formación en la Academia de la Verdad. Era una lista de las reglas fundamentales de la arqueología, enfatizadas con fervor por su estimado profesor, Lune:
Nunca pongas un dedo sobre nada.
Acérquese al entorno con la máxima precaución.
Repito, evita todo contacto.
Abstenerse de hacer juicios apresurados.
En serio, mantén tus manos en calma.
Mostrar reverencia por los restos de culturas antiguas.
¡Por el amor de XXXX, resiste la tentación de tocar!
Mientras miraba sus manos, una ola de nostalgia golpeó al Sr. Morris, y lo consumió la familiar inquietud de las travesuras de la infancia, rezando para que sus acciones permanecieran sin ser descubiertas por sus instructores.
Sin embargo, su ensoñación fue rápidamente interrumpida por la suave y sobresaltada exclamación de Nina.
Forzada por el cambio repentino, su mirada se fijó en un punto específico: el mismo lugar que el Muro Silencioso había ocultado. Al mismo tiempo, el Sr. Morris levantó la vista y siguió su mirada.
Lo que vieron fue un paisaje sombrío y envuelto en niebla. En el límite del bosque, donde los terrenos ondulados se unían al horizonte, la niebla comenzó a disiparse, revelando los contornos de una entidad enorme.
El primer instinto del señor Morris fue identificarlo como una montaña, aunque su forma era peculiar, retorcida y extrañamente deformada.
Mientras Morris observaba atentamente, su suposición inicial de la presencia de una montaña retorcida se desvaneció por completo. En cambio, distinguió un árbol, pero no era un árbol común. Era descomunal y presentaba una apariencia de devastación absoluta. El inmenso árbol parecía haber sido violentamente destrozado por una fuerza inmensa. Sus restos destrozados se extendían por la extensión, tan distorsionados y deformes que intentar imaginar su antiguo esplendor era todo un reto.
Su otrora extenso dosel, que probablemente daba sombra a vastas llanuras, se había derrumbado, sucumbiendo al implacable embate del tiempo y las fuerzas naturales. El robusto tronco, que antaño debió de erguirse alto y orgulloso, estaba ahora fragmentado y en ruinas. El vibrante follaje verde, que podría haber susurrado con antiguas brisas, brillaba por su ausencia, quizá devorado por un infierno. Lo que quedaba era una macabra estructura de ramas, grotescamente retorcidas, que se extendían como si llamaran al cielo, evocando los nudosos dedos de una mano esquelética en descomposición.
Las ramas monumentales, aún inquietantemente erguidas, recordaban las agujas rotas de antiguas catedrales, mientras que las raíces, aunque fracturadas, evocaban la imagen de muros de civilizaciones pasadas. La escena de pesadilla que se presentaba ante ellos era similar a un cuadro apocalíptico. El suelo, en lugar de tierra fértil, estaba cubierto por una capa de ceniza que se filtraba por cada rincón, acentuando la desolación que rodeaba los restos de los árboles. La atmósfera estaba impregnada de una sensación de antiguo cataclismo, y Morris y Nina se sintieron como si estuvieran al borde de un reino olvidado.
Una ráfaga sutil, que surgió de la tierra cubierta de ceniza, levantó un velo de polvo plateado, que se fusionó con la niebla persistente del bosque, envolviendo a Morris y Nina en un vals espectral y misterioso.
En medio de este tumultuoso torbellino, Nina creyó percibir un susurro, casi como si alguien le murmurara algo íntimo al oído, porque siempre comprendió que el Muro Silencioso jamás podría protegerla de verdad. Era solo una jovencita, y cuando el destino la llamaba, todo lo que podía ofrecer era una fugaz ilusión.
Sobresaltada por la voz inesperada, Nina giró, buscando su origen.
Pero no había más que un árbol solitario.
Este diminuto árbol, que emergía del fresno y la mugre circundantes, presentaba ramas retorcidas y ramas que se extendían hacia arriba. Sin embargo, sus delicadas copas colgaban flácidas, meciéndose con la caricia del viento. Su silueta guardaba un asombroso parecido con el árbol descrito por Shirley, considerado la encarnación final de Shireen.
Dentro del reino etéreo de los Sin Nombre, incluso los arbustos más pequeños eran más altos y parecían más resistentes que este singular retoño.
Con una mezcla de inquietud e intriga, Nina se acercó con cautela al árbol joven. Tras un breve momento de contemplación, tocó suavemente su superficie rugosa y, con un tono suave e inquisitivo, preguntó: “¿Shireen?”.
Ninguna respuesta emanó del árbol joven; sólo se oía el sutil susurro de sus ramas en el suave viento.
El misterioso susurro parecía haber sido producto de su imaginación, ya que Nina solo podía sentir la textura granulada de la corteza de los árboles bajo sus dedos.
Sin embargo, no pudo resistirse a ser transportada a los recuerdos de su viaje aventurero, guiado por una joven exuberante. Imaginó a la joven abriéndose paso por el espeso bosque, penetrando el escudo radiante del Muro Silencioso y llegando al límite de los dominios cenicientos. Finalmente, la joven se transformó en este árbol, erigiéndose como un centinela sobre los restos de una civilización antaño magnífica.
-Nina, ven a ver esto, la voz de Morris interrumpió su ensoñación.
El sonido de la voz de Morris rompió la introspección de Nina, resonando cerca.
Sacudida de su estado contemplativo, Nina se acercó rápidamente a Morris. Al acercarse, su mirada siguió la trayectoria de su brazo extendido.
Lo que vio fue simplemente asombroso. Una sucesión de retoños, que parecían brotar de las mismas cenizas del inmenso árbol caído, se extendía hacia el límite del bosque. Estos retoños parecían formar una barrera, tal vez como centinelas sobre los restos del gran árbol.
O, alternativamente, estos guardianes podrían estar protegiendo la entrada a un bosque vibrante que uno sólo podría encontrar en los sueños más vívidos.
De hecho, la circunferencia de los restos de los árboles que una vez fueron grandiosos estaba bordeada por una multitud de árboles jóvenes de ese tipo.
La suave brisa hacía oscilar los esbeltos árboles en una danza coreografiada. Este movimiento producía una delicada y silenciosa sinfonía que difuminaba los límites entre el susurro de las hojas y las suaves melodías del viento.
Nina, atónita, contempló el espectáculo. Después de lo que parecieron horas, susurró, casi para sí misma: “Todos estos son Shireen”.
Morris, por un momento, optó por guardar silencio. El experimentado académico parecía absorto, con la mirada fija en los retoños que encapsulaban los vestigios de lo que quizás fuera una civilización perdida. Entonces, con una sacudida, como si lo hubiera alcanzado un rayo de luz, se dirigió a un punto elevado cercano. Desde allí, examinó meticulosamente el rastro, con la mirada fija en el extenso bosque a lo lejos.
Velos de niebla se elevaban desde el bosque, entrelazándose con las partículas cenicientas que flotaban en el aire, creando una cortina opaca en el horizonte.
Al regresar de la elevación, el rostro de Morris reflejaba una profunda contemplación al acercarse a Nina. Al observar su profunda expresión, Nina no pudo evitar preguntar: “Señor Morris, ¿qué percibió?”.
Con voz cargada de gravedad, respondió: Estoy formulando una teoría atrevida: Shireen podría ser en realidad el Muro Silencioso.
Una mirada de confusión cruzó el rostro de Nina.
Morris continuó: “Se cree que la legendaria Atlántida manifestó el Muro Silencioso con el único propósito de proteger a los elfos. Sin embargo, esta tarea, por monumental que fuera, parecía condenada al fracaso desde su inicio. Sin embargo, todo indica que Atlántida, la arquitecta, era consciente de este destino inevitable. A pesar de todo, el Muro Silencioso, en su devoción, se esforzó incansablemente por obedecer esta directiva”. Hizo una pausa, reflexionando y luego añadió: “Mi escrutinio del límite del bosque me ha llevado a discernir que estos retoños sin nombre delimitan el límite que separa el bosque de las ruinas. Su disposición no es aleatoria; hay un patrón metódico que sugiere un diseño deliberado”.
Pero Nina vaciló, buscando las palabras adecuadas: No somos elfos, ¿verdad?
Morris negó con la cabeza y respondió: “La tierra que pisamos no es la auténtica Atlántida ni la Tierra Prístina de los Sueños. Recuerden siempre que vivimos en el Sueño del Sin Nombre”.
Esta revelación hizo que Nina se quedara en silencio y el peso de la afirmación de Morris cayó sobre ella.
La antigua tradición élfica estaba llena de relatos de tiempos remotos. Estas crónicas retrataban vívidas imágenes de la poderosa deidad demoníaca, Saslokha, quien tejió la tela del universo en el intrincado tapiz de sus sueños. Dentro de esta extensión onírica, el majestuoso Árbol del Mundo, conocido como Atlántida, se alzaba como centinela, protegiendo y preservando a la raza élfica de los peligros externos. Su dominio y la magnitud de su influencia abarcaron épocas anteriores al surgimiento de las vastas extensiones oceánicas.
Sin embargo, como todos los grandes relatos, este tuvo su culminación. La gran narrativa de los elfos llegó a su fin con un evento catastrófico de magnitud sin precedentes: la Gran Aniquilación.
Su estancia en Puerto del Viento parecía un fenómeno desconcertante. Una peculiar convergencia del comportamiento aberrante del sol y el inminente Crepúsculo produjo esta vasta proyección onírica. Este escenario era similar a un eco, quizás un recuerdo vestigial profundamente arraigado en la conciencia colectiva del linaje élfico.
En este recuerdo reverberante, tanto la Atlántida como el Muro Silencioso, fieles a sus antiguos mandatos, percibieron a cada alma que entraba al frondoso bosque con intenciones puras como un elfo. La razón se basaba en la verdad histórica. Ambos guardianes milenarios habían encontrado su fin hacía incontables eones, una época en la que el mundo no conocía seres sensibles aparte de los elfos.
Con una mezcla de asombro y curiosidad, Nina planteó una pregunta urgente: ¿Cuál es nuestro próximo paso?
Morris, por un momento, se sumió en la contemplación. En lugar de responder verbalmente, entabló un diálogo silencioso y telepático con el capitán del barco. Al comunicarle los innumerables misterios y descubrimientos que habían encontrado en este bosque encantado, buscó orientación y comprensión.
Duncan estaba en un estado de completo desconcierto.
En ese preciso instante, se encontraba junto a Agatha, en lo profundo del sueño, cerca de la base de los Desaparecidos. Examinaban atentamente la enorme estructura espinal que perteneció a un dios antiguo. Su objetivo principal era descubrir cualquier pista o conocimiento sobre el Gran Dios Demonio Saslokha, o quizás desvelar enigmas ocultos sobre la nave en la que se encontraban.
Estaba más allá de las más descabelladas especulaciones de Duncan que durante su breve momento de distracción, Morris y Nina tropezarían con descubrimientos tan monumentales.
No sólo habían logrado atravesar el Muro Silencioso, sino que se habían adentrado en sus misterios ocultos e incluso habían contemplado los vestigios de la Atlántida.
Duncan se sintió como atrapado en un vórtice surrealista de asombro e incredulidad.
Mientras la Bruja del Mar y sus compañeros iletrados aún navegaban por las complejidades del bosque, y el atleta solitario enfrentaba arduas pruebas en el desierto, fueron el erudito Morris y su estudiante Nina quienes viajaron audazmente al mismo epicentro del mapa, casi descubriendo la tumba de una deidad de la antigüedad.
La situación evocó una analogía en la mente de Duncan: como si hubiera enviado un par de exploradores al comienzo de una misión, solo para descubrir unas pocas fases más tarde que el monstruo, Cthulhu, yacía derrotado justo en la entrada de su campamento.
Despejando la neblina de sus pensamientos, Duncan decidió concentrarse. Era plenamente consciente de que Morris esperaba su guía.
Sus ojos escudriñaron el entorno, inmersos en una inquietante niebla de obsidiana. Bajo él, se extendía la majestuosa columna vertebral de Saslokha, un silencioso testimonio de su antiguo poder. Esta reliquia de un dios antaño poderoso parecía comunicarse con él, enviándole mensajes sutiles y tácitos. Incluso los Desaparecidos, estratégicamente erigidos sobre esta estructura divina, parecían canalizar sus energías, anhelando transmitir sus huellas históricas.
Respirando profundamente para tranquilizarse, Duncan formuló una clara instrucción: “Acércate más a esas reliquias. Comienza un examen exhaustivo de la Atlántida”.

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 618
Estás leyendo el capítulo 618 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.