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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 617 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Nina y Morris paseaban por un sendero sereno en las profundidades de un denso y frondoso bosque. Sobre ellos, las densas capas de ramas y hojas entrelazadas dejaban pasar solo rayitos de luz, creando un fascinante tapiz de luces y sombras sobre la alfombra de hojas. Inesperadamente, comenzó a formarse una suave y mística niebla, que parecía surgir de la esencia misma del bosque. A medida que los rayos del sol intentaban atravesar este velo vaporoso, todo el paisaje adquirió un tono surrealista, casi onírico. Unos pasos más adelante, una etérea doncella elfa llamada Shireen los guiaba a través de este reino encantador. De vez en cuando, detenía sus pasos, lanzando miradas amables y pacientes por encima del hombro para asegurarse de que sus compañeros humanos los seguían cómodamente. Observando los fenómenos desconocidos a su alrededor, Nina susurró, con la voz teñida de asombro e incertidumbre: “Nunca había visto el bosque tan cubierto de niebla”. Entonces, con curiosidad, llamó a una figura distante que no estaba físicamente presente con ellos: “Tío Duncan, ¿qué opinas de esto?”. Hizo una pausa, su rostro irradiaba intensa concentración, como si intentara sintonizar con una frecuencia invisible. A su lado, Morris seguía su ritmo, con la mirada distante, claramente absorto en intentar captar una voz intangible. Tras un breve pero palpable silencio, la erudita voz de Duncan resonó en sus mentes: “¿Te refieres a los planos de los Desaparecidos de los archivos del Astillero de Pland?”. Transcurrieron unos instantes mientras parecía procesar algo en silencio. Su voz regresó, sombría y pensativa: “Esos registros sin duda existen, pero acceder a ellos por métodos convencionales podría resultar inútil. Hablaré con Vanna sobre esto. Quizás alguno de nuestros contactos en la Ciudad-Estado o incluso en la iglesia pueda ayudar”. Mientras su voz se apagaba, dejando tras de sí un silencio contemplativo, Nina, con un destello de curiosidad en los ojos, le planteó una pregunta a Morris: ¿A qué se debía ese repentino interés en los registros de los Desaparecidos? ¿Para qué los necesitaba el tío Duncan? Perdido en sus pensamientos, Morris respondió: “Quizás el capitán haya descubierto algunos secretos en el mundo de los sueños dentro de los Desaparecidos. Pero hasta que no revele más, no deberíamos fisgonear”. Su comportamiento revelaba un profundo respeto y cautela que había desarrollado por el capitán durante su tiempo en el Desaparecidos. La mirada de Morris se desvió entonces hacia la niebla que se intensificaba y que invadía el corazón del bosque. Una arruga se formó en su frente al comentar con evidente inquietud: “Esta niebla se está espesando y tiene un aura inquietante”. Nina, siempre solucionadora de problemas, brilló con una inspiración repentina: ¿Qué tal si usamos la luz del sol para disiparla? Pero antes de que pudiera actuar, Morris, presintiendo las posibles repercusiones en este reino onírico, le indicó rápidamente que se detuviera. “Espera. Introducir una fuerza tan intensa podría desestabilizar este mundo”. Atrapados en su discusión, casi no se dieron cuenta de Shireen, que se había detenido, esperando su siguiente movimiento. Shireen poseía un talento único y extraordinario: dondequiera que estuviera, siempre parecía plenamente consciente de la distancia que la separaba de Morris y Nina. Esta intuición la impulsaba a detenerse en seco cuando el dúo se quedaba demasiado atrás. Y, al igual que ahora, a veces se volvía con una mezcla de preocupación e inquisitividad, instándolos a acelerar el paso. ¿Está todo bien? Los delicados rasgos de la doncella elfa se arrugaron con confusión al mirar a la pareja, absorta en susurros. No podemos permitirnos demorarnos. Debemos llegar al Muro Silencioso cuanto antes, para no quedar atrapados en el fenómeno de la erosión. Observando la densa atmósfera que los rodeaba, Nina respondió: “La niebla parece estarse espesando”. Aceleró el paso, acercándose a Shireen, y con curiosidad preguntó: “¿Es habitual que esta zona esté envuelta en una niebla tan densa?”. Shireen se detuvo un momento, recorriendo con la mirada el paisaje. Una suave sonrisa iluminó su rostro mientras la comprensión brillaba en sus ojos. Nos acercamos a nuestra meta. El Muro Silencioso está cerca. Morris, siempre un erudito inquisitivo, indagó más: ¿Sugiere que esta niebla envolvente es un efecto del Muro Silencioso? ¿O es esta niebla, en esencia, parte del propio Muro? Con el rostro radiante de asombro casi infantil, Shireen se tomó un momento para admirar la neblinosa extensión que los rodeaba. Es realmente impresionante, ¿verdad? Eludió la pregunta de Morris y optó por compartir su perspectiva. Desde allí, su inmensidad podría parecer abrumadora. Pero en la cima de la Atlántida, desde sus imponentes ramas y desde el cielo, se puede contemplar toda la magnificencia de esta barrera. Continuó, con voz llena de asombro: “Se yergue como centinela, protegiendo nuestro reino de la decadencia y la intrusión externas. Aún no hemos llegado a su corazón. En algún lugar de este abismo brumoso yace un límite radiante: la esencia misma del Muro Silencioso. Estamos en la cúspide; solo unos momentos más y llegaremos”. Mientras Shireen hablaba, una vitalidad la invadió, un marcado contraste con su anterior serenidad. Sus palabras plasmaban imágenes vívidas y su entusiasmo era palpable. Rápidamente, se giró y se adentró en la niebla, indicándoles a Nina y Morris que la siguieran, con un eco de urgencia en su voz: “¡Rápido! ¡La seguridad está más adelante!”. Para Nina, fue inusual ver a Shireen tan animada. Se quedó paralizada por un instante, pero la comprensión de que su silueta desaparecía rápidamente en la densa niebla la devolvió al presente. Ella, junto con Morris, aceleró el paso, pero una sensación inquietante la carcomía. Podría ser demasiado tarde. En todos sus encuentros previos con Shireen, Nina y Morris se habían acostumbrado a su paciencia. Ya fuera con ellas o con otras como Shirley y la señorita Lucrecia, Shireen invariablemente se detenía para reagruparse cuando alguien se quedaba atrás. Sin embargo, este caso contrastaba marcadamente. El paso de Shireen era firme e inquebrantable. Su ritmo se aceleró con tal determinación, que recordaba a un viajero perdido que, tras una larga búsqueda, finalmente avista su tierra natal en el horizonte. O, como una gota solitaria, impulsada por un anhelo innato, regresa rápidamente para fundirse con el vasto océano. En unos instantes, la silueta etérea y élfica de Shireen se disolvió en la densa y blanca manta de niebla sin mirar atrás. La repentina desaparición dejó a Nina y Morris momentáneamente inmovilizados en medio del enigmático bosque envuelto en niebla. Se hizo un silencio denso, interrumpido únicamente por sus miradas vacilantes e inquisitivas. Tras lo que pareció una eternidad, Morris finalmente rompió el silencio. Miró hacia el denso abismo blanco, la dirección por donde Shireen había desaparecido. Su esencia mental se disipó justo al borde de este camino, casi inmediatamente después de desaparecer de nuestra vista. Un destello de ansiedad se dibujó en el rostro de Nina. ¿Estamos varados? Todas las direcciones parecen idénticas: una extensión interminable de niebla y árboles de aspecto similar. Es desconcertante. Morris suspiró, con una mezcla de exasperación y aceptación. Para ser honestos, hemos estado extraviados desde que comenzó nuestro viaje. Pero en sueños, el concepto de estar perdido es algo irrelevante. Porque, ¿no es cierto que estamos eternamente perdidos en sueños? Nina reflexionó sobre esto un momento, apreciando la profundidad de las palabras de su mentor. “Entiendo lo que quieres decir”, reflexionó. Dejando a un lado el pensamiento filosófico, ofreció una sugerencia práctica: “¿Debería intentar volar y explorar desde arriba? Prometo pasar desapercibida”. Morris sopesó rápidamente los pros y los contras. “Es imperativo que evitemos perturbar este sueño”, aconsejó, señalando el camino que Shireen había tomado. “Seguiremos por aquí, confiando en el sendero que Shireen indicó por última vez”. Con un gesto de asentimiento, comenzaron a recorrer el bosque neblinoso. Su destino era confuso y su camino incierto. Sin embargo, Nina se aferró a un rayo de esperanza en las palabras de despedida de Shireen: estaban a punto de alcanzar el Muro Silencioso. Más allá de este velo de niebla aguardaba un refugio meticulosamente esculpido por la Atlántida para sus descendientes elfos hacía eones. Estuvo tentadoramente cerca. A medida que se adentraban, la atmósfera a su alrededor cambiaba. La delicada danza de la luz del sol entre los árboles se había atenuado, proyectando siluetas tenues y misteriosas en la niebla. El suelo del bosque, salpicado de rastros intermitentes dejados por la fauna a lo largo de los años, ofrecía un terreno traicionero. Estos senderos eran esporádicos, lo que a menudo los obligaba a atravesar terrenos llenos de escombros, lo que hacía que su avance fuera lento y arduo. Cuanto más se aventuraba Nina, más arduo parecía volverse su viaje. Parecía como si el propio bosque se resistiera a su avance. La vegetación se volvió más densa, más enmarañada, como si cada enredadera y zarza buscara deliberadamente detener sus pasos. La atmósfera se volvió gélida, sembrando dudas sobre la idea de un refugio seguro más adelante. En cambio, insinuaba la acechante presencia de una entidad oscura y formidable en esta extensión onírica. De repente, Nina se detuvo. En medio de la niebla que se arremolinaba, distinguió una figura fugaz y sombría. Una reacción primaria se produjo y una oleada de poder amenazó con estallar desde ella en forma de una bofetada hirviente, con un calor insondable de 6000 °C. Sin embargo, con una rápida inhalación y una fuerza de voluntad que no sabía que poseía, se detuvo justo a tiempo. Hubo algo, un movimiento, murmuró Nina, su voz temblando ligeramente por la descarga de adrenalina. ¡Por un momento, pensé que estaba a punto de enfrentar una amenaza real! Morris la miró de reojo, observando la luminosa intensidad de su mirada y el calor residual que emanaba de ella. Más que lo desconocido que acechaba en la niebla, le preocupaba la formidable fuerza que albergaba: una que podría, literalmente, incendiar su mundo. ¿Podrías identificarlo?, preguntó con cautela. Ella negó con la cabeza; su rostro era una imagen de confusión. Era demasiado fugaz. Parecía alta, casi humana, pero había algo extraño en su silueta. Estaba distorsionada, casi deformada. Morris reflexionó un momento: “Sin una señal mental clara, podría ser solo un truco de la niebla. En un mundo como este, donde los límites entre la ilusión y la realidad se difuminan, cualquier cosa puede manifestarse”. Enfatizó sus siguientes palabras: Debemos permanecer vigilantes, pero igualmente crucial, debemos evitar reaccionar exageradamente. Con un leve asentimiento, Nina avanzó con cautela, mientras sus ojos buscaban cualquier señal de movimiento. De repente, una ráfaga caprichosa pareció insuflar vida al bosque, despejando la densa niebla y revelando una escena hipnótica. Surgió una barrera de luz etérea, brillando como un reflejo del bosque que los rodeaba. Más allá de este escudo radiante, unas sombras vagas insinuaban algo oculto. Nina comprendió que era el momento. Era la barrera luminiscente del Muro Silencioso de la que Shireen había hablado. Habían llegado a su destino. En cuestión de momentos, Nina y Morris se encontraron gravitando hacia la fascinante barrera luminosa que los atraía. Esta resplandeciente frontera, intrincadamente tejida con innumerables rayos de luz, se alzaba como un centinela al borde del reino envuelto en niebla. Ascendía, rozando aparentemente los cielos, mientras se extendía lateralmente hasta donde alcanzaba la vista. La superficie de esta barrera vibraba con destellos etéreos, como un velo reluciente que separaba dos mundos distintos y custodiaba los innumerables misterios que ocultaba. Mientras Nina miraba hacia arriba, la magnificencia de la vista la dejó momentáneamente sin palabras. “Es de otro mundo”, susurró finalmente, cautivada. Con un gesto de Morris, Nina retrocedió, dándole espacio para investigar. Morris se acercó, con una reverencia evidente en su postura. Con suma cautela, extendió los dedos, buscando tocar el delicado resplandor de luz que tenían ante ellos. Sin embargo, lo que ocurrió después fue inesperado y sorprendente. El Muro Silencioso, a pesar de su aura e inmensidad aparentemente impenetrables, se derrumbó silenciosamente ante ellos. Esta imponente extensión de luz, aparentemente eterna, se desintegró con la fragilidad de una pompa de jabón, dejando tras de sí un vacío que albergaba asombro e incertidumbre.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 617

Estás leyendo el capítulo 617 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.